lunes, 19 de enero de 2026

Capítulo 25. V. El estado de impecabilidad (5ª Parte).

V. El estado de impecabilidad (5ª Parte).

5. Su salvación no supone ningún sacrificio para ti, pues me­diante su libertad tú obtienes la tuya. 2Permitir que su función se realice es lo que permite que se realice la tuya. 3Y así, caminas en dirección al Cielo o al infierno, pero no solo. 4¡Cuán bella será su impecabilidad cuando la percibas! 5¡Y cuán grande tu alegría cuando él sea libre para ofrecerte el don de la visión que Dios le dio para ti! 6Él no tiene otra necesidad que ésta: que le permitas completar la tarea que Dios le encomendó. 7Recuerda única­mente esto: que lo que él hace tú lo haces junto con él. 8Y tal como lo consideres, así definirás su función con respecto a ti hasta que lo veas de otra manera y dejes que él sea para ti lo que Dios dispuso que fuese.


Este fragmento profundiza en la interdependencia de la salvación y la impecabilidad. La libertad y la salvación de tu hermano no te restan nada, sino que son la condición para tu propia libertad. Permitir que tu hermano cumpla su función (ser portador de la visión de Dios, de la inocencia y la impecabilidad) es lo que permite que tú mismo puedas cumplir la tuya. El camino hacia el Cielo o el infierno nunca se recorre en soledad: la percepción que tienes de tu hermano determina tu propio destino espiritual. Cuando logras ver su impecabilidad, experimentas una alegría profunda y recibes el don de la visión que Dios le dio para ti. La clave está en permitirle a tu hermano completar la tarea que Dios le encomendó, recordando que todo lo que él hace, lo haces tú también, y que tu percepción de él define su función en tu vida hasta que estés dispuesto a verlo como Dios lo ve.

Mensaje central del punto:

  • La salvación es un proceso compartido: la libertad de tu hermano es la tuya propia.
  • No hay sacrificio en permitir que el otro cumpla su función; al contrario, es la condición para tu propia plenitud.
  • El camino espiritual es de acompañamiento: nadie alcanza el Cielo solo.
  • La visión de la impecabilidad en el otro es fuente de alegría y de liberación para ambos.
  • Tu percepción y actitud hacia tu hermano determinan su función en tu vida y tu experiencia de la salvación.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa si, en tus relaciones, permites que el otro cumpla su función de portador de inocencia y paz, o si lo limitas con tus juicios y expectativas.
  • Recuerda que tu libertad y tu paz dependen de tu disposición a ver la impecabilidad en los demás.
  • Cuando surja el conflicto, repite: “Permito que completes la tarea que Dios te encomendó, y así ambos somos libres.”
  • Hazte consciente de que todo lo que el otro hace, lo haces tú también en el nivel de la mente: la separación es una ilusión.
  • Reflexiona al final del día: ¿He permitido hoy que mi hermano sea para mí lo que Dios dispuso que fuese?

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Permito que los demás sean para mí portadores de inocencia y visión, o los limito con mis juicios?
  • ¿Reconozco que mi libertad depende de la libertad que concedo a los demás?
  • ¿Estoy dispuesto a caminar hacia el Cielo acompañado, o insisto en la ilusión de la separación?
  • ¿Cómo puedo practicar hoy el permitir que mi hermano complete la tarea que Dios le encomendó?

Conclusión:

La impecabilidad y la salvación son experiencias compartidas. No hay sacrificio en permitir que el otro cumpla su función divina; al contrario, es la condición para tu propia libertad y alegría. El camino espiritual es de acompañamiento: sólo viendo la impecabilidad en el otro y permitiéndole ser quien Dios dispuso, puedes experimentar la plenitud del Cielo. Todo lo que el otro hace, lo haces tú también, y tu percepción de él determina tu experiencia de la salvación.

Frase inspiradora:

“Permito que completes la tarea que Dios te encomendó, y así ambos somos libres y caminamos juntos hacia el Cielo.”

Invitación práctica:

  1. Haz una pausa antes de juzgar o limitar a alguien y repite: “Permito que completes la tarea que Dios te encomendó.”
  2. Recuerda que tu alegría y tu libertad dependen de tu disposición a ver la impecabilidad en los demás.
  3. Si surge el conflicto, busca la visión de la inocencia y la paz en el otro, sabiendo que su libertad es la tuya.
  4. Reflexiona al final del día: ¿He caminado hoy hacia el Cielo acompañado, o he insistido en la separación?
  5. Haz del acompañamiento y el reconocimiento de la impecabilidad tu propósito diario.

domingo, 18 de enero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 18

LECCIÓN 18

No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.

1. La idea de hoy es un paso más en el proceso de aprender que los pensamientos que dan lugar a lo que ves nunca son neutros o irrelevantes. 2También hace hincapié en la idea, a la que posteriormente se le dará cada vez mayor importancia, de que las mentes están unidas.

2. La idea de hoy no se refiere tanto a lo que ves como a la manera en que lo ves. 2Por lo tanto, los ejercicios de hoy hacen hincapié en ese aspecto de tu percepción. 3Las tres o cuatro sesiones de práctica que se recomiendan deben hacerse de la siguiente manera:

3. Mira a tu alrededor, y a medida que selecciones los objetos para la aplicación de la idea de hoy tan al azar como sea posible, descansa tu mirada en cada uno de ellos el tiempo suficiente para poder decir:

2No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.
3Concluye cada sesión de práctica repitiendo esta afirmación más general:
4No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.
5Un minuto, o incluso menos, es suficiente para cada sesión de práctica.

¿Qué me enseña esta lección? 

Esta es, en efecto, una cuestión fundamental a tener en cuenta en nuestra relación con nuestros hermanos, pues toda relación es un aula en la que la mente aprende lo que ha decidido enseñar.

Lo que parece ser observado por los ojos es siempre interpretado por la mente. Aquello que uno ve no es lo mismo que otro ve, aun cuando ambos estén mirando la misma forma, porque la percepción no reside en los ojos, sino en el sistema de pensamiento desde el que se interpreta. Dos personas pueden contemplar una misma situación y llegar a conclusiones distintas, no porque la situación sea diferente, sino porque sus mentes están sirviendo a distintos maestros.

Cuando dos puntos de vista proceden del pensamiento correcto —es decir, cuando están alineados con el Amor— no pueden entrar en conflicto. Aunque no coincidan en la forma, convergen en el contenido, pues el Amor siempre reconoce al Amor y conduce al entendimiento, al respeto y a la unión. Esta elección es una aceptación implícita de la salvación, ya que niega la realidad de la separación.

Por el contrario, cuando el pensamiento procede del ego, inevitablemente da lugar a oposición y enfrentamiento. El conflicto externo no es sino la proyección de una decisión interna de separarse. Defender un punto de vista desde el miedo es una afirmación de la culpa, y sus efectos se experimentan como ataque, odio y lucha. Esta elección no es una causa real, pero sí una apuesta por el conflicto dentro del sueño.

La unificación de los pensamientos verdaderos no crea la Filiación —pues ésta ya es una—, pero la reconoce conscientemente. De ese reconocimiento surge la paz compartida, que se expresa en la experiencia del respeto, de la comunión y de la empatía verdadera. En el lenguaje del Curso, esto es la aceptación de la Expiación, la experiencia del milagro y la entrada en el instante santo, donde el tiempo se suspende y la mente recuerda su hogar.

Es importante reconocer que la mente tiene la capacidad de fabricar pensamientos y que éstos son la causa de lo que se percibe. Pero es aún más importante recordar que la verdadera capacidad creadora no reside en el pensamiento del ego, sino en la Mente tal como Dios la creó. Esa capacidad es la que nos mantiene unidos a nuestra Fuente, aunque la hayamos olvidado temporalmente.

El hecho de que parezcamos tener pensamientos diferentes se utiliza como argumento para justificar la creencia en la separación. Sin embargo, lo que rara vez se reconoce es que el juicio está siempre distorsionado cuando se apoya en la percepción. La percepción es variable, limitada y engañosa; no puede ser la base de un juicio verdadero.

Si, en lugar de dirigir la atención al mundo externo, la dirigiésemos hacia la mente, descubriríamos que no estamos separados en absoluto. En el nivel del Espíritu —el único nivel verdadero— nuestras mentes están unidas en la Voluntad de Dios. Allí no hay opiniones opuestas, ni puntos de vista enfrentados, ni identidades separadas. Hay una sola Filiación y una sola Voluntad compartida.

Tal como señala esta lección, no se nos pide que reflexionemos sobre lo que vemos, sino sobre cómo lo vemos. Podemos mirar desde la visión dividida del ego y percibir un mundo fragmentado, o podemos permitir que la visión del Espíritu Santo corrija nuestra percepción. Esta percepción corregida no es aún el Conocimiento, pero es la forma más elevada de visión posible dentro del sueño. Y es el medio que nos conduce suavemente al despertar.

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de la lección 18 es que reconozcas que tu percepción está condicionada por tus pensamientos pasados y que, por lo tanto, no ves nada tal como es en el presente. UCDM enseña que la mente proyecta sus recuerdos, juicios y creencias sobre todo lo que percibe, impidiendo una visión directa y verdadera. Esta lección te ayuda a tomar conciencia de la influencia del pasado en tu experiencia actual y te invita a abrirte a una percepción más limpia y presente. El sentido profundo es iniciar el proceso de liberación de las interpretaciones pasadas para poder ver con ojos nuevos.

Instrucciones prácticas:

  • Realiza la práctica tres o cuatro veces al día, durante uno o dos minutos cada vez.
  • Con los ojos abiertos, mira a tu alrededor y aplica la idea a cualquier cosa que veas, por ejemplo: “No veo esta silla tal como es ahora.”
  • Hazlo con objetos cercanos y lejanos, sin hacer distinciones entre lo que consideras importante o trivial.
  • Luego, cierra los ojos y aplica la idea a cualquier pensamiento que surja, usando la misma fórmula: “No veo este pensamiento tal como es ahora.”
  • No te preocupes si la idea te parece extraña o poco creíble; simplemente sigue las instrucciones y observa tus reacciones.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, la lección te ayuda a observar cómo tu mente está condicionada por el pasado y cómo esto afecta tu percepción del presente. 

Espiritualmente, te invita a soltar las interpretaciones y juicios automáticos para abrirte a una visión más profunda y verdadera. Al practicar, puedes empezar a soltar la identificación con el pasado y a experimentar una percepción más limpia, libre de condicionamientos. Esto te permite avanzar hacia una experiencia de paz y presencia.

Relación con el resto del Curso:

La lección 18 se conecta directamente con las lecciones anteriores sobre la proyección de pensamientos y la falta de neutralidad en la percepción. Es un paso más en el entrenamiento mental para reconocer la influencia del pasado y abrirte a la posibilidad de ver el mundo de otra manera. Esta lección prepara el terreno para futuras prácticas de perdón y transformación de la percepción, fundamentales en el proceso de UCDM.

Consejos para la práctica:

  • No te preocupes si la idea te resulta extraña o desafiante; es normal al principio.
  • Practica con una actitud abierta y curiosa, sin forzarte a creer nada.
  • Si olvidas practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes, sin culpa.
  • No excluyas ningún objeto, pensamiento o situación de la práctica, aunque te parezca irrelevante.
  • Si surge incomodidad o resistencia, obsérvala con amabilidad y sigue adelante cuando te sientas preparado.
  • Recuerda que la constancia es más importante que la perfección.

Conclusión final:

La lección 18 te invita a reconocer que tu mente está condicionada por el pasado y que, por ello, no ves nada tal como es ahora. Esta toma de conciencia es esencial para el proceso de transformación interior que propone UCDM. Al practicar, abres la puerta a una percepción más limpia y presente, y te acercas a la paz interior. Confía en el proceso, practica con paciencia y permite que cada ejercicio te acerque a la visión verdadera.

Ejemplo-Guía: "Mi cuerpo está enfermo". 

e trata de una experiencia común en todos nosotros. El cuerpo parece manifestar malestar, desarmonía o dolor, y de manera casi automática interpretamos que es el cuerpo el que origina nuestros pensamientos y estados emocionales. Creemos que el dolor corporal es la causa de lo que sentimos y pensamos, y situamos ahí el origen del problema.

Desde esta perspectiva, el cuerpo parece ser el agente que gobierna nuestra experiencia. Esta creencia está profundamente arraigada: nos vemos como observadores pasivos de un organismo que “nos ocurre”. Así, damos por hecho que el cuerpo es la causa y la mente el efecto.

Sin embargo, Un Curso de Milagros nos invita a cuestionar radicalmente esta interpretación. El Curso enseña que aquí se ha producido una inversión fundamental de causa y efecto. El cuerpo no es la causa de nada; es un efecto. Es una imagen dentro del sueño de separación, un medio a través del cual la mente expresa lo que cree acerca de sí misma.

La identificación con el cuerpo es consecuencia de un olvido más profundo: el olvido de que nuestro Ser es anterior a toda percepción y no depende de ninguna forma. Al aceptar el cuerpo como identidad, la mente se ve a sí misma como vulnerable, limitada y culpable. Desde esa creencia, el cuerpo se convierte en el escenario donde la culpa parece manifestarse en forma de enfermedad, dolor o deterioro.

El Curso no nos pide que neguemos la experiencia del cuerpo, sino que corrijamos su interpretación. La enfermedad no es un castigo ni una causa; es un símbolo. Señala que la mente está albergando pensamientos de conflicto, de ataque o de culpa, aunque estos no sean conscientes.

Por eso, la invitación no es a luchar contra el cuerpo, sino a retomar el papel de observador y dirigir la atención a la mente. No para juzgarla ni condenarla, sino para reconocer con honestidad qué pensamientos están siendo mantenidos. Tal vez aparezca un sentimiento de haber sido herido por alguien significativo; tal vez una culpa silenciosa dirigida contra uno mismo. La forma concreta no importa, porque la causa siempre es la misma: la creencia en la separación y en la pérdida de la inocencia.

El Curso nos recuerda que no necesitamos analizar el dolor ni buscar explicaciones interminables. Basta con reconocer que esos pensamientos no tienen significado real y que su efecto —el malestar— procede únicamente del valor que les hemos otorgado. Allí donde hay dolor, hay una falta de perdón; no hacia otro, sino hacia uno mismo.

El paso decisivo no es “encontrar” la culpa, sino soltarla. No porque esté mal tenerla, sino porque no sirve a ningún propósito real. La mente que se juzga no puede sanar, pero la mente que se reconoce inocente permite que la corrección tenga lugar.

Aquí se comprende el sentido profundo de deshacer. El pasado pierde autoridad. El instante presente se abre como la única oportunidad real de elegir de nuevo. Cuando la voluntad personal deja de oponerse y se alinea con la Voluntad del Padre, el conflicto se suspende. Ese instante es lo que el Curso llama un Instante Santo.

No es el cuerpo el que sana; es la mente la que deja de atacarse.
Y en ese reconocimiento, la paz comienza a extenderse sin esfuerzo.

Reflexión: ¿Por qué las creencias se convierten en fuente de división y separación?