martes, 5 de agosto de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (4ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (4ª parte).

10. Contempla la gran proyección, pero mírala con la determina­ción de que tiene que ser sanada, aunque no mediante el temor. 2Nada que hayas fabricado tiene poder alguno sobre ti, a menos que todavía quieras estar separado de tu Creador y tener una voluntad que se oponga a la Suya. 3Pues sólo si crees que Su Hijo puede ser Su enemigo parece entonces posible que lo que has inventado sea asimismo enemigo tuyo. 4Prefieres condenar al sufrimiento Su alegría y hacer que Él sea diferente. 5Sin embargo, al único sufrimiento al que has dado lugar ha sido al tuyo propio. 6¿No te alegra saber que nada de eso es cierto? 7¿No son buenas nuevas oír que ni una sola de las ilusiones que forjaste ha substi­tuido a la verdad?

Qué difícil nos resulta creer en el mensaje esperanzador compartido por este punto. A pesar de que estamos de acuerdo al pensar que este mundo es demente, que no nos aporta paz y felicidad, sino sufrimiento y dolor, aún así seguimos rindiéndole culto a su sistema de pensamiento, el cual nos mantiene esclavos de la ilusión y del miedo.

La mente dividida nos mantiene distraídos y embelesados con la ilusión y nos permite ver la realidad, sin percibir la verdad. Continuar prestándole atención a la mente dividida es perpetuar el sufrimiento y el dolor, pues estaríamos alimentando la fuente del error que se encuentra en la creencia de la separación y en la creencia en la falsa identidad del cuerpo.

La mente recta nos brinda la oportunidad de la abstracción, del desapego de la ilusión y nos invita a ver las cosas de otra manera. El uso de la mente recta para crear nos lleva a expandir el amor y a fortalecer nuestras relaciones con la visión santa. Ese es el único camino que ha de conducirnos al encuentro con la paz y con la felicidad, pues es el único camino que nos conduce a las puertas del Cielo.

11. Son sólo tus pensamientos los que han sido imposibles. 2No puede ser que la salvación sea imposible. 3Pero sí es imposible ver a tu salvador como un enemigo y al mismo tiempo reconocerlo. 4No obstante, puedes reconocerlo como lo que es porque ésa es la Voluntad de Dios. 5Lo que Dios le confirió a tu relación santa aún se encuentra en ella. 6Pues lo que Él le dio al Espíritu Santo para que te lo diese a ti, el Espíritu Santo te lo dio. 7¿No querrías contem­plar al salvador que se te ha dado? 8¿Y no intercambiarías con gratitud la función de verdugo que le adjudicaste por la que en verdad tiene? 9Recibe de él lo que Dios le dio para ti, no lo que trataste de darte a ti mismo.

No somos hijos del pecado, ni tenemos que sentirnos culpables por haber elegido pensamientos carentes de amor e inspirados por el deseo de ser especiales. Somos hijos del Amor, el cual se fortalece en la santidad de la inocencia y de la impecabilidad. 

Si utilizamos la lógica de la razón, elegir la identidad pasajera del cuerpo físico, elegir la vía del sufrimiento y del dolor, no parece ser lo más acertado e inteligente. Si lo elegimos y seguimos haciéndolo es porque nuestra mente sirve a la ilusión y nuestros pensamientos sirven a la demencia.

La razón tiene la capacidad de disipar la niebla que no nos permite ver y percibir correctamente. La razón nos muestra un mundo donde vivir en paz y ser felices. Un mundo donde no hay carencia ni necesidades, tan sólo hay abundancia. Es un mundo imperecedero donde la igualdad y la unidad se convierten en el eslabón que nos une a la relación santa que alimentamos junto a nuestros hermanos.

Sí, quiero contemplar al Salvador que se me ha dado.

12. Más allá del cuerpo que has interpuesto entre tu hermano y tú, y reluciendo en la áurea luz que le llega desde el círculo radiante e infinito que se extiende eternamente, se encuentra tu relación santa, que Dios Mismo ama. 2¡Cuán serena descansa en el tiempo, y, sin embargo, más allá de él! a¡Cuán inmortal, y, sin embargo, en la tierra! 3¡Cuán grande el poder que en ella reside! 4El tiempo acata su voluntad, y la tierra será lo que ella disponga que sea. 5En ella no existe una voluntad separada ni el deseo de que nada se encuentre separado. 6Su voluntad no hace excepciones y lo que dispone es verdad. 7Toda ilusión que se lleva ante su perdón se pasa por alto dulcemente y desaparece. 8Pues Cristo ha renacido en su centro, para iluminar Su morada con una visión que pasa por alto al mundo. 9¿No querrías que esa santa morada fuese también la tuya? 10En ella no hay sufrimiento, sino únicamente dicha.

Si te has preguntado en alguna ocasión si es posible experimentar la relación santa en la tierra, en este punto encontrarás la respuesta. Sí, es posible. Y no tan sólo es posible, sino que es la única opción por la que debemos decidirnos. Para ello, debemos invitar al Espíritu Santo para que sea nuestro único anfitrión, para que su mente recta dirija nuestras decisiones. Pongamos todos nuestros asuntos en sus manos y nos guíe para que el amor prevalezca en nuestras relaciones.

Sustituir nuestros pensamientos de miedo por pensamientos de amor resucitará nuestra consciencia de la muerte y renaceremos bajo la luz de nuestra inocencia, de nuestra impecabilidad, de nuestra eternidad.

Que nuestra mente forme parte de la áurea luz que emana desde el círculo radiante e infinito y que en ella nos fundamos en un fraternal y luminoso abrazo con todos nuestros hermanos de Filiación.

13. Lo único que necesitas hacer para morar aquí apaciblemente junto a Cristo, es compartir Su visión. 2Su visión se le concede inmediatamente y de todo corazón a todo aquel que esté dis­puesto a ver a su hermano libre de pecado. 3Y tienes que estar dispuesto a no excluir a nadie, si quieres liberarte completamente de todos los efectos del pecado. 4¿Te concederías a ti mismo un perdón parcial? 5¿Puedes alcanzar el Cielo mientras un solo pecado aún te tiente a seguir sufriendo? 6El Cielo es el hogar de la pureza perfecta, y Dios lo creó para ti. 7Contempla a tu santo hermano, tan libre de pecado como tú, y permítele que te con­duzca hasta allí.

Ver a nuestros hermanos libres de pecado es el resultado de haber mirado en nuestro interior y no haber contemplado pecado alguno. Si vemos impecabilidad, es la señal inequívoca de que hemos elegido la inocencia y la pureza de nuestra naturaleza santa.

Hemos vencido a la creencia en la separación y ello ha sido posible gracias a que hemos elegido al guía correcto y a la visión correcta. El Espíritu Santo y Cristo ahora están presentes en mi consciencia y forman parte de mis pensamientos. He elegido de nuevo y es mi voluntad servir al amor y a la unidad.

Mi propósito aquí en la tierra se circunscribe a la voluntad de colaborar en el plan de salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo. Para ello, hermano, reconozco tu valía, reconozco tu pureza, tu inocencia y te reconozco como mi salvador, ofreciéndome la oportunidad de andar el camino que nos conduce a la salvación, junto a ti.

lunes, 4 de agosto de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (3ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (3ª parte).

7. No abandones a tu hermano ahora, pues vosotros que sois lo mismo no decidiréis por separado ni en forma diferente. 2Os dais el uno al otro o bien vida o bien muerte; sois cada uno el salvador del otro o su juez, y os ofrecéis refugio o condenación. 3Este curso o bien se creerá enteramente o bien no se creerá en absoluto. 4Pues es completamente cierto o completamente falso, y no puede ser creído sólo parcialmente. 5Y tú te escaparás enteramente del sufri­miento o no te escaparás en absoluto. 6La razón te dirá que no hay un lugar intermedio donde te puedas detener indeciso, esperando a elegir entre la felicidad del Cielo o el sufrimiento del infierno. 7Hasta que no elijas el Cielo, estarás en el infierno y abatido por el sufrimiento.

La idea de la inmutabilidad de la verdad, de lo que es real, se fortalece con el contenido de este punto. Ya habíamos reflexionado sobre este tema y veíamos cómo la verdad no puede ser verdad a medias, ni puede ser verdad ahora y mañana no. La verdad es eterna y no está sujeta al cambio ni a la temporalidad. Por esa condición, la verdad es verdad.

Si nuestra naturaleza verdadera es la espiritual, significa que en todas las situaciones, esto es, eternamente, seremos espirituales. No podemos creer que podemos ser un cuerpo y al mismo tiempo un espíritu. Esto es imposible, ya que si el cuerpo está sujeto a las leyes de la temporalidad, entonces no puede gozar de la condición que otorga la eternidad.

Soy consciente del reto que estas afirmaciones nos plantean, pues a pesar de sentirnos atraídos por las enseñanzas espirituales, por las enseñanzas de este Curso, no nos sentimos con la firmeza mental para declarar que somos, en todas las situaciones, seres espirituales. Cuando nuestra mente presta atención a los asuntos mundanos, queda prisionera de sus vibraciones, del miedo, del sufrimiento, del dolor, de la pérdida, etc.

Para alcanzar el estado de inmutabilidad al que nos invita la verdad, debemos elegir desde la certeza, desde la fe, que nos ofrece la visión de que somos el Hijo de Dios.  A pesar de percibirnos en un ropaje temporal, dicho ropaje es ilusorio y, al desaparecer, nuestra naturaleza espiritual emergerá con la fuerza de su esencia, con la fuerza del amor.

8. No hay ninguna parte del Cielo de la que puedas apropiarte y tejer ilusiones de ella. 2Ni hay una sola ilusión con la que puedas entrar en el Cielo. 3Un salvador no puede ser un juez ni la miseri­cordia puede ser condenación. 4Y la visión no puede condenar, sino únicamente bendecir. 5Aquel Cuya función es salvar, salvará. 6Cómo lo ha de lograr está más allá de tu entendimiento, pero cuándo lo va a hacer está en tus manos. 7Pues el tiempo es una invención tuya y, por lo tanto, lo puedes gobernar. 8No eres esclavo de él ni del mundo que fabricaste.

El mundo que percibimos es ilusorio dado que su percepción está originada por el pensamiento dividido, por la creencia en la separación. El Cielo en cambio, es el Estado del Ser Uno. Su visión es Cristo al representar la fuerza del amor y de la unidad. En el Cielo vivimos formando parte de la verdad y el lenguaje con el que nos comunicamos es el pensamiento directo emanado desde las mentes unidas.

Nos aclara Jesús en este punto que nuestra función es salvar y que el modo en cómo lo haremos está más allá de nuestro entendimiento. En cambio, el cuándo lo haremos sí está en nuestras manos, dado que el tiempo es una invención nuestra y lo podemos gobernar. Con ello nos está invitando a que tomemos la decisión que sí podemos elegir, la de prestarnos a la tarea de compartir nuestra salvación interior con el resto de nuestros hermanos.

9. Examinemos más de cerca la ilusión de que lo que tú fabricaste tiene el poder de esclavizar a su hacedor. 2Esta es la misma creen­cia que dio lugar a la separación. 3Es la idea insensata de que los pensamientos pueden abandonar la mente del pensador, ser dife­rentes de ella y oponerse a ella. 4Si eso fuese cierto, los pensa­mientos no serían extensiones de la mente, sino sus enemigos. 5Aquí vemos nuevamente otra forma de la misma ilusión fundamental que ya hemos examinado muchas veces con anterioridad. 6Sólo si fuese posible que el Hijo de Dios pudiera abandonar la Mente de su Padre, hacerse diferente y oponerse a Su Voluntad, sería posible que el falso ser que inventó, y todo lo que éste fabricó, fuesen su amo.

Una de las ideas principales que nos enseña este curso es que la idea, el pensamiento, sigue a su fuente. Con ello lo que trata de enseñarnos es que un pensamiento no puede ser diferente de la fuente de donde ha emanado. El Hijo de Dios ha sido creado a imagen y semejanza de su creador, siguiendo el principio que hemos anunciado al principio. El Hijo de Dios puede crear porque es tal y como Dios lo ha creado, tiene sus mismos atributos creadores, lo que significa que está unido a Su Fuente.

A pesar de ello, la mente puede dividirse y creer que puede tener pensamientos diferentes a su fuente original, esto es, pensamientos que sean diferentes a los emanados desde dicha fuente. Eso le otorgaría una identidad distinta, individual y no compartida con Su Fuente y con el resto de la creación. Ese pensamiento sirve al deseo de ser especial y da lugar a la creencia del ego.

viernes, 1 de agosto de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (2ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (2ª parte).

4. La razón te diría que la única manera de escaparte del sufri­miento es reconociéndolo y tomando el camino opuesto. 2Toda ver­dad es lo mismo y todo sufrimiento es lo mismo también, pero ambos son diferentes entre sí desde cualquier punto de vista, en toda circunstancia y sin excepción. 3Creer que puede haber una sola excepción es confundir lo que es lo mismo con lo que es diferente. 4Una sola ilusión que se abrigue y se defienda contra la verdad priva a ésta de todo significado y hace que todas las ilu­siones sean reales. 5Tal es el poder de la creencia, 6la cual es inca­paz de transigir. 7Y la fe en la inocencia sería fe en el pecado si la creencia excluyera una sola cosa viviente y le negase la bendición de su perdón.

La inmutabilidad de la verdad se basa en la ley de la eternidad. Si es verdad, siempre lo será y siempre lo ha sido. La verdad no acepta matices. Los matices, las diferencias, las especializaciones proceden del sistema de pensamiento del ego. El desconocimiento de nuestra verdadera naturaleza nos lleva a percibirnos como personalidades que cambian y evolucionan. Pero lo que parece evolucionar y cambiar no es la mente recta que sirve al amor y a la unidad, sino la mente errada que nos lleva a percibir un mundo cuya dimensión es temporal e ilusoria.

La Expiación nos guía para recordar nuestra realidad, nuestra verdad. Es la elección de abandonar el sistema de pensamiento del ego como la fuente que nos conduce a vivir en el mundo del miedo y de lo efímero, para regresar a nuestro verdadero hogar, donde la ley de la unidad y del amor nos permitirá fundirnos con el gozo de Dios.

5. Tanto la razón como el ego te dicen eso mismo, pero la inter­pretación que hacen de ello es completamente diferente. 2El ego te asegura ahora que es imposible que puedas ver a nadie libre de culpa. 3Y si esta manera de ver es la única que puede liberarte de la culpabilidad, entonces la creencia en el pecado no puede sino ser eterna. 4Pero la razón ve eso de otro modo, pues la razón ve que la fuente de una idea es lo que hace que ésta sea cierta o falsa. 5Esto tiene que ser así, si la idea es semejante a su fuente. 6Por lo tanto -dice la razón- si el propósito que se le asignó al Espíritu Santo fue ayudarte a escapar de la culpabilidad, y ese propósito le fue dado por Aquel para Quien nada que Su Volun­tad disponga es imposible, los medios para lograr ese objetivo tienen que ser más que posibles. 7Tienen que existir y tú tienes que estar en posesión de ellos.

Me atrevería a decir que Jesús emplea el uso de la "lógica pura" para explicar el contenido de este punto. Siguiendo su ejemplo, podemos admitir que el ego es incapaz de reconocer que puede haber alguien libre de culpa. Pues de haberla, ello significaría que ha negado la identidad del ego, la cual surge tras elegir el pensamiento de ser especial. Siguiendo esta lógica, el ego fundamenta su fe en la creencia de que todos somos pecadores y, por lo tanto, no podemos estar libres de culpa.

Desde el punto de vista de la razón y dado que toda idea sigue a su fuente, la mente recta sirve al amor y a la unidad, lo que nos favorece el pensamiento de impecabilidad y de inocencia. El Espíritu Santo es la Mente Recta y se encuentra en la parte de nuestra mente que no ha olvidado la verdad y que nos lleva a reconocernos como Hijos de Dios. La visión del Espíritu Santo está libre de pecado y de culpa. Luego, la pureza y la santidad se encuentran en nuestro interior, en espera de que sea nuestra elección.

6. Esta es una etapa crucial en este curso, pues en este punto tiene que tener lugar una completa separación entre tú y el ego. 2Pues si ya dispones de los medios para dejar que el propósito del Espí­ritu Santo se alcance, dichos medios pueden utilizarse. 3A medida que los utilices, tu fe en ellos será cada vez mayor. 4Para el ego, sin embargo, eso es imposible, y nadie emprende lo que no ofrece ninguna esperanza de poderse lograr. 5Tú sabes que lo que la Voluntad de tu Creador dispone es posible, pero aquello que tú inventaste no lo cree. 6Ahora tienes que elegir entre ti y lo que es sólo una ilusión de ti. 7No ambas cosas, sino una sola. 8No tiene objeto intentar eludir esta decisión. 9Hay que tomarla. 10La fe y la creencia pueden inclinarse hacia cualquiera de esas dos opciones, pero la razón te dice que el sufrimiento se encuentra únicamente en una de ellas y la dicha en la otra.

Para el ego, alcanzar el propósito del Espíritu Santo, la visión de la unidad, se convierte en el deseo de unir los cuerpos, fortaleciendo su realidad en el nivel perceptivo.

El ego no cree en la unión de las mentes, pues su visión se circunscribe al nivel de lo que percibe a través de los sentidos. Si no lo veo, si no lo percibo, no existe.

Este punto es considerado por Jesús como crucial. A lo largo de la enseñanza que estamos recibiendo, se nos ha facilitado información para facilitar la comprensión de nuestra verdadera naturaleza. Estamos capacitados para comprender que el mundo tal y como lo percibimos no nos aportará la felicidad eterna que añoramos. Ahora sabemos que dicho mundo y dicha percepción responden a un pensamiento erróneo que nos ha llevado a creer que nuestra naturaleza es pecadora. El plan de salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo lo invita a elegir de nuevo, pues todo error puede ser corregido si dirigimos nuestra mente en la dirección correcta.

Es esa la etapa crucial a la que Jesús nos hace referencia. Nos invita a elegir, sin dudas y con la certeza de que la elección que tenemos que hacer es servir a Dios y no al ego, es decir, extender el amor que somos y desechar cualquier pensamiento que alimente al miedo.

jueves, 31 de julio de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (1ª parte).

 II. La impecabilidad de tu hermano (1ª parte).

1. Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión, sino la verdad. 2Sólo para el ego, para el que la verdad no tiene significado, pare­cen ser las ilusiones y la desilusión las únicas alternativas, las cuales son diferentes entre sí. 3Pero en verdad son lo mismo. 4Ambas aportan el mismo cúmulo de sufrimiento, aunque cada una parece ser la única manera de escaparse de la aflicción que la otra ocasiona. 5Toda ilusión alberga dolor y sufrimiento entre los tenebrosos pliegues de las pesadas vestiduras tras las que oculta su inexistencia. 6Sin embargo, esas sombrías y pesadas vestiduras son las que cubren a aquellos que van en pos de ilusiones, y las que los mantienen ocultos del júbilo de la verdad.

Comienza Jesús este apartado dedicado a la impecabilidad de tu hermano definiendo con claridad que el sistema de pensamiento del ego tiene puesta su fe en que la ilusión es la fuente donde ha de buscar la felicidad y, sin embargo, su percepción, en este sentido, es errónea, ya que aquello que percibe, la ilusión, no es real, no es verdad. Para el ego, la ilusión es la verdad y la desilusión, lo contrario.

Para la mente recta, tanto la ilusión como la desilusión forman parte del mismo error, pues ambas proceden de la creencia falsa en la separación, la cual es la causa del sufrimiento y del dolor. Todo lo ilusorio es perecedero y la pérdida nos causa dolor y nos lleva a pensar que nuestra naturaleza pecaminosa es vulnerable y exige el castigo divino por nuestra transgresión.

2. La verdad es lo opuesto a las ilusiones porque ofrece dicha. 2¿Qué otra cosa sino la dicha podría ser lo opuesto al sufri­miento? 3Abandonar un tipo de sufrimiento e ir en busca de otro no es un escape. 4Cambiar una ilusión por otra no es realmente un cambio. 5Tratar de encontrar felicidad en el sufrimiento es una insensatez, pues ¿cómo se iba a poder encontrar felicidad en el sufrimiento? 6Lo único que se puede hacer en el tenebroso mundo del sufrimiento es seleccionar algunos aspectos de él, ver­los como si fuesen diferentes y luego definir la diferencia como felicidad. 7Percibir una diferencia donde no la hay, no obstante, realmente no cambia nada.

El ego surge como consecuencia de elegir un pensamiento de escasez, de necesidad. Este pensamiento se opone frontalmente a la verdad, pues en realidad, en virtud de nuestra condición divina, hemos heredado la plenitud y la abundancia de nuestro creador. Somos tal como Dios nos ha creado. Por ello, es imposible que no seamos tal y como es Él: Perfecto e impecable.

El deseo de ser especial embriagó la mente con el propósito de ver una dimensión distinta a la de nuestro creador. En el Mundo de Dios Todo es Uno. Pero la mente, aliada con el deseo de individualidad, propició la percepción de un nivel donde el amor y la unidad fueron sustituidos por el miedo y por la división. A partir de esa elección nos creímos separados de la Fuente de la que emanamos y surgió el pensamiento del pecado, el cual se personificó en la identidad del cuerpo físico.

El mundo de paz y felicidad de Dios, pasó al olvido y en su lugar nuestros ojos se abrieron para percibir un mundo donde las leyes de la temporalidad nos llevarían a experimentar el sufrimiento, el dolor y la muerte.

3. Lo único que hacen las ilusiones es ocasionar culpabilidad, sufrimiento, enfermedad y muerte a sus creyentes. 2La forma en que las ilusiones se aceptan es irrelevante. 3A los ojos de la razón, ninguna forma de sufrimiento se puede confundir con la dicha. 4La dicha es eterna. 5Puedes estar completamente seguro de que todo lo que aparenta ser felicidad y no es duradero es realmente miedo. 6La dicha no se convierte en pesar, pues lo eterno no puede cambiar, pero el pesar puede volverse dicha, pues el tiempo cede ante lo eterno. 7Únicamente lo eterno permanece inmutable, 8pero todo lo que se encuentra en el tiempo puede cambiar con el paso de éste. 9No obstante, para que el cambio sea real y no imaginado, las ilusiones tienen que ceder ante la verdad y no ante otros sue­ños igualmente irreales. 10Eso no sería diferente.

Jesús nos aporta en este punto una información muy interesante y esperanzadora. La ilusión, el mundo que percibimos con nuestros ojos físicos y que procede, como hemos visto, de la creencia en la separación, o lo que es lo mismo, de la elección de ser distinto a Dios, al estar bajo la regencia de las leyes de la temporalidad, no nos puede llevar a la felicidad permanente, pues tan sólo lo eterno es inmutable.

El ego se regocija de sus logros, de sus posesiones, de sus conquistas, pero ese regocijo nada tiene que ver con la dicha eterna, pues el solo hecho de pensar en su pérdida nos produce temor y miedo. El miedo nunca aporta felicidad y es la causa principal que nos lleva a no gozar en nuestras relaciones de la felicidad y el amor perseguido. Amamos a alguien y ese amor es tan abrasador que el miedo a perderlo limita su gozo libremente. Es cuando decidimos inventarnos mecanismos que nos garanticen la seguridad de ese amor, pero lo hacemos imponiendo condiciones a la relación. Nuestro miedo a perder el amor conquistado nos hace proyectarlo sobre el otro y lo ahogamos con nuestros temores, imponiéndole limitaciones.

miércoles, 30 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (4ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (4ª parte).

9. Ten por seguro que Dios no puso a Su Hijo en manos de quien no es digno de él. 2Solamente lo que es parte de Dios es digno de estar unido. 3Y es imposible que nada que no sea parte de Él pueda unirse. 4La comunicación tiene que haberse restablecido entre los que se unen, ya que nunca se habrían podido unir a través de sus cuerpos. 5¿Qué es lo que los ha unido, entonces? 6La razón te diría que tuvieron que haberse visto el uno al otro a través de una visión que no era del cuerpo y haberse comunicado en un lenguaje que el cuerpo no habla. 7No pudo tampoco haber sido una visión o sonido atemorizante lo que tan dulcemente los unió. 8Fue más bien que cada uno vio en el otro un perfecto refu­gio donde su Ser podía renacer a salvo y en paz. 9Así se lo dijo la razón y así lo creyó porque era la verdad.

Seguro que en alguna ocasión habrás experimentado con alguien o con muchos la vivencia de conexión no corporal a la que hace referencia este punto. Se produce a nivel mental. Es una conexión en el campo de donde emanan las ideas, las creencias. Es un reconocimiento en la mente de los demás de pensamientos con los que nuestra mente se une. Para mí, es la clara evidencia de que nuestra esencia es mental, espiritual y no física.

Cuando un conjunto de mentes se une, se siente la atracción de crear grupos donde se comparten las mismas ideas. Yo le llamo "conspiración acuariana" en alusión directa a las cualidades del signo mental Acuario, el arquetipo de la igualdad.

Hay teorías esotéricas que nos hablan de la Era de Acuario y con ello nos quieren anunciar que las vibraciones arquetípicas del Signo serán especialmente sensibles a la conciencia humana, lo que favorecerá el surgimiento de un impulso encaminado a unir las mentes, bien a través de grupos físicos, bien a través de las tecnologías actuales que favorecen y facilitan el acercamiento de ideas. La Era de Acuario se caracterizará por un cambio profundo en el modo de ver las cosas, en el renacimiento de una nueva consciencia y sobre todo, el resurgir de la visión crística, de la unidad espiritual, del trato egoísta y separatista a un trato confraternal.

10. He aquí la primera percepción directa que puedes construir. 2Y la construyes a través de una conciencia que es más antigua que la percepción, y que, sin embargo, renace en un instante. 3Pues ¿qué es el tiempo para lo que siempre ha sido como es? 4Observa lo que ese instante trajo consigo: el reconocimiento de que "aquello otro" que tú pensabas ser, era sólo una ilusión. 5Y la verdad brotó ins­tantáneamente, para mostrarte dónde se encuentra tu Ser. 6Al negar las ilusiones invitas a la verdad, pues al negarlas reconoces que el miedo no significa nada. 7En el santo hogar donde el miedo es impotente el amor entra dando las gracias, agradecido de ser uno con vosotros que os unisteis para dejarlo entrar.

La visión y el reconocimiento de la verdad comienzan con uno mismo, lo que significa que hemos elegido de nuevo quién será nuestro anfitrión. En dicha elección, va implícita la corrección del error de la creencia en la separación y en el deseo de ser especial. Ahora sabemos que la falsa identidad a la que rendíamos pleitesía era ilusoria. Ahora nos sabemos eternos y portadores de los dones de Dios. Ahora la alegría acompaña nuestros corazones y el amor se convierte en el pensamiento que compartimos con cada uno de nuestros hermanos.

El cuerpo, el símbolo de nuestra falsa identidad, deja de atemorizarnos y ya no lo interpretamos como el representante del pecado y del miedo. Ahora, ese vehículo lo utilizamos para que realice la hermosa función de manifestar el amor a través del nivel perceptivo. Vivir y experimentar el amor incondicional -relación santa- es la meta más elevada que puede alcanzarse en este mundo.

11. Cristo acude a lo que es semejante a Él; a lo que es lo mismo, no a lo que es diferente. 2Pues siempre se siente atraído hacia Sí Mismo. 3¿Qué se asemeja más a Él que una relación santa? 4Y lo que hace que tú te sientas atraído hacia tu hermano, es lo que hace que Él se sienta atraído hacia ti. 5Ahí Su dulzura y Su benévola inocencia están a salvo del ataque. 6Y ahí Él puede regresar con confianza, pues la fe que depositas en otro es la fe que depo­sitas en Él. 7No cabe duda de que estás en lo cierto al considerar a tu hermano el hogar que Cristo ha elegido, pues al hacer eso ejerces tu voluntad junto con la de Cristo y la de Su Padre. 8Esto es lo que la Voluntad de tu Padre dispone para ti, y la tuya junto con la de Él. 9Y el que se siente atraído hacia Cristo se siente atraído hacia Dios tan irremediablemente como Cristo y Dios se sienten atraídos hacia toda relación santa: la morada que ha sido preparada para Ellos a medida que la tierra se convierte en el Cielo. 

La relación santa, decíamos en la reflexión del punto anterior, es la meta más elevada que puede alcanzarse en el mundo perceptivo, pues es la manifestación del amor crístico, del amor incondicional compartido entre los Hijos de Dios.

La relación santa significa que hemos abandonado el deseo de ser especiales y hemos recuperado la visión de la unidad que nos hace uno con nuestros hermanos de Filiación. Esa visión de unidad, al ser una proyección de nuestro mundo interno, de lo que somos en verdad, nos lleva a percibir en el otro al Santo Hijo de Dios, el cual nos ofrece andar juntos el camino que ha de conducirnos a la salvación, a las puertas del Cielo.

Cuando el mundo vibre por igual a la frecuencia del amor crístico, hablará una misma lengua cuyo idioma nos hará iguales. Nuestras mentes unidas en la Fuente de Dios resplandecerán e iluminarán el lugar donde dos hermanos se bendigan mutuamente en nombre de la paz.

martes, 29 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (3ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (3ª parte).

6. De todos los mensajes que has recibido y que no has enten­dido, sólo este curso está al alcance de tu entendimiento y puede ser entendido. 2Éste es tu idioma. 3Aún no lo entiendes porque tu comunicación es todavía corno la de un bebé. 4No se puede dar credibilidad a los balbuceos de un bebé ni a lo que oye, ya que los sonidos tienen un significado diferente para él, según la ocasión. 5Y ni los sonidos que oye ni las cosas que ve son aún estables. 6Pero lo que oye y todavía no comprende será algún día su len­gua materna, a través de la cual se comunicará con los que le rodean y ellos con él. 7Y esos seres extraños y cambiantes que se mueven a su alrededor serán quienes lo consuelen, y él recono­cerá su hogar y los verá allí junto con él.

Jesús me admira una vez más con dos mensajes que resuenan en mi alma. Por un lado, nos informa de la credibilidad del curso que estamos estudiando y nos dice que está al alcance de nuestro entendimiento y puede ser atendido. 

El texto de Un Curso de Milagros, llegó a mis manos de forma providencial. Fue un regalo de una amiga que, en gratitud por los servicios que le había prestado, quiso compensármelo ofreciéndome la posibilidad de elegir varios libros. Recuerdo que invoqué a mi ser espiritual para que guiara mi mano hacia los libros que me ofrecieron escoger. Uno de ellos fue el texto mencionado. Durante un tiempo hizo compañía a otros libros que aguardaban su vez para ser leídos. Por entonces era un "devorador" de libros. Cuando le tocó su turno al Curso de Milagros, ya no pude dejar de estudiarlo con un propósito cada vez más intenso y que ganó todo mi interés hasta que me dije: "Esto es lo que buscaba".

El otro mensaje que me ha resonado en el alma es la similitud que establece Jesús con el proceso de entendimiento de un bebé y nuestro estado actual para alcanzar el nivel de entendimiento de los mensajes que este Curso nos ofrece. En este sentido, conozco muchos casos en los que los estudiantes manifiestan dificultad para entender el contenido del Texto, sobre todo aquellos en los que se ocupa de temas con un trasfondo metafísico.

Me siento afortunado al contar con cierto recorrido en lo concerniente al estudio de la metafísica y temas esotéricos. Ello me ha permitido comprender con mayor facilidad los mensajes que contiene el Curso y me ha motivado a compartir con los demás mis puntos de vista, tratando en todo momento de aplicar un método didáctico en mis aportaciones al objeto de facilitar el entendimiento del Curso. Esta labor la hago desde el corazón y totalmente desinteresada. Ya he cubierto el recorrido del estudio del Libro de Ejercicios y ahora lo estoy haciendo con el Texto.

7. Así es como renace en cada relación santa la capacidad de comunicar en vez de la de separar. 2Mas una relación santa, que apenas acaba de renacer de una relación no santa, y que, sin embargo, es más antigua que la vieja ilusión que acaba de reem­plazar, es como un bebé que ahora renaciera. 3Pero con este bebé se te devuelve la visión, ya que te hablará en un idioma que podrás entender. 4Este bebé no se nutre de "aquello otro" que tú creías ser. 5No fue dado ahí, ni tampoco fue recibido por nada excepto por ti mismo. 6Pues no es posible que dos hermanos se puedan unir, excepto a través de Cristo, Cuya visión los ve como uno.

Este punto nos aclara que la unión de dos hermanos tan sólo es posible al nivel de la consciencia crística, cuya visión es la unidad que prevalece en el Cielo, en el Reino de Dios. Ese es el verdadero significado de la relación santa, la cual va más allá de la unión de los cuerpos, lo cual no es real. Son las mentes las que se pueden unir, pues la unidad pertenece al mundo real y responde a la verdad, pues tan sólo la unidad es eterna. 

Pasar de una relación no santa a una relación santa ha de llevarnos a la verdad que acabamos de compartir. No es a través de la relación de los cuerpos, el símbolo del ego, que conseguiremos elevar la condición de la relación de no santa a santa, sino la comunión de nuestras mentes.

8. Santo hermano mío, piensa en lo que se te ha dado. 2Este infante te explicará lo que no entiendes y te lo presentará de una manera muy clara. 3Pues su idioma no será una lengua extraña. 4Él no necesitará ningún intérprete para comunicarse contigo, pues fuiste tú quien le enseñó lo que sabe debido a que tú lo sabías. 5Él no habría podido acudir a nadie excepto a ti, nunca a "aquello otro". 6Donde Cristo ha entrado nadie está solo, pues Él nunca podría encontrar Su morada entre los que creen estar separados. 7Mas Él tiene que renacer en Su hogar de antaño -tan aparentemente nuevo, y, sin embargo, tan inmemorial como Él- como un pequeño recién llegado que depende de la santidad de tu relación para sobrevivir.

El despertar de la conciencia a la visión crística transformará nuestra percepción, llevándonos a deshacernos de nuestras viejas y caducas creencias y renaciendo a un modo nuevo de ver las cosas.

3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Juan 3:3-6).

He elegido este pasaje del Nuevo Testamento para facilitar la comprensión del significado del término renacer. Jesús aclara a Nicodemo, representante de la conciencia antigua y tradicional, que el renacimiento no se produce a nivel del ego, es decir, del cuerpo, de la carne, sino a nivel espiritual, a nivel mental.

Cuando se produce ese renacimiento, nuestra manera de ver e interpretar las cosas cambia y, desde ese momento, la creencia en la separación es sustituida por la visión crística de la unidad. Esa etapa queda simbolizada en este punto con la alusión a recibir al infante, a la conciencia nueva, que nos mostrará el lenguaje que no nos resultará extraño y para el que estamos capacitados a comprender. 

lunes, 28 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (2ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (2ª parte).

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3. No te has dado cuenta de que es imposible que puedas enten­der lo que nunca puede llegar hasta ti. 2Jamás has recibido men­saje alguno que hubieses podido entender. 3Pues has estado prestándole oídos a algo que no puede comunicarse en absoluto. 4Examina, entonces, lo que ha sucedido. 5Al negar lo que eres, y al estar firmemente convencido de que eres otra cosa, esa "otra cosa" que tú has creído ser se ha convertido en tus ojos. 6Sin embargo, debe ser esa "otra cosa" la que ve, y al no ser quien tú eres te explica lo que ve. 7Tu verdadera visión haría, por supuesto, que todo esto fuese innecesario. 8Pero si tus ojos están cerrados y le pides a esa cosa que te dirija y te explique el mundo que ve, no verás razón alguna para no escuchar lo que te dice ni para sospe­char que no es verdad. 9La razón te diría que es imposible que sea verdad porque tú no lo entiendes. 10Dios no tiene secretos. 11Él no te conduce por un mundo de sufrimiento, esperando hasta el final de la jornada para decirte por qué razón te hizo pasar por eso.

Cuando el cerebro trabaja para las percepciones del cuerpo, está eligiendo sustituir la verdadera visión del espíritu por la visión de los ojos físicos. Mientras que la visión espiritual nos reconoce como seres de luz, seres espirituales, seres de amor, los ojos físicos niegan todo aquello que no sea visible a su percepción y se refuerzan con todo aquello que le permite identificar bajo el código de significados que ha convertido en su sistema de pensamiento.

Es posible educar al cerebro de acuerdo a la visión espiritual, pero para ello se requiere "nacer de nuevo", no en su sentido literal, sino en el sentido de deshacer todo el contenido de creencias que acuñamos y atesoramos en la memoria. Que respondemos como autómatas es una realidad constatada por la ciencia. El cerebro aprende y registra lo aprendido, lo que nos llevará a responder ante la vida con respuestas condicionadas por el pasado. Me veo en la necesidad, una vez más, de aconsejaros la lectura del libro "Deja de ser tú", cuyo autor es el Dr. Joe Dispenza. Su lectura te permitirá adquirir información relativa a las funciones del cerebro y a cómo podemos cambiar ese acúmulo de creencias que nos hacen comportarnos de una manera autónoma y que condicionan la visión de nuestra realidad.

4. ¿Qué podría mantenerse oculto de la Voluntad de Dios? 2Sin embargo, tú crees tener secretos. 3¿Qué podrían ser esos secretos sino otra "voluntad" tuya propia, separada de la Suya? 4La razón te diría que esto no es un secreto que deba ocultarse como si se tratase de un pecado. 5Pero ciertamente es un error. 6No permitas que tu temor del pecado impida la corrección del error, pues la atracción que ejerce la culpabilidad es sólo miedo. 7He aquí la única emoción que has inventado, independientemente de lo que aparente ser. 8He aquí la emoción de los secretos, de los pensa­mientos privados y del cuerpo. 9He aquí la emoción que se opone al amor y que siempre conduce a la percepción de diferencias y a la pérdida de la igualdad. 10He aquí la única emoción que te man­tiene en  las tinieblas, dependiente de ese otro ser que tú crees haber inventado para que te guíe por el mundo que él fabricó para ti.

Todas las mentes están unidas y toda idea sigue a su fuente. Si esto es así, es imposible mantener ocultos pensamientos que no se compartan con Dios y con Su creación, la Filiación.

Pero, como hemos tenido ocasión de estudiar a lo largo de esta enseñanza, la mente puede servir al deseo de ser especial y crear la ilusión de que podemos ser diferentes a la fuente que nos ha creado, o lo que es lo mismo, que las mentes están separadas. Desde la creencia en la separación y dado que la idea sigue a su fuente, en este caso, la mente errada, podemos rendir culto al único secreto que hemos fabricado, el de creernos pecadores y culpables de ello.

El sentimiento de culpabilidad nos hace sentirnos sucios con nosotros mismos, lo que nos lleva a mantenerlo en secreto, pero no podemos evitar el uso de la proyección al que ha dado lugar nuestro deseo de ser especial, que decidamos corregir esa culpa en lo que percibimos en los demás, ya que el otro no es reconocido en igualdad a nosotros, sino nuestro enemigo.

5. La visión se te concedió, junto con todo lo que puedes com­prender. 2No te resultará difícil comprender lo que esta visión te dice, pues todo el mundo ve sólo lo que cree ser. 3Y tú comprenderás lo que tu visión te muestre porque es la verdad. 4Única­mente tu visión puede comunicarte lo que puedes ver. 5Te llega directamente, sin necesidad de ninguna interpretación. 6Lo que necesita interpretación tiene que ser algo ajeno a ti. 7Y un intér­prete al que no entiendes nunca podrá hacer que ello sea inteligi­ble para ti.

En el mundo del ego, a diferencia del mundo espiritual, todas las cosas tienen un significado distinto. Digamos que esto es así dado que no gozan de la unidad que las mantiene unidas.

Mientras que la visión crística no permite ver la igualdad existente entre los Hijos de Dios, la visión física nos muestra la percepción de cuerpos separados y distintos entre sí. La visión crística te lleva al reconocimiento de forma directa, no requiriendo ser interpretada. Sin embargo, la visión de los ojos físicos nos muestra un mundo separado y que debe ser interpretado para ser conocido. Esta visión física responde siempre a lo que creemos ser y, como lo que creemos ser es un ser desmembrado, lo que percibe lo es también.