sábado, 13 de diciembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 347

LECCIÓN 347

La ira procede de los juicios. Y los juicios son el arma que utilizo contra mí mismo a fin de mantener el milagro alejado de mi.

1. Padre, deseo lo que va en contra de mi voluntad, y no lo que es mi voluntad tener. 2Rectifica mi mente, Padre mío, 3pues está enferma. 4Pero Tú has ofrecido libertad, y yo elijo reclamar Tu regalo hoy. 5así, le entrego todo juicio a Aquel que Tú me diste para que juzgara por mí. 6Él ve lo que yo contemplo, sin embargo, conoce la verdad. 7ÉI ve el dolor, mas comprende que no es real, y a la luz de Su entendimiento éste sana. 8Él concede los milagros que mis sueños quieren ocultar de mi conciencia. 9Que sea Él Quien juzgue hoy. 10No conozco mi voluntad, pero Él está seguro de que es la Tuya. 11Y hablará en mi nombre e invocará Tus milagros para que vengan a mí.

2. Escucha hoy. 2Permanece muy quedo, y oye la dulce Voz que habla por Dios asegurarte que Él te ha juzgado como el Hijo que Él ama.


¿Qué me enseña esta lección? 

Me pregunto cómo podemos ayudarnos a no juzgar, cuando nuestra mente está hecha para comprender, analizar, reflexionar, examinar, reconocer la verdad y aprender.

Desde que nacemos, aprendemos a sacar conclusiones de nuestras experiencias. La educación que recibimos nos condiciona sobre lo que debemos o no debemos pensar. Esto es bueno, aquello es malo. La mente se ve forzada a emitir juicios de valor para distinguir lo que es correcto de lo que no lo es. Lo que consideramos malo lo rechazamos, intentando expulsarlo de nuestras vidas para evitar que nos afecte.

Hemos aprendido a usar la mente de forma analítica. Nos han enseñado que debemos juzgar y, al hacerlo, terminamos justificando la idea de que estamos separados unos de otros. Siguiendo esa creencia, vemos el juicio como algo válido para protegernos de lo que no nos conviene. Ese es el argumento del ego y el camino que nos lleva a vivir el dolor, el sufrimiento, el castigo, la ira, el miedo, la venganza, la enfermedad y la muerte.

Si en cambio nuestra visión nos permite ver la realidad, podremos construir nuestras vidas sobre los pilares del Amor y la Unidad. Entonces, y sólo entonces, dejaremos de emitir juicios separados, pues resultaría absurdo condenar al otro cuando ese otro y nosotros formamos una sola unidad.

El milagro solo es posible cuando actuamos con amor. Si juzgamos por nuestra cuenta, desde la separación, ese amor desaparece. Por eso, el juicio es la idea que nos impide disfrutar del milagro.

Muchas veces juzgamos tratando de corregir nuestros errores, pero ese juicio, al carecer de amor, nos aleja del verdadero antídoto: el milagro. Juzgar nos hace sentir culpa, y la culpa despierta a la bestia del castigo.


Ejemplo-guía: "¿Entendemos el papel del juicio?

"No juzguéis y no seréis juzgados"; lo que quiere decir es que, si juzgas la realidad de otros, no podrás evitar juzgar la tuya propia (T.3.VI.1:4).

He elegido este ejemplo-guía sabiendo que el tema del "juicio" y de "juzgar" no siempre se comprende bien, y esa confusión provoca conflictos mentales, ya que el no juzgar se interpreta como una invitación a no discernir, no entender o no comprender, función propia de una mente que ha olvidado la Fuente del Conocimiento.

La verdad es que, en más de una ocasión, me he sorprendido defendiendo que hay que evitar el juicio condenatorio. Pero esa afirmación solo es cierta a medias. Si nos quedamos únicamente con la idea de evitarlo por el daño que podamos causar a otros, estamos dejando de lado lo esencial; nos fijamos solo en las consecuencias, cuando la verdadera corrección debe hacerse en la causa. Si percibimos la condena en alguien más, es porque en nuestra propia mente existe esa condena. 

Es en ese nivel donde debe surgir la ausencia de juicio, es decir, la visión de la inocencia y la impecabilidad. Juzgar afuera, cuando en realidad nos estamos juzgando a nosotros mismos, nos conduce al comportamiento errado de la mente.

Ver el mundo que hemos creado nos lleva a juzgar, ya que juzgar es una función de la mente, la misma que nos ha llevado a "juzgar por nuestra cuenta" y a percibir una realidad ilusoria: el mundo que creemos ver. Por lo tanto, entendiendo que la causa original del mundo que percibimos es la mente, será también desde la mente que debamos corregir el error; es decir, será el juicio correcto (mente recta = Espíritu Santo) el que nos permita percibir de forma adecuada.

En este sentido, debemos entender el juicio como la acción que nos lleva a pensar, reflexionar, comprender, discernir y meditar, convirtiéndose en un fiel aliado de la conciencia. 

De todos modos, este escenario que describimos, no podemos olvidarlo, forma parte del mundo del sueño. El juicio ha dado origen al mundo de la percepción, al mundo de la separación. Si no creyéramos estar separados, disfrutaríamos del Conocimiento, que no emite juicios. Así lo expresa el Curso:

"La decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la paz. Juzgar es el proceso en el que se basa la percep­ción, pero no el conocimiento. He hecho referencia a esto ante­riormente al hablar de la naturaleza selectiva de la percepción, y he señalado que la evaluación es obviamente su requisito previo. Los juicios siempre entrañan rechazo. Nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan, ya sea en ti o en otros. Lo que se ha percibido y se ha rechazado, o lo que se ha juzgado y se ha determinado que es imperfecto, permanece en tu mente porque ha sido percibido. Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. Esto no puede ser verdad a menos que también creas que aquello contra lo que has juzgado no existe. Obvia­mente no crees esto, pues, de lo contrario, no lo habrías juzgado. En última instancia, no importa si tus juicios son acertados o no, pues, en cualquier caso, estás depositando tu fe en lo irreal. Esto es inevitable, independientemente del tipo de juicio de que se trate, ya que juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca" (T-3.VI.2:1-12).  

"No tienes idea del tremendo alivio y de la profunda paz que resultan de estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase. Cuando reconozcas lo que eres y lo que tus hermanos son, te darás cuenta de que juzgarlos de cualquier forma que sea no tiene sentido. De hecho, pierdes el significado de lo que ellos son precisamente porque los juzgas. Toda incerti­dumbre procede de la creencia de que es imprescindible juzgar. No tienes que juzgar para organizar tu vida, y definitivamente no tienes que hacerlo para organizarte a ti mismo. En presencia del conocimiento, todo juicio queda automáticamente suspendido, y este es el proceso que le permite al conocimiento reemplazar a la percepción" (T-3.VI.3:1-6).

Reflexión: Entregar todos nuestros juicios al Espíritu Santo.

viernes, 12 de diciembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 346

LECCIÓN 346

Hoy me envuelve la paz de Dios, y me olvido de todo excepto de Su Amor.

1. Padre, al despertar hoy los milagros corrigen mi percepción de todas las cosas. 2así comienza el día que voy a compartir Contigo tal como compartiré la eternidad, pues el tiempo se ha hecho a un lado hoy. 3No ando en pos de cosas temporales, por lo tanto, ni siquiera las veré. 4Lo que hoy busco trasciende todas las leyes del tiempo, así como las cosas que se perciben en él. 5Quiero olvidarme de todo excepto de Tu Amor. 6Quiero morar en Ti y no saber nada de ninguna otra ley que no sea Tu ley del amor. 7Quiero encontrar la paz que Tú creaste para Tu Hijo, y olvidarme, conforme contemplo Tu gloria y la mía, de todos los absurdos juguetes que fabriqué.

2. Y al llegar la noche, recordaremos únicamente la paz de Dios. 2Pues hoy veremos qué clase de paz es la nuestra, cuando nos olvidamos de todo excepto del Amor de Dios.



¿Qué me enseña esta lección?

La sincronicidad, ese hilo de tintes mágicos que nos acompaña cuando decidimos ajustar nuestro comportamiento a las Leyes Cósmicas, me ha visitado en el día de hoy. 

El primer pensamiento del día, nada más despertar, me hizo consciente de mi voluntad de ponerme al servicio del amor y sentirme un hacedor de milagros.

Por encima de todo, deseaba ser consciente de que soy un mensajero de la ley del amor y quería demostrarlo haciendo posible la manifestación del milagro. 

Ese pensamiento me llevó a tomar consciencia de algunos errores que me invitaban a ser corregidos. Comprendí que esa visión era fruto de que el milagro se estaba haciendo consciente en mí. Ese paso es indispensable, pues de lo contrario, no podremos dar lo que no tenemos. Lo damos, porque lo hemos recibido y, dándolo, lo recibiremos nuevamente.

Cuando leí el contenido de la lección de hoy, me di cuenta de que durante el sueño debí recibir información sobre su contenido y al despertar se hizo consciente.

Puedo afirmar que mi corazón añora, por encima de todo, sentir la paz de Dios. Tan sólo existe un camino para poder satisfacer esa añoranza: amar sin descanso, amar eternamente, amar conscientemente, amar, pues nuestra condición es, sencillamente, amor.

Ejemplo-guía: "La paz tan solo tiene un camino, y ese camino es amar".

Me pregunto cómo sería nuestra vida sin miedo, sin todo el significado temporal que le damos a las cosas de este mundo.

Me pregunto cómo sería nuestra vida si, en lugar de enfocar todos nuestros pensamientos en conseguir y alcanzar deseos materiales, los orientáramos únicamente hacia el propósito de crear un mundo donde compartir el amor sea algo real.

Habría que cambiar muchas cosas, empezando por transformar nuestras creencias.

Reemplazar el miedo significa que hemos llegado a comprender quiénes somos realmente y, por ello, estamos listos para ver con la Visión de Cristo. A partir de esa claridad, la semilla de la unidad debe expandirse mediante la educación. Los hogares y las familias serán el lugar donde germine la nueva idea, como el brote desde el cual nacerá el amor. Así, el amor de sangre dará paso a un amor unificador que fluye de la Fuente en la que fuimos creados.

A esta altura del aprendizaje, ya debería estar claro que la paz solo es posible cuando vivimos desde la conciencia del amor. No podemos experimentar paz si nuestros pensamientos se alimentan de la creencia en la separación, el pecado y la culpa.

Si nos percibimos separados, daremos fuerza al ataque. Si pensamos que somos pecadores, la culpa pedirá redención, dolor y sufrimiento.

Si nos vemos unidos, formando parte de una misma Filiación, compartiremos la visión de la inocencia, de la invulnerabilidad, de la impecabilidad.

Reflexión: Nacimos del amor, somos amor y vivimos en el amor.

Capítulo 25. II. El que te salva de las tinieblas (4ª parte).

II. El que te salva de las tinieblas (4ª parte).


4. En el pasado siempre fracasó. 2Alégrate de que haya desapare­cido de tu mente y de que ya no nuble lo que se encuentra allí. 3No confundas la forma con el contenido, pues la forma no es más que un medio para el contenido. 4Y el marco no es sino un medio para sostener el cuadro de manera que éste se pueda ver. 5Pero el marco que oculta al cuadro no sirve para nada. 6No puede ser un marco si eso es lo que ves. 7Sin el cuadro, el marco no tiene sen­tido, 8pues el propósito de éste es realzar el cuadro, no a sí mismo.

En este punto, Jesús utiliza la metáfora del marco y el cuadro para hablar sobre la diferencia entre la forma (lo externo, lo visible) y el contenido (lo esencial, lo interno). Esta misma idea se encuentra desarrollada en el texto principal de Un Curso de Milagros en el Capítulo 17, Sección IV: “Los dos cuadros”.

Veamos qué nos aporta un análisis del pasaje:

  • El texto nos invita a no confundir la forma (el marco) con el contenido (el cuadro). La forma es solo un medio para mostrar el contenido, pero si nos enfocamos solo en la forma, perdemos de vista lo esencial.
  • Por otro lado, el marco sin el cuadro no tiene sentido. Si solo ves el marco y no el cuadro, te pierdes la verdadera belleza y significado. En la vida, esto significa que lo externo (apariencias, circunstancias, cuerpos) solo tiene sentido si sirve para mostrar lo interno (amor, paz, esencia).
  • Con referencia al pasado, nos dice que “siempre fracasó”; es como un marco vacío. Al soltarlo y dejar de enfocarte en lo externo, podemos ver el contenido verdadero de nuestra vida y de los demás.

¿Cómo podemos ver el contenido más allá de la forma?

Piensa en una situación o persona que te cause conflicto o juicio: Observa si te estás enfocando solo en lo externo (lo que hizo, cómo se ve, lo que pasó).

Haz una pausa y pregúntate:

· ¿Estoy viendo solo el “marco” (la forma, lo superficial)?

· ¿Cuál es el “cuadro” (el contenido, lo esencial) que podría ver aquí?

Intenta ver más allá de la apariencia: Imagina que puedes mirar a través del marco y ver el cuadro: la esencia, la intención, el aprendizaje, el amor que puede estar detrás.

Afirma tu nueva visión: Repite mentalmente:

“Elijo ver el contenido más allá de la forma. Veo la esencia y el valor verdadero en esta situación/persona.”

Agradece el cambio de perspectiva: Da las gracias por poder ver más allá de lo superficial y conectar con lo esencial.

Como decíamos al principio, la metáfora del marco y el cuadro se encuentra desarrollada en el Capítulo 17 del Texto:

“Examina el cuadro. No dejes que el marco te distraiga […] El marco no es el regalo” (T-17.IV.8-9)

En esta sección, el Curso explica que el ego nos distrae con el marco (las apariencias, las circunstancias externas, las relaciones especiales) y nos hace olvidar el verdadero contenido, que es el amor y la esencia interior. El texto invita a mirar más allá del marco y contemplar el cuadro, es decir, lo esencial y verdadero en nosotros y en los demás.

Otras referencias sobre estas ideas:

“La forma no es lo importante, y no es la forma lo que se debe considerar. El contenido es lo que importa” (T-2.VI.5:3).  Esta cita enfatiza que lo esencial es el contenido, no la apariencia externa.

“El milagro no distingue entre grados de percepción errónea. Es una herramienta para corregir la percepción, y su eficacia no depende de la magnitud del error ni de la gravedad de la situación. El contenido es lo que importa, no la forma” (T-1.VII.5:2-4).

Lección 21: “Estoy decidido a ver las cosas de otra manera”.
Esta lección invita a dejar de ver solo la forma y a abrirse a una percepción diferente, más allá de las apariencias externas.

Lección 28: “Por encima de todo quiero ver las cosas de otra manera”.
Aquí se refuerza la idea de que el contenido (el significado real) es más importante que la forma, y que podemos elegir ver más allá de lo superficial.

Lección 29: “Dios está en todo lo que veo”.
Esta lección enseña a mirar más allá de la forma física y reconocer el contenido divino en todo.

Lección 30: “Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente”.
Nos recuerda que la verdadera visión no se basa en la forma, sino en el contenido espiritual que compartimos con todo.

Lección 132: “Libero al mundo de todo lo que jamás pensé que era.”
Esta lección invita a soltar los juicios sobre la forma y a permitir que el contenido real (la verdad) se revele.

jueves, 11 de diciembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 345

LECCIÓN 345

Hoy sólo ofrezco milagros, pues quiero que retornen a mí.

1. Padre, todo milagro es un reflejo de los regalos que me haces a mí, Tu Hijo. 2cada uno que concedo retorna a mí, recordándome que la ley del amor es universal. 3Incluso aquí dicha ley se manifiesta en una forma que se puede reconocer, y cuya eficacia puede verificarse. 4Los milagros que concedo se me devuelven en la forma que más me puede ayudar con los problemas que percibo. 5Padre, en el Cielo es diferente, pues allí no hay necesidades. 6Pero aquí en la tierra, el milagro se parece más a tus regalos que cualquier otro regalo que yo pueda hacer. 7Así pues, déjame hoy hacer solamente este regalo, que al haber nacido del verdadero per­dón, ilumina el camino que debo recorrer para poder recordarte.

2. Que la paz sea con todos los corazones que la buscan. 2La luz ha venido a ofrecer milagros para bendecir a este mundo exhausto. 3Éste hallará descanso hoy, pues nosotros ofreceremos lo que hemos recibido.


¿Qué me enseña esta lección? 

El mejor regalo que puedo compartir con mis hermanos es la visión de la inocencia. En esa visión, va implícito el acto del perdón, el más elevado gesto de amor que podemos experimentar en el plano material.

Al reconocer la inocencia en los demás, ofrezco mi propia impecabilidad, lo que favorecerá recibir a cambio una respuesta libre de juicios y condenas.

Es la Ley del Amor: recibimos lo que damos. 

La visión de la Inocencia hace posible el estado de conciencia de unión con nuestro Creador. Es imposible sentirse culpable y ser uno con Dios, pues el propio sentimiento de culpa nos priva de esa visión. La culpa es el efecto, la consecuencia de sentirnos pecadores, y el pecado es una fabricación, una creencia errónea de que estamos separados de Dios.

Ser inocentes nos permite disfrutar de la paz de Dios. En ese estado de calma, que es nuestra condición natural, podemos compartirla con quienes nos rodean, y el resultado que lograremos será un verdadero milagro.

Cuando dejamos de disfrutar de ese estado y nos dejamos arrastrar por los conflictos y problemas del mundo material, perdemos la capacidad de compartir nuestra luz, pues caemos en un momento de oscuridad. Esa identificación de la mente nos impide dar testimonio del amor, el poder del milagro, y al no poder ofrecerlo, tampoco podremos disfrutar de la experiencia de recibirlo.

Si queremos recibir el regalo que acompaña al acto de amar, debemos estar en paz con nosotros mismos; es decir, debemos sentirnos parte una con Dios y con Su Hijo, la Filiación Divina, de la que formamos parte.

Amén.

Ejemplo-Guía: "No podemos recibir lo que no damos y no podemos dar lo que no tenemos".

Parece un juego de palabras, pero si reflexionamos sobre su mensaje, descubriremos que no es posible dar si no tenemos, lo que significa que partimos desde el inicio, desde la condición de tener. Pero ese "tener", cuando lo vemos con los ojos del espíritu, con la Visión Crística y con la Mente Recta, está revelando el estado innato del Ser.

Dios es Eternidad y es Presencia. Dios está, por lo tanto, en todo lo que vemos. Dios Es. 

El Hijo de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza, adquiere esa misma condición, por lo que podemos decir que somos dioses en potencia; luego somos Eternidad y Presencia. El Hijo de Dios, Es.

En esa afirmación va implícita la idea de que tanto Dios como Su Creación, el Hijo de Dios, son expresiones de Abundancia, de Plenitud. Es desde este sentido que podemos afirmar que el Hijo de Dios lo es Todo.

Si no fuera así, no podría dar nada. Pero siendo Todo, puede darlo Todo. La falta de conciencia de lo que realmente somos y la identificación con el mundo de la ilusión cambian las leyes del Amor por las leyes del miedo, lo que significa que nos creemos seres escasos y necesitados. Desde esta visión limitada y errónea, albergamos la creencia de que perdemos cuando damos. Para no perder, y defender lo que tenemos, atacamos.

Ayer, tuve ocasión de ver una película de ciencia ficción, titulada "In Time", cuyo guión nos enseña mucho sobre la dinámica de dar-recibir. No me voy a extender en ello, pero os aconsejo que la veáis; os gustará.

El dar favorece el recibir, lo que significa que cada vez que damos, ese impulso basado en la ley del amor despierta nuestra adormecida conciencia y nos revela el milagro de que somos seres inocentes, invulnerables a cualquier ataque procedente del mundo material. La base de esta afirmación se sustenta con la verdad de que no somos el cuerpo con el que estamos identificados.

Reflexión:  Los milagros que concedo se me devuelven en la forma que más me puede ayudar con los problemas que percibo.

Capítulo 25. II. El que te salva de las tinieblas (3ª parte).

II. El que te salva de las tinieblas (3ª parte).


3. Mas ¿no es cierto también que aparte de esto has encontrado alguna esperanza, un cierto vislumbre -inconstante y variable, aunque levemente visible- de que está justificado tener esperan­zas basándote en razones que no son de este mundo? 2Sin embargo, tu esperanza de todavía poder encontrar esperanzas en este mundo te impide abandonar la infructuosa e imposible tarea que te impusiste a ti mismo. 3¿Cómo iba a tener sentido albergar la creencia fija de que hay razón para seguir buscando lo que nunca dio resultado, basándose en la idea de que de repente ten­drá éxito y te proporcionará lo que nunca antes te había propor­cionado?

Es evidente que el ego es obstinado y tiende a presentarnos trucos engañosos para mantenernos leales a sus creencias. Todos podemos dar testimonio de esto al observar nuestra resistencia a dejar de acatar su sistema de pensamiento.

El texto reconoce que, aunque ya hemos visto que buscar la felicidad solo en lo externo no funciona, a veces aún aparece una pequeña esperanza de que “esta vez sí” algo externo nos dará lo que buscamos. Sin embargo, esa esperanza nos mantiene atrapados en un ciclo que nunca termina bien. El mensaje es:

Deja de buscar fuera lo que solo puedes encontrar dentro.

Reconoce que la verdadera esperanza y satisfacción vienen de un cambio interior, no de circunstancias externas.

Una sugerencia para ayudarnos a cambiar la dirección de nuestra esperanza:

Detectemos la esperanza externa. Piensa en algo que hoy te genera expectativa o ansiedad (“Cuando consiga esto…”, “Si esa persona cambia…”, “Cuando pase tal cosa…”).

Reconozcamos el ciclo. Pregúntate:

  • ¿Cuántas veces he puesto mi esperanza en cosas externas antes?
  • ¿Me dieron la satisfacción duradera que buscaba?

Hagamos una pausa consciente. Respira profundo y di mentalmente:

  •  “Reconozco que buscar mi paz en lo externo nunca me dio lo que buscaba. Elijo mirar hacia adentro.”

Redirijamos nuestra esperanza. Imagina que recoges esa esperanza y la llevas de lo externo hacia tu interior. Puedes visualizar una luz que regresa a tu corazón.

Afirmemos la nueva elección. Repite:

  • “Mi verdadera esperanza está en mi interior. Elijo confiar en la paz y la plenitud que ya existen en mí.”

A continuación, veamos algunas citas relevantes de “Un Curso de Milagros” (UCDM), tanto del texto principal como del libro de ejercicios, relacionadas con el tema que estamos analizando: la búsqueda de satisfacción en lo externo y la verdadera paz interior.

Del Texto Principal:

“Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios” (T-In.2:2-4):  Esta frase resume la enseñanza central: solo lo eterno y verdadero (el espíritu) es real y fuente de paz.

“El mundo que ves no te ofrece nada que desees” (T-13.VII.1:1):  Nos recuerda que la satisfacción duradera no se encuentra en lo externo.

“La paz interior es la única meta que merece la pena alcanzar” (T-24.I.1:1):  Enfatiza que la verdadera meta es la paz interior, no los logros externos.

“No busques fuera de ti mismo. La búsqueda implica que hay algo que falta en ti, y que al encontrarlo, te completarás” (T-29.VII.1:7):  Invita a dejar de buscar la plenitud en lo externo y mirar hacia adentro.

Del Libro de Ejercicios:

“Busco únicamente lo que en verdad me pertenece”:  Lección 104. Nos anima a buscar solo la paz y la verdad que ya están en nuestro interior.

“No hay nada fuera de mí que pueda hacerme daño, ni tampoco nada fuera de mí que pueda darme paz.”:  Lección 70. Subraya que ni el daño ni la paz provienen del mundo externo.

“La paz de Dios brilla en mí ahora”:  Lección 188.  Afirma que la paz está disponible en nuestro interior en este mismo momento.

“No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó”:  Lección 199. Recuerda que nuestra verdadera identidad es espiritual y libre, no limitada por lo externo.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 344

LECCIÓN 344

Hoy aprendo la ley del amor: que lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo.

1. Ésa es Tu ley, Padre mío, no la mía. 2Al no comprender lo que signifi­caba dar, procuré quedarme con lo que deseaba sólo para mí. 3cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el que no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás. 4¿Quién puede compartir un sueño? 5¿Y qué puede ofrecerme una ilu­sión? 6Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra. 7Permite que mis her­manos redimidos llenen mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales. 8Así se cumple la ley del amor. 9Y así es como Tu Hijo se eleva y regresa a Ti.

2. ¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! 2¡Qué cerca está Él de nosotros! 3¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios!


¿Qué me enseña esta lección? 

Cuando el Hijo de Dios eligió hacer uso de los Atributos Divinos con los que había sido creado, y dirigió su atención al mundo exterior y tridimensional, abrió una nueva vía de aprendizaje. Sustituyó la vía directa del Conocimiento por la percepción.

La Unidad con Dios nos "alimentaba" y no sentíamos necesidad, pues su alimento era eterno.

La identificación con el mundo de la percepción, con el mundo material, nos llevó a buscar el "alimento" por nosotros mismos (ganar el pan con el sudor de la frente), pero ese alimento, al estar regido por las leyes de la temporalidad, no nos saciaba permanentemente, lo que nos llevaba a tener que recolectar nuevos alimentos. El término "alimento" debemos entenderlo metafóricamente, pues en el nivel de la creación el cuerpo no existe, por lo que dicho término está haciendo referencia al "Conocimiento", la vía directa de comunicación con Dios. Desde esta visión, la frase "ganar el pan con el sudor de la frente" significa que hemos sustituido la verdad por la ilusión y que nuestro sistema de pensamiento se pone al servicio del deseo de ser especial la naturaleza del ego, el cual es el efecto de la creencia en la separación. 

Esa dinámica generó un sentimiento de pertenencia. El fruto de mi trabajo me pertenece y es parte de mi identidad; tanto es así que llegamos a creer que somos lo que poseemos: un cuerpo, un hogar, una familia, comida, poder; pertenencias e ídolos a los que otorgamos gran valor.

Con la idea de pertenencia nació uno de los errores que más perjudica a la consciencia: pensar que al dar, se pierde.

La naturaleza del Hijo de Dios es dar y expandirse. Esa es la herencia que le ha sido otorgada por su Creador, ya que es la manifestación de la Mente divina. Así, al dar, cumplimos la Voluntad de nuestro Padre y creamos. En cambio, cuando nos aferramos a poseer para no perder, vamos en contra del orden universal, y lo que protegemos con tanto empeño termina convirtiéndose en un obstáculo para el crecimiento de nuestra consciencia.

Despertar a la conciencia de lo que realmente somos nos lleva, inevitablemente, a ver la Unidad. Desde esta perspectiva entendemos que al dar a los demás, en realidad, nos estamos dando a nosotros mismos.

Ejemplo-Guía: "La práctica de dar sin perder".

Solo con la teoría no se aprende ni se experimenta. El aprendizaje se completa al tomar conciencia, y para eso, ¿qué mejor uso podemos darle a este mundo que convertirlo en un laboratorio donde hacer tangibles nuestros descubrimientos?

Quizá nos cueste aceptar lo que plantea esta lección y no estemos seguros de que dar sea lo mismo que recibir. Para respaldar nuestras dudas, pensamos que cuando damos lo que tenemos, lo perdemos, a menos que pongamos como condición que nos sea devuelto. Llegados a este punto de reflexión, me pregunto: ¿he tenido alguna experiencia en la que haya dado desde el corazón sin recibir nada a cambio? La verdad es que no encuentro respuesta, pues no recuerdo haber dado con esa entrega incondicional. Siempre he dado con condiciones, ya que es la ley que rige este mundo, o al menos así me lo enseñaron.

Puedo ofrecer una visión distinta mientras continúo buscando en mi vida aquellos aspectos en los que lo que doy no dependa de recibir algo a cambio. En esta ocasión, he encontrado una experiencia que puedo compartir con todos vosotros, con el único propósito de aportar mi perspectiva sobre el tema que estamos analizando.

Desde hace años me dedico a difundir el conocimiento, compartiendo de forma altruista lo que voy aprendiendo, tanto en teoría como en práctica. Lo hago por elección y con la firme convicción de que es la manera en que debe ser.
No entro en otras valoraciones sobre si es la mejor manera de hacerlo o si podría hacerlo de otra forma. Lo hago como me nace del corazón y eso me hace feliz. Doy sin esperar nada a cambio (aunque al principio, sin darme cuenta, buscaba reconocimiento). Cuando comparto, como en este momento, sé que solo soy un canal, un instrumento, un mensajero. Muchas veces tengo que releer lo que he escrito, porque no era consciente del mensaje que estaba transmitiendo. Para mí, compartir es un acto de expansión personal, y cuando lo hago, tengo claro que lo hago para mí mismo; en esa visión, veo el rostro de Cristo en mis hermanos. ¿Puedo acaso pedir más de lo que ya estoy recibiendo?

Estoy seguro de que todos tenemos nuestros propios dones y talentos. Si cada uno los desarrollara al máximo, el mundo se beneficiaría de todo lo que podemos aportar. ¿Se imaginan un mundo así? Podemos empezar por nuestro interior, dejando de dar valor al sacrificio y el sufrimiento, y apostando por lo que amamos, siempre desde el amor.

Reflexión: Tan solo aquello que damos desde el amor perdurará eternamente.

 LECCIÓN 344


Hoy aprendo la ley del amor: que lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo.

1. Ésa es Tu ley, Padre mío, no la mía. 2Al no comprender lo que signifi­caba dar, procuré quedarme con lo que deseaba sólo para mí. 3cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el que no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás. 4¿Quién puede compartir un sueño? 5¿Y qué puede ofrecerme una ilu­sión? 6Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra. 7Permite que mis her­manos redimidos llenen mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales. 8Así se cumple la ley del amor. 9Y así es como Tu Hijo se eleva y regresa a Ti.

2. ¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! 2¡Qué cerca está Él de nosotros! 3¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios!


¿Qué me enseña esta lección? 

Cuando el Hijo de Dios eligió hacer uso de los Atributos Divinos con los que había sido creado, y dirigió su atención al mundo exterior y tridimensional, abrió una nueva vía de aprendizaje. Sustituyó la vía directa del Conocimiento por la percepción.

La Unidad con Dios nos "alimentaba" y no sentíamos necesidad, pues su alimento era eterno.

La identificación con el mundo de la percepción, con el mundo material, nos llevó a buscar el "alimento" por nosotros mismos (ganar el pan con el sudor de la frente), pero ese alimento, al estar regido por las leyes de la temporalidad, no nos saciaba permanentemente, lo que nos llevaba a tener que recolectar nuevos alimentos. El término "alimento" debemos entenderlo metafóricamente, pues en el nivel de la creación el cuerpo no existe, por lo que dicho término está haciendo referencia al "Conocimiento", la vía directa de comunicación con Dios. Desde esta visión, la frase "ganar el pan con el sudor de la frente" significa que hemos sustituido la verdad por la ilusión y que nuestro sistema de pensamiento se pone al servicio del deseo de ser especial la naturaleza del ego, el cual es el efecto de la creencia en la separación. 

Esa dinámica generó un sentimiento de pertenencia. El fruto de mi trabajo me pertenece y es parte de mi identidad; tanto es así que llegamos a creer que somos lo que poseemos: un cuerpo, un hogar, una familia, comida, poder; pertenencias e ídolos a los que otorgamos gran valor.

Con la idea de pertenencia nació uno de los errores que más perjudica a la consciencia: pensar que al dar, se pierde.

La naturaleza del Hijo de Dios es dar y expandirse. Esa es la herencia que le ha sido otorgada por su Creador, ya que es la manifestación de la Mente divina. Así, al dar, cumplimos la Voluntad de nuestro Padre y creamos. En cambio, cuando nos aferramos a poseer para no perder, vamos en contra del orden universal, y lo que protegemos con tanto empeño termina convirtiéndose en un obstáculo para el crecimiento de nuestra consciencia.

Despertar a la conciencia de lo que realmente somos nos lleva, inevitablemente, a ver la Unidad. Desde esta perspectiva entendemos que al dar a los demás, en realidad, nos estamos dando a nosotros mismos.

Ejemplo-Guía: "La práctica de dar sin perder".

Solo con la teoría no se aprende ni se experimenta. El aprendizaje se completa al tomar conciencia, y para eso, ¿qué mejor uso podemos darle a este mundo que convertirlo en un laboratorio donde hacer tangibles nuestros descubrimientos?

Quizá nos cueste aceptar lo que plantea esta lección y no estemos seguros de que dar sea lo mismo que recibir. Para respaldar nuestras dudas, pensamos que cuando damos lo que tenemos, lo perdemos, a menos que pongamos como condición que nos sea devuelto. Llegados a este punto de reflexión, me pregunto: ¿he tenido alguna experiencia en la que haya dado desde el corazón sin recibir nada a cambio? La verdad es que no encuentro respuesta, pues no recuerdo haber dado con esa entrega incondicional. Siempre he dado con condiciones, ya que es la ley que rige este mundo, o al menos así me lo enseñaron.

Puedo ofrecer una visión distinta mientras continúo buscando en mi vida aquellos aspectos en los que lo que doy no dependa de recibir algo a cambio. En esta ocasión, he encontrado una experiencia que puedo compartir con todos vosotros, con el único propósito de aportar mi perspectiva sobre el tema que estamos analizando.

Desde hace años me dedico a difundir el conocimiento, compartiendo de forma altruista lo que voy aprendiendo, tanto en teoría como en práctica. Lo hago por elección y con la firme convicción de que es la manera en que debe ser.
No entro en otras valoraciones sobre si es la mejor manera de hacerlo o si podría hacerlo de otra forma. Lo hago como me nace del corazón y eso me hace feliz. Doy sin esperar nada a cambio (aunque al principio, sin darme cuenta, buscaba reconocimiento). Cuando comparto, como en este momento, sé que solo soy un canal, un instrumento, un mensajero. Muchas veces tengo que releer lo que he escrito, porque no era consciente del mensaje que estaba transmitiendo. Para mí, compartir es un acto de expansión personal, y cuando lo hago, tengo claro que lo hago para mí mismo; en esa visión, veo el rostro de Cristo en mis hermanos. ¿Puedo acaso pedir más de lo que ya estoy recibiendo?

Estoy seguro de que todos tenemos nuestros propios dones y talentos. Si cada uno los desarrollara al máximo, el mundo se beneficiaría de todo lo que podemos aportar. ¿Se imaginan un mundo así? Podemos empezar por nuestro interior, dejando de dar valor al sacrificio y el sufrimiento, y apostando por lo que amamos, siempre desde el amor.

Reflexión: Tan solo aquello que damos desde el amor perdurará eternamente.