lunes, 4 de julio de 2016

Cuento para Vasariah: "Una noticia esperanzadora"

Yesod era conocida como la tierra de los tesoros. En ella se depositaban los frutos que se cosechaban en las demás comarcas, y cuando algún rey necesitaba reponer sus fuerzas era en ella donde podría encontrarla.
En el centro de la ciudad se levantaba un alto edificio y en la parte más elevada de éste, un inmenso espejo revelaba cada día los rostros de los 7 Reyes.

Pero ocurrió un día que el espejo no proyecto la imagen de Vasariah, rey del Poder y la Abundancia. De inmediato se dio la alarma y las campanas de la torre repicaron una y otra vez convocando urgentemente a los consejeros de aquel rico reino.
  • Algo inaudito ha ocurrido -exclamó uno de los Consejeros -, Vasariah no ha proyectado su imagen en el Espejo Sagrado.
  • No puede ser -dijo otro en tono muy preocupado -, si Vasariah deja de proyectar su imagen toda la tierra quedará huérfana.
  • ¿Qué será ahora de la justicia que guarda el equilibrio de Netzah, la Tierra de la Belleza? -cuestionaban entre ellos los consejeros -.
  • ¿Quién dará trabajo a los obreros de Gueburah? Si no hacemos algo y pronto, la naturaleza quedará paralizada y nada crecerá en la tierra, quedando ésta estéril y desierta.
  • Ello significa hambre y muerte -añadieron otros en tono nefasto -.
  • Bien, todos sabemos lo que significa la ausencia del rey Vasariah, pero no podemos quedarnos hablando y hablando. Propongo mandar a un emisario hasta su reino y que se informe de lo que está sucediendo -interrumpió el más sabio entre los consejeros -.
Todos estuvieron de acuerdo con aquella idea, y ya se encontraba de camino el enviado, quien tras cinco días de marcha llegó a las Tierras de la Abundancia.
Fue bien recibido y pronto se encontró ante el rey a quien interrogó animosamente, contento de verle sano y salvo.
  • Majestad he sido nombrado emisario de los 7 Consejeros de Yesod, pues las campanas de la gran torre sonaron anunciando vuestra ausencia del Espejo Sagrado -explicó el enviado -.
  • iOh!, debéis perdonad mi descuido pero no tenéis nada que temer. Id y decidle a los Consejeros que el nacimiento de un hijo ocupó tanto mi atención que olvidé proyectar mi rostro. Comunicad que el poder y la abundancia de Hesed ya tiene heredero.
Con esas buenas noticias regresó el emisario, y al hacer público la dicha de Vasariah, todos lo celebraron festejándolo con un exuberante banquete.

Fin

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