sábado, 10 de agosto de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 222

LECCIÓN 222

Dios está conmigo. Vivo y me muevo en Él.

1. Dios está conmigo. 2Él es mi Fuente de vida, la vida interior, el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y me purifica. 3Él es mi hogar, en el que vivo y me muevo; el Espíritu que dirige todos mis actos, me ofrece Sus Pen­samientos y garantiza mi perfecta inmunidad contra todo dolor. 4Él me prodiga bondad y cuidado, y contempla con amor al Hijo sobre el que resplandece, el cual a su vez resplandece sobre Él. 5¡Qué serenidad la de aquel que conoce la verdad de lo que Él dice hoy!

2. Padre, no tenemos en nuestros labios ni en nuestras mentes otras palabras que Tu Nombre, cuando acudimos silenciosamente ante Tu Pre­sencia, pidiendo que se nos conceda poder descansar Contigo por un rato en paz.

¿Qué me enseña esta lección?

¿Acaso puede el hijo negar la paternidad de su padre? No, no puede.

El hijo tiene libertad para expresar el potencial del que es portador. Puede pensar, sentir  y actuar con plena libertad. Puede, incluso, pensar que sus acciones creadoras tienen el poder suficiente para vivir una realidad distinta a la de su padre.

¿Acaso el padre abandona al hijo por decidir hacer uso de su libertad? No, no lo abandona.

Ningún padre que esté en su sano juicio, reniega de su hijo y le castiga por el hecho de hacer uso de las potencialidades que ha heredado de su propio padre.
Un padre amoroso, se engrandece cuando su hijo ejerce su función creadora, pues tiene la certeza de que ha elegido el Camino del Aprendizaje.

El padre siempre está con su hijo. Le inspira, le acompaña, le arropa y le protege.

Nuestro Padre, siempre está con nosotros. Somos Esencia de Su Propia Esencia. Toda nuestra vida está impregnada de su Ser y todas nuestras expresiones, sean mentales, emocionales o físicas, tienen como único fin, dar testimonio de su Voluntad.

Mi mente es una parte de la Mente de Dios. Mi mente está es paz, cuando habito la Morada de mi Padre, cuando soy expresión de la Unidad que me mantiene unido a Todos mis hermanos de Filiación.

Ejemplo-guía: "No te sientas culpable por lo que hagas, Dios no ve tu pecado"

Entonces, ¿puedo hacer lo que quiera? ¿Puedo matar, hacer daño, robar, mentir, sin que ello haga de mi un ser despreciable y necesitado de disciplina? ¿Qué valor tienen entonces las Tablas de la Ley de Moisés? ¿Qué valor tienen los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia?

No diréis que no es interesante el tema de reflexión elegido para profundizar en las enseñanzas de la Lección de hoy.

En la presentación de dicha reflexión, he querido utilizar términos y conceptos que son parte de las verdades que la religión adora en sus púlpitos sagrados. Son Leyes inventadas y fabricadas por el ego y para el ego. Han sido útiles y lo siguen siendo, mientras que nuestra conciencia esté identificada con el cuerpo y con sus leyes y normas. Pero las verdades de este mundo, no son la Verdad de Dios, pues si empleamos el sentido común o mejor aún, si utilizamos la fuerza de nuestro corazón y le preguntásemos si dichas Leyes proceden directamente de Dios, al menos el mío, me dicta que no, pues como he argumentado en la introducción de esta Lección, el amor de un padre para su hijo ha de llevarle a perdonar sus errores y "pecados", pues en esa actitud va implícita su creencia en la unidad que los une, no por sangre, sino por alimentarse de la misma "Fuente", la Espiritual, la Divina.

Si pensamos que podemos hacer lo que queramos con nuestras elecciones y lo hacemos con la visión de quedar exento del castigo de las mismas, no estamos enfocando la vida desde la visión de la Verdad. No es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos, lo que certifica la calidad de nuestros actos. Ya sabemos que este mundo no es real, por lo tanto, no es lo que hacemos lo importante. En cambio, la condición de nuestro verdadero Ser, de nuestra Consciencia, emana una vibración que certifica la energía que estamos expandiendo. Si esa energía expande amor, la vibración creará un mundo de amor. Si esa energía expande miedo, entonces es señal de que estamos utilizando la mente para servir al ego, lo que pondrá de manifiesto la fabricación de un mundo ilusorio e irreal.

Cuando alcancemos la visión de la unidad, del Espíritu, podremos decir desde la certeza de que podemos hacer lo que queramos sin miedo al castigo, por una sencilla razón, nuestra mente tiene la creencia de que cuando condeno a otro, es a mi a quien únicamente estoy condenando. Esto significa que tendremos la creencia de que no existe nada externo a nosotros.

Dios tiene un sólo Hijo, pues de su Fuente ha emanado un Solo Pensamiento Creador. Ese Pensamiento tiene la capacidad de expandirse e igualmente tiene la capacidad de proyectarse. La expansión permite la continuidad de la unidad, mientras que la proyección tiene la propiedad de la división y de la multiplicación.

La ilusión que estamos soñando nos lleva a creer en que somos una multiplicidad. Pero la realidad es que Somos como Dios nos ha creado, Uno. 

Reflexión: ¿Estamos preparados para aceptar en nuestra mente el hecho de que todo lo que percibimos forma parte de nosotros mismos, y que el ahí afuera que percibimos no existe salvo que nosotros lo hagamos real?

viernes, 9 de agosto de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 221

SEGUNDA PARTE

Introducción

1. Las palabras apenas significarán nada ahora. 2Las utilizaremos únicamente como guías de las que no hemos de depender. 3Pues lo único que nos interesa ahora es tener una experiencia directa de la verdad. 4Las lecciones que aún nos quedan por hacer no son más que introducciones a los períodos en que abandonamos el mundo del dolor y nos adentramos en la paz. 5Ahora empezamos a alcanzar el objetivo que este curso ha fijado y a hallar la meta hacia la que nuestras prácticas han estado siempre encaminadas.

2. Lo que nos proponemos ahora es que los ejercicios sean sólo un preámbulo. 2Pues aguardamos con serena expectación a nuestro Dios y Padre. 3Él nos ha prometido que Él Mismo dará el paso final. 4Y nosotros estamos seguros de que Él cumple Sus prome­sas. 5Hemos recorrido un largo trecho, y ahora lo aguardamos a Él. 6Continuaremos pasando un rato con Él cada mañana y cada noche, mientras ello nos haga felices. 7No vamos a considerar el tiempo ahora como una cuestión de duración. 8Dedicaremos tanto tiempo como sea necesario a fin de lograr el objetivo que perse­guimos. 9No nos olvidaremos tampoco de nuestros recordatorios de cada hora, y recurriremos a Dios siempre que nos sintamos tentados de olvidarnos de nuestro objetivo.

3. Durante el resto de los días venideros seguiremos utilizando un pensamiento central para introducir nuestros períodos de descanso y para calmar nuestras mentes, según lo dicte la necesi­dad. 2No obstante, no nos contentaremos únicamente con practi­car los demás instantes santos con los que concluye este año que le hemos dedicado a Dios. 3Diremos más bien algunas palabras sencillas a modo de bienvenida, y luego esperaremos que nues­tro Padre Se revele a Sí Mismo, tal como ha prometido que lo hará. 4Lo hemos invocado y Él ha prometido que Su Hijo recibirá respuesta siempre que invoque Su Nombre.

4. Ahora venimos a Él teniendo únicamente Su Palabra en nues­tras mentes y en nuestros corazones, y esperamos a que Él dé el paso hacia nosotros que nos ha dicho, a través de Su Voz, que no dejaría de dar una vez que lo invitásemos. 2Él no ha dejado solo a Su Hijo en su locura, ni ha traicionado la confianza que éste tiene en Él. 3¿No le ha hecho acaso Su fidelidad acreedor a la invitación que Él espera para hacernos felices? 4Le extenderemos esa invita­ción y Él la aceptará. 5Así es como transcurrirán nuestros momen­tos con Él. 6Expresaremos las palabras de invitación que Su Voz sugiere y luego esperaremos a que Él venga a nosotros.

5. La hora de la profecía ha llegado. 2Ahora es cuando las anti­guas promesas se honran y se cumplen sin excepción. 3No queda ningún paso que el tiempo nos pueda impedir dar. 4Pues ahora no podemos fracasar. 5Siéntate en silencio y aguarda a tu Padre. 6Él ha dispuesto que vendrá una vez que hayas reconocido que tu voluntad es que Él venga. 7Y tú nunca habrías podido llegar tan lejos si no hubieses reconocido, por muy vagamente que fuese, que ésa es tu voluntad.

6. Estoy tan cerca de ti que no podemos fracasar. 2Padre, Te entre­gamos estos santos momentos como muestra de agradecimiento por Aquel que nos enseñó a abandonar el mundo del pesar a cam­bio del que Tú nos diste como sustituto. 3Ahora no miramos hacia atrás. 4Miramos hacia adelante y fijamos la mirada en el final de la jornada. 5Acepta de nuestra parte estas humildes ofren­das de gratitud, mientras contemplamos, a través de la visión de Cristo, un mundo que está más allá del que nosotros construimos y que aceptamos como sustituto total del nuestro.

7. Y ahora aguardamos en silencio, sin miedo y seguros de Tu llegada. 2Hemos procurado encontrar el camino siguiendo al Guía que Tú nos enviaste. 3Desconocíamos el camino, pero Tú no te olvidaste de nosotros. 4Y sabemos que no Te olvidarás de nosotros ahora. 5Sólo pedimos que Tus promesas de antaño se cumplan tal como es Tu Voluntad. 6Al pedir esto, nuestra voluntad dispone lo mismo que la Tuya. 7El Padre y el Hijo, Cuya santa Voluntad creó todo lo que existe, no pueden fracasar en nada. 8Con esta certeza daremos estos últimos pasos que nos llevan a Ti, y descansaremos confiadamente en Tu Amor, el cual jamás defraudará al Hijo que Te llama.

8. Y así damos comienzo a la parte final de este año santo que hemos pasado juntos en busca de la verdad y de Dios, Quien es su único creador. 2Hemos encontrado el camino que Él eligió para que nosotros lo siguiésemos, y decidimos seguirlo tal como Él quiere que hagamos. 3Su Mano nos ha sostenido. 4Sus Pensamien­tos han arrojado luz sobre las tinieblas de nuestras mentes. 5Su Amor nos ha llamado incesantemente desde los orígenes del tiempo.

9. Quisimos privar a Dios del Hijo que Él creó para Sí. 2Quisimos que Dios cambiara y fuera lo que nosotros queríamos hacer de Él. 3Y creímos que nuestros desquiciados deseos eran la verdad. 4Ahora nos alegramos de que todo esto haya desaparecido y de que ya no pensemos que las ilusiones son verdad. 5El recuerdo de Dios despunta en los vastos horizontes de nuestras mentes. 6Un momento más y volverá a surgir. 7Un momento más, y nosotros que somos los Hijos de Dios, nos encontráremos a salvo en nues­tro hogar, donde Él desea que estemos.

10. A la necesidad de practicar casi le ha llegado su fin. 2Pues en esta última etapa llegaremos a entender, que sólo con invocar a Dios, toda tentación desaparece, 3En lugar de palabras, sólo necesitamos sentir Su Amor. 4En lugar de oraciones, sólo necesitamos invocar Su Nombre. 5Y en lugar de juzgar, sólo necesitarnos aquie­tarnos y dejar que todas las cosas sean sanadas. 6Aceptaremos la manera en que el plan de Dios ha de terminar, tal como aceptamos la manera en que comenzó. 7Ahora ya se ha consumado. 8Este año nos ha llevado a la eternidad.

11. Las palabras tendrán todavía cierta utilidad. 2Cada cierto tiempo se incluirán temas de especial relevancia, cuya lectura debe preceder a la de nuestras lecciones diarias y a los períodos de experiencia profunda e inefable que deben seguir a éstas. 3Estos temas especiales deberán repasarse cada día hasta que se te ofrezca el siguiente. 4Debes leerlos lentamente y reflexionar sobre ellos por un rato antes de cada uno de esos santos y benditos instantes del día. 5He aquí el primero de estos temas especiales.

1. ¿Qué es el perdón?

1. El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió. 2El perdón no perdona pecados, otorgándoles así realidad. 3Simplemente ve que no hubo pecado. 4Y desde este punto de vista todos tus pecados quedan perdonados. 5¿Qué es el pecado sino una idea falsa acerca del Hijo de Dios? 6El perdón ve simplemente la falsedad de dicha idea y, por lo tanto, la descarta. 7Lo que entonces queda libre para ocupar su lugar es la Voluntad de Dios.


2. Un pensamiento que no perdona es aquel que emite un juicio que no pone en duda a pesar de que es falso. 2La mente se ha cerrado y no puede liberarse. 3Dicho pensamiento protege la pro­yección, apretando aún más sus cadenas de manera que las dis­torsiones resulten más sutiles y turbias; menos susceptibles de ser puestas en duda y más alejadas de la razón. 4¿Qué puede interponerse entre una proyección fija y el objetivo que ésta ha elegido como su deseada meta?

3. Un pensamiento que no perdona hace muchas cosas. 2Persigue su objetivo frenéticamente, retorciendo y volcando todo aquello que cree que se interpone en su camino. 3Su propósito es distor­sionar, lo cual es también el medio por el que procura alcanzar ese propósito. 4Se dedica con furia a arrasar la realidad, sin ningún miramiento por nada que parezca contradecir su punto de vista.


4. El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace nada. 2No ofende ningún aspecto de la realidad ni busca tergiversarla para que adquiera apariencias que a él le gusten. 3Simplemente observa, espera y no juzga. 4El que no perdona se ve obligado a juzgar, pues tiene que justificar el no haber perdonado. 5Pero aquel que ha de perdonarse a sí mismo debe aprender a darle la bienvenida a la verdad exactamente como ésta es.

5. No hagas nada, pues, y deja que el perdón te muestre lo que debes hacer a través de Aquel que es tu Guía, tu Salvador y Pro­tector, Quien, lleno de esperanza, está seguro de que finalmente triunfarás. 2Él ya te ha perdonado, pues ésa es la función que Dios le encomendó. 3Ahora tú debes compartir Su función y per­donar a aquel que Él ha salvado, cuya inocencia Él ve y a quien honra como el Hijo de Dios.


LECCIÓN 221

Que mi mente esté en paz y que todos mis pensamientos se aquieten.

1. Padre, hoy vengo a Ti en busca de la paz que sólo Tú puedes dar. 2 Vengo en silencio. 3Y en la quietud de mi corazón -en lo más recóndito de mi mente- , espero y estoy a la escucha de Tu Voz. 4Padre mío, háblame hoy. 5Vengo a oír Tu Voz en silencio, con certeza y con amor, seguro de que oirás mi llamada y de que me responderás.

2. Y ahora aguardamos silenciosamente. 2Dios está aquí porque esperamos juntos. 3Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. 4Acepta mi confianza, pues es la tuya. 5Nuestras mentes están unidas. 6Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.


¿Qué me enseña esta lección?

Me enseña a ver el mundo de otra manera, a no responder a las múltiples invitaciones del ego, de servir al miedo, a la culpa, al dolor y al ataque.

Hoy he vivido una experiencia en la que debía tomar una decisión, la cual, sin duda, condicionaría mi estado anímico. Podía oír la voz del ego, y sentirme atacado por el engaño de otra persona, o bien, podía elegir oír la voz del Espíritu y no juzgar esa situación como un ataque, lo que me evitaría, la tentación de vengarme respondiendo con la misma respuesta del ataque.

A pesar de que las circunstancias me aportaban argumentos para satisfacer las necesidades del ego, vengarme de ese engaño que hacía peligrar mi autoestima, decidí ver las cosas de otra manera. Sí, era consciente del acto, pero yo no hice un juicio condenatorio de la situación. Ni tan siguiera sentí la necesidad de perdonar, pues no interpreté lo ocurrido como una voluntad de ataque.

La sensación de paz que alcancé con esa elección me aportó una profunda satisfacción. Verdaderamente, fui sensible a la Voz de mi Ser Espiritual, que se complace en la experimentación de la Unidad.


Ejemplo-Guía: "Me he sentido amenazado por la actitud de mi compañero de trabajo"

He elegido un ejemplo-guía muy común. Se trata de una experiencia que es frecuente en nuestras vidas. En este caso, se hace referencia al compañero de trabajo, pero podemos sustituir a ese protagonista por cualquier otro, por ejemplo, puede ser nuestra pareja, nuestros padres, nuestros jefes, nuestros hijos, nuestros amigos y enemigos.

Si alguien nos hiciese esa pregunta, en busca de orientación y apoyo, no podemos dejarnos engañar por el escenario propuesto por el ego. En ese escenario siempre encontraremos una serie de pistas que nos ayudarán a identificar su estrategia.

Siempre existe la figura del atacante externo, es decir, siempre tenemos a un culpable al que identificamos como el causante de nuestros problemas. En este caso el compañero de trabajo.

Siempre existe la figura de una víctima. Es la persona que recibe y expresa el daño causado. En este caso, la persona que busca nuestra orientación.

En todos los casos, observaremos una misma perspectiva, una misma visión. Existe una clara creencia, en ambas partes, en que son seres separados, lo que justifica el ataque y la defensa-ataque.

Y por último, lo he dejado para el final debido a su sutilidad. En todos los casos, ambos protagonistas sienten un profundo miedo. El que ataca, por temor a ser atacado por el otro, y la víctima, por amenazarse a si mismo.

Esa última vinculación es la que nos exige un cambio de visión, pues pensamos que son los demás los que nos atacan y nunca podríamos aceptar, que somos nosotros los que nos estamos castigando y amenazando inconscientemente.

En el caso que nos ocupa, la autoamenzada de la víctima responde a un problema de confianza en si misma. No cree valer lo suficiente y oculta ese sentimiento de inferioridad con un comportamiento desmedido. Es ese comportamiento excesivo, lo que lleva a su compañero de trabajo a experimentar una competitividad desleal y para ganar la partida decide hostigar su relación laboral.

Si alguien se está preguntando: ¿Si la víctima deja de auto amenazarse, su compañero dejará de hostigarla? La respuesta es Sí, pues aquello que no vemos en nuestro interior no lo proyectamos y por lo tanto no lo percibiremos.

Parece ser un ejercicio sencillo. Bueno, nadie puede negar que la técnica lo es. Lo difícil es que como víctima seamos capaces de reconocer que aquello que nos amenaza externamente es nuestra propia proyección interna. He ahí la fuente del milagro. Veo, perdono ( no veo condena) y mi percepción será verdadera, es decir, mi único juicio será reconocer la verdad que a todos nos une y nos hace Uno.

Reflexión: ¿Cómo me siento cuando oigo la Voz de Dios?

jueves, 8 de agosto de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 220

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 220

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (200) No hay más paz que la paz de Dios.

2Que no me desvíe del camino de la paz, pues ando perdido por cualquier otro sendero que no sea ése. 3Mas déjame seguir a Aquel que me conduce a mi hogar, y la paz será tan segura como el Amor de Dios.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?

La verdadera paz, no la podemos encontrar mientras que sigamos identificados con el cuerpo, con el mundo material.

El plano físico, es el plano de la dualidad; de lo elementos contrarios; de la separación, de la temporalidad. Es el escenario de la proyección y de la percepción.

La paz es Unidad. Para experimentar la paz es necesario que despertemos nuestra consciencia a la realidad que Somos: Hijos de Dios.

No conseguiremos ese estado de paz mientras que no veamos a este mundo como un lugar bendito y expresemos, con fidelidad, nuestra única función, perdonar.

La paz significa liberarnos de los errores que nos mantienen prisionero de las falsas creencias del ego y liberar, en la misma medida, a cada hermano.

Es posible permanecer en este mundo y no identificarnos con él. Es posible ver y percibirlo de otra manera, de tal modo, que esta nueva percepción nos permita alcanzar las puertas del Cielo.

Reflexión: ¿Cómo sería un mundo donde la culpa y el odio se sustituyesen por el perdón y el amor?

miércoles, 7 de agosto de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 219

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 219

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (199) No soy un cuerpo. 2Soy libre.

3Soy el Hijo de Dios. 4Aquiétate mente mía, y piensa en esto por un, momento. 5Luego regresa a la tierra, sin confusión alguna acerca de quién es aquel a quien mi Padre ama eter­namente como Su Hijo.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?

La mente, no puede servir a dos amos a la vez. O bien sirve al cuerpo, o bien, sirve al Espíritu.

La identificación con el cuerpo, forma parte de un error original, fruto de la creencia en la separación, en el pecado y en la culpa.

No obstante, el cuerpo puede ser útil a la mente entregada al Espíritu Santo, pues al quedar libre del error, el cuerpo sirve a la función encomendada por Dios a su Hijo, el perdón.

Podemos ser libres, aun permaneciendo en el cuerpo, pues el cuerpo sirve a la mente.

Cuando el cuerpo se libera de la prisión del “pecado”, su capacidad para la comunicación le atribuye un papel importante pues, gracias a ella, podremos convertirnos en ejemplos vivientes para que nuestros hermanos puedan tener una visión real de la verdad.

Reflexión: ¿A quién sirve tu mente? ¿Cuando sirve al cuerpo, gozas de la verdadera felicidad? ¿Cuando sirve al Espíritu, qué sientes?

martes, 6 de agosto de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 218

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 218

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (198) Sólo mi propia condenación me hace daño.

2Mi condenación nubla mi visión, y a través de mis ojos ciegos no puedo ver la visión de mi gloria. 3Mas hoy puedo contemplar esta gloria y regocijarme.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?

Cada vez que nos condenamos, quedamos prisioneros de esa condena. Nos privamos del don de la libertad y extendemos, ese mismo juicio a los demás.

La llave que nos libera de esa cárcel, es el perdón. En la medida en que dejamos de juzgarnos condenatoriamente y nos perdonamos, en esa misma medida, estamos abiertos a dejar de juzgar y perdonar a los demás.

Dentro del mundo de las ilusiones, del mundo del sueño, el perdón representa el sueño del despertar a la verdadera realidad.

La condena nos hace sufrir. Es sin duda, una total falta de amor hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Tan sólo el perdón puede sanar toda forma de dolor.


Reflexión: ¿En que aspectos de tu vida te condenas? ¿Qué aspectos de los demás condenas? Pregúntate, ¿te sientes feliz condenándote o condenando a otros?

lunes, 5 de agosto de 2019

Cuento para Leo: "Un día muy Especial - Final"

Los padres de todos sus amigos se preocupaban por sus hijos, les hacían regalos en sus cumpleaños y celebraban fiestas a las que invitaban a todos sus conocidos, y él, ¿qué podría decir ahora a sus compañeros de juego? Tal vez ya nunca más lo invitarían… 

La verdad era que ninguno de sus amigos, tenían toda una habitación llena de juguetes. Y apenas podía recordar, la última vez, que uno de ellos celebrara su cumpleaños dando una gran fiesta, todo a lo más, compartían sus regalos y así lo pasaban en grande.

Para él, aquel modo de celebrar tan especial día, le parecía absurdo y ridículo.

No encontraba satisfacción, si no se sentía el más importante y más venerado. Eso sí era pasarlo bien. De este modo jamás podría olvidarlo.

Aún podía recordar su último cumpleaños, y cuando lo comparó con aquel día sintió mucha tristeza. Aquel pasado año todo fue muy diferente.

Todavía recordaba, cómo en la mañana de aquel precioso Julio, acompañó a su madre a la pastelería con la intención de encargar la tarta con la que festejaría aquel día tan esperado.
Estando sumido en aquellos pensamientos, niño Alberto se sorprendió con un sentimiento de enfado, hasta el punto de que gritaba a su madre por no estar de acuerdo en la elección que había hecho de la tarta.
  • Yo no quiero esa ridícula tarta, es muy pequeña. ¿Acaso crees que puedo celebrar mi cumpleaños para que todos se rían de mí?
Con aquellas palabras irritantes, consiguió que su madre haciendo un esfuerzo, le encargase la tarta más hermosa de cuantas había en la pastelería.

A la vuelta de la tienda niño Alberto se encontró con unos amigos, que jugaban a la pelota entre ellos, y con aquel juego parecían divertirse de lo lindo. Cuando le vieron, éstos le propusieron que jugase con ellos.
  • Jugaré con vosotros si me dejáis que sea el capitán del equipo. De lo contrario no contéis conmigo - aquellas palabras sonaron a soberbia-.
Ya era habitual en él, ese espíritu arrogante, y como lo conocían sus amigos, llegaban a  aceptar sus condiciones. Pero no siempre sucedía así, y en aquella mañana, cuando llegando el último, quería mandar a los demás, éstos le contestaron rechazando su propuesta.
  • Te equivocas si crees que llegando el último serás el capitán del equipo.
Aquella respuesta, a la que no estaba acostumbrado recibir, le provocó tan gran enfado que llegó a ponerse muy colérico, hasta llegar incluso a pelearse con el dueño de la pelota. Suerte que en esos momentos, la presencia de los vecinos impidió que aquella situación fuera aún más lamentable.

Pero para niño Alberto, aquella situación no podía quedar así. Él estaba acostumbrado a conseguir cuanto quería y nadie podía humillarlo, ni avergonzarlo. En cambio, sí se sentía con derecho para ridiculizar a los demás. Por ello, amenazó a sus compañeros de juego con no invitarles a su cumpleaños, y les dijo:
  • Tú, gordinflón, no te creas que esta tarde en mi banquete vas a probar mi tarta, y tú, enano, la próxima vez que quieras bañarte en mi piscina no lo harás. ¿Entendido?
Aquella soberbia era un derecho y un poder que formaba parte de su  personalidad. Le gustaba mandar y hacer lo que le viniera en gana, y si daba algo con generosidad, no tardaría mucho tiempo en utilizarlo para su beneficio propio, ya que en el fondo siempre quería que los demás supieran que él era muy importante.
Con aquellos recuerdos que se iban sucediendo unos tras otros en su mente, niño Alberto disfrutaba, ya que se sentida muy feliz, cuando los demás  dependían de él.


No se daba cuenta del gran error que cometía con aquel orgullo desmedido, y pensaba que lo que era bueno para él, debía serlo para los demás también.

Sumergido aún en los recuerdos de su último cumpleaños, se encontró de nuevo acompañado de su madre. Apenas si faltaban dos horas para que diera comienzo aquella fiesta que presagiaba mucha felicidad y alegría. Había refrescos, bocadillos, golosinas, helados y también muchos juegos.

Apenas sabía lo que hacer hasta que llegase la hora del festejo, y se le ocurrió buscar a sus amigos para hacerles participes de una idea que se le acababa de ocurrir. Pero había un problema para poder llevar a cabo su plan. Necesitaba dinero y él no lo tenía. Bueno, la verdad es que aquello no le supuso mucha dificultad. Haría como otras veces había hecho. Sabía perfectamente dónde hallar la cartera de su madre y allí siempre encontraba lo que necesitaba.

No tardó mucho en llevar a cabo su plan. Dirigiéndose a la cocina, niño Alberto tomó del monedero de su madre algún dinero.  Estaba seguro que ella se lo negaría como otras veces y él necesitaba jugar hasta la hora de la fiesta.

Con gran entusiasmo y sin dar importancia a lo que había hecho fue a contárselo a sus amigos, con la intención de que ellos lo imitaran. Pero no todos eran como él, y ninguno estuvo de acuerdo en quitarles dinero a sus padres.

Ante la negativa de sus amigos, niño Alberto se enfadó. Pero pensó, que si se molestaba con ellos tal vez no quisieran acompañarles en su fiesta, y entonces temió no poder ser el centro de atención de todo el festejo. No habría nadie que le cantase cumpleaños feliz, y menos aún que le felicitasen y aplaudiesen.

Por lo tanto imaginó una estrategia. Si los invitaba a jugar a las máquinas tragaperras seguro que todos irían a la fiesta. Y tal como lo pensó, lo hizo. Y acertó, pues todos sus amigos demostraban su alegría, ya que, no todos los días tenían la oportunidad de jugar a las máquinas de recreo.

El tiempo iba transcurriendo y el día avanzaba rápidamente. Para niño Alberto, todo  aquello que parecía increíble, fue tomando sentido. Tardó mucho en comprender, que en verdad su comportamiento no estaba bien, y que debido a ello sus amigos le respetaban por miedo y  le huían cuando pretendía imponer siempre su voluntad.

Él, que se creía generoso, descubrió con profundo dolor y pena, que su único deseo era tener cerca a alguien a quien poder mandar

Él, que siempre se demostraba ser ejemplo de virtudes, había caído en acciones muy bajas y no había respetado ni tan siquiera a sus seres más queridos.

Él, que exigía el respeto de su honor, ridiculizaba con su arrogancia a sus compañeros y amigos.

En verdad, que aquel día sería muy especial para él. De pronto había descubierto que, muchas cosas, de las que hacía pocos momentos le eran muy importantes, habían perdido todo su interés. Sin embargo, un temor muy profundo y una pena muy sincera lo estremecían. Él sabía que no podía vivir si sus amigos lo rechazaban. Su vida no tendría sentido si sus seres queridos no lo atendían.

Él necesitaba decirles a todos que no lo abandonasen,  que cambiaría. Estaba dispuesto a mejorar su comportamiento…

“Ya nunca más faltaría el respeto a sus padres”.
“Ya nunca más ridiculizaría a sus amigos”.
“Ya nunca más pretendería mandar y humillar a los demás”.
“Él estaba dispuesto a ser un buen amigo, a ser un hijo ejemplar. Sólo él y Dios lo sabían”.
“Su corazón se estremecía y amenazaba con estallarle”.
“Su único deseo en ese momento era ir en busca de sus padres y abrazarles con fuerza, y decirles que más importante que todos los cumpleaños, era el amor que sentía por ellos y salir corriendo en busca de sus amigos y pedirles que le perdonasen por lo cruel que había sido con ellos”.

Y lleno de esa nueva felicidad y alegría, puso alas a sus pies, dirigiéndose en busca de sus padres.


Fue bajando la escalera que comunicaba su habitación con el salón, cuando de repente frenó sus pasos. Una vez más la sorpresa le acompañaba en aquel singular día.
  • ¿Dónde estarían todos? -se preguntaba-. ¿Por qué estaba todo tan oscuro?
Preocupado en encontrar una respuesta, recordó que él mismo había visto la luz del día.
¿Cuánto tiempo había estado en su habitación? Debió ser mucho. Más de lo que él, en aquel momento, pudiese imaginar, aunque en aquel día tan especial habían ocurrido cosas tan  extrañas que para niño Alberto, le acompañarían durante toda la vida, como un hermoso misterio.

De repente y de un modo inesperado, que incluso asustó a nuestro protagonista, se encendieron un gran número de velas, todas al unísono, dando a aquel lugar un aspecto mágico. Y Justo en ese momento, un conocido cántico llenó de inmensa felicidad su corazón.
  • ¡Cumpleaños feliz... Cumpleaños feliz…!
No cabía duda, allí estaban todos. Sus padres, sus amigos y muchos vecinos. Todos juntos felicitaban con agrado al anfitrión.
Niño Alberto, no pudo evitar el dejar escapar unas sinceras lágrimas, que conmovieron su corazón.

Sin duda alguna, aquel fue un día muy especial y niño Alberto, con cuanto orgullo lo recordaría.

FIN