martes, 17 de enero de 2017

Principio 9: Los milagros son una especie de intercambio

PRINCIPIO 9

Los milagros son una especie de intercambio. Como toda expresión de amor, que en el auténtico sentido de la palabra es siempre milagrosa, dicho intercambio invierte las leyes físicas. Brindan más amor tanto al que da como al que recibe.
  


En este Principio se nos revelan dos aspectos muy importantes que se desarrollan extensamente a lo largo de Un Curso de Milagros. Por un lado, nos habla sobre una condición que forma parte del milagro, el intercambio. Con ello debemos entender que el milagro es fruto del acto de “extender”, de compartir, y en ese dar y recibir, se pone de manifiesto el verdadero sentido del Amor.


Esta es la razón por la que el Principio termina describiendo que brindan más amor tanto al que da como al que recibe.

Tal vez estemos confundidos a analizar este aspecto, dado que desde el punto de vista de las leyes físicas, cuando damos, perdemos. Entonces, ¿cómo es posible, que al dar tenga más, si me he quedado sin ello?

Esa reflexión, se convierte en el argumento que utiliza el ego para convencernos de que hay que hacer todo lo posible por “poseer”, pues es la única manera de vencer su miedo a la escasez.

Por lo tanto, este Principio, aparte de habernos iniciado en una de las condiciones características del milagro, el intercambio, nos enseña, igualmente, que dicho intercambio invierte las leyes físicas, pues dar y recibir son una misma cosa.

Es importante recordar, que los milagros no tienen cabida en la eternidad porque son reparadores. Sin embargo, mientras aún necesitemos curación, el milagro se convierte en el único testigo de nuestra realidad que podemos reco­nocer. No podemos obrar un milagro para nosotros mismo, pues como bien determina este Principio, los milagros son una forma de dar aceptación y de recibirla (intercambio).

Desde el punto de vista de las leyes físicas, en el tiempo, dar ocurre primero, pero en la eternidad, donde no pue­den estar separados, dar y recibir ocurren simultáneamente. Cuando hayamos aprendido que dar es lo mismo que recibir, ya no habrá necesidad de tiempo.

“Todo milagro es la conciencia de que dar y recibir es lo mismo. Puesto que no hace distinciones entre los que son iguales, no ve diferen­cias donde no las hay. Y así, es igual con todos porque no ve diferencia alguna entre ellos. Su ofrecimiento es universal y sólo enseña un mensaje:

1Lo que es de Dios le pertenece a todo el mundo, y es su derecho inalienable. (T.25.IX.10)

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