3. Pero una vez más, esto no debe sustituir a las sesiones de práctica en las que primero examinas tu mente en busca de lo que crees son las "causas" del disgusto, y las formas de disgusto que, según tú, resultan de ellas.Los sentimientos actúan como un filtro que influye en la calidad y el estado de nuestros pensamientos. Cuando sentimos alegría, esperanza o satisfacción, nuestros pensamientos generan un impulso positivo que nos hace sentir bien. En cambio, cuando la emoción es negativa, el pensamiento refuerza la idea de que somos víctimas de la desgracia y, en ese momento, damos lugar a emociones de disgusto.
Somos hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza, y por ello contamos con el más alto principio: la voluntad, que nos impulsa a actuar con libertad. Si dejamos que nuestra mente entregue ese “poder” a lo externo, es decir, a lo que nos sucede y creemos que causa nuestras penas o nuestros logros, estamos alimentando un error. Nada fuera de nosotros tiene el poder de cambiarnos. Por eso, es clave tomar el timón de nuestra mente y dirigir nuestra nave con plena conciencia de que somos nosotros quienes elegimos el rumbo.
Propósito y sentido de la lección:
El objetivo de esta lección es ayudarte a reconocer que las causas que atribuyes a tus disgustos no son las verdaderas. El Curso te invita a mirar más allá de las apariencias y a comprender que el origen de tu malestar no está fuera de ti, sino en tu interpretación interna. Así, se inicia el proceso de deshacer la proyección y de asumir la responsabilidad de tu paz mental.
Instrucciones prácticas:
- Realiza el ejercicio tres o cuatro veces al día.
- Dedica un minuto a observar tu mente y detectar cualquier disgusto, sin importar su intensidad.
- Aplica la frase:
“No estoy [enfadado/preocupado/deprimido, etc.] con/acerca de ______ por la razón que creo.” - Si te resulta difícil ser imparcial, repite para ti:
“No hay disgustos pequeños. Todos perturban mi paz mental por igual.” - Si te resistes a aplicar la idea a ciertos disgustos, recuerda:
“No puedo conservar esta forma de disgusto y al mismo tiempo desprenderme de las demás. Para los efectos de estos ejercicios, las consideraré a todas como si fuesen iguales.”
Aspectos psicológicos y espirituales:
Esta lección te ayuda a tomar conciencia de que tus emociones negativas no tienen causas externas reales, sino que surgen de interpretaciones y creencias internas. Psicológicamente, esto te permite empezar a soltar el victimismo y a recuperar tu poder interior. Espiritualmente, es un paso hacia la responsabilidad plena de tu experiencia y hacia la liberación del juicio.
Relación con el resto del Curso:
La Lección 5 es clave en el proceso de deshacer la percepción errónea. Es un pilar para el entrenamiento mental de UCDM, ya que te prepara para aceptar que la causa de tu sufrimiento nunca está fuera de ti. Esta comprensión es fundamental para avanzar hacia el perdón y la verdadera paz interior.
Consejos para la práctica:
- No te preocupes si al principio te cuesta aceptar la idea; la práctica constante irá suavizando la resistencia.
- Sé honesto contigo mismo al identificar tus disgustos, sin minimizar ni exagerar.
- Si te resulta difícil aplicar la idea a ciertos temas, simplemente observa esa resistencia y continúa practicando.
- Recuerda que el objetivo no es negar tus emociones, sino cuestionar su origen.
Conclusión final:
La Lección 5 te invita a mirar con honestidad tus emociones y a abrirte a la posibilidad de que la causa de tu malestar no es la que crees. Este reconocimiento es liberador y te acerca a la paz interior. Confía en el proceso y permite que la práctica te lleve, paso a paso, hacia una nueva manera de ver y de vivir.
Hoy he podido recrear con la experiencia el mensaje que nos aporta esta lección. Os comparto la vivencia.
"Son las .6:45 AM. Recibo una llamada telefónica minutos antes de sonar la alarma del teléfono que me hace función de despertador. Es de la centralita del hospital donde trabajo. Me anuncian que se ha producido un fuego en la décima planta. No puedo evitar un sobresalto. Esa planta no está ocupada por pacientes, pero casualmente, en las dependencias de la misma, se encuentra custodiada la ropa de los Reyes Magos. Sí, hoy se celebra en el hospital la visita de sus Majestades los Reyes Magos, que tienen previsto visitar a los pacientes y niños del centro. Soy uno de los organizadores y la noticia del fuego me alarma. Gracias a Dios, la información que me trasladan me tranquiliza; se trata de un incendio a la altura de la décima planta, pero en el exterior. Se trataba, tan solo, de un letrero luminoso. Me tranquilizo y me dispongo a dirigirme al trabajo.
Nada más llegar, recibo una nueva llamada; en esta ocasión se trataba de uno de los pajes del Cortejo Real. Me anuncia que no puede asistir por encontrarse enferma. La dificultad era encontrar sustituto en el corto plazo de tiempo que teníamos.
Pasados unos minutos, recibo otra llamada. Se trataba de uno de mis colaboradores. No podía contar con él; se veía en la necesidad de atender un asunto de máxima urgencia.
Por fin alcanzo las dependencias de la décima planta. En mi cabeza se iban agrupando todos los contratiempos. Pronto percibí la amenaza de pasar a una situación de estrés que en nada me ayudaría. Esperaba encontrarme con los participantes del acto, pero no fue así. Lo que más me preocupaba era que el responsable de prepararlos tampoco estaba. Me pongo en contacto con él y, una nueva sorpresa, tenía dificultades para dejar la labor que estaba realizando.
Bien, la situación parecía llegar a un punto que me invitaba a aquietar mi mente. No podía dejarme llevar por ese cúmulo de acontecimientos, a cual más preocupante.
Tenía dos opciones. Podía derrumbarme y pensar que era víctima de la mala suerte. Podría justificar todos aquellos acontecimientos culpando a la posición de las estrellas, las cuales estaban activando sectores conflictivos de mi carta astral. Pero, con ello, tan sólo estaría justificando lo que mi mente estaba interpretando.
Decidí verlo de otra manera. Nunca, en todos los años que llevaba organizando este acto, me había enfrentado a un reto semejante. Era cuestión de ver la oportunidad que me ofrecía la vida para poner en práctica el conocimiento asimilado. Así que, "a mal tiempo, buena cara". Me sentía disgustado, pero recordé que no lo estaba por la situación que creía, por esa serie de circunstancias adversas.
No entendía lo que estaba pasando. Cualquier solución que buscara por mí mismo no me ayudaría, pues mi estado mental estaba aportándome argumentos erróneos, desde la perspectiva del ego, el cual piensa que son los efectos y no las causas lo que hay que cambiar.
Entregué al Espíritu Santo la situación que estaba experimentando y aguardé su respuesta.
Proyecté la voluntad y el motor de los deseos en conseguir que todo funcionara correctamente. Dejé de ver los obstáculos y, cuando lo hice, comenzaron a solucionarse lo que antes veía como problemas insuperables.
Se localizó un nuevo paje. El responsable de vestir y engalanar a los Reyes y al resto del cortejo nos prestó su ayuda. Se unieron nuevos colaboradores, y aunque con treinta minutos de retraso, conseguimos comenzar la aventura de llevar la ilusión y la alegría a los pacientes y niños.
Doy gracias a Dios y al Espíritu Santo, que, encarnados en mis compañeros, han hecho posible que todos hayamos disfrutado de tan magnífica vivencia.
Reflexión: ¿Cuál es la verdadera causa de aquello que te priva de la paz?


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