2. Los ejercicios de hoy deben practicarse con los ojos cerrados todo el tiempo. 2El período de búsqueda mental debe ser corto, a lo sumo un minuto. 3No lleves a cabo más de tres sesiones de práctica con la idea de hoy a menos que te sientas a gusto haciéndolas 4De ser así, es porque realmente entiendes su propósito.Cuando presenciamos un accidente que aparentemente no nos afecta, la mente separada puede optar por distanciarse, reafirmando la idea de que “eso no tiene que ver conmigo”. De este modo, protege su identidad individual y refuerza la creencia en la separación. Sin embargo, cuando el accidente parece afectarnos directamente, ese mismo mecanismo de juicio da lugar al miedo, a la sensación de pérdida y al sufrimiento, como si la causa de nuestro dolor residiera en el acontecimiento externo.
Desde la enseñanza del Curso, ambas experiencias son esencialmente la misma, pues no es el hecho en sí lo que determina la vivencia, sino la interpretación que la mente hace de él. El sufrimiento no procede del accidente, sino del significado que se le otorga desde una mente que se cree vulnerable, corporal y separada.
Sin embargo, ambas respuestas proceden de una percepción errónea de nuestra verdadera Identidad. Mientras la mente se identifica con el ego, interpreta toda experiencia desde la creencia en la separación y asume que lo que ocurre es externo, azaroso y ajeno a una causa real. Esta forma de percibir niega la auténtica relación de causa y efecto, que no se da en el mundo, sino exclusivamente en la mente.
Desde esta confusión, la mente cree que el mundo tiene poder sobre ella y que los acontecimientos son responsables de su estado interno. Pero esta creencia es, en sí misma, una negación de la Verdad acerca de lo que somos. Pues la causa no se encuentra fuera, y ningún efecto puede proceder de algo que no sea real.
Dios es perfecto y no conoce el sufrimiento, ya que el sufrimiento es inconcebible en la plenitud del Amor. Su Hijo, a quien ama y en quien tiene Su complacencia, comparte esa misma perfección. Tal como Dios creó a Su Hijo, éste permanece inmutable, inocente e invulnerable. Nada de lo que parece ocurrir en el mundo puede alterar esa realidad.
El mundo que el ego percibe no fue creado por Dios. Es una fabricación mental cuyo propósito es sostener la creencia en la separación. Por ello, lo que el ego ve no tiene significado para Dios, pues Dios sólo reconoce lo real. Y lo que no tiene significado para Dios no puede tenerlo en verdad para nosotros.
El ego cree en todo cuanto parece ocurrir porque él mismo lo ha fabricado y necesita creer en sus propios efectos para sostener su existencia. Pero el ego no es una creación de Dios; es un sistema de pensamiento aprendido, temporal y sin realidad. Al no proceder de Dios, carece de causa verdadera y, por lo tanto, es irreal.
Aceptar esto no implica negar la experiencia tal como parece presentarse, sino negarle poder y realidad, permitiendo que la mente sea corregida. Al reconocer la irrealidad del ego y de su mundo, la mente se abre a la Expiación y recuerda suavemente que nunca abandonó su Fuente ni su Identidad verdadera.
No necesitamos la guerra, el hambre, la enfermedad, el dolor ni el sufrimiento, pues ninguno de ellos procede de la Voluntad de Dios ni cumple función alguna en la Verdad. Todas estas experiencias surgen de una mente que se ha identificado con el error de la separación y que percibe desde ese error los efectos de su propia creencia.
El mundo que parece dar testimonio de violencia, carencia y enfermedad no es causa, sino efecto de una decisión mental previa. Mientras la mente crea en la separación, interpretará sus propios pensamientos erróneos como si fueran realidades externas que la gobiernan. De este modo, lo que se cree se percibe, y lo que se percibe parece confirmarse a sí mismo.
Creer en la guerra no la hace real en términos absolutos, pero sí la mantiene activa en la percepción, reforzando la idea de conflicto y justificando el miedo. Creer en la enfermedad no la convierte en verdad, pero sí implica aceptar como real un estado que procede de la confusión de niveles y de la creencia de que el cuerpo tiene poder sobre la mente. En ese sentido, el Curso habla del “dios de la enfermedad”: no como una entidad real, sino como un ídolo al que la mente rinde fidelidad cuando cree que el dolor puede tener valor, propósito o poder.
El ego se sostiene mediante estos ídolos, pues necesita pruebas constantes de vulnerabilidad para justificar su existencia. Aunque tales creencias conducen inevitablemente al sufrimiento, el ego las protege y las adora, ya que sin ellas no podría mantenerse. Así, lo que parece castigar a la mente es, en realidad, el medio por el cual el ego se perpetúa.
El camino que propone Un Curso de Milagros no es combatir estas formas, sino retirarles significado, reconociendo que no proceden de Dios y, por lo tanto, no son reales. Al dejar de otorgarles valor y al ofrecerlas a la corrección del Espíritu Santo, la mente se libera gradualmente de la necesidad de sufrir y recuerda que sólo el Amor es verdadero y que nada fuera de Él puede tener efectos reales.
Propósito y sentido de la lección:
Instrucciones prácticas:
- Realiza la práctica con los ojos cerrados, durante un minuto como máximo, hasta tres veces al día (o más si te resulta cómodo).
- Piensa en los horrores o situaciones que te perturban, nómbralos concretamente y niega su realidad con la frase:
“Dios no creó [esto], por lo tanto, no es real.” - Sé específico: menciona enfermedades, accidentes, conflictos, etc., tal como los percibes.
- Finaliza cada sesión repitiendo:
“Dios no creó un mundo sin significado.” - Aplica la idea a lo largo del día ante cualquier situación que te perturbe, usando la misma estructura.
Aspectos psicológicos y espirituales:
Esta lección puede remover resistencias internas, ya que desafía la creencia fundamental en la realidad del mundo físico y de sus problemas. Puede surgir miedo o incomodidad al negar la realidad de lo que parece tan evidente. Sin embargo, este proceso es necesario para liberar la mente del miedo y abrirse a la paz. El ejercicio ayuda a identificar los pensamientos de terror y a reconocer que sólo existen en la mente separada, no en la realidad de Dios. Así, se inicia un proceso de desapego y de sanación profunda.
Relación con el resto del Curso:
La Lección 14 es un eslabón clave en la secuencia de lecciones iniciales, que buscan deshacer la percepción errónea y preparar la mente para recibir la verdad. Se conecta con la idea central de UCDM: sólo el Amor es real, y todo lo demás es ilusión. Esta lección prepara el terreno para aceptar la Expiación y la visión del Espíritu Santo, que reinterpretan el mundo desde la unidad y el amor, no desde el miedo y la separación.
Consejos para la práctica:
- Sé amable contigo mismo si surgen resistencias, miedo o dudas.
- No te fuerces a practicar más de lo que te resulte cómodo.
- Si te olvidas de practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes, sin culpa.
- Permítete sentir cualquier emoción que surja, observándola sin juzgar.
- Recuerda que el objetivo no es negar tus sentimientos, sino cuestionar la realidad de lo que los provoca.
Conclusión final
La Lección 14 te invita a dar un paso valiente: cuestionar la realidad del mundo que percibes y abrirte a la posibilidad de que sólo el Amor de Dios es real. Aunque el proceso pueda ser desafiante, es el camino hacia la paz y la libertad interior. Confía en que, al practicar con sinceridad, irás soltando el miedo y permitiendo que la verdad se revele en tu mente.
Me pregunto si sería casualidad que ayer mismo tuviese la oportunidad de ver la película titulada "Como Dios", protagonizada por Jim Carrey y Morgan Freeman. La cito, porque su guión nos lleva a pensar sobre la enseñanza recogida en esta lección. Si no la habéis visto, os la recomiendo. ¡Ah!, es evidente que no fue por casualidad, sino por causalidad.
¿Quién no ha pensado en alguna ocasión que Dios es el único culpable de lo que nos pasa? Si lo que experimentamos es dramático, siempre existe ese pensamiento condenatorio, que trata de convencernos de que lo que nos ha ocurrido es como consecuencia de nuestras malas acciones. El poder que ejerce la culpa sobre nuestro inconsciente es tan fuerte que nos lleva a pensar en ideas demenciales.
Por otro lado, siempre buscamos la alianza con Dios, en un intento de ganar su "Gracia" y, así, recibir su ayuda providencial para lograr todos nuestros deseos. Podríamos decir que le pedimos un "tráfico de influencia" para hacer realidad nuestros propósitos. Cuando las circunstancias vividas no nos llevan a gozar de esa "prestación", nos limitamos a emitir juicios, como los que realiza el protagonista de la película referida, que nos lleva a negar la existencia del Creador.
Dios no puede evitar nuestras “desgracias”, por una sencilla razón: Él no es la causa de ellas, por lo tanto, no percibe sus efectos. Él no cree en el juicio que nos lleva a considerar lo que nosotros llamamos “desgracias”. Dios no ha creado el mundo que nosotros sí vemos, y lo vemos, porque es nuestra fabricación y creemos en él. Dios es perfecto y sus creaciones lo son también.Tú y yo somos sus Hijos y experimentamos esa perfección cuando nuestra mente es Una con Él. Todas las creaciones realizadas por el Hijo de Dios separadas de la Fuente del Padre no son creaciones, sino proyecciones, y dan lugar a un mundo sin significado, ilusorio e irreal, donde ya no imperan las Leyes de Dios, ni su Poder Creador, el Amor, sino que imperan las leyes del ego, la ignorancia y el poder del miedo.
Te propongo una cuestión: ¿Qué crees que es más real, una piedra, a la cual puedes tocar y percibir, o un pensamiento?
Hagamos un ejercicio, que tal vez nos pueda ayudar a encontrar la respuesta a esa cuestión.
Tienes a tu disposición una caja llena de fichas, semejantes a las fichas de los legos, con la cual puedes diseñar cualquier forma que te propongas. Para hacer fácil el ejercicio, te propongo que hagas una figura cuadrada.
Bien, cuando la tengas hecha, habrás terminado el ejercicio y podrás percibir el resultado de tu trabajo. Estás satisfecho con él, pues es la réplica exacta de lo que tu mente te ha enseñado que es un cuadrado. Llegado este punto, dirías que es tu realidad más tangible.
Pero, ¿qué pasaría si esa figura se destruye? De hecho, puede ocurrir; la piedra más resistente, también es posible destruirla. Para poder construirla de nuevo, necesitarías recurrir nuevamente a tu mente, pues en ese nivel, aún permanece. Por lo tanto, podríamos concluir que el pensamiento es más real que la estructura edificada y que cualquier piedra, por muy dura que esta sea.
Si Dios, que es Perfecto, hubiese creado un mundo imperfecto, dejaría de ser perfecto. Por otro lado, si Dios, que es Perfecto, hubiese creado un mundo erróneo, lo único que tendría que hacer es corregirlo. Pero esto no pasa, debido a la razón ya expuesta, no es su creación y, además, ¿cómo corregir algo que no es real, que no existe en la mente del que lo ha creado?
La mejor petición que podemos elevar a Dios es que nos ilumine para poder recordar la verdad, de la cual nos hemos olvidado. Es necesario que esa petición emane de nuestra voluntad, pues Él no puede influir en nuestro libre albedrío. En verdad, lo único que Dios aguarda es que pongamos nuestra voluntad a su servicio. Su infinita Gracia está aguardando ese instante en el que nos entregamos a Su Voluntad. En nuestro olvido, hemos dejado de creer en que somos seres de luz, libres de toda limitación, sanos, perfectos y abundantes.
Reflexión: ¿Cuál crees que es el significado de la creación de Dios?


Gracias!!!
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