domingo, 28 de mayo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 148

CUARTO REPASO

Introducción

1. Damos comienzo ahora a un nuevo repaso, conscientes esta vez de que nos estamos preparando para la segunda parte del aprendizaje en la que se nos enseña cómo aplicar la verdad. 2Hoy empezaremos a prepararnos para lo que sigue más adelante. 3Tal es nuestro propósito para este repaso y para las lecciones que siguen. 4Así pues, repasaremos las lecciones más recientes y sus pensamientos centrales de forma que faciliten el estado de prepa­ración que ahora queremos alcanzar.

2. Hay un tema central que unifica cada paso del repaso que ahora emprendemos, el cual puede enunciarse de manera muy simple con estas palabras:

2Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

3Esto es un hecho, y representa la verdad de lo que eres y de lo que tu Padre es. 4Éste fue el pensamiento mediante el cual el Padre creó a Su Hijo, estableciéndolo así como co-creador con Él. 5Éste es el pensamiento que garantiza plenamente la salvación del Hijo. 6Pues en su mente no puede haber otros pensamientos, salvo los que su Padre comparte con él. 7La falta de perdón es lo que impide que este pensamiento llegue a su conciencia. 8No obstante, es verdad eternamente.

3. Comencemos nuestra preparación tratando de entender las múltiples formas tras las que se puede ocultar muy cuidadosa­mente la falta de verdadero perdón. 2Puesto que son ilusiones, no se perciben simplemente como lo que son: defensas que te impi­den ver y reconocer tus pensamientos rencorosos. 3Su propósito es mostrarte otra cosa y demorar la corrección mediante auto­engaños diseñados para que ocupen su lugar.

4. Tu mente, sin embargo, alberga sólo lo que piensas con Dios. 2Tus auto-engaños no pueden ocupar el lugar de la verdad, 3de la misma manera en que un niño que arroja un palo al mar no puede cambiar el ir y venir de las olas, evitar que el sol caliente las aguas o impedir que el plateado reflejo de luna se vea por la noche en ellas. 4Así es como daremos comienzo a cada período de práctica de este repaso, preparando nuestras mentes para que comprendan las lecciones que nos corresponde leer y comprendan el significado que tienen para nosotros.

5. Comienza cada día dedicando cierto tiempo a preparar tu mente para que aprenda la libertad y la paz que cada idea que repases ese día puede ofrecerte. 2Haz que tu mente tenga una acti­tud receptiva, despéjala de todo pensamiento engañoso y deja que sólo éste la ocupe completamente y elimine los demás:

3Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

4Cinco minutos que le dediques a este pensamiento serán sufi­ciente para encauzar el día según las pautas que Dios ha fijado y para poner Su Mente a cargo de todos los pensamientos que has de recibir ese día.

6. Éstos no procederán únicamente de ti, pues los compartirás con Él. 2Y así, cada uno de ellos te traerá mensajes de Su Amor, devolviéndole a Él mensajes del tuyo. 3De esta forma es como estarás en comunión con el Señor de las Multitudes, tal como Él Mismo lo ha dispuesto. 4Y así como Su compleción se une a Él, del mismo modo Él se unirá a ti que te completas al unirte a Él y al Él unirse a ti.

7. Después de haberte preparado, lee simplemente cada una las dos ideas que se han asignado para el repaso de ese día. 2Luego cierra los ojos y repítelas lentamente para tus adentros. 3No hay prisa ahora, pues estás utilizando el tiempo para el propósito que se le dio. 4Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado, tal como se te ha dado a ti a través de Su Voz. 5Deja que cada idea que repases ese día te conceda el regalo que Él ha depositado en ella para que tú lo recibas de parte de Él. 6Y no utilizaremos en nuestra práctica otro formato que éste.

8. Cada vez que el reloj marque la hora, trae a la mente el pensa­miento con el que comenzó el día y pasa un momento de recogi­miento con él. 2Luego repite las dos ideas correspondientes a ese día sin ninguna sensación de premura, con tiempo suficiente para que puedas ver los regalos que encierran para ti, y deja que se reciban allí donde se dispuso que fuesen recibidos.

9. No vamos a añadir otros pensamientos, sino que dejamos que estos mensajes sean lo que realmente son. 2No necesitamos otra cosa que esto para que se nos dé felicidad y descanso, eterna quie­tud, perfecta certeza y todo lo que nuestro Padre dispone que recibamos como nuestra herencia de parte de Él. 3Y concluiremos cada día de práctica a lo largo de este repaso tal como lo comenza­mos, repitiendo en primer lugar el pensamiento que hizo de ese día una ocasión especial de bendición y felicidad para nosotros, y que, mediante nuestra fe, sustituyó en el mundo la luz por la oscuridad, el gozo por los pesares, la paz por el sufrimiento y la santidad por el pecado.

10. Dios te da las gracias a ti que practicas de esta manera el cum­plimiento de Su Palabra. 2Y cuando expongas tu mente de nuevo a las ideas del día antes de irte a dormir, Su gratitud te envolverá en la paz en la que Su Voluntad dispone que estés para siempre, y que ahora estás aprendiendo a reivindicar como tu herencia.


LECCIÓN 148

Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.

(135) Si me defiendo he sido atacado.
(136) La enfermedad es una defensa contra la verdad.


¿Qué me enseña esta lección?

(135) Si me defiendo he sido atacado.

Tan sólo el cuerpo y sus fabricaciones, toman la decisión de defenderse, pues tan sólo el ego percibe el mundo como una amenaza, como un ataque.

La seguridad del ego es imposible, pues aquello en lo que cree está permanentemente sujeto a la temporalidad y al cambio.

La verdad del ego, justifica el ataque como una venganza que viene a recordarle su identificación con el pecado y el merecido castigo por su pecaminoso acto.

El miedo ha sustituido al amor; la falsa creencia en la separación justifica que los deseos del otro viene a quitarle lo que posee, sus pertenencias, aquellas que le aportan una identidad. Es por ello, que decide defenderse del mundo hostil que le rodea y para ello, ataca y condena el comportamiento ajeno.

Cada vez que mantengo una actitud de defensa, estoy interpretando que me he sentido atacado e intento ganar la partida para no perder lo que más valoro: mi cuerpo, mi estima, mis pertenencias, mi poder, mi seguridad física.

¿De qué te defiendes?

(136) La enfermedad es una defensa contra la verdad.

Si crees ser tu cuerpo físico, sin duda alguna, creerás, igualmente, en la enfermedad, pues dándole valor a aquello que percibes desde tu vehículo físico, lo identificas como tu verdad.

Si ves con los ojos de tu cuerpo, aquello que es ilusorio y le aportas credibilidad, estarás sustituyendo y atacando lo que realmente es verdad.
¿Te has preguntado si no le has dado valor a la enfermedad para justificar tu creencia en que eres un cuerpo?

No olvides, que lo real, lo único que es verdad, es eterno y que lo ilusorio es temporal. ¿Acaso tu cuerpo físico es eterno? Entonces, estás identificándote con lo que no es real; estarás alimentando una verdad que no lo es y todas tus acciones para mantenerte firme en tu verdad, atacará, realmente, a la verdad.

Pregúntate, ¿para qué necesitas la enfermedad? ¿qué beneficio te aporta perder la paz y la plenitud? ¿qué estímulo crees encontrar en la percepción del dolor, del castigo, del sufrimiento?

No necesitas la enfermedad para nada, pues Todo en ti es Pleno. Todo en ti está a salvo. No hay necesidad de castigo, ni de sacrificio, ni de escasez, ni de penas y tristezas. Tener la verdadera visión de lo que Somos; tener la certeza de que Somos Hijos de Dios, de que Somos una Unidad con nuestro Padre, nos dará la confianza para que nuestra mente goce de plena Salud.

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