viernes, 20 de enero de 2017

Principio 11: La oración es el vehículo de los milagros.



PRINCIPIO 11

La oración es el vehículo de los milagros. Es el medio de comunicación entre lo creado y el Creador. Por medio de la oración se recibe amor, y por medio de los milagros se expresa amor.



Para mí, la oración siempre ha significado el canal a través del cual hablo con Dios, aunque es bien cierto, que adquiere un matiz muy definido en cuanto se suele utilizar para elevar nuestras peticiones hacia Él.

Existen aspectos, relacionados con este Principio, que me gustaría compartir. Por ejemplo, está la cuestión de las peticiones que elevamos a través de la oración para conseguir beneficios sobre nuestro cuerpo, como por ejemplo la curación de una enfermedad.

Ser coherente con las enseñanzas que estamos estudiando en Un Curso de Milagros, nos llevará a entregar esta creencia en manos del Espíritu Santo, pues está basada en el error de hacer real el cuerpo. Sobre este particular, nos advierte el Texto en el capítulo 30, apartado VIII:

“Toda tentación, por lo tanto, no es más que esto: una plegaria para que el milagro no ejerza influencia sobre algunos sueños, y para que, en vez de ello, mantenga su irrealidad oculta y les otor­gue realidad. El Cielo no responde a tal oración, ni tampoco se te puede conceder un milagro para sanar las apariencias que no te gustan. Has establecido límites. Lo que pides se te concede, pero no por el Dios que no conoce límites. Sólo tú te has limitado a ti mismo”.

Entonces, ¿cómo debemos orar?

La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del perdón no es más que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees. (T.C3.V.6)

Mientras continúe habiendo percepción, la oración será necesa­ria. Puesto que la percepción se basa en la escasez, los que perci­ben no han aceptado totalmente la Expiación ni se han entregado a la verdad. La percepción se basa en un estado de separación, así que todo aquel que de alguna manera percibe, tiene necesidad de curación. El estado natural de los que gozan de conocimiento es la comunión, no la oración. (T.C3.V.10)

Como bien recoge la Lección 183 del Libro de Ejercicios, “las palabras son irrelevantes y las peticiones innecesarias cuando el Hijo de Dios invoca el Nombre de su Padre”.

Es desde la visión de la Unidad, del Amor y no desde la separación y el miedo, desde donde debemos elevar nuestro pensamiento. De no ser así, podemos ver frustrado nuestro deseo de que nuestras peticiones nos sean concedidas.

Este es otro de los aspectos que quería tratar con relación a la oración. Cuando pedimos, lo hacemos con la arrogancia del ego, es decir, exigimos ser respondidos y dictamos órdenes a nuestro Padre para que nos atienda complacientemente. Es evidente que cuando actuamos de esta manera, nos sentimos víctimas del temor y del miedo. Veamos lo que nos refiere el Texto con relación a este tema:

Todo aquel que haya tratado alguna vez de usar la oración para pedir algo ha experimentado lo que aparentemente es un fracaso. Esto es cierto no sólo en relación con cosas específicas que pudie­ran ser perjudiciales, sino también en relación con peticiones que están completamente de acuerdo con lo que este curso postula. Esto último, en particular, puede interpretarse incorrectamente como una prueba de que el curso no es sincero en lo que afirma. Tienes que recordar, no obstante, que el curso afirma, y repetidamente, que su propósito es ayudarte a escapar del miedo.

Supongamos, pues, que lo que le pides al Espíritu Santo es lo que realmente deseas, pero aún tienes miedo de ello. Si ese fuese el caso, obtenerlo ya no sería lo que deseas. Por eso es por lo que algunas formas específicas de curación no se logran, aun cuando se haya logrado el estado de curación. Un individuo puede pedir ser curado físicamente porque tiene miedo del daño corporal. Al mismo tiempo, si fuese curado físicamente, la amenaza que ello representaría para su sistema de pensamiento podría causarle mucho más miedo que la manifestación física de su aflicción. En ese caso no estaría pidiendo realmente que se le liberase del miedo, sino de un síntoma que él mismo eligió. Por lo tanto, no estaría pidiendo realmente ser curado.

La Biblia subraya que toda oración recibirá respuesta, y esto es absolutamente cierto. El hecho mismo de que se le haya pedido algo al Espíritu Santo garantiza una respuesta. Es igualmente cierto, no obstante, que ninguna de las respuestas que Él dé incrementará el miedo. Es posible que Su respuesta no sea oída. Es imposible, sin embargo, que se pierda. Hay muchas respues­tas que ya has recibido pero que todavía no has oído. Yo te ase­guro que te están esperando.
Si quieres tener la certeza de que tus oraciones son contestadas, nunca dudes de un Hijo de Dios. No pongas en duda su palabra ni lo confundas, pues la fe que tienes en él es la fe que tienes en ti mismo. (T.C9.II.1-4)


En la obra Psicoterapia y El Canto de la Oración, se expresa una hermosa definición de lo que es la oración: “Unir las mentes en una relación en la cual Cristo pueda entrar”.


Recojo un breve contenido de este hermoso libro que nos ayudará a tener una visión más cercana sobre el verdadero significado de la oración:

La oración debe ser ahora el medio por el cual el Hijo de Dios abandona las metas e intereses separados, y vuelve en sagrada alegría a la verdad de la unión en su Padre y en sí mismo.


Se te ha dicho que le pidas al Espíritu Santo la respuesta a cualquier problema específico, y que recibirás una respuesta específica si esa es tu necesidad. También se te ha dicho que hay un solo problema y una sola respuesta. En la oración, esto no es contradictorio. Aquí hay decisiones que tomar, y tienen que tomarse sean o no ilusiones. No se te puede pedir que aceptes respuestas que se encuentran más allá del nivel de necesidad que puedes reconocer. Por lo tanto, no es la forma de la pregunta lo que importa, ni tampoco la manera como se for mula. La forma de la respuesta, si es dada por Dios, se ajustará a tu necesidad tal como tú la ves. Esto es simplemente un eco de la respuesta de Su Voz. El verdadero sonido es siempre un canto de acción de gracias y de amor. (Aconsejo la lectura de este libro para ampliar la información sobre la oración).


Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. No tengo otra ora­ción que ésta: que me des la verdad. la verdad no es sino Tu Volun­tad, que hoy quiero compartir Contigo. (L.pII.254.1)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada