jueves, 5 de enero de 2017

Principio 2: Los milagros de por sí no importan.

PRINCIPIO 2

Los milagros -de por sí- no importan. Lo único que importa es su Fuente, El Cual está más allá de toda posible evaluación.


En la Lección 43 del libro de ejercicios, se nos enseña que Dios es nuestra Fuente. En el punto 3 de dicha Lección se recoge lo siguiente:

“No puedes ver separado de Dios porque no puedes estar separado de Dios. 2Todo lo que haces, lo haces en Él, porque todo lo que piensas, lo piensas con Su Mente. 3Si la visión es real, y es real en la medida en que comparte el propósito del Espíritu Santo, entonces no puedes ver separado de Dios.”

Esta afirmación viene a explicar la razón por la que el término Fuente, referido en este segundo principio, se escribe con mayúsculas. Trata de enfatizar que el verdadero potencial de los milagros se encuentra en la visión verdadera, es decir, en la visión de la Unidad, pues esa es la Visión de Dios y nuestra mente es una expansión de la Suya.

El milagro tan solo se necesita allí donde se mantiene la creencia en la separación, en el pecado, en la culpa, en el dolor… Cuando el principio nos anuncia que el milagro de por sí no importa, lo que trata de indicarnos, en verdad, es que el milagro forma parte de la ilusión, pues forma parte del mundo del ego. Su corrección se lleva a cabo en el mundo irreal e ilusorio. Dentro del sueño, el milagro, nos hace consciente de que estamos soñando.

Al igual que el milagro, el perdón también forma parte del sueño, de la ilusión. Lo que la hace diferente de todas las demás ilusiones en el mundo es que el perdón es el final de la ilusión. Todas las demás ilusiones aquí realmente engendran ilusiones, de modo que refuerzan la fantasía de que estamos separados o de que el ataque es real y está justificado. El perdón es una ilusión que nos enseña que no hay ilusiones.

Lo único que en verdad importa es Dios o la creación de Dios, que es el espíritu, que es el Cristo en nosotros. En este mundo, sin embargo, el milagro sí importa, porque esa es la corrección que nos permite recordar eventualmente Quiénes somos en realidad.

La última parte de este segundo principio afirma que Dios está más allá de toda evaluación. Este término es propio del mundo dual, el que separa, analiza, escudriña, percibe  y juzga. Todo el proceso de evaluación tiene pertinencia únicamente en el mundo de la percepción, el cual no es el mundo de Dios. Dios está más allá de toda evaluación porque Él está más allá del juicio; Él está más allá de la forma; Él está más allá de la separación; Él está más allá de la percepción. El milagro sólo importa en la medida que nos enseñe que aquí nada importa.

El único propósito que tiene el mundo y que tiene el cuerpo es enseñarnos que ni el mundo ni el cuerpo, existen, pero no podemos aprenderlo sin estar aquí en un cuerpo. Es por eso que Un curso de milagros nos enseña muy claramente que no debemos negar nuestras experiencias físicas aquí o negar nuestro cuerpo (T-2.IV.3:8-11). Sólo nos dice que debemos mirarlos en una forma distinta.

Bibliografía: Los 50 Principios del Milagro - Kenneth Wapnick

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