LA TRIBULACION SUPREMA
19 Pues serán aquellos días de tribulación tal como no lo hubo desde el principio de la creación que Dios creó hasta ahora, ni la habrá 20 Y si el Señor no abreviare aquellos días, nadie sería salvo; pero por amor de los elegidos, que Él eligió, abreviará esos días 21 Entonces, si alguno os dijere: He aquí o allí el Mesías, no le creáis. 22 Porque se levantarán falsos Mesías y falsos profetas y harán señales y prodigios para inducir a errar, si fuera posible, aun a los elegidos. 23 Pero vosotros estad sobre aviso; de antemano os he dicho todas las cosas.
Si el mensaje de tribulación, de destrucción, que Cristo está describiendo fuese dirigido al Mundo Material en el que vivimos, no tendría sentido que en el versículo 23, diga: “Pero vosotros estad sobre aviso; de antemano os he dicho todas las cosas”.
En cambio, si tendría sentido si ese “vosotros”, fuese toda la humanidad, y esa tribulación sea referente a los grandes cambios internos que se producirán en nuestra consciencia una vez que Jesús-Cristo penetra en ella.

Con Cristo descubrimos nuestro verdadero Ser; y la personalidad material con la que nos hemos identificados ahora, dejará de tener sentido, morirá.
En verdad, ese proceso de cambio esta promovido por nuestro Dios interno. El sabe mejor que nadie de nuestras necesidades, por lo que no alargará los días en los que se lleve a cabo la transmutación. Como ya hemos visto, será un periodo de luchas internas, donde las tendencias que habitaban en nuestros deseos y pensamientos, tendrán que desaparecer para dar lugar a nuevos sentimientos e ideas. Gracias al poder de la Voluntad-Padre, este tránsito se hará lo más rápidamente posible.
Cuando nuestros respectivos vehículos -mental, emocional y etérico- se eleven, aparecerán estados de consciencia que bien pueden pronunciarse como el Mesías Tal vez, el contactar conscientemente con los Mundos Espirituales, nos lleve a oír voces de falsos profetas que, aportándonos señales y prodigios, nos inducirán a error. Es preciso que no busquemos las respuestas en esas voces externas a nuestra consciencia. Es en nuestro verdadero Yo, donde se encuentra la única Voz, la del Espíritu Santo. Es en nuestro amor donde debemos descubrir al Mesías, pues es nuestro Cristo interno-Amor, el que ha de liberarnos del Mundo Material, de su apego a él.
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