viernes, 24 de febrero de 2017

Principio 24: Los milagros te capacitan para curar a los enfermos...

PRINCIPIO 24

Los milagros te capacitan para curar a los enfermos y resucitar a los muertos porque tanto la enfermedad como la muerte son invenciones tuyas, y, por lo tanto, las puedes abolir. Tú mismo eres un milagro, capaz de crear a semejanza de tu Creador. Todo lo demás no es más que tu propia pesadilla y no existe. Sólo las creaciones de luz son reales.


Si la enfermedad es separación, la decisión de curar y de ser curadores, por lo tanto, es el primer paso en el proceso de reconocer lo que verdaderamente queremos. La curación es señal de que queremos reinstaurar la plenitud, la unidad.

Sírvanos, lo anterior, como introducción para desarrollar de una manera más amplia la idea de la curación, tema que ya tuvimos ocasión de analizar, aunque brevemente, en el Principio 8, en el que veíamos como los milagros curan al suplir una falta.

Existe una preocupación muy compartida en el seno de los estudiantes del Curso, cuando se acercan por primera vez a la idea de la curación desde el punto de vista aportado por los milagros. ¿Cómo debemos actuar cuando nos encontramos enfermos? ¿Debemos utilizar las medicinas o como lo llama el Curso los principios mágicos para curarnos?

El Curso nos responde a esta cuestión de la siguiente manera: 

“Todos los remedios materiales que aceptas como medicamento para los males corporales son re-afirmaciones de principios mági­cos. Éste es el primer paso que nos conduce a la creencia de que el cuerpo es el causante de sus propias enfermedades. El segundo paso en falso es tratar de curarlo por medio de agentes no-creati­vos. Esto no quiere decir, sin embargo, que el uso de tales agentes con propósitos correctivos sea censurable. A veces la enfermedad tiene tan aprisionada a la mente que temporalmente le impide a la persona tener acceso a la Expiación. En ese caso, tal vez sea pru­dente usar un enfoque conciliatorio entre el cuerpo y la mente en el que a algo externo se le adjudica temporalmente la creencia de que puede curar. Esto se debe a que lo que menos puede ayudar al que no está en su mente recta o al enfermo es hacer algo que aumente su miedo. De por sí ya se encuentra en un estado debili­tado debido a éste. Exponerle prematuramente a un milagro podría precipitarle al pánico, lo cual es muy probable que ocu­rriese en aquellos casos en que la percepción invertida ha dado lugar a la creencia de que los milagros son algo temible”. (T-2.IV.4:10)

Bien, queda claro que los medicamentos o magia no es el uso más correcto de la mente, pero si tenemos miedo de usar la mente para curar, no debemos intentar hacerlo.

Curar es una habilidad que se desarrolló después de la separa­ción, antes de la cual era innecesaria. Es temporal al igual que todos los aspectos de la creencia en el tiempo y en el espacio. Mientras el tiempo continúe, no obstante, la curación seguirá siendo necesaria como medio de protección. Esto se debe a que la curación se basa en la caridad, y la caridad es una forma de perci­bir la perfección en otro aun cuando no puedas percibirla en ti mismo.

El Curso en el Capítulo 5 dedicado a la Curación y a la Plenitud, nos advierte en su introducción, que curar es hacer feliz. La razón de ello radica, en que para poder actuar de todo corazón, la verdadera fuerza que nos cura, tenemos que ser felices. Curar o hacer feliz es, por lo tanto, lo mismo que integrar y unificar.

Curar no es crear; es reparar. El Espíritu Santo fomenta la curación mirando más allá de ella hacia lo que los Hijos de Dios eran antes de que la curación fuese necesaria, y hacia lo que serán una vez que hayan sanado.

La Expiación nos confiere el poder de una mente que ha sanado, pero el poder de crear es de Dios. Por lo tanto, aquellos que han sido perdonados deben dedicarse en primer lugar a curar, pues al haber aceptado la idea de la curación, deben compartirla para así conservarla.

Curar es el único tipo de pensamiento en este mundo que se asemeja al Pensamiento de Dios, y por razón de los elementos que ambos tienen en común, el Pensamiento de Dios puede transfe­rirse fácilmente a él. Cuando un hermano se percibe a sí mismo enfermo, se está percibiendo como un ser incompleto, y, por ende, necesitado. Si nosotros también lo percibimos así, lo estamos viendo como si realmente no formase parte del Reino y se encontrase separado de él, con lo cual el Reino queda velado para ambos.
Curar es, por consiguiente, corregir la percepción de nuestro her­mano y la nuestra compartiendo con él el Espíritu Santo.

“La capacidad de curar es la única capacidad que cada persona puede y debe desarrollar si es que se ha de curar. Curar es el medio de comunicación del Espíritu Santo en este mundo, y el único que acepta. No reconoce ningún otro porque no acepta la confusión que el ego tiene entre mente y cuerpo. Las mentes se pueden comunicar, pero no pueden hacer daño. El cuerpo, al servicio del ego, puede hacer daño a otros cuerpos, pero eso no puede ocurrir a no ser que ya se le haya confundido con la mente. Esta situación, no obstante, puede usarse en beneficio de la curación o de la magia, pero debes recordar que la magia siempre implica la creencia de que la curación es algo perjudicial. Esta creencia completamente irracional es su premisa y, por consiguiente, no puede sino proceder irracionalmente.

La curación tan sólo fortalece. La magia siempre procura debi­litar. La curación no percibe nada en el sanador, que todos los demás no compartan con él. La magia ve siempre algo “especial” en el sanador, que él cree que puede ofrecer como regalo aque­llos que no lo tienen. Puede que dicho sanador crea que ese regalo procede de Dios, pero resulta evidente que no entiende a Dios si cree tener algo que los demás no tienen.

El Espíritu Santo no actúa al azar, y toda curación que procede de Él es siempre eficaz. A menos que el sanador cure siempre por mediación Suya los resultados variarán. Sin embargo, la curación en sí es consistente, puesto que sólo la consistencia está libre de conflicto, y sólo los que están libres de conflicto son íntegros. Cuando el sanador admite que hay excepciones, y que unas veces puede curar y otras no, está obviamente aceptando la inconsisten­cia. Está, por lo tanto, en conflicto, y eso es lo que está enseñando. ¿Sería posible que lo que es de Dios no fuese para todos y para siempre? El amor es incapaz de hacer excepciones. Sólo si hay miedo parece tener sentido idea de las excepciones. Las excepciones son amedrentadoras porque las engendra el miedo. La expresión "sanador temeroso" es una contradicción intrínseca y es, por lo tanto, un concepto que sólo para una mente en conflicto podría tener sentido.


El miedo no produce alegría. La curación sí. El miedo siempre hace excepciones. La curación nunca las hace. EI miedo produce disociación porque genera separación. La curación siempre pro­duce armonía porque procede de la integración. Es predecible porque se puede contar con ella. Se puede contar con todo lo que es de Dios porque todo lo que es de Dios es completamente real. Se puede contar con la curación porque la inspira Su Voz, y pro­cede de acuerdo con Sus leyes. Mas si la curación es consistente tu entendimiento acerca de ella no puede ser inconsistente. El entendimiento significa consistencia porque Dios significa consis­tencia. Puesto que ése es Su significado, es también el tuyo. Tu significado no puede estar en desacuerdo con el Suyo porque todo lo que significas y lo único que significas procede de Su signifi­cado y es como el Suyo. Dios no puede estar en desacuerdo Con­sigo Mismo, y tú no puedes estar en desacuerdo con Él. No puedes separar tu Ser de tu Creador, Quien te creó al compartir Su Ser contigo.

El sanador que no ha sanado desea la gratitud de sus herma­nos, pero él no les está agradecido. Ello se debe a que cree que les está dando algo y que no está recibiendo algo igualmente deseable a cambio. Lo que enseña se ve limitado por lo poco que está aprendiendo. Su lección de curación se ve limitada por su propia ingratitud, que es una lección de enfermedad. El verda­dero aprendizaje es constante, y tan vital en su poder de producir cambios que un Hijo de Dios puede reconocer su propio poder en un instante y cambiar el mundo en el siguiente. Ello se debe a que al cambiar de mentalidad, produce un cambio en el instrumento más poderoso que jamás se le haya dado para cambiar. Esto no contradice en modo alguno la inmutabilidad de la mente tal como Dios la creó, pero mientras sigas aprendiendo a través del ego creerás que has efectuado un cambio en ella. Esto te pone en una situación en la que tienes que aprender una lección aparentemente contradictoria: tienes que aprender a cambiar de mentalidad con respecto a tu mente. Sólo así puedes aprender que tu mente es inmutable.

Eso es exactamente lo que estás aprendiendo cuando llevas a cabo una curación. Estás reconociendo que la mente de tu her­mano es inalterable, al darte cuenta de que es imposible que él hubiese podido efectuar un cambio en ella. Así es como percibes al Espíritu Santo en él. El Espíritu Santo en él es el único que nunca cambia Su Mente. Tu hermano tal vez piense que él puede cambiar la suya o, de otro modo, no se percibiría a sí mismo como enfermo. No sabe, por lo tanto, lo que es su Ser. Si sólo ves en él lo inalterable en realidad no lo has cambiado. Al cam­biar de mentalidad acerca de su mente por él, le ayudas a anular el cambio que su ego cree haber efectuado en él”. (T-7.V.3:8)


De la misma manera en que nuestra función en el Cielo es crear, aquí en la tierra es curar. La curación no se puede llevar a cabo en el pasado. Tiene que llevarse a cabo en el presente para así liberar el futuro.

Debemos cambiar la creencia de que el cuerpo puede enfermar. De ello se deriva la afirmación de que no tiene necesidad de que se le cure. El que goce de buena salud o esté enfermo depende enteramente de la forma en que la mente lo percibe y del propósito para el que quiera usarlo.

Para curarnos, debemos desear curarnos. Si tenemos miedo, ya lo hemos adelantado, la curación no podrá tener lugar, de hecho, lo único que se requiere para que se efectúe una curación es que no haya miedo. Los temerosos no se han curado, por lo tanto, no pueden curar. Esto no quiere decir que para que puedas curar tenga que haber desaparecido el conflicto de tu mente para siempre. Pues si así fuese, no habría entonces necesidad de curación. Mas sí quiere decir que, aunque sólo sea por un instante, tienes que amar sin atacar. Un instante es suficiente. Los milagros no están circuns­critos al tiempo.

Antes de finalizar este análisis, vamos a realizar un acercamiento al Libro de Ejercicios y haremos mención a la Lección 137:


LECCIÓN 137
Cuando me curo no soy el único que se cura.

1. La idea de hoy sigue siendo el pensamiento central sobre el que descansa la salvación. 2Pues la curación es lo opuesto a todas las ideas del mundo que tienen que ver con la enfermedad y con los estados de separación. 3Aislarse uno de los demás y rehusar la unión es lo que da lugar a la enfermedad. 4Ésta se convierte en una puerta tras la cual se encierra a un ser separado, y donde se le mantiene aislado y solo.

2. La enfermedad es aislamiento. 2Pues parece mantener a un ser separado del resto, para que sufra lo que los otros no sienten. 3Le otorga al cuerpo poder absoluto para hacer que la separación sea real y mantener a la mente en solitario confinamiento, dividida en pedazos y sujeta por una sólida muralla de carne enfermiza que no puede trascender.

3. El mundo acata las leyes que la enfermedad apoya, pero la curación opera aparte de ellas. 2Es imposible que alguien pueda curarse solo. 3En la enfermedad, él no puede sino estar aparte y separado. 4Mas la curación es el resultado de su decisión de ser uno solo nuevamente, y de aceptar su Ser con todas Sus partes intactas e incólumes. 5En la enfermedad, su Ser aparenta estar desmembrado y desprovisto de la unidad que le da vida. 6Mas la curación se logra al él comprender que el cuerpo no tiene el poder de atacar la universal unicidad del Hijo de Dios.


4. El propósito de la enfermedad es demostrar que las mentiras son verdad. 2Mas la curación demuestra que sólo la verdad es verdad. 3La separación que la enfermedad pretende imponer en realidad jamás ha tenido lugar. 4Curar es meramente aceptar lo que siempre ha sido la simple verdad, lo cual seguirá siendo exactamente como siempre fue. 5No obstante, a los ojos acostum­brados a las ilusiones se les debe mostrar que lo que contemplan es falso. 6Así pues, la curación, que la verdad nunca necesitó, tiene que demostrar que la enfermedad no es real.

5. La curación podría considerarse, por lo tanto, como un anti-sueño que desplaza al sueño de enfermedad en nombre de la verdad, pero no en la verdad en sí. 2Así como el perdón pasa por alto todos los pecados, que nunca se cometieron, la curación desvanece las ilusiones que jamás tuvieron lugar. 3Y así como el mundo real emergerá para ocupar el lugar de lo que nunca suce­dió realmente, la curación ofrecerá restitución para los estados imaginarios e ideas falsas que los sueños han ido tejiendo y con­virtiendo en cuadros de la verdad.

6. Mas no pienses que curar no es algo digno de ser tu función aquí. 2Pues el anti-Cristo se vuelve más poderoso que el Cristo para aquellos que sueñan que el mundo es real. 3El cuerpo parece ser más sólido y más estable que la mente. 4Y el amor se convierte en un sueño, mientras que el miedo continúa siendo la única rea­lidad que puede verse, justificarse y entenderse plenamente.

7. Así como el perdón desvanecerá con su luz todo pecado y el mundo real ocupará el lugar de lo que has fabricado, asimismo la curación reemplazará las fantasías de enfermedad con las que nublas la simple verdad. 2Cuando se haya visto desaparecer la enfermedad, a pesar de todas las leyes que sostienen que es real, todas las preguntas habrán quedado contestadas. 3Y entonces se dejará de valorar y obedecer dichas leyes.

8. La curación es libertad. 2Pues demuestra que los sueños no prevalecerán contra la verdad. 3La curación es algo que se com­parte. 4mediante este atributo demuestra que las leyes que son diferentes de las que sostienen que la enfermedad es inevitable son más poderosas que las leyes enfermizas que sostienen lo contrario. 5La curación es fuerza. 6Pues con su tierna mano se supera la debilidad, y las mentes que estaban amuralladas en un cuerpo quedan liberadas para unirse otras .mentes, y así ser fuertes para siempre.

9. La curación, el perdón y el feliz intercambio del mundo del dolor por uno en el que la tristeza no tiene cabida, son los medios por los que el Espíritu Santo te exhorta a que lo sigas. 2Sus dulces lecciones te enseñan cuán fácilmente puedes alcanzar la salva­ción y cuán poca práctica necesitas para dejar que Sus leyes reemplacen a las que tú promulgaste para mantenerte prisionero de la muerte. 3Su vida se vuelve la tuya propia, al tú extender la poca ayuda que Él te pide para liberarte de todo lo que jamás te causó dolor.

10. Y a medida que te dejas curar, te das cuenta de que junto con­tigo se curan todos los que te rodean, los que te vienen a la mente, aquellos que están en contacto contigo y los que parecen no estarlo. 2Tal vez no los reconozcas a todos, ni comprendas cuán grande es la ofrenda que le haces al mundo cuando permi­tes que la curación venga a ti. 3Mas nunca te curas solo. 4Legiones y legiones de hermanos recibirán el regalo que tú recibes cuando te curas.

11. Los que se han curado se convierten en los instrumentos de la curación. 2Y no transcurre tiempo alguno entre el instante en que son curados y aquel en que toda la gracia de curación les es dada para que ellos a su vez la den. 3Lo que se opone a Dios no existe, y aquel que no lo acepta en su mente se convierte en un refugio donde los que están cansados pueden hallar descanso. 4Pues ahí es donde se otorga la verdad, y ahí es donde todas las ilusiones se llevan ante la verdad.

12. ¿No le ofrecerías refugio a la Voluntad de Dios? 2Pues con ello sólo estarías invitando a tu Ser a estar en su propia casa. 3¿Y podría acaso rechazarse semejante invitación? 4Pide que ocurra lo inevitable y jamás fracasarás. 5La otra opción es pedir que lo que no puede ser, sea, y esto es algo que jamás podrá tener lugar. 6Hoy pedimos que sólo la verdad ocupe nuestras mentes; que los pensamientos de curación vayan en este día desde lo que ya se ha curado a lo que todavía tiene que curarse, conscientes de que ambas cosas ocurrirán al unísono.

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