El
propio Carl Gustav Jung se hubiese podido inspirar en el contenido de esta
lección para determinar un tratado psicológico orientado a superar el miedo y
el conflicto.
Por
lo general, cuando algo nos da miedo, tendemos a identificarnos con él y con
ello a hacerlo real, pero al mismo tiempo tratamos de alejarlo de nuestra
conciencia y lo reprimimos, mandándolo a nuestro inconsciente. Es allí donde se
almacenan todos nuestros temores, todas nuestras fobias, sin que ejerzamos un
control sobre ellas.
Esta
lección nos indica que debemos mirar de frente al conflicto, cuando éste ocupe
nuestra mente. Es importante reconocer que le estamos dando poder sobre
nuestras vidas. Le permitimos paralizarnos, le permitimos que nos prive de la
paz, de la alegría, de la felicidad.
Debemos
ser conscientes de que el sentimiento que despierta en nosotros se lo
permitimos. Podemos verlo de otra manera y, con ello, estamos tomando el
control de nuestra mente.
El
conflicto es una interpretación, un juicio, cuyo origen se encuentra en la
mente. Nada fuera de nosotros puede hacernos daño. Tan solo si se lo
permitimos. Es nuestra decisión.
Debemos
ser los dueños y señores de nuestras vidas. Debemos decidir si vamos a servir
al mundo de la ilusión y, con ello, al mundo del miedo, o, por el contrario,
decidimos servir a la verdad, al Ser que somos y, con ello, al mundo del Perdón
y del Amor.
Todo
miedo procede de la falsa creencia en el pecado. Liberémonos de esa limitación
y recuperemos nuestra visión inocente. Amemos en cada momento y el conflicto no
tendrá cabida en nuestras vidas.
Cuando
analizábamos la enseñanza recogida en la Lección 331, veíamos que el conflicto
es imposible cuando hacemos que nuestra voluntad y la Voluntad de nuestro Padre
vibren al unísono.
Terminábamos
nuestra reflexión diciendo que detrás de cada situación de conflicto
descubriremos una total ausencia de Amor, o lo que es lo mismo, descubriremos
la ilusión del miedo, que el sistema de pensamiento del ego hace tan real.
Las
recomendaciones que nos aporta el Curso van en el sentido de hacernos
plenamente conscientes de aquello que nos lleva a percibir el conflicto. Para
ello, debemos orientar nuestros pensamientos hacia la causa que da origen al
mismo. Ello nos llevará a descubrir que el miedo, así como su efecto, el
conflicto, son meros pensamientos que se caracterizan por la ausencia de Amor.
Donde
vemos el miedo, es la señal inequívoca de que hemos tomado la decisión de
sustituir el amor por ese otro sentimiento.
Parémonos
un instante en lo que hemos dicho. No podemos permitir que se quede en un
mensaje teórico. Es el momento de practicar esa teoría. De experimentarla.
¿Nos da miedo la oscuridad? No la evites, como has venido haciendo cuando te encontrabas en su presencia. Mírala. Observa tus pensamientos. ¿Quién lo domina?
¿Quién te obliga a pensar de una manera determinada? Hazte consciente de que tú eres el único que puede dar valor a las imágenes que tu mente te presenta.
Reconocer esto es muy importante, pues nos da la opción de elegir
identificarnos con el sueño, con las pesadillas, o reconocer que tan solo
estamos soñando.
Reflexión: Todo conflicto tiene su origen en la creencia en la separación.
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