miércoles, 11 de mayo de 2016

Los 7 Pecados Capitales: "La Envidia"

Continuamos con el estudio iniciado sobre los 7 Pecados Capitales y su vinculación con la salud. En esta ocasión, analizaremos el pecado de la Envidia, el cual está regido por el planeta Mercurio.

Como ya vimos en las anteriores entregas, analizaremos cada uno de los pecados capitales desde diferentes puntos de vistas. La intención no es otra que despertar nuestra conciencia a las fuerzas que nos lleva a identificarnos con los aspectos de conductas característicos para cada uno de los “pecados” y descubramos, igualmente, cuáles son los recursos que tenemos para poder canalizar armoniosamente dichas fuerzas. 

ENVIDIA

Lo que nos dice Wikipedia:

Como la avaricia, la envidia (en latín, invidia) se caracteriza por un deseo insaciable, sin embargo, difieren por dos grandes razones: Primero, la avaricia está más asociada con bienes materiales, mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el pecado de la envidia desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace falta, y a consiguiente desean el mal al prójimo, y se sienten bien con el mal ajeno.

Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos». En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come (Francisco de Quevedo).

Lo que nos dice la Cábala (Kabaleb):

LA ENVIDIA – MERCURIO

La envidia es un pecado mercurial y se debe a una perturbación en el horóscopo del planeta Mercurio.
En el mundo mental, la función de Mercurio consiste en orquestar los recursos que posee el individuo para su más lógico aprovechamiento. Este planeta es el que se encarga de racionalizar y ejecutar, según un orden riguroso de acuerdo con las leyes cósmicas, con las necesidades del Ego Superior y en función de las circunstancias en que se halla inmerso el individuo. Pero cuando Mercurio forma disonancias, entonces tiende a utilizar recursos ajenos en el programa propio, recursos que va a buscar en el programa de otros Egos. Esta situación se manifiesta en la persona bajo el rostro de la envidia.

En el ámbito de relaciones sociales, esa mala disposición de Mercurio será fuente de importantes conflictos. La envidia, para prosperar en el terreno práctico, debe ir acompañada de sus dos acólitos: la mentira y la calumnia, con la ayuda de las cuales arruinará la reputación de la persona cuyos recursos Mercurio ambiciona. En lo que se refiere al propio destino, la envidia falseará nuestras necesidades experimentales, procurándonos experiencias que no figuran en el programa de nuestro Ego Superior y que, por tanto, son inútiles o inoportunas. La envidia ayuda siempre a la personalidad humana pasajera, satisfaciéndola en lo referente a los valores sociales, pero volviendo la espalda a las necesidades evolutivas del Ego. Este es el error característico de un Mercurio disonante.

En el plano emotivo, Mercurio es el encargado de aportarles lógica a nuestros sentimientos o, dicho de otro modo, de proporcionarles su razón de ser. Cuando actúa de acuerdo con nuestra legalidad sentimental, es decir, con los deseos que legítimamente deben llevarnos a la culminación del programa elaborado por el Ego Superior, imprime en nuestros impulsos emotivos una fuerte determinación, les aporta persistencia, duración, y la persona tiene entonces el sentimiento de estar en lo cierto.
Pero cuando un Mercurio disonante actúa sobre nuestros sentimientos, también comunica a la persona esa sensación de veracidad al impulsar los deseos a apoderarse de los recursos humanos de otra persona. Mercurio proporciona a los deseos argumentos nobles para justificar actuaciones que no lo son.
En el plano físico, Mercurio rige las conexiones, las relaciones humanas y una situación de envidia hará que la persona se vea conectada con individuos que contribuirán a desviarlo de su universo natural, orientándolo de forma equivocada respecto a su programa de vida.

La envidia es por lo tanto un pecado que nos aleja considerablemente de nuestro objetivo trascendente llevándonos hacia la falsa pista de los valores sociales, en lugar de perseguir las experiencias susceptibles de enriquecer nuestra alma. Por resultar evidente para el propio individuo, la envidia es algo que se puede corregir, si se moviliza la voluntad al servicio de esta corrección. Si el propósito de corregir esta tendencia es firme y lo realizamos en el ámbito de nuestras posibilidades, también en los planos superiores, Mercurio funcionará de acuerdo con nuestro correctivo y se transformará en un instrumento eficaz para la realización de nuestro destino.

La envidia repercutirá en una próxima vida haciendo que nos encarnemos en un cuerpo propenso a los envenenamientos, a las dificultades respiratorias y gástricas. Todas las afecciones del aparato intestinal, las intoxicaciones, apendicitis, peritonitis, enfermedades contagiosas y pulmonares son un subproducto de la envidia, puesto que en el plano moral, también la envidia envenena, intoxica, estrangula, contagia, vicia el aire, impide que la persona objeto de la envidia evacue normalmente sus cualidades internas sobre el mundo.

Lo que nos dice la Astrología:

ElmanBacher: La visión que nos aporta el autor en esta exposición, nos ayudará a comprender la importancia que tiene a nivel astrológico la posición y aspecto (estado cósmico) de Mercurio en nuestra Carta. El estudio de dicho planeta nos revelará información sobre el sector de nuestra vida donde encontraremos el Principio de laIdentificación.

MERCURIO: PRINCIPIO DE LA IDENTIFICACIÓN.

La facultad del intelecto por medio de la cual interpretamos, identificamos, clasificamos, juzgamos y evaluamos las cosas de la Tierra se le atribuye simbólicamente al planeta Mercurio. Mercurio representa, como Principio de la identificación, el “dar nombres”, la “creación de palabras”, y la objetivación de los pensamientos en palabras habladas y escritas. Es el símbolo de la comunicación y la percepción conscientes. Es nuestra conciencia cuando estamos libres de congestión emocional o perturbaciones del sentimiento subconsciente.

La substancia que llamamos Mercurio es pesada, pero sin embargo es de cualidad licuescente; nuestros pensamientos, cuando están desorganizados o desenfocados son también licuescentes, pasajeros, saliendo rápidamente de una impresión a otra, de “arriba abajo”, “si-y-no” “ya caliente, ya fría”, Sin embargo, cuando nuestros patrones de pensamiento están organizados, tenemos la facultad de decidir definitivamente e incorporarlos en una especie de exteriorización concreta, definida, en palabras aisladas o en sus extensiones en oraciones.
Esta exteriorización es lo que nosotros llamamos “lenguaje”, la facultad universal de la incorporación del pensamiento. La licuescencia de Mercurio se ve en las muchas maneras por las cuales puede identificarse una cosa específica; su precisión se observa en la “solidez” conque es identificada en una palabra u oración específicas.

Mercurio identifica lo abstracto así como lo concreto. Es por medio de Mercurio que nosotros comprendemos lo concreto; pero es por medio de otras facultades planetarias que entendemos lo abstracto. Mercurio, sin embargo, es la raíz básica de nuestro desenvolvimiento de comprensión desde lo más literal de lo concreto hasta lo más intangible de lo abstracto.

Analicemos el símbolo planetario; Una cruz (materia, manifestación, estructura, lo concreto, encarnación) y sobre ella un círculo (perfección, terminación) que a la vez tiene sobre sí un semicírculo vuelto hacia arriba (semicírculo: Instrumentación, reciprocidad de instrucción o inspiración). Sintetizando estos factores simbólicos, vemos que por el ejercicio dela facultad de Mercurio aprendemos acerca de los principios de vida a través de la expresión de éstos en la región química del universo.
Mercurio es el eslabón (mensajero) entre los dioses (principios) y la humanidad. Es por medio de Mercurio que nosotros aprendemos, primero la naturaleza objetiva, la cualidad delas cosas y luego la conciencia de los principios abre nuestra conciencia a la realidad subjetiva; en ambas octavas estamos aprendiendo, pero en la primera nosotros integramos por medio de la identificación; en la segunda conocemos a través de la experiencia que da la Comprensión.

Una ilustración relevante de la “edad adulta” de Mercurio se observa en el talento natural de aprender a hablar, leer; o escribir en otros idiomas. La posesión de este talento es evidencia que la persona ha ejercitado sus potencialidades de Mercurio durante muchas encarnaciones; su mente ha adquirido una receptividad por medio de la cual ella puede comprender una variedad de técnicas de los símbolos; y la comprensión de vocabulario, gramática, etc., se ha convertido en una facultad especializada que está integrada en la conciencia.

A través de Mercurio aprendemos por el estudio y la observación.
Le atribuimos a Mercurio la regencia de dos signos comunes; Géminis y Virgo, de Aire y de Tierra respectivamente. Como regente de Géminis, Mercurio está exaltado (maduro) en Virgo porque el conocimiento se madura al usarse; el conocimiento, como tal, permanece en su “niñez” si no es proyectado o expresado para la marcha hacia adelante de la encarnación. Sólo a través del conocimiento pueden realizarse el servicio y mejorarse los asuntos materiales.

Todo lo que es “rectamente conocido”, puede ser “usado rectamente”; la ignorancia es el camino hacia el “mal uso” y la corrupción del servicio, Mercurio es la más plástica de todas las vibraciones planetarias, Se entiende por esto que “él” es más fácilmente afectado o cualificado por el signo en que se encuentre.

Mercurio representa, como facultad de la razón, la raíz en la conciencia por medio de la cual se aprende la Ley de Causa y Efecto. La mente consciente observa el mundo material, de ahí que se desarrolle una conciencia de la exteriorización de causas internas.
En la mitología Mercurio era el mensajero de los dioses para la humanidad. “Los dioses” es simplemente una forma simbólica de referirse a los principios de vida.

Las cuadraturas planetarias a Mercurio representan la potencialidad de la persona para ser irrazonable. Tenga esto en mente cuando analice un mapa, es muy importante.
Mercurio es el medio por el cual aprendemos a desintegrar congestiones y realizar ideales.

Por lo tanto, cualquier aspecto de congestión o de fricción a Mercurio tiene el efecto directo de impedir la habilidad de la persona para aprender de las experiencias.
Usted puede estar seguro de una cosa si Mercurio y su “dispositor” están descongestionados, no importa que otras dificultades puedan estar representadas en el mapa, la persona tiene una habilidad e impulso naturales de aprender prácticamente cómo realizar sus ideales y cumplir sus más intensos impulsos sin considerar cuáles son los ideales o qué es lo que él en su conciencia llama “realización” o “éxito”. Su ideal puede ser abundancia financiera, popularidad y admiración; realización profesional de un talento; poder sobre otras personas; puede ser una de tantas cosas, pero la claridad de Mercurio descongestionado, por ambos, aspecto y vibración, le permite ver claramente el camino hacia la realización de su sueño. 

Kabaleb (enfoque Astrología Cabalística):

Mercurio es el canal que utiliza el Ego para expresar su pensamiento en el mundo material. Si estudiamos las funciones de los Séfiras de la columna de la izquierda, podemos constatar que Binah genera el pensamiento divino, concentrando lo que en Hochmah está difuso y proyectando lo al exterior del mundo divino. Gueburah gesta ese pensamiento destruyendo todo lo que el individuo tiende a incorporar a él de extraño a su naturaleza, y Mercurio lo expulsará al mundo inferior.
Si consideramos pues los Séfiras de la izquierda tan sólo bajo el aspecto de transmisores del pensamiento divino, vemos que Binah es el Yod, Gueburah el He y Hod el Vav, vemos que Hod-Mercurio realizará, respecto a Malkuth, las mismas funciones que Binah realizará respecto a Hesed. Binah derrama el pensamiento divino en el Mundo de Creaciones; Hod derrama el pensamiento del Ego en el Mundo de Acción.
Así pues, el Pensamiento con el que "trabaja" Mercurio se encuentra en su tercera fase: ha sido generado, ha sido rectificado en el Mundo de Creaciones, donde Marte ha eliminado todas las aportaciones perversas con que intentaba adornar lo nuestra naturaleza emotiva, y ahora se prepara a saltar al plano material para ordenar en él las cosas cómo lo están en el Mundo de arriba.
Mercurio tiene que encajar ese Pensamiento en el mundo en que nos movemos y mientras por el sendero 31 "otea el horizonte" para ver las posibilidades de encaje, por el sendero 30 interioriza ese Pensamiento en Yesod para que ese Centro lo proyecte al mundo material.

Por otra parte, Mercurio retira la memoria de las experiencias vividas para incorporarla al Ego. Se trata de la Memoria consciente, puesto que las experiencias que no pasan por la conciencia son grabadas en la sangre y asimiladas en el proceso post-mortem.

El estado cósmico de Mercurio nos indicará pues la facilidad o dificultades que encontrará el Ego para poder expresar su Pensamiento; nos indicará en qué dominio actuará, si en el de las Emociones (signos de Agua), en el del Pensamiento (signos de Aire), en el de lo material (signos de Tierra), o en la actividad inconsciente (signos de Fuego)

Un Mercurio fuerte, en signos de Dominio o de Exaltación, formando numerosos buenos aspectos, indicará que el Ego es quien manda en esa vida y su programa se realizará sin obstáculos. Un Mercurio en sus signos de exilio o detrimento, con malos aspectos, indicará que el individuo encontrará gran resistencia, viniendo de su personalidad inferior, para la realización del programa del ego. De igual modo, el buen o mal estado cósmico será indicio de buena, o mala memoria.

En la Mitología, Mercurio era el Mensajero de los Dioses, el encargado de trasmitir las comunicaciones de los Olímpicos a los mortales, y muy particularmente los decretos de su padre, Júpiter, que era quien gobernaba en el cielo después de haber destronado a su progenitor, Saturno. Esa función de Mensajero, Mercurio las sigue realizando, y así vemos que cuando se encuentra en marcha retrógrada, las comunicaciones van mal, los empleados de Correos se ponen en huelga y las gentes no acuden a las citas. Cuando Mercurio está perturbado el mundo que de indeciso, sin saber qué hacer, porque los mensajes de los dioses no llegan a la mente humana. Así pues, cualesquiera que sean las cualidades de una persona, si su Mercurio se encuentra en malas condiciones cósmicas, no sabrá decidirse en el momento adecuado, no podrá coordinar con eficacia sus distintas virtudes para utilizar las en el buen momento.
Por el contrario, un Mercurio bien situado le dará el sentido de la oportunidad, hará que oiga en su interior las voces de los dioses, diciéndole en su momento lo que debe o no debe hacer.

Lo que nos dice la Psicología:

El Diccionario de la Real Academia dice de la envidia que es “la tristeza o pesar del bien ajeno”, pero esta definición parece algo pálida si consideramos las múltiples manifestaciones de este fenómeno psicológico.
Para empezar, señalemos que de la tristeza del bien ajeno a la alegría por el mal ajeno sólo hay un paso, y a esta última también la categorizaríamos como envidia. Hay muchas formas de envidia y los sentimientos de inferioridad constituyen su piedra angular. La envidia no puede ser entendida en todo su espectro sin considerar las sensaciones de precariedad narcisista y las vicisitudes de las pulsiones agresivas en la infancia, dentro del seno familiar. En efecto, las diversas modalidades de envidia no son sino un eco de los sentimientos de inferioridad y rivalidad sufridos por el niño en su desarrollo psicológico, con padres, hermanos y otras figuras significativas.
La envidia instaurada en el carácter del adulto es, por lo general, una reacción ante las experiencias de pequeñez y desvalimiento de la infancia. Esto da cuenta de su universalidad y su frecuente irracionalidad. En cada persona, la intensidad de la envidia estará en función de sus sensaciones reprimidas de insignificancia. Las manifestaciones de la envidia generalmente nos dirán más de los sentimientos de inseguridad del envidioso que de la personalidad del envidiado. La envidia es maladaptativa porque estropea y, en ocasiones, anula completamente el placer de la admiración, el gozo de la amistad, la utilidad del compañerismo y la solidaridad, el júbilo por los logros de otros, la contemplación de la belleza, de la habilidad, del ingenio y, también a veces, el simple deseo de emular al mejor.
La envidia, pues, puede suponer un impedimento psicológico muy serio y siempre es fuente de sufrimiento.

En boca de Don Quijote, “Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo; pero el de la envidia no tal, sino disgusto, rencores y rabias”. Otros “vicios” conllevan ese “no sé qué de deleite” porque satisfacen alguna pulsión instintiva (aunque después pueda esto resultar reprobable a la conciencia). Sin embargo, la envidia es en sí una defensa; a saber, una defensa contra la percepción de la propia inferioridad: se odia a otro para no sentir odio contra uno mismo.

Astuta y algo cínicamente, Unamuno dijo que en nuestra tierra de envidia proverbial bien podría existir un precepto que rezase, “Odia a tu prójimo como a ti mismo“. Así pues, por una parte, tenemos la mortificación narcisista inherente a la sensación de inferioridad; por otra, el odio a los semejantes, que es censurable para el Superyó. Aquí no hay deleite.

En palabras de Antonio Machado, el envidioso “Guarda su presa y llora lo que el vecino alcanza; Ni pasa su infortunio ni goza su riqueza”. Por consiguiente, el penoso sentimiento de la envidia ha de ser objeto, a su vez, de otra defensa psicológica. Una de ellas es la proyección. Por medio de ésta, el sujeto logra convencerse de que el sentimiento envidioso le es ajeno y de que él es el envidiado; pero, ¡ay!, entonces temerá que los males que le deseó al prójimo se vuelvan a modo de bumerán contra él. A propósito de este mecanismo, Sigmund Freud (1919) hizo la siguiente reflexión: “Quien posee algo precioso, pero perecedero, teme la envidia ajena, proyectando a los demás la misma envidia que habría sentido en lugar del prójimo”. No significa esto que a veces no se tengan razones realistas para temer las consecuencias de la envidia del prójimo; lo que significa es que, frecuentemente, ésta se debe a razones idiosincrásicas y, por lo general, inconscientes.

Formas de envidia
Pueden hacernos sentir envidiosos numerosas cualidades de otras personas: su talento, su juventud, su renombre, su belleza, sus posesiones y hasta su virtud, que como escribió Antonio Machado en uno de sus Proverbios, “La envidia de la virtud hizo a Caín criminal”. Un personaje de una novela unamuniana (Abel Sánchez, 1917) llega a decir: “No hay canalla mayor que las personas honradas [...] no me cabe duda de que Abel restregaría a los hocicos de Caín su gracia”, Un hombre puede hacer exhibición de buenos atributos para producir envidiosa zozobra en otro, al sumirle en un conflicto entre sus malos deseos por una parte y su conciencia, por otra.

El sabio Baltasar Gracián escribió en su Arte de la prudencia (1647): “No hay venganza más insigne que los méritos y cualidades que vencen y atormentan a la envidia [...] Este es el mayor castigo: hacer del éxito veneno”, ¡hasta la honradez y la bondad pueden usarse con el malévolo propósito de azuzar la envidia!

La forma más conflictiva de envidia es, sin duda, aquélla que se dirige hacia las personas que, simultáneamente, uno ama. Es este tipo de envidia el que tiende a sumergirse con mayor vigor en el Inconsciente, porque amenaza con destruir precisamente aquello que valoramos más de nosotros mismos: nuestras representaciones buenas y nuestros sentimientos amorosos. Además nuestra conciencia se carga de atormentadora culpa si contempla la propia malevolencia hacia aquéllos que dicta que debemos querer. Ante este conflicto, a veces procuramos convencernos de que la persona hacia quien profesamos amor o gratitud ambivalentes, después de todo, no es tan buena. Se trata de un intento por “justificar” nuestra animadversión culpógena.

Lo que nos dice la Teología:

La envidia es la tristeza ante el bien ajeno, ese no poder soportar que al otro le vaya bien, ambicionar su felicidad y sus posesiones, es desear que el otro no disfrute de lo que tiene.

La palabra latina significa mirar con malos ojos. La envidia es considerada uno de los siete pecados capitales. Tomás de Aquino afirma que consiste en la tristeza ante el bien del prójimo considerado como mal propio, en cuanto que se cree que disminuye la propia felicidad.

La envidia en la Biblia

Por envidia mató Caín a su hermano Abel (cfr. Gen 4, 3-8) y Esaú aborreció a Jacob (cfr. Gen 27,41). Raquel sintió envidia de su hermana que podía engendrar hijos (cfr. Gn 30,1). Por envidia sus hermanos vendieron a José (cfr. Gen 37,11) y Saúl persiguió a David (cfr. 1 Sam 18, 7-11). La tentación de los justos es envidiar la prosperidad de los malvados (cfr. Sal 73,3).

Afirma la Escritura que la envidia y los pleitos acortan la vida (cfr. Eclo 30,24). Es dañina para la salud corporal como caries en los huesos (cfr. Prov 14,30). La podrida envidia es incompatible con la sabiduría (cfr. Sab 6,23).

Según los Evangelios, la envidia fue la causa de que las autoridades judías entregaran a Jesús a la muerte (cfr. Mc 15,10; Mt 27,18).

La envidia sale del corazón del hombre y lo hace impuro (cfr. Mc7,21-22); y es causa de amargura para el corazón (cfr. Sant 3,14).

La envidia está presente en la comunidad cristiana (cfr. 1Cor 3,3), que debe despojarse de ella (cfr. 1Pe 2,1). Es contada entre los pecados que excluyen del Reino de Dios (cfr. Gal 5,21). El amor verdadero no es envidioso (cfr. 1Cor.13,3)

La envidia en el Catecismo de la Iglesia Católica

El Catecismo de la Iglesia Católica se expresa de esta manera frente a la envidia:

“La envidia es un pecado capital. Manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal: San Agustín veía en la envidia el «pecado diabólico por excelencia» (ctech. 4,8). «De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad» (S. Gregorio Magno, mor. 31, 45)”.

“La envidia representa una de las formas de la tristeza y, por tanto, un rechazo de la caridad; el bautizado debe luchar contra ella mediante la benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo; el bautizado ha de esforzarse por vivir en la humildad: ¿Quieren ver a Dios glorificado por ustedes? Pues bien, alégrense del progreso de su hermano y con ello Dios será glorificado por ustedes. Dios será alabado -se dirá - porque su siervo ha sabido vencer la envidia poniendo su alegría en los méritos de otros (S. Juan Crisóstomo, hom. in Rom. 7, 3)”


Como ya hemos visto, el pecado de la Envidia favorece cierto tipo de enfermedades relacionadas con el planeta Mercurio. A continuación, analizaremos algunos de estos trastornos desde el punto de vista de la Medicina Holística.

SISTEMA RESPIRATORIO

Lo que nos dice la Biodescodificación:

1ª Etapa (Supervivencia)
La función primaria del pulmón es el intercambio de O2 y CO2. La palabra clave es Intercambio.
A nivel simbólico O2 = “vida” (inspirar) y CO2 = “muerte” (expirar).
Resentir principal es: “Tengo miedo a morir inminentemente” (falta oxígeno, no puede respirar, me ahogo, me asfixio.) Siempre real o simbólico, uno se puede sentir ahogado en casa o en el trabajo...
El Pulmón también está relacionado con la tristeza (medicina china). En las posguerras ha habido muchas epidemias de tuberculosis, porqué durante la guerra se pasa mucho miedo, y al relajarse, aparece el bacilo de Koch que ayuda a reparar este pulmón que estaba en estrés por miedo a morir. En el romanticismo pasa lo mismo porqué la tristeza lleva un estado profundo de sensación de muerte.
Se puede buscar en el transgeneracional muertes por temas de gas, incendios, asfixias, ahogos…

Lo que nos dice Louise L. Hay:

Asfixia:
Causa probable: Temor. Desconfianza en el proceso de la vida. Estancamiento en la infancia.
Nuevo modelo mental: El mundo es seguro. Confío en la vida. Estoy a salvo creciendo.

Problemas Respiratorios:
Actitud negativa: Me he sentido inmerecedor de la vida y la he obstruido en mí. He sentido alteraciones en mi ambiente que me irritan profundamente.
Actitud positiva a adoptar: Yo soy la paz y la armonía dentro y fuera de mí y nada ni nadie las altera, yo soy la expresión de la vida. 

Lo que nos dice Jacques Martel:
La respiración es una función que preside a los intercambios gaseosos entre yo como ser vivo y el medio exterior. Se trata pues de una vía de acceso para la vida para que penetre en el interior de mí. Si puedo respirar profundamente, esto representa mi destreza en dar vida y fuerza a mis emociones. Una respiración superficial me indica un miedo o una resistencia con relación a la vida, particularmente en momentos de destreza o de pánico y me indica que tengo tendencia a reprimir mis emociones. Vivo mi vida del modo en que respiro, lo cual puede ser un modo superficial, privado de sentido o bien que puedo vivir al ritmo de las estaciones. El ritmo entre “tomar” (inspirar) y “dar” (expirar) se hará en armonía; las vías de comunicación entre yo y el mundo exterior estarán abiertas y libres.

Mis dificultades en el plano respiratorio denotan un conflicto entre el lugar que ocupo en la vida y el que me gustaría ocupar. Esto puede ser también un conflicto entre mis deseos materiales y espirituales o entonces un conflicto entre mi deseo de vivir y el de “dejarlo todo”. Puedo sentirme ahogado por las cosas que me obligo a hacer o por las personas que me siento obligado a encontrar. Además si mis dificultades respiratorias son cíclicas, debo preguntarme cuál es el acontecimiento o cuál es la persona que activa éstas; ¿qué es lo que “me corta el aliento” a menos de que desee que “me dejen respirar”? Puedo volverme tan exasperado que mis problemas respiratorios podrán volverse, frecuentemente inconscientemente, un modo de manipular mi entorno para tener lo que deseo. Puedo sentirme limitado. Así tendré dificultad en respirar si dudo en dar, compartir cosas o sentimientos.
Tengo miedo de tomar, absorber o fusionar en mí nuevas cosas o quizás la misma vida con todas las alegrías que puede traer. Debo aprender a dejar ir las resistencias, a dejar fluir y a abandonarme haciendo confianza a la vida.
Entonces estaré más en condiciones de hallar el lugar que tengo en el Universo.


APENDICITIS

Lo que nos dice la Biodescodificación:

1ª Etapa (Supervivencia)
Conflictos: Es un reservorio (despensa, reserva… es un bolsillo, por lo tanto, reserva de dinero. Podemos encontrar incluso la palabra “reconocimiento”). En un niño tiene que ver con el dinero de bolsillo (uso diario) (Ejemplos: caramelos, azúcar, paga semanal, dinero...). Ejemplo: Un niño tiene un ataque de apendicitis, tres días antes, estaban hablando en casa que tenían que pagar una excursión del niño y que venía grande hacerlo, no tenían dinero y hablaban de tocar el ahorro (“el recó”). El niño resintió.
Conflicto de "suciedad" indigesto. Ejemplo: niño que presencia una terrible escena de violencia entre sus padres. O algo que no podemos vaciar. Callejón sin salida, jugarreta, (Tenersela jurada a alguien).

Lo que nos dice Louise L. Hay:

Causa probable: Miedo. Miedo a la vida. El flujo del bien está bloqueado.
Nuevo modelo mental: Estoy a salvo. Me relajo y dejo que la vida fluya jubilosamente.


Lo que nos dice Lisa Bourbeau:

BLOQUEO FÍSICO: Es la inflamación del apéndice, que provoca un dolor que se irradia por todo el abdomen, acompañado por trastornos digestivos, náuseas y vómitos, detención del tránsito intestinal, ausencia de evacuaciones e intolerancia alimentaria.

BLOQUEO EMOCIONAL: Como en todas las enfermedades que terminan en itis, la apendicitis se manifiesta cuando la persona siente una ira reprimida, por ser demasiado insegura y dependiente de los demás como para expresarla. También tiene mucho miedo a la autoridad de alguien que la hizo enojar y no se atreve a expresarlo, a dejarlo salir. Tiene la impresión de "no tener salida". Este temor se relaciona con una situación sucedida justo antes de la crisis de apendicitis.

BLOQUEO MENTAL: El mensaje que tu cuerpo te envía es que no esperes más para expresar lo que sientes. Ya hace demasiado tiempo que te contienes, si sigues aguantándote, puedes estallar (peritonitis). Tu cuerpo no te dice que huyas de la situación que provoca esta cólera y este miedo, sino que las vivas en el amor, tomando en consideración tus límites y los de los demás.

Lo que nos dice Jacques Martel:

La apendicitis se define como la inflamación del CÆCUM (del latín: “ciego” situado en la base del intestino grueso. Esta enfermedad procede de una cólera vinculada a una tensión o a una situación aguda que no consigo arreglar y que me hace “hervir” interiormente. Lo más frecuentemente, se trata de una situación en el plano afectivo que viene a desequilibrar mi sensibilidad y mis emociones. Mi miedo puede haber suscitado este acontecimiento porque entretenía pensamientos negros y me preocupaba, lo cual hizo que se manifestara.
Me siento como en un “callejón sin salida” (es la forma del apéndice) porque tengo el sentimiento de estar oprimido, lo cual activa en mí miedo, inseguridad, cansancio, abandono. Lo más frecuentemente, esta contrariedad está relacionada con el dinero y particularmente el dinero de bolsillo. Puede ser también algo o alguien que yo quería que “se añadiera” o
“se incorporara” a mi vida pero una circunstancia se lo impide. Por ejemplo, quizás quiero que mi cónyuge venga a vivir en mi casa, pero él o ella no quiere o no tengo bastante sitio para albergarlo, etc. Hay una “obstrucción” al flujo de la vida e inhibo multitud de emociones. Esto puede ir incluso hasta el miedo a vivir. Ya no consigo filtrar eficazmente las nuevas realidades para protegerme de ello. No veo otra salida a mi vida. Necesito hablar de lo que vivo, necesito “vaciar mi bolsa” porque tengo dificultad en digerir lo que sucede, encuentro que esto es feo y decepcionante.
Los síntomas habituales son el calor, el ardor vinculado a la inflamación, y el dolor vinculado a la tensión. Siento un sufrimiento intenso cuando el apendicitis se transforma en peritonitis (reventón del apéndice). Dejo fluir la vida y acepto las situaciones de mi existencia como lo que es mejor para mí. Me mantengo abierto al nivel del corazón y dejo caer mis protecciones (barreras) suavemente y armoniosamente.

ENVENENAMIENTO

Lo que nos dice la Biodescodificación:

Conflicto: Que tomen el pelo a la familia (por ejemplo en herencias). Que te engañe un padre, un hermano (noción de envenenamiento). Los lazos de sangre se resienten como envenenados.

Lo que nos dice Louise L. Hay:

Causa probable: Permitir  que otros asuman el control. Sentimiento de indefensión.
Nuevo modelo mental: Poseo la fuerza, el poder y la habilidad para digerir todo lo que se me presente en el camino.

Lo que nos dice Jacques Martel:

El envenenamiento o intoxicación se produce cuando una sustancia tóxica se introduce en mi cuerpo: sigue un conjunto de trastornos físicos.

Cuando hay envenenamiento, debo mirar quién o qué es lo que envenena mi existencia. No es tanto el alimento como la naturaleza de mis propios pensamientos. Por cierto, todas las personas que han cogido el mismo alimento no padecerán de envenenamiento. Tomo consciencia de la situación o de la persona que me molesta a este punto. Busco hacía quién o qué estoy atraído y cuáles son los pensamientos envenenados que entretengo frente a esta persona o a esta situación. ¿Qué es lo que envenena mi existencia? ¿Qué debo comprender de esta situación? Acepto traerla a su más sencilla expresión y la resumo en una palabra: pena, frustración, celos, etc. Ya que todo lo que no acepto vuelve en mi vida y esto, cada vez más fuerte hasta que lo acepte, tengo interés en abrirme aquí y ahora y a aceptar con mi corazón esta situación. Entonces, comprendo que esta persona o esta situación está aquí para ayudarme a superarme y adelantar.

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