miércoles, 5 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 186

LECCIÓN 186

De mí depende la salvación del mundo.

1. Ésta es la afirmación que algún día habrá de erradicar de toda mente todo vestigio de arrogancia. 2Éste es el pensamiento de la verdadera humildad, que no te adjudica ninguna otra función, excepto la que se te ha encomendado. 3Dicho pensamiento supone tu aceptación del papel que te fue asignado, sin insistir en que se te asigne otro. 4No se detiene a considerar qué papel es el que es adecuado para ti. 5Tan sólo reconoce que la Voluntad de Dios se hace tanto en la tierra como en el Cielo. 6Une a todas las volunta­des de la tierra en el plan celestial para la salvación del mundo, y les restituye la paz del Cielo.

2. No nos opongamos a nuestra función. 2No fuimos nosotros quienes la establecimos. 3No fue idea nuestra. 4Se nos han propor­cionado los medios para llevarla a cabo perfectamente. 5Lo único que se nos pide es que aceptemos nuestro papel con genuina humildad, y que no neguemos con un aire de falsa arrogancia que somos dignos de él. 6Poseemos la fuerza necesaria para hacer lo que se nos pide llevar a cabo. 7Nuestras mentes están perfecta­mente capacitadas para desempeñar el papel que nos asignó Uno que nos conoce bien.

3. Mientras no entiendas su significado, puede que la idea de hoy te parezca muy ardua. 2Lo único que dice es que tu Padre te recuerda todavía y te ofrece la perfecta confianza que tiene en ti, Su Hijo. 3No te pide que seas diferente de como eres en modo alguno. 4¿Qué otra cosa sino esto podría pedir la humildad? 5¿Y qué otra cosa sino esto podría negar la arrogancia? 6Hoy no deja­remos de cumplir nuestro cometido con la engañosa excusa de que es un insulto a la modestia. 7Es el orgullo el que se niega a responder a la Llamada del Propio Dios.

4. Hoy dejaremos a un lado todo vestigio de falsa humildad para poder escuchar la Voz de Dios revelarnos lo que desea que haga­mos. 2No pondremos en duda nuestra capacidad para llevar a cabo la función que Él nos ofrezca. 3Sólo estaremos seguros de que Él conoce nuestras fuerzas, nuestra sabiduría y nuestra santi­dad. 4Y si Él nos considera dignos, es que lo somos. 5Es sólo la arrogancia la que opina de otra manera.

5. Hay una manera, y sólo una, de liberarte del encarcelamiento al que te ha llevado tu plan de probar que lo falso es verdadero. 2Acepta en lugar de él el plan que tú no trazaste. 3No juzgues si eres o no merecedor de él. 4Si la Voz de Dios te asegura que la salvación necesita que tú desempeñes tu papel y que la totalidad depende de ti, ten por seguro que así es. 5Los arrogantes tienen que aferrarse a las palabras, temerosos de ir más allá de ellas y de experimentar lo que podría poner en entredicho su postura. 6Los humildes, en cambio, son libres para oír la Voz que les dice lo que son y lo que deben hacer.

6. La arrogancia forja una imagen de ti que no es real. 2Ésa es la imagen que se estremece y huye aterrorizada cuando la Voz que habla por Dios te asegura que posees la fuerza, la sabiduría y la santidad necesarias para ir más allá de toda imagen. 3Tú, a dife­rencia de la imagen de ti mismo, no eres débil. 4No eres ignorante ni impotente. 5El pecado no puede mancillar la verdad que mora en ti, ni la aflicción puede acercarse al santo hogar de Dios.

7. Esto es lo que te dice la Voz que habla por Dios. 2Y según Él te habla, la imagen se estremece e intenta atacar la amenaza que le resulta desconocida; al sentir que sus cimientos se derrumban. 3Abandónala. 4La salvación del mundo depende de ti, y no de ese pequeño montón de polvo. 5¿Qué podría esa imagen decirle al santo Hijo de Dios? 6¿Por qué tiene él que preocuparse por ella en absoluto?

8. Y así hallamos nuestra paz. 2Aceptaremos la función que Dios nos encomendó, pues toda ilusión descansa sobre la absurda creencia de que podemos inventar otra función para nosotros. 3Los papeles que nosotros mismos nos hemos auto-otorgado son inestables y parecen oscilar entre la aflicción y la dicha extática del amor y de amar. 4Podemos reír o llorar, recibir el día de buen grado o bien recibirlo con lágrimas. 5Nuestro propio ser parece cambiar según experimentamos múltiples cambios en nuestro estado de ánimo, y nuestras emociones nos remontan hacia lo alto o nos estrellan contra el suelo sumiéndonos en la desolación.

9. ¿Es éste el Hijo de Dios? 2¿Habría podido Él crear semejante inestabilidad y llamarla Su Hijo? 3Aquel que es inmutable com­parte Sus atributos con Su creación. 4Ninguna de las imágenes que Su Hijo aparenta forjar afecta lo que él es. 5Dichas imágenes revolotean por su mente como hojas arrastradas por el viento, que forman diseños fugaces y se desbandan para volverse a agrupar hasta finalmente dispersarse. 6O como los espejismos que se ven en el desierto.

10. Estas imágenes insustanciales desaparecerán y dejarán tu mente libre y serena cuando aceptes la función que se te ha enco­mendado. 2Las imágenes que fabricas sólo dan lugar a metas con­flictivas, transitorias y vagas, inciertas y ambiguas. 3¿Quién podría mantener un esfuerzo constante o poner todas sus energías y empeño en metas como éstas? 4Las funciones que el mundo tiene en gran estima son tan inciertas, que aun las más sólidas cambian por lo menos diez veces por hora. 5¿Qué se puede esperar de metas como éstas?

11. Como bello contraste, tan seguro como el retorno del sol cada mañana para disipar la noche, tu verdadera función se perfila clara e inequívocamente. 2No hay duda acerca de su validez. 3Pues procede de Uno que no conoce el error y Cuya Voz está segura de Sus mensajes. 4Éstos nunca cambiarán ni estarán en conflicto. 5Todos ellos apuntan hacia un solo objetivo, el cual pue­des alcanzar. 6Puede que tu plan sea imposible, pero el de Dios jamás puede fracasar porque Él es su Fuente.

12. Haz lo que la Voz de Dios te indique. 2Y si te pide que hagas algo que parece imposible, recuerda Quién es el que te lo pide y quién el que quiere negarse. 3Luego considera esto: ¿Quién de los dos es más probable que esté en lo cierto, 4la Voz que habla por el Creador de todas las cosas y que las conoce exactamente como son, o la distorsionada imagen de ti mismo, que es inconsistente y está confundida, perpleja e insegura de todo? 5No permitas que su voz te dirija. 6Oye en su lugar una Voz que es inequívoca y que te habla de la función que te encomendó tu Creador, Quien te recuerda y te exhorta a que te acuerdes de Él ahora.

13. Su dulce Voz llama desde lo conocido a lo que no conoce. 2Él quiere consolarte, aunque no conoce el pesar. 3Él quiere hacer una restitución, si bien goza de absoluta plenitud. 3Él quiere hacerte un regalo, si bien sabe que ya lo tienes todo. 4Él tiene Pensamientos que satisfacen cualquier necesidad que Su Hijo perciba, si bien Él no las ve. 5Pues el Amor sólo puede dar, y lo que se da en Su Nombre se manifiesta en la forma más útil posible en un mundo de formas.

14. Ésas son las formas que jamás pueden engañar, ya que proce­den de la Amorfía Misma. 2El perdón es una forma terrenal de amor, que, como tal, no tiene forma en el Cielo. 3No obstante, lo que aquí se necesite, aquí se concederá. 4Valiéndote de esta forma puedes desempeñar tu función incluso aquí, si bien el amor sig­nificará mucho más para ti cuando se haya restaurado en ti el estado de amorfía. 5La salvación del mundo depende de ti que puedes perdonar. 6Ésa es tu función aquí.


¿Qué me enseña esta lección?


Esta lección, me enseña dos aspectos de especial valor en el proceso de crecimiento de la consciencia:
·         La Libertad.
·         La Voluntad.

Si Dios fuese cruel y vengativo, tal y como lo ve el ego, ¿qué sentido tendría que no pudiese intervernir en nuestro destino para llevarnos de una manera obligatoria a la salvación? Es más, si hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza, si hemos gozado de su Unidad, ¿cómo es que nos hemos podido escindir de ese Estado?

La respuesta es obvia. Gozamos del Principio de la Libertad y del Principio de la Voluntad y Dios respeta los Principios de su Creación. No puede interferir en las decisiones que tomamos individualmente. Somos nosotros y tan sólo nosotros los que fabricamos el error o los que creamos la Verdad.

Desde este punto de vista, Dios es nuestro Referente. Es la Verdad en la que debemos inspirarnos. Nosotros como padres en el mundo físico, pretendemos dejar esa huella en nuestros hijos. Nuestro ejemplo se convierte en lecciones que nuestro descendiente asimila e integra en su conciencia, llevándole a actuar, si así lo decide, de acuerdo a esos preceptos.

De nuestra Voluntad depende la Salvación, y esto es así, pues ese ha sido el ejemplo que nos ha inspirado nuestro Padre. Él es Todo Amor y ese Valor se convierte en el camino que ha de llevarnos a la Salvación. El Amor nos llevará a ver la Unidad que nos mantiene unidos y formando parte de la Filiación. El Amor nos liberará del miedo y nos abrirá las puertas donde el perdón, sustituirá al castigo, dejando de ser el sufrimiento y el dolor, los antídotos que calmarán nuestra sed de culpa.

Para poder salvar al mundo, previamente tendremos que salvarnos a nosotros mismos, pues no podemos dar lo que no tenemos. La Visión de la Unidad es nuestra propia salvación. Al compartir esa Visión con nuestros Hermanos, es como contribuiremos a la Salvación del mundo.

Ejemplo-Guía: "Me creo un pecador y tan solo alguien santo me puede salvar"

La falsa creencia de que Dios nos expulsó del Paraíso Terrenal, de que estamos separados de nuestra Fuente, de nuestro verdadero Hogar, nos lleva a tener una visión errónea de nosotros mismos. Nos juzgamos pecadores y merecedores de todos los castigos que la "divinidad" nos manda como prueba para que nos ganemos nuestra salvación. De este modo, el dolor es deseado, el sufrimiento es confundido con un acto de amor redentor y la felicidad es negada por pensar que no somos merecedores de ella.

Bajo esa visión, hemos instituido nuestra dualidad interna en los esquemas sociales. De este modo, proyectamos nuestra santidad en aquellas personas que consideramos dignos de ser llamados Santos, maestros de dios, y asumimos el rol de pecadores, complaciéndonos en los dogmas y doctrinas promulgados por aquellos a los que hemos otorgado la condición de santos.

Fruto de nuestra ignorancia, elevamos nuestro error al nivel de la arrogancia, asumiendo que la función de la Salvación tan solo puede proceder de la santidad. Con ello, lo que estamos proclamando, es nuestra condena a permanecer prisionero del pecado y poniendo en manos de lo externo el camino que nos ha de llevar hasta la salvación. Siguiendo esa voz pecaminosa, nos lanzamos a la búsqueda de las condiciones que han de permitirnos encontrar a la persona, al santo, a la reliquia sagrada, al lugar mágico, que ha de liberarnos del pecado y aportarnos la salvación.

La Lección de hoy nos enseña, una vez más, que somos tal y como Dios nos ha creado, impecables, amorosos y dotados de una inteligencia que ha de permitirnos reconocer nuestro origen, de reconocer que somos Dioses en formación. Esa visión, lejos de ser un sacrilegio, se convierte en nuestra verdad, una verdad basada en una evidencia lógica que toda mente pura puede comprender: si Dios es Uno, su Pensamiento también lo será; si Dios es Amor, su Pensamiento también lo será; si Dios es Perfecto, Pleno y Abundante, su Pensamiento también lo será.¿Acaso su Hijo no es la emanación de Su Pensamiento? ¿Cómo puede ser su Hijo diferente al Padre?

Con la visión ilusoria de la separación, con la visión errónea de que somos un cuerpo, nos acompaña la falsa creencia en que no somos merecedores del Amor del Padre y ese desmerecimiento, se ha inscrito en nuestro inconsciente colectivo, llevándonos a proyectar permanentemente un mundo basado en el código, en el programa de la redención por la vía del sufrimiento y del dolor.

Reflexionemos desde nuestro corazón. Como padre, ¿castigarías a tu hijo por hacer uso de los atributos, de los dones, con los que lo has creado? ¿No sería más lógico, que amorosamente le dijeras, hijo, despierta tan solo es un sueño. Tú no puedes crear algo contrario a lo que eres, tan solo has creído que lo has hecho?

De mi depende la salvación del mundo. En verdad es el mundo que he fabricado y en el que me veo como un pecador, por haberlo fabricado. Tan solo yo puedo deshacer lo que he creído fabricar. En el sueño, he depositado ese poder en otros, pero ahora, consciente de lo que soy, tomo esa iniciativa y en cada sueño adopto el rol de soñador.

Comienzo la labor de salvación del mundo proclamando mi inocencia, mi impecabilidad, mi unidad con la Filiación. Dejo el juicio condenatorio y en su lugar, me dejo llevar por la Voz del Espíritu Santo, la cual me guía con la certeza del Programa que ha de llevarme de retorno al verdadero Hogar.

En ese camino de retorno, tú me acompañas.

Reflexión: La afirmación "somos Dios en formación" ¿te produce humildad o arrogancia?

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