viernes, 8 de julio de 2016

Cuento para Menadel: "Una vil calumnia"


Esta es la historia de dos niños muy diferentes el uno del otro, pero, a los que el destino caprichosamente o no, unió. Pero veamos como ocurrió:

Acababa de dar comienzo el curso y los alumnos, como era costumbre en aquellos primeros días, se iban conociendo, pues muchos eran nuevos en el colegio.

Así fue, como se encontraron por primera vez Brusco y Fidel. Ambos habían coincidido en el mismo pupitre, por lo que serían compañeros a lo largo de todo el año. Pero no sería esa la única cosa que compartirían en común, ya que ambos aspiraban a formar parte del equipo de atletismo de la escuela, y los dos pretendían ser el mejor.

Bueno, aquello presentaba un pequeño problema, y ellos lo sabían. Para poder formar parte del equipo de atletismo de la escuela debían ganarse el puesto, ser muy buenos estudiantes en clase y aprobar todas las asignaturas, pues tan sólo uno sería el elegido por clase.

Aquel requisito siempre había creado una limpia competencia que estimulaba a los estudiantes a sacar buenas notas, pero en aquella ocasión la competencia no conseguiría su objetivo, pues lo que debió ser una relación amistosa entre compañeros, se convirtió en una sucia rivalidad.

Brusco no tenia escrúpulos y estaba dispuesto y decidido a utilizar cualquier artimaña para conseguir ser elegido para el equipo, y esto, lo demostraría muy pronto.

Acababan de hacer público los profesores un comunicado donde se recogían los días de exámenes.

Aquella era la oportunidad que Brusco estaba esperando. Él era un experto en el arte de copiar con chuletas en los exámenes, y ahora, tendría la ocasión de demostrarlo. Pero no se contentaría con eso, puesto que debía eliminar a su competidor, a Fidel.

Durante toda una tarde estuvo pensando cómo podría acabar con su rival. Maquinaba uno y otro plan hasta que al final concibió una acción maliciosa.

Llegó el día del primer examen. Brusco no había estudiado lo más mínimo, confiaba en su habilidad para copiar, y así lo hizo. Le resultó tan fácil que se animó para seguir haciéndolo en los días siguientes. Mientras tanto, su plan estaba fraguándose.

Llegó el segundo día de examen y ese era el elegido por Brusco para llevar a cabo su mala idea.
Cuando el profesor se acercó a su pupitre, Brusco dejó caer un papel con apuntes a los pies de Fidel, el cual no se dio cuenta de ello, pero el que sí lo haría fue el profesor, que al leer su contenido se dirigió al inocente Fidel recriminando su acción.
  • No me esperaba esto de ti Fidel. Quedas expulsado del examen -dijo enfadado el profesor -.
Fidel vio inútil defenderse, pues la rabia del profesor no daba lugar a discusiones.
Mientras tanto Brusco aprovechó aquella oportunidad para asegurarse de que su compañero sería castigado, y para ello, fue y le acusó al profesor.
  • Le advertí Señor Menadel -así se llamaba el profesor-, pero no me hizo caso.
Sin embargo, Menadel creía conocer a sus alumnos, y fue ello lo que le llevó a decir:
  • Se anula el examen escrito. Lo haremos oral.
Ninguno de sus alumnos se quejó, pues todos habían estudiado, excepto Brusco, que no pudo evitar exclamar:
  • Pero Señor profesor eso es injusto.
Aquello le delató, y cuando llegó su turno, no supo contestar ninguna de las preguntas. El mismo, fue la causa de que no pudiera ser elegido para el equipo, en cambio Fidel sí lo consiguió.

Fin

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