jueves, 19 de enero de 2017

Principio 10: El milagro se obra por amor.

PRINCIPIO 10
 Cuando se obran milagros con vistas a hacer de ellos un espectáculo para atraer creyentes, es que no se ha comprendido su propósito.


Pensar que el propósito de obrar milagros son sus efectos, es un error, pues la esencia del milagro se encuentra en la causa, es decir, en la corrección de la mente y no en sus consecuencias.

No deja de ser una cuestión muy sutil la que plantea este Principio, pues podemos caer en la tentación de entender el milagros desde su aspecto mágico, lo que propiciará la manifestación del deseo de ser especial y cuando esto ocurre, no podemos evitar el hacer comparaciones, en las que el obrador de milagros se siente superior y más elevado, que la persona a la que dirige el milagro.
 Cuando así actuamos, podemos estar seguros de que es una maniobra del ego, pues el amor nunca hace comparaciones.

“Creerse especial siempre con­lleva hacer comparaciones. Pues se establece al ver una falta en otro; y se perpetúa al buscar y mantener claramente a la vista cuanta falta se pueda encontrar. Esto es lo que persigue el especialismo, y esto es lo que contempla. aquel a quien tu deseo de ser especial así rebaja, habría sido tu salvador si tú no hubieses elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. Frente a la pequeñez que ves en él, tú te yergues alto y señero, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. No entiendes que al hacer eso es a ti mismo a quien rebajas”. (T.24.II.2:7)

Como bien expresa Un Curso de Milagros, el deseo de ser especial es el sustituto del amor. ¿Cómo vamos a obrar un milagro si no extendemos nuestro amor? Extender el amor en nuestro hermano es ver la igualdad y la semejanza que existe entre nosotros, pues hemos sido creados de una Misma Mente, la de Dios.
Cuando nos negamos a dar un regalo, por -por insignifi­cante que sea- estamos actuando como si no conociéramos el propósito del amor.

El milagro que se obra desde el especialismo, está carente de amor y por lo tanto no perdurará. Tan solo cuando las mentes se han unido, estamos poniéndonos en manos del Espíritu Santo, y mientras dure ese Estado, la curación permanecerá.

Si en alguna ocasión nos vemos sirviendo al error que da lugar “el deseo de ser especial”, debemos recordar que el perdón pone fin a ese deseo. Lo que realmente debemos perdonar es la ilusión de sentirnos especial, lo que nos permite recuperar la visión de unidad.

En los evangelios, se nos enseña que Jesús pedía a sus discípulos y a aquellos en los que obraba milagros, que no dieran publicidad a su acción. He aquí un par de ejemplos:


“41Y tomando la mano de la muchacha, le dijo: Talita cumi; que es si lo interpretares: Muchacha, a ti te digo: Levántate. 42Y al instante la muchacha se levantó y anduvo; porque tenía doce años. Y estaban atónitos, muy asombrados. 43Y Él les encargó mucho que nadie lo supiese, y mandó que se le diese de comer”. (Marcos 5:41-43)

“32Y le trajeron a uno que era sordo y tartamudo, y le rogaron que pusiera su mano sobre él. 33Y tomándole aparte de la multitud, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34y alzando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata; que es: Sé abierto. 35Y al instante sus oídos fueron abiertos, y fue suelta la atadura de su lengua, y hablaba bien. 36Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37Y se maravillaban en gran manera, diciendo: Todo lo ha hecho bien; hace a los sordos oír y a los mudos hablar”. (Marcos 7:32-37)

“9Y partiendo de allí, vino a la sinagoga de ellos: 10Y he aquí había un hombre que tenía seca una mano. Y le preguntaron para poder acusarle, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? 11Y Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un pozo en sábado, no le eche mano, y la levante?12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que es lícito hacer el bien en sábado. 13Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14Entonces salieron los fariseos y tomaron consejo contra Él, de cómo le matarían.

15Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí; y grandes multitudes le seguían, y sanaba a todos. 16Y les encargaba rigurosamente que no le diesen a conocer…” (Mateos 12:9-16)

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