jueves, 14 de diciembre de 2023

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 348

LECCIÓN 348

Ni mi ira ni mi temor tienen razón de ser, pues Tú me rodeas. Y Tu gracia me basta para satisfacer cualquier necesidad que yo perciba.


1. Padre, déjame recordar que Tú estás aquí y que no estoy solo. 2Pues estoy rodeado de un Amor imperecedero. 3No hay razón para nada, excepto para la paz y alegría perfectas que comparto Contigo. 4¿Qué necesidad tengo de ira o de temor, 5cuando lo único que me rodea es la seguridad perfecta? 6¿Cómo puedo sentir miedo cuando la eterna pro­mesa que me hiciste jamás se aparta de mí? 7Estoy rodeado de perfecta impecabilidad. 8¿Qué puedo temer, cuando la santidad en la que Tú me creaste es tan perfecta como la Tuya Propia?

2. La gracia de Dios nos basta para hacer todo lo que Él quiere que hagamos. 2Y eso es lo único que elegimos como nuestra voluntad, así como la Suya.

¿Qué me enseña esta lección? 

El Amor nos ofrece un camino de Paz, de Alegría, de Felicidad. El miedo nos ofrece un camino de odio, de ira, de temor, de tristeza, de infelicidad, de amargura, de dolor.

Si nos ofreciesen, con total garantías, elegir uno de esos dos caminos, ¿cuál elegiríamos?

Parece fácil la respuesta: el del amor. ¿Quién podría elegir el camino del sufrimiento, teniendo a su alcance, el de la Dicha?

Sin embargo, a pesar de que esa respuesta nos parece fácil y lógica, no debe serlo, pues elegimos, permanentemente, el camino del dolor. ¿Por qué?

La respuesta es, por temor. Sentimos miedo al amor. Nos hemos identificado tanto con el mundo material, con el mundo de la percepción, que nos parece imposible reconocer, que nuestra condición natural es la Inocencia, la Impecabilidad, la Abundancia, la Plenitud, y no la necesidad y la escasez. Pensamos que dando, perdemos lo que damos, cuando en verdad, es dando como recibimos.

Nuestro temor, tiene una procedencia ancestral. Se basa en la falsa creencia en que hemos violado la Ley de Dios, lo que nos lleva a ser víctimas de su cólera, de su ira.

Proyectamos nuestra visión sobre Él, y le otorgamos nuestras frustraciones. Vemos nuestra ira, nuestro odio, nuestro instinto vengativo, en Él, cuando en realidad nos pertenece.

Nuestro Creador es Amor y nos ha creado de ese Amor, por lo tanto, Somos Amor.

¿Qué podemos esperar del Amor? Tan sólo Amor.

Ejemplo-Guía: "Despojándonos de nuestras viejas y falsas vestiduras"

Al leer el contenido de esta Lección, se me ha venido a la mente la idea que comparto con todos vosotros y que da título al ejemplo-guía de hoy: "despojarse de las viejas vestiduras".

He tenido una visión, en la que me veía cubierto por viejos y pesados ropajes. Todos ellos eran reconocibles, pues se trataba de ropa elegida por mi con el único propósito de que me aportase la imagen deseada para cada ocasión.

Lo curioso de esa escena, era que cada vestidura se superponía una a la otra, formando un grueso equipaje ambulante que me acompañaba en cada instante. Sentía el pesado fardo sobre mi cuerpo, pero a pesar de haberse convertido en un obstáculo que me impedía caminar con soltura y libertad, no me sentía llamado a despojarme de ninguna de aquellas prendas. Me decía, puedes desechar este abrigo que se encuentra deshilachado, pero al mismo tiempo, cuando todo parecía que me iba a desprender de él, otra voz, me advertía, ¿estás seguro de lo que vas a hacer? Ten en cuenta de que el invierno es largo y puedes añorar el no contar con esa prenda de abrigo que tantos momentos de confort te han aportado. Entonces, desisto de la idea de abandonarla, lo que hubiese supuesto el experimentar un poco de más libertad.

Estas proyecciones de mi mente, me trasladan a una nueva visión, que intuyo más cercana a la verdad. Un nuevo escenario toma vida ante mis nuevos ojos. En esta ocasión, veo con total nitidez, como voy despojándome de mis viejas vestiduras. Con cada prenda, noto que me siento más ágil, más libre, más animado. Pensé, que por unos momentos iba a percibir la inclemencias del tiempo externo, pero, de manera milagrosa, no consigo percibir esa sensación. En su lugar, sí percibo una cálida brisa que envuelve a mi cuerpo, ahora desnudo, aportándole una grata sensación de bien-ser.

Comprendo, gracias a estas proyecciones que mi mente, tan generosamente, me ha ofrecido, que todas y cada una de las vestiduras que nos han acompañado a lo largo y ancho de este mundo, han tenido su papel estelar y nos han llevado a un punto del camino en el que ya no podemos continuar con ellas, pues lo que nos aguarda más allá, no da valor a sus prestaciones. Es necesario, renacer a nuestra desnudez primigenia, ese estado de Ser que nos hace Uno con nuestro Creador. Ese instante, supone el renacer del Espíritu y el fin de la personalidad pasajera, del ego. Ese instante, supone el triunfo del Amor sobre el miedo; el triunfo de la Unidad sobre la falsa creencia en la separación; supone el triunfo de la Inocencia, sobre la creencia en el pecado; el triunfo de la impecabilidad, sobre la culpa; el triunfo de la Vida, sobre la muerte, de la Eternidad, sobre el tiempo, de la Verdad, sobre la ilusión.

Reflexión: ¡Padre!, ¿Cómo puedo sentir miedo cuando la eterna pro­mesa que me hiciste jamás se aparta de mí?

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