miércoles, 2 de diciembre de 2015

Interpretación Astro-Cabalística del Evangelio de Marcos


PRESENTACIÓN


Aún recuerdo, con perfecta nitidez, la primera ocasión en la que hice pública mi voluntad de estudiar astrología. Con motivo del comienzo de un nuevo curso académico, la dirección del centro reunió a todos los alumnos y fue nombrándolos uno a uno con la intención de preguntarles sobre las razones que les habían llevado a escoger las ramas optativas de Ciencias o Letras. Unos decían: “me he decidido por ciencias, pues deseo estudiar medicina”, otros anunciaban: “he decidido letras, pues mi propósito es estudiar literatura”, y así hasta llegar mi turno. Yo, por aquellos días, no tenía muy claro qué deseaba estudiar, sin embargo me levanté muy decidido, y tomando la palabra, dije: “elijo ciencias, pues he decidido estudiar astrología”.


Cada vez que evoco estos recuerdos en mi mente creo estar oyendo las risotadas de mis compañeros y del claustro de profesores en pleno. El Jefe de Estudios, participando de aquel clima que se tornaba cada vez más distendido, me advirtió de que tendría que ir a estudiar con el Dr. Jiménez del Oso. Lo que él, ni nadie de los allí presentes, al menos conscientemente, podíamos imaginar, fue que sus palabras fueron una premonición, pues pasado unos años, fue gracias a las publicaciones del Dr. Jiménez del Oso que tuve ocasión de contactar, por primera vez en esta existencia, con el mundo apasionante de los astros y del esoterismo en general.


No sabría responder, si alguien me preguntase, por qué tomé aquella decisión. Tan solo podría decir que desde una edad muy temprana había algo en mí que sentía atracción por el tema.

Desde mi primer descubrimiento, de la mano de las publicaciones mencionadas, hasta hoy día, son muchas las horas de convivencia con el saber transcendente de los astros, y ello me permite poder compartir mis experiencias con el mundo. Siento la necesidad de hacerlo, pues mis propias creencias en relación con el conocimiento de los astros han ido adaptándose a importantes y considerables cambios.

Mis primeros contactos con la astrología, ahora lo entiendo, respondían a la necesidad interna de encontrar respuestas a lo que el futuro incierto me aguardaba. Tan solo un deseo me guiaba: saber con antelación lo que iba a pasar. Así fue como me relacioné con la astrología en su aspecto adivinatorio. Le dediqué mucha atención a manuales que me aportaron la información que iba buscando. Pronto me descubrí como una fuente de revelación para todos aquellos que estaban ansiosos por conocer lo que el futuro les tenía reservado. Fueron momentos importantes, incluso decisivos, pues pude comprobar el rigor científico de las influencias astrológicas.

Sin embargo, en la medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de interpretaciones, un profundo vacío crecía conmigo. ¿Por qué sucedían aquellas cosas? ¿Qué relación existía entre los seres para que unos protagonizasen el papel de agresor y otros el de víctimas? ¿Dónde se encontraba la razón de la suerte, del azar? ¿Existía la justicia?

Una innumerable lista de interrogantes iba creciendo en mi mente. Ese fue el momento en el que me estaba enfrentando a mi primer gran cambio de creencias.

Pedid y se os dará... Y así fue. No sé cuándo lo hice, pero estoy seguro de que pedí pues, no poder cambiar el rumbo de las cosas me estaba ahogando. Si las cosas tenían que ser así, tenía que encontrar respuestas.

Una nueva fuente de conocimiento se presentó en mi camino. Se trataba de la Cábala. Jamás antes había oído hablar de la doctrina cabalística, pero si de algo estaba seguro es de que no ha sido mi primer contacto con ella, pues nada más comenzar el estudio de sus enseñanzas, mi consciencia despertó a un ancho océano de conocimientos transcendentes como nunca había soñado.

Desde ese momento y hasta ahora, la angustia interna que poco a poco se fue apoderando de mí, fue desapareciendo, ocupando su lugar una permanente alegría, pues mis vacíos internos, mis múltiples interrogantes, fueron encontrando respuestas.

Lo que más agradezco a la Cábala es el haberme ofrecido la oportunidad de encontrar el sendero que he de andar; y sobre todo, el haberme dado los medios para recorrerlo sin necesidad de “muletas”, es decir: con mis propios esfuerzos.
Comprendí, hace algún tiempo, que la evolución de la astrología es paralela a la del ser humano. Hubo un tiempo, en el que los Guías eran necesarios para el desarrollo de la consciencia del hombre. Esto ha sido así mientras que nuestros vehículos espirituales -cuerpo emocional y mental-, se encontraban en su fase infantil. Ahora es el momento de actuar haciendo uso del bagaje obtenido. Todos y cada uno de nosotros llevamos un Maestro interno. De nuestros esfuerzos depende el que oigamos su voz y canalicemos nuestras acciones de acuerdo a su Programa o, por el contrario, decidamos quedar dependientes de las circunstancias externas para realizar los Trabajos.


En cierta ocasión, cuando me encontraba preparando un trabajo para el desarrollo de una conferencia, mientras leía el Génesis y parte de los Evangelios, tuve una grata revelación, que hasta ese momento me había pasado inadvertida. Si tomamos el Génesis, I-14, podemos leer lo relativo al proceso de creación llevado a cabo en el cuarto Día, trabajo que consistió en la aparición en el cielo de las lumbreras y de las estrellas.

Necesitaríamos mucho más espacio del que nos concede este apartado para desarrollar el sentido transcendente de la dinámica recogida en este capítulo, pero lo que sí diremos, a título de resumen, es que los trabajos descritos en el cuarto Día de la creación dan lugar al origen de las influencias de los astros sobre la evolución del Ser. En verdad, las lumbreras y las estrellas han servido al hombre como señales en las estaciones, es decir: en sus ciclos evolutivos.

Nos estamos refiriendo al Génesis, y ello nos lleva a afirmar, que estas influencias están destinadas al hombre en su nacimiento, en lo relativo a un nuevo estado de consciencia. Este estado ha recibido el nombre de involución, y con ello se trata de describir el proceso de aprendizaje de la conciencia en la conquista de la individualidad. Se trata de la odisea del hombre paradisiaco, que perdiendo su estado Virginal-Pleno-Uno, despierta a su potencial creador, lo cual le lleva a un estado de aparente Separación-Dualidad.

Desde este punto de arranque, han sido muchas las experiencias cosechadas, muchos los puertos visitados por el alma humana y, en esa andadura, siempre acompañada de un fiel e ilusorio compañero: el olvido de uno mismo. Pero, ¿hasta cuándo se cuestionará el alma inquieta y cansada de bregar en busca de paz y sosiego?

Mientras tanto, y durante todo el tiempo, el viajero incansable, tan solo ha podido contar con las señales provenientes del cielo, un cielo que se antoja evocador de mejores tiempo. Luces que se presentan, ora amigas, ora enemigas... presagios que atormentan el espíritu, cuando vienen acompañados de siniestros augurios que no podemos evitar. Esas voces, que hablan desde el cielo, no son interpretadas correctamente y, poco a poco, vamos perdiendo el interés por ellas. Dejamos de creerlas, y nos negamos a poner en sus manos nuestro destino.

¿Hasta cuándo?... ¿hasta cuándo, los astros determinarán nuestra existencia? ¿Hasta cuándo tendremos que esperar para recibir los frutos de nuestro trabajo humano?.

En respuesta a esta profunda inquietud, el mensaje recogido en Marcos, Cap 14, 24-27, viene a revelarnos el final que todos debemos alcanzar:

“24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su brillo, 25 y las estrellas se caerán del cielo, y los poderes de los cielos se conmoverán. 26 Entonces verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad. 27 Y enviarán a sus ángeles, y juntarán a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra hasta el extremo del cielo”.

No hay alma encarnada sobre la tierra, que no tenga almacenada el registro del bagaje adquirido en su proceso de individualización. Si tuviese que dar título a estos registros, éste sería “tribulación”.

En efecto, este alma vieja ha sido protagonista en todos los guiones escenificados por los grandes autores de la historia humana, desde Adam hasta Jesús. Pero, llegará el día en que cese la tribulación. El Hijo del hombre ha conquistado nuestra consciencia y ya no es necesario que el sol, la luna y las estrellas luzcan para nosotros desde el exterior, pues su luz forma parte de nuestro ser interno.

Nuestra consciencia nos elevará por encima de las nubes, y se expresará con gran poder y majestad. Es la hora de cambiar el rumbo de nuestra nave, y a golpe de timón abandonar el proceso involutivo. Cargados con nuestra propia individualidad buscaremos el reencuentro con la unidad olvidada, y orientaremos nuestras acciones para que den testimonio de la Nueva Consciencia: SER UNO CON TODO LO CREADO. Este proceso es conocido como Evolutivo.

Aquellos seres que nos han servido de Guías en nuestra ceguera espiritual -Ángeles-, cuando se produzca este cambio de rumbo, es decir, cuando nos hayamos convertidos en Hijos del hombre, serán enviados por nosotros de un modo consciente, es decir, ejerceremos nuestra potestad sobre los planos en los que ellos se manifiestan, y ese poder se testimoniará uniendo a los Cuatro Elementos -cuatro vientos-, en un solo encuentro entre el Ser-Dios-Cielo y el Ser Humano-Tierra, el Ser Uno, el Ser que Somos.

En los últimos años, la actividad que vengo desarrollando en relación con la astrología me lleva a difundir estos conocimientos. Es una experiencia, muy común, que los estudiantes me transmitan su deseo de que les interprete sus cartas. Su petición me traslada a mis primeros contactos con la interpretación adivinatoria. Sin embargo, aquellos tiempos forman parte de mis creencias viejas, de una consciencia anterior en la que me sentía identificado con el “hombre viejo”, el “hombre tribulación”.


Ahora, creo en el Hijo del hombre con poder y majestad sobre sí mismo y sobre todo lo creado. Y así se lo transmito a mis compañeros de ruta. Confío en que su alma esté preparada para asumir su propia existencia; para que su personalidad pasajera recuerde su pasado recuperando la memoria ancestral de su verdadera esencia.
La propia experiencia me revela que, el hombre, está preparado para recibir esa Nueva Enseñanza. Cuando su aproximación a la Ciencia Madre le revele quién es en verdad, en su consciencia se producirá un espectáculo hermoso y maravilloso. Por primera vez, se sentirá con el poder suficiente para ser su propio guía.
Con este único propósito, que va más allá de cualquier deseo personal, pongo a disposición del hombre el contenido de un nivel de conocimiento que espera ser transcendido por el propio hombre, pues no hay mayor verdad que aquella que nace con el deseo de ser cimiento de nuevas verdades.

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