lunes, 26 de enero de 2026

Capítulo 25. VI. Tu función especial (4ª parte).

VI. Tu función especial (4ª parte).

4. Ésta es la percepción benévola que el Espíritu Santo tiene del deseo de ser especial: valerse de lo que tú hiciste para sanar en vez de para hacer daño. 2A cada cual Él le asigna una función especial en la salvación que sólo él puede desempeñar, un papel exclusivamente para él. 3Y el plan no se habrá llevado a término hasta que cada cual descubra su función especial y desempeñe el papel que se le asignó para completarse a sí mismo en un mundo donde rige la incompleción.

Este párrafo profundiza en la idea de que el deseo de ser especial, lejos de ser condenado, puede ser transformado por el Espíritu Santo en un recurso para la sanación y la plenitud. Cada persona tiene una función única e insustituible en el plan de la salvación, y el proceso espiritual consiste en descubrir y aceptar ese papel, que es la vía para experimentar la completitud en un mundo que parece estar marcado por la carencia y la separación.

El texto parte de una visión compasiva y transformadora: el deseo de ser especial, que en el ego suele conducir a la separación, la comparación y el conflicto, es reinterpretado por el Espíritu Santo como una oportunidad para la sanación. No se trata de negar o reprimir ese deseo, sino de permitir que sea redirigido hacia un propósito más elevado: la función especial que cada uno tiene en el plan de Dios.

Esta función especial no es una tarea impuesta desde fuera, sino una expresión única de la plenitud y el amor que cada persona puede aportar al mundo. El Espíritu Santo utiliza todo lo que hemos hecho, incluso nuestros errores y deseos egocéntricos, para convertirlos en medios de sanación y de unión. El plan de la salvación es inclusivo y no estará completo hasta que cada uno descubra y acepte su papel, experimentando así la plenitud en medio de la aparente incompletitud del mundo.

Mensaje central del punto:

  • Transformación del deseo de ser especial: El Espíritu Santo no condena el deseo de ser especial, sino que lo transforma en una función especial al servicio de la sanación y la unidad.
  • Función única e insustituible: Cada persona tiene un papel exclusivo en el plan de la salvación, que nadie más puede desempeñar. No se trata de competir, sino de descubrir y aceptar la propia unicidad como un don para todos.
  • Sanar en vez de hacer daño: Todo lo que hemos hecho, incluso lo que surgió del ego, puede ser utilizado para sanar si lo ponemos en manos del Espíritu Santo.
  • El plan es inclusivo y colectivo: La plenitud del plan depende de que cada uno acepte su función. Nadie queda fuera, y la completitud se alcanza cuando todos cumplen su papel.
  • Completarse en la incompletitud: Aunque el mundo parece estar marcado por la carencia y la separación, la función especial permite experimentar la plenitud y la unidad en medio de la aparente incompletitud.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Reconocer y aceptar el deseo de ser especial: En vez de luchar contra el deseo de ser especial, obsérvalo con compasión y entrégalo al Espíritu Santo para que lo transforme en una función de servicio y amor.
  • Buscar la función especial: Pregúntate en oración o meditación: “¿Cuál es mi función especial hoy? ¿Cómo puedo ser útil y aportar sanación a mi entorno?”
  • No compararse ni competir: Deja de lado la comparación y la competencia. Tu función es única y no puede ser reemplazada ni imitada por nadie más.
  • Convertir errores en oportunidades de sanación: Todo lo que has hecho, incluso tus errores, puede ser utilizado para sanar si lo entregas con humildad y apertura.
  • Colaborar en el plan colectivo: Reconoce que tu plenitud está ligada a la plenitud de los demás. Apoya a otros en el descubrimiento de su función especial y celebra sus dones.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Cómo se manifiesta en mí el deseo de ser especial? ¿Lo reconozco, lo niego o lo juzgo?
  • ¿Estoy dispuesto a entregar ese deseo al Espíritu Santo para que lo transforme en una función de servicio y sanación?
  • ¿Percibo mi vida como una contribución única al plan de la salvación, o me comparo y compito con los demás?
  • ¿Qué dones, talentos o experiencias puedo poner al servicio de los demás hoy?
  • ¿Cómo puedo ayudar a otros a descubrir y aceptar su función especial?

Conclusión:

Este fragmento nos invita a mirar con compasión y esperanza nuestro deseo de ser especiales. No se trata de negarlo ni de juzgarlo, sino de permitir que el Espíritu Santo lo transforme en una función especial al servicio de la sanación y la unidad. Cada persona tiene un papel único e insustituible en el plan de la salvación, y la plenitud se alcanza cuando aceptamos ese papel y lo desempeñamos con amor. En un mundo marcado por la incompletitud, la función especial es el camino hacia la experiencia de la plenitud y la verdadera identidad.

Frase inspiradora:

“Hoy acepto que mi deseo de ser especial puede transformarse en una función de amor y sanación. Mi papel es único, necesario y está al servicio de la plenitud de todos.”

Invitación práctica:

Dedica unos minutos a la introspección y repite interiormente:

“Espíritu Santo, te entrego mi deseo de ser especial. Muéstrame hoy mi función especial y ayúdame a desempeñarla con amor, humildad y alegría.”

Después, observa a lo largo del día cómo puedes aportar sanación, comprensión o apoyo a quienes te rodean, recordando que tu función es única y necesaria para la plenitud de todos.

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