jueves, 11 de mayo de 2017

Los 7 Pecados Capitales: "La Pereza"- 1ª parte

Con esta entrega, ponemos fin al estudio sobre los 7 Pecados Capitales y su vinculación con la salud. En esta ocasión, analizaremos el pecado de la Pereza, el cual está regido por el planeta Luna.

Como ya vimos en las anteriores entregas, analizaremos cada uno de los pecados capitales desde diferentes puntos de vistas. La intención no es otra que despertar nuestra conciencia a las fuerzas que nos lleva a identificarnos con los aspectos de conductas característicos para cada uno de los “pecados” y descubramos, igualmente, cuáles son los recursos que tenemos para poder canalizar armoniosamente dichas fuerzas. 

PEREZA

Lo que nos dice Wikipedia:

La pereza (en latín, acidia) es el más «metafísico» de los pecados capitales, en cuanto está referido a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia de uno mismo. Es también el que más problemas causa en su denominación. La simple “pereza”, más aún el “ocio”, no parecen constituir una falta. Hemos preferido, por esto, el concepto de “acidia” o “acedía”. 

Tomado en sentido propio es una «tristeza de ánimo» que aparta al creyente de las obligaciones espirituales o divinas, a causa de los obstáculos y dificultades que en ellas se encuentran. Bajo el nombre de cosas espirituales y divinas se entiende todo lo que Dios nos prescribe para la consecución de la eterna salud (la salvación), como la práctica de las virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y de religión. Concebir pues tristeza por tales cosas, abrigar voluntariamente, en el corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas, es pecado capital. 

Tomada en sentido estricto es pecado mortal en cuanto se opone directamente a la caridad que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a Dios. De esta manera, si deliberadamente y con pleno consentimiento de la voluntad, nos entristecemos o sentimos desgano de las cosas a las que estamos obligados; por ejemplo, al perdón de las injurias, a la privación de los placeres carnales, entre otras; la acidia es pecado grave porque se opone directamente a la caridad de Dios y de nosotros mismos. Considerada en orden a los efectos que produce, si la acidia es tal que hace olvidar el bien necesario e indispensable a la salud eterna, descuidar notablemente las obligaciones y deberes o si llega a hacernos desear que no haya otra vida para vivir entregados impunemente a las pasiones, es sin duda pecado mortal.

Lo que nos dice la Cábala (Kabaleb):

LA PEREZA - LUNA
La pereza es un pecado lunar y se debe a una perturbación de las funciones encomendadas a la Luna.
En el Mundo Mental, la Luna produce las imágenes internas, es lo que llamamos la imaginación, a través de la cual la mente se desplaza de un lugar a otro, explorando por un lado las alturas inaccesibles y estableciendo cabezas de puente en terrenos aún no hollados por la razón y descendiendo por otro a los abismos de la razón allí donde ideas arcaicas y profundamente enraizadas necesitan que las sales lunares disuelvan sus amarras. Los efectos de la pereza en este mundo bloquean la imaginación y dejan que todo siga tal como está, de modo que imposibilitan la progresión intelectual hacia arriba y no permiten que la mente se vea liberada de los arcaísmos que la mantienen atada a un pasado ancestral.

En el cuerpo del deseo, sus atributos la llevan a fijar los deseos, proporcionándoles, por así decirlo, fuerza y esplendor, de manera que obliguen a la voluntad a realizarlos. Que el deseo sea elevado o no depende de otros mecanismos, pero lo que sí es esencial para el individuo es que ese deseo se exteriorice de algún modo, o bien que se sublime mediante una interiorización consciente y voluntaria. La exteriorización de los deseos hará que el individuo sea frío o caliente, tal y como los quiere Dios. Pero cuando la pereza obstaculiza esas funciones, el individuo se convierte en este tibio al que Dios vomita de su boca.

En el mundo físico, la Luna rige las funciones de disolución y coagulación de los elementos, aportando una renovación periódica a nuestros átomos y moléculas, de acuerdo con los ritmos del universo. La Luna es la que nos conecta con el acontecer universal, aportándonos los sucesivos mensajes de los demás cuerpos planetarios. Si esas funciones resultan obstruidas, nos convertimos en algo parecido a una tierra muerta, no transitada por las grandes corrientes renovadoras que emanan del cosmos. En el mundo físico, la pereza transforma al hombre un muerto vivo, en un ser inútil para sí mismo y para los demás.

¿Qué es lo que debe hacer el perezoso para vencer su pereza? Moverse hacia las cosas que estén a su alcance. Por cada paso que dé, Dios dará dos por él. No importa aquí el resultado práctico obtenido - muchos perezosos justifican su pereza arguyendo que sus esfuerzos no les sirven de nada- lo importante es ponerse en movimiento a nivel físico, sentimental y mental para restablecer las funciones que se encuentran perturbadas.

El mal que aguarda a los perezosos en una próxima vida (o en ésta si sus procesos se aceleran), es la corrupción de su cuerpo, la putrefacción de sus órganos. Nada funcionará en su físico como debería funcionar. Del mismo modo que en las aguas encharcadas abundan los parásitos, en su cuerpo se producirá ese estancamiento y los parásitos aparecerán también, provocándole las enfermedades propias de las cuatro estaciones. Si además han cometido abusos en otros aspectos, ciertos órganos se encontraran más deteriorados que otros y, si se trata de órganos vitales, su tendencia a la corrupción puede acortar mucho su vida.

Lo que nos dice la Astrología:

Elman Bacher: La visión que nos aporta el autor en esta exposición, nos ayudará a comprender la importancia que tiene a nivel astrológico la posición y aspecto (estado cósmico) de la Luna en nuestra Carta. El estudio de dicho planeta nos revelará información sobre el sector de nuestra vida donde encontraremos el Principio de la Maternidad.

LUNA: PRINCIPIO DE LA MATERNIDAD.

En el estudio de la posición en los signos y los aspectos de la Luna en un horóscopo, nosotros tratamos con uno de los fundamentos de la expresión de la vida: La base de la polaridad femenina. La Luna es una de las piedras angulares de un mapa; ella es la raíz de la cual brotan todas las otras variaciones de las fases pasivas, receptivas y emocionales de la personalidad. La significación más completa de la vibración Lunar puede ser comprendida sólo cuando se sobrentiende que todo ser humano contiene dentro de sí mismo, las esencias de ambas polaridades; todo mapa tiene al Sol-Marte así como a la Luna-Venus, en alguno que otro patrón.
El sexo físico, en el mundo de las formas, es un énfasis especializado de una delas dos polaridades para los propósitos de la perpetuación. Pero, en los planos internos de impresiones, sentimientos, memorias kármicas y patrones raciales subconscientes, la influencia de la Luna predomina.
La realización de los procesos evolutivos se lleva a cabo en los aspectos físicos de ambas polaridades, por lo general alternativamente, y como el sexo físico está acompañado de una especialización de experiencia, todos deben conocer tanto la vida del varón como la de la hembra. Esta “especialización” no sólo es de expresión, sino, automáticamente de karma; por lo tanto ciertas lecciones sólo pueden aprenderse por medio de la encarnación como mujer. Con respecto a esto, gran parte del karma de los varones se puede trazar, por causa y efecto, a irrealizaciones y mala dirección de los impulsos femeninos en vidas pasadas, y la Luna, en horóscopos de varones, es la llave para estos patrones kármicos. El karma que un hombre experimenta a través de las mujeres es meramente la objetivación de su propia polaridad femenina no regenerada; él se está manifestando como varón, pero por reflexión a través de sus contactos e intercambios con “las mujeres de su vida”, estos trastornos internos se manifiestan.
Marte, dinámico y vivificante, es la función fertilizadora, la esencia del sexo masculino; la Luna es aquello que recibe esta vigorización y nutre la semilla durmiente dándole forma. Por lo tanto, la Luna es el eslabón entre el Ego y la raza de la familia.
Ella es el medio a través del cual el hombre, como varón, se proyecta en las corrientes de vida. De esa manera, la Luna se ve como el Principio de la Maternidad, y, en astrología mundana u objetiva, esto es de significación fundamental. Por medio de la experiencia como madre, la humanidad recibe lecciones que no son inferiores a ninguna otra en esfera, profundidad e importancia.
Es como madre que las potencialidades del egoísmo de Marte, su egotismo, sud ominación y destructividad, reciben sus primeras transmutaciones alquímicas a través de la iniciación del sacrificio propio exigido por las funciones de la maternidad.

Se ha dicho mucho, desde épocas pasadas, sobre la santidad de la maternidad; cuán pocas personas comprenden que el instinto que mueve a la mujer primitiva, semejante al animal, a prestar su cuerpo al dolor para que la corriente de vida pueda perpetuarse, es, en el microcosmo, el mismo impulso por el cual un Maestro, a través de formas de transmutación y alquimia altamente desarrollados, “nutre” la vida espiritual de la raza. La mujer primitiva responde instintivamente a los impulsos de la sangre y del deseo: el Maestro realiza sus aspiraciones trascendentes en el amor impersonal. El principio de la maternidad se expresa cuando está implicada la alimentación de la vida de otro u otros.

Podría preguntarse, ¿cómo puede cada niño de una familia grande tener la Luna en un signo diferente, cuando todos tienen la misma madre? Debido a que la cualidad de la experiencia implicada en la maternidad y los cambios de “capacidad”, de niveles psicológicos y emocionales y de circunstancias domésticas que pueden ocurrir durante los años de fruición, una mujer no es exactamente la misma persona al nacimiento de su sexto hijo como ella era cuando tenía uno solo.
Cada niño en un grupo de familia, tiene un patrón individual y su Luna indica un “cuadro de madre” individual. De aquí, que aunque la madre es la misma persona, ella es “vista” diferentemente por cada niño de acuerdo con su conciencia o subconsciencia. y - esto es muy importante- ella puede tener una clase diferente de nexo kármico con cada hijo, alguna expresión de atracción o repulsión básicas. De ese modo, la Luna de cada niño indica un patrón diferente de reacciones y sentimientos en su relación con la madre.

El signo de la posición de la Luna en el mapa de una niña -una madre potencial-indica, básicamente, qué clase de madre ella será o puede ser; los aspectos de la Luna describen sus experiencias básicas de maternidad.
En el horóscopo de un niño, por reflejo, la Luna describe la tendencia general de sus experiencias domésticas y la esencia de sus actitudes hacia las mujeres en general. Con respecto a esto hay un punto importante que debe tomarse en cuenta: Debido a la transición de la madre de una familia, el padre puede verse obligado a tomar su lugar en la vida de sus hijos; su Luna es indicativa de su habilidad para cumplir esta responsabilidad. En otras palabras, él, entonces tiene que ser tanto madre como padre y no sólo su Sol-Marte sino su Luna también reciben expresión directa. Lo contrario también es cierto: El Sol-Marte de una mujer indica su habilidad para ejercer el poder y la iniciativa de ganarse la vida para su familia si el padre muere.

La Luna como factor mental: La Luna simboliza los procesos de la mente subconsciente “mente del sentimiento”, no del pensamiento impersonal desprendido. Ella es opinión, basada en patrones de familia o raciales que pueden o no, tener gran relación con la realidad.
En otras palabras, ella es “pensamiento motivado por respuesta de sentimiento”.
Aquí la Luna se ve como “punto de vista personal” que de seguro se hará evidente cuando una persona discute sobre cualquier cosa o persona mientras está en un estado de perturbación emocional. Como factor básico de la triada mental -la Luna, Mercurio y Neptuno- la Luna encuentra su regeneración por medio de los procesos de disciplina y control emocionales y el desarrollo del desapego personal.

Nosotros estamos relacionados a personas y cosas solamente de acuerdo con la intensidad y la clase de sentimientos que tengamos para ellas.
Son nuestros sentimientos los que contribuyen a la realidad en cuanto concierne a la referencia personal. Las “cosas se ven” a través de Mercurio como ellas son en sí mismas, sólo cuando el sentimiento ha sido eliminado, el prejuicio suprimido, las influencias de los padres y la familia trascendidas, y el equilibrio interno desarrollado.
De este modo, Mercurio dice: “Este sombrero es azul”. Un hecho impersonal. La Luna puede decir: “Yo creo que este sombrero es bello”, su color es exactamente como los ojos de mi bebé. Sentimiento personal. Estos son, por supuesto, ejemplos triviales, pero sirven para indicar como pueden influir los sentimientos personales en nuestras interpretaciones de los hechos.

El truco de la Luna para perturbar nuestras percepciones, por el sentimiento, puede manifestarse en mayores formas para producir resultados trágicos. A una mujer joven su novio la deja plantada; ella reacciona emocionalmente, con resentimiento intenso y sufre por años bajo la convicción (subconsciente) que “todos los hombres son tramposos y embusteros”. (Podemos ver claramente, su cara tensa y oír sus palabras chillonas). Ella no está pensando con su inteligencia, sino con su sentimiento de decepción, con su orgullo ultrajado y su soledad.
Un hombre sufre crueldad o injusticia de manos de otro hombre de diferente raza o nacionalidad. El reacciona con una amargura que se transmite a sus hijos. Uno de éstos recibe esta impresión desdichada y porque una persona le produjo a su padre un “mal rato”, el hijo, queda desde entonces prejuiciado contra las personas de esa nacionalidad y siente un poderoso impulso de condenarlas a todas a la perdición.
En este ejemplo, se revela una debilidad en el modo de ser del hijo. Él no estaba usando su propia capacidad de pensar, sino que se expuso por completo a los impulsos negativos de las emociones perturbadas de su padre. Y hasta tanto él no fortalezca su poder de discernir y de pensar -conscientemente- él se estará haciendo víctima continuamente en sus actitudes sobre esa nacionalidad particular, a través de sus sentimientos irrefrenados.

Esta retención de patrones subconscientes, indica en mayor escala, a través del sentimiento, aquello conocido como “memoria” de la raza, y en esta relación la Luna, como “madre”, representa la identificación del individuo con su nacionalidad o raza. Marte nos impulsa a pelear por nuestro país, pero a través de la Luna nosotros amamos nuestra patria como un niño ama a su madre. El simbolismo es puesto en paralelo exactamente. Mientras la conciencia de raza tenga relación con los patrones subconscientes de un individuo, él está en la misma clase de esclavitud a su “sentimiento nacionalista”, como un niño está “bajo la dependencia de su madre”, cuando él ve en la seguridad protectora del amor de ella, el todo-ser y finalidad de su vida.
Estos estados mentales, son en esencia idénticos: uno es infantilismo con respecto a un individuo, el otro es infantilismo con respecto a un patrón de raza, Cuando hay madurez emocional, todas las madres son Madre, las personas de cualquier nacionalidad son Hermano y Hermana, y cualquiera o todas las naciones pueden serla Patria.
Sin embargo, en la escala de las cosas, cada patrón racial provee una “matriz nutridora” -u hogar- para un propósito específico y evolutivo. Cada uno es “bueno en su propio tiempo y para su propio propósito” así como cada madre es “la madre apropiada para cada niño”.

El grado o intensidad de capacidad maternal está indicado por el signo de localización de la Luna, los “patrones de experiencia”, por los aspectos hechos a la Luna por los otros cuerpos planetarios.

Kabaleb (enfoque Astrología Cabalística):

La Luna realiza funciones de televisor cósmico, por cuanto recoge todas las pulsiones procedentes de cada Séfira y las convierte en imágenes internas, del mismo modo que en el tubo catódico de nuestros aparatos de televisión, las pulsiones eléctricas que recibe del exterior son transformadas en puntos luminosos que producen un color según su intensidad, dando lugar a la imagen que aparecerá en la pantalla, la cual ocupa el lugar de nuestra vida real, en la que se proyectan las imágenes elaboradas por Yesod.
Si observamos un televisor por dentro, causa asombro la complicaciones de red de hilos y pequeñas piezas que permiten a la imagen hacerse y comprendemos inmediatamente que todo un equipo de operarios ha tenido que realizar delicados trabajos para que esa maravilla de la técnica pueda funcionar.

Si contemplamos la Luna en una noche estrellada, no vemos sin embargo más que una faz blanca y, desde que el hombro puso los pies en el satélite, sabemos que si pudiéramos verla desde su propio suelo, no veríamos en ella mucho más de lo que vemos contemplándola desde nuestra azotea. Es evidente que en la Luna física que vemos no puede desarrollarse esa sorprendente actividad que consiste en cristalizar los impulsos procedentes de los demás Séfiras y convertirlos en escenarios y en anécdotas que constituyen la trama de nuestra vida.
La Luna astrológica a que nos referimos es sin duda alguna otra Luna, no es esa en la que pusieron los pies por primera vez los astronautas americanos. ¿Qué Luna es pues esa de la cual estamos hablando? La doctrina esotérica nos dice que en la Luna operan los Ángeles de Jehová, ocupados en las tareas de fecundidad y cristalizaciones. Nos dice igualmente esa doctrina que el campo de actividad de los Ángeles es el Mundo Etérico, su sede encontrándose en el Mundo de los Deseos. El más inferior de sus cuerpos es el Vital, pero habiendo adquirido la autoconsciencia en el Tercer Día de la Creación, cuando la esfera en que evolucionaban se encontraba en el Mundo de Deseos, éste es su universo natural, como el mundo físico es el nuestro.
Podemos decir pues que los Ángeles tienen su vivienda en el Mundo del Deseo, pero que su puesto de trabajo, en lo que se refiere a la proyección de pulsiones cósmicas sobre nuestro mundo físico, está en el Mundo Etérico o Vital.

Se dice en las enseñanzas esotéricas que la esfera etérica no constituye en si misma un mundo, sino que en ella se reflejan las esferas superiores y representan el lazo de conexión entre la tierra física y los mundos espirituales. Es, por así decirlo, el cordón umbilical que nos une a los mundos de arriba, y todas las regiones espirituales activas en la Tierra, es decir, las 7 del Mundo del Deseo y las 7 del Mundo del Pensamiento, transmiten sus corrientes por la esfera etérica. Si no existiera, no estaríamos conectados, nos veríamos desenchufados y nuestra materia no tendría animación: seríamos fósiles, muertos.

Así pues, la Luna que centraliza toda esa actividad, no es la física, sino la etérica. El mundo etérico, que interpenetra el físico y lo sobrepasa, del mismo modo que nuestro cuerpo etérico interpenetra nuestro cuerpo físico y lo sobrepasa también, gira a una velocidad muy superior a la de la tierra física y, por consiguiente, la esfera lunar que se encuentra en ese mundo, gira también a una mayor velocidad. La Luna física, que es la referencia visible de esa Luna etérica de que hablamos, nos permite saber su posición diaria respecto a la tierra y respecto al zodíaco.

Podría decirse que la Luna es el “disparadero”, el campo de tiro desde el que los proyectiles cósmicos son dirigidos a la tierra. Si la Luna física no existiera, nunca conseguiríamos saber desde dónde esos proyectiles nos son disparados y, por lo tanto, no podríamos averiguar la carga que contienen.

La Luna física que da la vuelta completa al Zodíaco en 28 días, nos da la posibilidad de enterarnos del contenido de la carga, ya que, como hemos dicho a lo largo de estas lecciones, un planeta proyecta sobre nuestra tierra humana los gérmenes que contiene el signos zodiacal en que se encuentra alojado y las propiedades del planeta con el cual forma aspecto.

La particularidad de la Luna es que no tiene una personalidad específica. Los demás planetas, al transmitirnos las energías zodiacales, añaden a ellas sus propios excedentes energéticos, alterando así de algún modo el mensaje zodiacal. La Luna se limita a transmitir los contenidos zodiacales en toda su pureza y cuando, por aspecto, nos transmite una relación entre dos planetas, lo hace neutralmente, sin añadirle ni disminuirle nada, del mismo modo que el aparato de televisión, con el que la hemos comparado tantas veces, nos transmite las pulsiones recibidas, sin que el aparato mismo, por su cuenta, le añada adornos.

Resumiendo, diremos que la Luna es el laboratorio que tiene montado el Séfira llamado Malkuth, cuya expresión material es nuestra Tierra, para introducir en su macro-cuerpo las pulsiones provinentes del Zodíaco y de los demás Séfiras.

Como nosotros estamos hechos a la imagen y semejanza de Malkuth, también en nuestro cuerpo etérico existe una Luna que va integrando a nuestro micro-organismo las pulsiones procedentes del exterior. Esas pulsiones proceden de los otros Séfiras y son integradas en el organismo humano gracias a unos Centros receptivos instalados en determinados puntos de nuestro ser. Esos Centros captan la energía del interior del cuerpo humano, según sus necesidades. Los videntes que pueden contemplar la actividad de esos Centros, los perciben como ruedas de varias aspas, semejantes a esos molinos de viento con que juegan los niños. En la terminología hindú, tan difundida en Occidente, esos Centros se llaman Chacras, que significa Ruedas.

La parte de energía absorbida, al pasar por nuestro cuerpo, se transforma en actos, no actos cualesquiera, sino en los que corresponden a su potencialidad: es lo que hemos querido significar al decir que las imágenes internas elaboradas por la Luna, son el negativo de lo que será luego el positivo al vivir la situación en el mundo físico. O sea que esas energías tienen un poder coercitivo al penetrar en nosotros, pero no se trata de una fatalidad que nos obligue a realizar algún contra nosotros mismos, ya que esas imágenes lunares representan el estado final de un largo proceso de elaboración de los sentidos y del pensamiento y sentimientos humanos. Si después de haber pasado por las 7 fases de elaboración, que van de Hochmah a Hod, se produce una forma definitiva que da lugar a una vivencia inapelable, ¿podemos quejarnos de que se nos obliga a vivir lo que con tanto cuidado hemos elaborado? La libertad existe desde Hochmah a Hod. A partir de ahí, entraremos en el dominio de lo instituido, de lo determinado.
Sin embargo, Yesod es un laboratorio, una vasta base científica desde la que la Vida se inocula al hombre y, siendo así, los científicos que trabaja en ella, han previsto la posibilidad de que se produzca una inversión en los mandos. Es decir, cuando la energía penetra en el organismo físico y se produce el negativo de lo que inmediatamente va a positivarse, el individuo puede tomar conciencia de esa imagen negativa y comprender la experiencia que ha de aportarle su vivencia. Entonces, encontrándose en condiciones de aportar esa experiencia a su Ego sin necesidad de vivirla en el mundo físico, su protagonismo ya no será necesario. Cuando esto ocurre, la Luna realiza su otra función, la de restituir al cosmos, a cada uno de los Séfiras, las energías que le pertenecen y que no se han llegado a utilizar.

Esta segunda función de la Luna es bastante más amplia, ya que si por un lado dispara la vitalidad planetaria hacia la tierra física, es también la plataforma que dispara hacia arriba el fruto de nuestras experiencias. Ya sabemos que a través de los éteres reflector y luminoso la Memoria sube hacia el Ego y los Sentidos reinvierten su proyección para contemplar el mundo de arriba. Pero además, desde ese Centro llamado Yesod se revierte al universo las propiedades que hemos adquirido gracias a los materiales que cada Centro nos ha prestado. Cada Séfira pone sus excedentes energéticos a nuestra disposición. Los distintos Coros de Ángeles nos aprovisionan de ellos, de acuerdo con los vacíos que se producen en nuestro interior. Esas energías nos son suministradas a cada Luna, y con los vacíos repletos, el Ego puede elaborar su plan, conjuntamente con la personalidad humana.

Pero hay una ley en cosmos que exige que todo vuelva a la matriz de la que salió. Dentro de nuestro mundo, los pensamientos y deseos que emitimos acaban siempre volviendo a nosotros. Si esos pensamientos y deseos se integran a los demás y gracias a ellos los demás actúan, viven, experimentan con lo que nosotros les hemos prestado, un día u otro esas experiencias retornarán a nosotros con la carga de bien o de mal que lleven encima. Si ellos han obrado bien, parte de ese bien nos vendrá cuando estemos en las regiones superiores del Mundo de Deseos. Si han obrado mal, parte de ese mal nos vendrá en las inferiores.

Lo que sucede en nuestro mundo sucede igualmente a nivel interplanetario. Las energías planetarias una vez utilizadas en nuestra acción cotidiana, tienen que volver al Centro que las emitió con los intereses añadidos, es decir, con el bien o el mal que hayamos elaborado con ellas. Así sería si no existiera esa famosa fuerza de Repulsión que destruye el mal y no permite exportarlo, de forma que lo que “sube” a los demás planetas es tan sólo la parte positiva de lo obtenido con su material energético. De esa restitución se encarga igualmente la Luna. De modo, que así como la Tierra recibe de los demás planetas, así la Tierra les envía a ellos su excedente energético junto con todos los materiales elaborados por todos sus habitantes con la materia prima provinente de cada uno.

Todo ese trabajo se efectúa en Yesod y por ello dicen los Tratados de Astrología que la Luna representa la mente inconsciente, queriendo significar con ello que en la Luna se encuentra centralizada todo lo que nuestra personalidad ha elaborado.
La Luna representa pues el receptáculo que contiene nuestra historia vivida y a través de ese laboratorio espacial que hay en nosotros, dirigido por los Ángeles de Yesod, ese historial es proyectado al universo parea su ejemplarización.

Tendremos así que el Horóscopo lunar, sobre el que tan pocos datos existen, puede ser llamado el Horóscopo del Alma Humana, ya que en él se reflejan los contenidos de esa alma, es decir, el bagaje que lleva a cuestas el individuo al aparecer en las arenas de una nueva vida.
La Luna representa la mente automática, la que da una respuesta sin reflexionar, una respuesta viniendo de la personalidad anterior, de lo aprendido en el pasado.
En el horóscopo solar, la Luna representa la personalidad femenina, con la cual se identifica positivamente la mujer, de modo que cuanto mejor conozcamos las funciones de la Luna, mejor sabremos cuales deber ser las funciones de la mujer.
Si la Luna convierte en imágenes las pulsiones cósmicas, la mujer ha de ser quien de una forma física a la vida, a través de la maternidad. Si la Luna es el centro que nos aprovisiona en fuerzas estelares, la mujer ha de ser quien, en la sociedad, de a los hombres motivaciones que los impulsen a obrar. Eso es lo que querían decir los poetas cuando presentaban a la mujer como la inspiradora. Si la Luna es la guardiana de la fuerza moral acumulada a lo largo de las vidas y que forma nuestra mente subconsciente, la mujer ha de ser igualmente, la guardiana de la moral, ha de constituir la voz de la consciencia.

Sigamos con los significados de la Luna. En el sistema solar, vemos que la Luna refracta la luz del Sol y gracias a su cualidad de cuerpo refractario disponemos de una parte de luz durante las noches. La noche simboliza el no ser, el inconsciente, la tierra de elección del mal. Apenas caen las sombras de la noche, los espíritus que trabajan con las fuerzas unitarias del universo deben abandonar sus tareas para dejar el espacio libre a las entidades que trabajan con las fuerzas de Repulsión. Por el contrario, con las primeras luces del alba, los agentes de la multiplicidad y el caos se retiran  y vuelven a reinas los espíritus de la luz. La Luna, al brillar en las tinieblas, representa una promesa de redención para ese mundo de las sombras. La mujer ha de ser también esa esperanza en la noche oscura.

El Sol no puede ser contemplado a ojo desnudo, en cambio la Luna sí. La Luna, habituando progresivamente el ojo humano a la luz, hará posible que un día podamos contemplar cara a cara al Sol. La Luna es el camino que conduce al Sol, como el Sol es el camino que conduce a Kether (Divinidad). Por ello las primeras religiones, llamadas lunares, desembocaban todas en Cristo, mientras Cristo es el camino para ir al Padre.
Si observamos la posición de Yesod en el Árbol Cabalístico, vemos que es el Vav de la Columna Central, el que transmite la luz. En el Vav, como sabemos, actúa la Ley de Sacrificio de Binah, que reduce todo lo que está bajo su dependencia. Por ello en la Luna se produce una reducción de la luz.
La luz procedente de Kether no puede ser absorbida directamente. En el Sol esta luz ya aparece reducida y actúa en la naturaleza interna, en la conciencia. En la Luna esa luz se condensa en imágenes-anécdotas. En el Sol, la Voluntad de Kether se expresa como una fuerza externa que fecunda todo aquello sobre lo cual se derrama.
Los hombres encarnados sobre la tierra, aparecen ora bajo el aspecto solar ora bajo el aspecto lunar, de manera que alternativamente puedan aprisionar en ellos la Voluntad divina y convertirse ellos mismos en creadores de esa creación, los que le dan forma.
Ambos centros se encuentra activos en cada individuo, pero los encarnados bajo sexo masculino vivirán positivamente la polaridad solar, y la lunar se materializará bajo el aspecto del otro. En cambio los encarnados bajo sexo femenino vivirán positivamente la polaridad lunar, y la solar aparecerá también bajo el aspecto del otro.
Las enseñanzas de la Rosa Cruz nos dice que la Luna apareció en los cielos cuando la humanidad se dividió en sexos, afín de que los dos trabajos se pudieran realizar por separado. Esta medida fue tomada para que no sucediera e nuestra Oleada de Vida lo que ya ocurriera en las generaciones anteriores que un grupo se negara a realizar determinadas tareas.
Las tareas que no quisieron hacer los Luciferianos fueron las expansivas, las propias de la mujer, hablando en terminología terrícola. Al dividir las tareas en masculinas y femeninas y encomendarlas a todos alternativamente, las jerarquías que dirigen nuestra evolución creyeron que todo marcharía a la perfección. La rebelión actual de los seres encarnados bajo sexo femenino indica que subestimaron la capacidad de incomprensión de las leyes divinas por parte del hombre. Lucifer sigue seduciendo a la mujer como sedujo a Eva, pero ya está próximo el día en que la mujer aplastará la cabeza de la serpiente bajo su pie.


Continuará...

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