domingo, 9 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 190

LECCIÓN 190

Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor.

1. El dolor es una perspectiva errónea. 2Cuando se experimenta en cualquier forma que sea, es señal de que nos hemos engañado a nosotros mismos. 3El dolor no es un hecho en absoluto. 4Sea cual sea la forma que adopte, desaparece una vez que se percibe correctamente. 5Pues el dolor proclama que Dios es cruel. 6¿Cómo podría entonces ser real en cualquiera de las formas que adopta? 7El dolor da testimonio del odio que Dios el Padre le tiene a Su Hijo, de la pecaminosidad que ve en él y de Su demente deseo de venganza y de muerte.

2. ¿Es posible acaso dar fe de semejantes proyecciones? 2¿Qué podrían ser sino falsedades? 3El dolor no es sino un testigo de los errores del Hijo con respecto a lo que él cree ser. 4Es un sueño de una encarnizada represalia por un crimen que no pudo haberse cometido; por un ataque contra lo que es completamente inex­pugnable. 5Es una pesadilla en la que hemos sido abandonados por el Amor Eterno, el cual jamás habría podido abandonar al Hijo que creó como fruto de Su Amor.

3. El dolor es señal de que las ilusiones reinan en lugar de la verdad. 2Demuestra que Dios ha sido negado, confundido con el miedo, percibido como demente y considerado como un traidor a Sí Mismo. 3Si Dios es real, el dolor no existe. 4Mas si el dolor es real, entonces es Dios Quien no existe. 5Pues la venganza no forma parte del amor. 6Y el miedo, negando el amor y valiéndose del dolor para probar que Dios está muerto, ha demostrado que la muerte ha triunfado sobre la vida. 7El cuerpo es el Hijo de Dios, corruptible en la muerte y tan mortal como el Padre al que ha asesinado.

4. ¡Que la paz ponga fin a semejantes necedades! 2Ha llegado el momento de reírse de ideas tan absurdas. 3No es necesario pen­sar en ellas como si fuesen crímenes atroces o pecados secretos de graves consecuencias. 4¿Quién sino un loco podría pensar que son la causa de algo? 5Su testigo, el dolor, es tan demente como ellas, y no se debe tener más miedo de él que de las dementes ilusiones a las que ampara, y que trata de demostrar que no pue­den sino seguir siendo verdad.

5. Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. 2Nada externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno. 3No hay causa más allá de ti mismo que pueda abatirse sobre ti y oprimirte. 4Nadie, excepto tú mismo, puede afectarte. 5No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entriste­certe o de debilitarte. 6Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las cosas que ves reconociendo simplemente lo que eres. 7Conforme percibas su inocuidad, ellas aceptarán como suya tu santa voluntad. 8Y lo que antes inspiraba miedo se convierte ahora en una fuente de inocencia y santidad.

6. Santo hermano mío, piensa en esto por un momento: el mundo que ves no hace nada. 2No tiene efectos. 3No es otra cosa que la representación de tus pensamientos. 4Y será completamente dis­tinto cuando elijas cambiar de parecer y decidas que lo que real­mente deseas es el júbilo de Dios. 5Tu Ser se alza radiante en este santo júbilo, inalterado e inalterable por siempre jamás. 6¿Le nega­rías a un pequeño rincón de tu mente su propia herencia y lo conservarías como hospital para el dolor, como un lugar enfermizo a donde toda cosa viviente tiene que venir finalmente a morir?

7. Tal vez parezca que el mundo te causa dolor. 2Sin embargo, al no tener causa, no tiene el poder de ser la causa de nada. 3Al ser un efecto, no puede producir efectos. 4Al ser una ilusión, es lo que tú deseas que sea. 5Tus vanos deseos constituyen sus pesares. 6Tus extraños anhelos dan lugar a sus sueños de maldad. 7Tus pensamientos de muerte lo envuelven con miedo, mientras que en tu benévolo perdón halla vida.

8. El dolor es la forma en que se manifiesta el pensamiento del mal, causando estragos en tu mente santa. 2El dolor es el rescate que gustosamente has pagado para no ser libre. 3En el dolor se le niega a Dios el Hijo que Él ama. 4En el dolor el miedo parece triunfar sobre el amor, y el tiempo reemplazar a la eternidad y al Cielo. 5Y el mundo se convierte en un lugar amargo y cruel, donde reina el pesar y donde los pequeños gozos sucumben ante la embestida del dolor salvaje que aguarda para trocar toda alegría en sufrimiento.

9. Rinde tus armas, y ven sin defensas al sereno lugar donde por fin la paz del Cielo envuelve todas las cosas en la quietud. 2Aban­dona todo pensamiento de miedo y de peligro. 3No permitas que el ataque entre contigo. 4Depón la cruel espada del juicio que apuntas contra tu propio cuello, y deja a un lado las devastadoras acometidas con las que procuras ocultar tu santidad.

10. Así entenderás que el dolor no existe. 2Así el júbilo de Dios se vuelve tuyo. 3Éste es el día en que te es dado comprender plena­mente la lección que encierra dentro de sí todo el poder de la salvación: el dolor es una ilusión; el júbilo es real. 4El dolor es dormir; el júbilo, despertar. 5El dolor es un engaño; y sólo el júbilo es verdad.

11. Por lo tanto, volvemos nuevamente a optar por la única alter­nativa que jamás se puede elegir, ya que sólo elegimos entre las ilusiones y la verdad, entre el dolor y el júbilo, entre el Cielo y el infierno. 2Que la gratitud hacia nuestro Maestro invada nuestros corazones, pues somos libres de elegir nuestro júbilo en vez de dolor, nuestra santidad en vez de pecado, la paz de Dios en vez de conflicto y la luz del Cielo en lugar de las tinieblas del mundo.


¿Qué me enseña esta lección?

¿Quién puede desear el dolor, a la dicha?
¿Quién puede desear el miedo, al amor?
¿Quién puede desear el castigo, al perdón?
¿Quién puede desear la guerra, a la paz?
¿Quién puede desear la enfermedad, a la salud?
¿Quién puede desear la muerte, a la vida?
¿Quién puede desear la separación, a la Unidad?
¿Quién puede desear la temporalidad, a la eternidad?

Tan sólo el ego, puede desear esas cosas, antes que reconocer que su identidad es errónea.

Somos Hijos de Dios, y nuestra identificación con el mundo material, ilusorio y temporal, nos ha llevado a experimentar el sueño de la separación. Creemos ser un cuerpo que nace y culmina su misión con la muerte.  Vivimos identificados con la creencia en la culpa y nos vengamos del cuerpo haciéndole el máximo responsable de todo cuanto nos ocurre.
Creemos en el sacrificio y en el sufrimiento como vías expiatorias de la culpa que sentimos; nos vemos expatriados de nuestro verdadero hogar y sentimos temor por Aquel que nos ha expulsado del mundo paradisíaco.

Añoramos la felicidad, pero confundimos que la felicidad no depende de factores externos, si no que debemos descubrirla en nuestro interior pues forma parte de nuestra verdadera esencia: es nuestra decisión Ser lo que Somos.

Hoy elijo Ser lo que Soy: Espíritu Divino. A salvo, sano y pleno. Libre de toda limitación. Libre para perdonar. Libre para salvar al mundo.


Ejemplo-Guía: "Si elijes ser un cuerpo, el dolor lo harás real; si elijes ser un Espíritu, el dolor es una ilusión"

El Curso que estamos estudiando nos deja muy claro, que el mundo que percibimos es fruto de nuestra mente. Nos deja muy claro, que es ilusorio y temporal y que su realidad niega nuestra verdadera identidad.

Es en este sentido, que vamos a analizar el motivo del ego para dar valor y significado a la experiencia corporal y todos los efectos a los que asocia dicho cuerpo: dolor, ataque, necesidad, enfermedad, castigo, muerte, etc.

Sin dolor, el cuerpo no existiría. Sin la muerte, el propio ego, tendría dudas sobre la existencia de aquello que ha fabricado. El tiempo se convierte en su mejor aliado para dar testimonio de la evolución y decrepitud de su fabricación, de su obra maestra, el cuerpo. Sin esas señales, que se convierten en profundas huellas en las que recrearse haciendo uso del recuerdo, del pasado, el ego no tendría referencia de su existencia.

El cuerpo, no es nuestra realidad verdadera. Esa idea debe calar en nuestra mente y ha de llevarnos al despertar del sueño donde el cuerpo es el principal protagonista y guionista de lo que llamamos vida. Tanto es así, que nuestra conciencia no nos permite creer en otra realidad que no seamos capaces de percibir con los sentidos del cuerpo. Aquello que no percibo, no existe y esa visión niega nuestra verdadera identidad, la cual no es de este mundo.

¿Qué podemos hacer para vivir dentro del sueño sin dolor? Educar la mente, pues la mente es la única causa de la ilusión. Educar la mente requiere práctica y dedicación. No basta con pensar que el dolor no es real para, de forma inmediata, dejar de sentir dolor. Aunque es verdad, que la nueva visión que ha de llevarnos a ver las cosas de otra manera y por lo tanto a percibirlas de manera diferente, comienza con un cambio de pensamiento. 

Tal vez, deberíamos marcarnos una ruta. Por ejemplo, dejar de dar valor y significado a las cosas que vemos y percibimos. Dejar de juzgar dualmente. Con esta práctica, estaremos alejándonos del arraigado hábito que nos mantiene prisionero del mundo material y de su credibilidad.

El dolor forma parte del inconsciente colectivo de la humanidad. Podríamos decir, que junto a la muerte, es el arma secreta que guarda celosamente el ego para mantenernos estrechamente conectado con el cuerpo y con el pensamiento de realidad que trata de imponerle.
Si sentimos dolor no podremos negar la realidad del cuerpo. Este es el firme argumento del ego. Pero, la clave de su debilidad se encuentra en que se trata de una creencia y por lo tanto de una fabricación de nuestra mente. Por lo tanto, podemos ir a la causa y corregir el error inicial que nos ha llevado a creer en esa ilusión.

Cuando sientas dolor, no le tengas miedo. Míralo, obsérvalo y mentalmente déjalo marchar. Mentalmente, piensa que no lo necesitas para nada, pues estás directamente conectada a la Fuente que te creó y no tienes nada que temer.

Reflexión: ¿Para qué necesitamos el dolor?

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