domingo, 7 de agosto de 2016

La liberación de la culpa

Visión del ego:

El origen de la culpa proviene de la Biblia y sus enseñanzas, sin esa programación, habría menos sentimiento de culpabilidad. La Biblia nos enseña que todos somos pecadores:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.  Romanos 3:23

“Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera, me dio del árbol, y yo comí” Génesis 3:12

“Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: antes que el gallo cante me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”. Mateo 26:75

Proverbios 28:13 El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona alcanzará misericordia.

Génesis 4:6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has enfurecido? ¿Por qué ha decaído tu semblante? 7 Si haces lo bueno, ¿no serás enaltecido? Pero si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta y te seducirá; pero tú debes enseñorearte de él.

Salmo 32: 1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y ha sido cubierto su pecado. 2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no atribuye iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño. 3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir, todo el día. 4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; mi vigor se convirtió en sequedades de verano. (Selah) 5 Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: "Confesaré mis rebeliones a Jehová. Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah) 11 Oh justos, alegraos en Jehová y gozaos; cantad con júbilo, todos los rectos de corazón.

Isaías 1:18 "Venid, pues, dice Jehová; y razonemos juntos: Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Isaías 55:6 ¡Buscad a Jehová mientras puede ser hallado! ¡Llamadle en tanto que está cercano! 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos. Vuélvase a Jehová, quien tendrá de él misericordia; y a nuestro Dios, quien será amplio en perdonar.

Salmo 51:1 Ten piedad de mí, Oh Dios, conforme a tu misericordia. Por tu abundante compasión, borra mis rebeliones. 2 Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. 3 Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. 4 Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo ante tus ojos. Seas tú reconocido justo en tu palabra y tenido por puro en tu juicio. 5 He aquí, en maldad he nacido, y en pecado me concibió mi madre. 6 He aquí, tú quieres la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. 7 Quita mí pecado con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. 8 Hazme oír gozo y alegría, y se regocijarán estos huesos que has quebrantado. 9 Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis maldades. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva un espíritu firme dentro de mí. 11 No me eches de tu presencia, ni quites de mí tu Santo Espíritu. 12 Devuélveme el gozo de tu salvación, y un espíritu generoso me sustente. 13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. 14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación, y con regocijo cantará mi lengua tu justicia. 15 Señor, abre mis labios, y proclamará mi boca tu alabanza. 16 Porque no quieres sacrificio; y si doy holocausto, no lo aceptas. 17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no desprecias tú, oh Dios. 18 Haz bien a Sion, con tu benevolencia; edifica los muros de Jerusalén. 19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada. Entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.

Salmo 103:8 Compasivo y clemente es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia. 9 No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. 10 No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. 11 Pues como la altura de los cielos sobre la tierra, así ha engrandecido su misericordia sobre los que le temen. 12 Tan lejos como está el oriente del occidente, así hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.

Mateo 11:28 "Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga."

Lucas 7:47 Por lo cual, te digo que sus muchos pecados son perdonados, puesto que amó mucho. Pero al que se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49 Los que estaban con él a la mesa comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? 50 Entonces Jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado; vete en paz.

1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Proverbios 28:13 El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona alcanzará misericordia. 14 Bienaventurado el hombre que siempre teme, pero el que endurece su corazón caerá en el mal.

Salmo 25:7 No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis rebeliones. Conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, Oh Jehová.

Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. 9 No es por obras, para que nadie se gloríe.

2 Corintios 5:18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos ha dado el ministerio de la reconciliación: 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra de la reconciliación.

Si fuéramos a la definición netamente enciclopédica de la Culpa o Pecado, tendríamos que caminar los vericuetos de la   religión, y en ellos, encontrar que no es otra cosa más que la   transgresión de una ley o práctica sagrada, sancionada por la divinidad.
Podemos decir que en la mayoría de las religiones existe una determinada idea de lo bueno y lo malo, pero únicamente en las tradiciones judeo-cristiana e islámicas se considera la referencia característica del pecado, convirtiéndose el mal comportamiento en un crimen directo contra el Ser Supremo.
No hay libro sagrado, donde podamos encontrar más desarrollado el sentido del pecado o la culpa, como en la Biblia. Si nos adentramos a través de las Escrituras, el pecado es el elemento que enemista a los seres humanos con Dios, lo cual exige que haya arrepentimiento para obtener su perdón. En el Nuevo Testamento, el pecado es la condición humana esencial que reclama la labor redentora de Cristo.

¿Qué es la culpa desde el punto de vista del ego?

Es una vivencia interna, más o menos consciente, de haber violado una o algunas normas familiares, morales o sociales: una prohibición de no hacer algo o una exigencia de hacer algo, y por lo mismo, aparece el miedo al castigo y al rechazo. Se produce una pérdida de autoestima que es dolorosa y en algunos, tan intensa, que se la registra como un aniquilamiento psíquico.

¿Cómo se manifiesta la culpa para el ego?

Dice el Dr. Narramore en su libro Psicología de la culpa; “la mayoría de la gente no apela al castigo físico, lo sustituye por un dolor o amenaza mental de castigo”. Esto se manifiesta en diversos síntomas cuyo sentido es el intento de manejar esa vivencia dolorosa. Difícilmente aparezcan todos o se den en estado puro; lo más común es que se superpongan y entremezclen. Algunos guardan cierto parecido entre sí.

Autocondena: que puede generalizarse a toda la vida de la persona. Siente que todo lo hace mal y por tanto es digna de castigo por parte de Dios, la ley, la iglesia, etc. Les resulta difícil aceptar aún el perdón divino, aunque lo reconocen intelectualmente. Tampoco pueden perdonarse a sí mismas.

Depresiones: pueden ser de diferente intensidad: leves o profundas; periódicas o crónicas. Pueden requerir ayuda psiquiátrica.

Autocastigo: acusaciones generalmente sin una base real que pueden llevar, por ejemplo, a accidentes de todo tipo, a fracasos en distintos áreas (trabajo, pareja, familia, estudio, etc.). También pueden darse intentos suicidas.

Enfermedades físicas diversas: por ejemplo el doctor David Warburton, jefe del departamento de Psicofarmacología de la Universidad de Reading, en Gran Bretaña, señala que en casos extremos la culpabilidad puede contribuir a favorecer las infecciones o los desórdenes alimentarios.(de un artículo del diario La Capital del 5-11-97).

Conducta de tipo ejemplar: es un intento (muchas veces inconsciente) de aplacar sus sentimientos de culpa. Realiza buenas acciones, hace beneficencia, donaciones tanto sea de tiempo como económicas. Son actitudes rígidas, estereotipadas, a veces inadecuadas y que no se acompañan de paz, gozo y una vida espiritual con la libertad de Cristo. Es necesario analizar cuando esas acciones no surgen de la manifestación de un don (el de servicio o ayuda por ejemplo) sino que son neuróticas. La persona puede escudarse en muchos pasajes bíblicos para justificar sus conductas.

Hostilidad y críticas indebidas: proyecta sobre otros la hostilidad que le generan sus propios sentimientos de culpa, y produce duras y ácidas críticas de actitudes producidas por los otros y que en verdad son semejantes a las que ella misma realiza. Sería “la paja en el ojo ajeno”.

Sentir que los otros le critican permanentemente: se sienten víctimas y no reconocen lo que realmente hacen o dicen, aún cuando lastimen profundamente a los demás.

Incapacidad para disfrutar, ser felices: aún en vacaciones, como si debieran correr al tiempo que se les escapa. Puede llevar a la elección de cónyuges que profundicen los sentimientos culpógenos. O una persona se “enamora” siempre de alguien inalcanzable. Si él o ella llegan a acercarse, a interesarse, pierden el interés en forma inmediata.

No poder recibir expresiones de cariño: porque profundamente se sienten indignas. Pueden llegar a aislarse, ser muy introvertidas, de poco hablar. Es como si dijeran: “si me conocieran cómo realmente soy, no me aceptarían, me rechazarían, etc”. Es lo que hicieron Adán y Eva (Génesis 3:10)

Incapacidad de decir “no”: temen tanto el no lograr aprobación que aceptan todo aún cuando ello le signifique un compromiso o esfuerzo que exceda sus posibilidades.

Necesidad de actuar siempre bajo presión: eso aparece en cualquier tipo de tarea: escolar, de trabajo, en el hogar. Las cosas se acumulan y ello aumenta el sentimiento de culpa, pero éste la paraliza. Se produce un círculo vicioso que va aumentando en presión interna. Cuando la presión de la culpa se hace insostenible, se realiza la tarea. Lógicamente, en estas condiciones el efectuarla se torna sumamente desagradable. Entonces deja de hacerlo, se acumulan, etc. Se reinicia el ciclo.

Poner siempre a los demás antes que a uno mismo: han aprendido que todo es deber, responsabilidad y aún se apoyan en versículos bíblicos como el de Mateo 5:44,45 pero se olvidan del versículo completo de Mateo 22.39. Algunas personas tienen culpa por tener un buen pasar mientras otras mueren de hambre. No saben ser buenos administradores de lo que tienen y comprender que pueden ser usados para ayudar a algunos; no reconocen que del mundo, solo hay un Salvador.

Intento de ganar el perdón mediante regalos para ocultar su culpa: padres ausentes; que cometieron infidelidad; que castigaron injustamente pero no lo reconocen, etc. Ej. los regalos que Jacob manda para aplacar a Esaú. (Gen. 32)

Conductas inmorales: la culpa es sentida como imperdonable de modo que: “qué le hace una raya más al tigre”. Pueden ir de pareja en pareja, o tener relaciones sin ningún compromiso, o volver a la droga, etc. Muchas personas que han conocido el Evangelio y el amor de Dios, sienten que han cometido el pecado imperdonable y entonces, creen que ya no hay más perdón para ellas y se mantienen en el pecado, no pudiendo acercarse a Dios (que siempre está cerca, esperándoles). Se engañan diciendo que ya que no pueden salir, van a disfrutar del pecado. Aún llegan a negar a Dios.

Conflictos matrimoniales: la culpa por relaciones extra o prematrimoniales pueden provocar serios conflictos: rechazo más o menos encubierto por la pareja, problemas en el área sexual (frigidez, anorgasmia, impotencia, falta de eyaculación, eyaculación retardada, eyaculación precoz, etc.). También pueden darse por abortos provocados. La culpa, aunque sea inconsciente, es de ambos. Puede aparecer una esterilidad sin base física.

Sentido de inferioridad por no lograr lo que exige su Yo Ideal: en esta cultura en donde “tanto tienes tanto vales”, la falta de trabajo, de progreso, de determinados bienes, de juventud, belleza, delgadez extrema, etc. produce culpa.

Justificar las acciones para negar la culpa: la persona se dice a sí misma cosas similares a éstas: “bueno, no es tan grave”; “si otros lo hacen no puede ser tan malo”; “en verdad no quería hacerlo, quise hacer lo mejor”. Ejemplo nos da Saúl cuando desobedeció el mandamiento de Dios. (ver 1º Samuel 15:20,21).

Cuando triunfan, fracasan: esto, que parece tan absurdo, ocurre más de lo que nos imaginamos. Cuando la autoimagen es de incapacidad, pobreza, fracaso, no pueden permitirse logros por cuanto éstos movilizan una fuerte culpa inconsciente. De modo que aunque no lo pueden ver, construyen su propio fracaso. Ejemplos: a veces rinden mal una y otra vez de modo que nunca llegan a recibirse; cuando van a una entrevista por un buen empleo: se traban, o dicen algo que los desmerece; aceptan tareas en la iglesia con mucho entusiasmo, son capaces, pero al poco tiempo por diversas razones, abandonan. Etc.

Visión del Ser Espiritual:

Un Curso de Milagros

“Cuando te sientas culpable, recuerda que el ego ciertamente ha violado las leyes de Dios, pero no. Los "pecados" del ego déjamelos a mí. Ése es el propósito de la Expiación. Pero hasta que no cambies de parecer con respecto a aquellos a quienes tu ego ha herido, la Expiación no podrá liberarte. Si te sigues sintiendo culpable es porque tu ego sigue al mando, ya que sólo el ego puede experimentar culpabilidad. Eso no tiene por qué ser así”.

“Tal vez algunos de nuestros conceptos se vuelvan más claros y significativos para ti si aclaramos el uso que el ego hace de la culpabilidad. El ego tiene un propósito, al igual que el Espíritu Santo. El propósito del ego es infundir miedo porque sólo los que tienen miedo pueden ser egoístas. La lógica del ego es tan impecable como la del Espíritu Santo, ya que tu mente tiene a su disposición los medios para ponerse de parte del Cielo o de la tierra, según elija. Pero una vez más, recuerda que ambos se encuentran en ti”.

“En el Cielo no hay culpabilidad porque el Reino se alcanza por medio de la Expiación, la cual te libera para que puedas crear. La palabra "crear" es apropiada en este contexto porque una vez que el Espíritu Santo deshace lo que tú has hecho, se restaura el residuo bendito y, por consiguiente, éste continúa creando. Lo que es verdaderamente bendito es incapaz de producir culpabilidad y sólo puede producir dicha. Esto hace que sea invulnerable al ego porque su paz es inexpugnable. Lo verdaderamente bendito no es susceptible de ser alterado debido a la plenitud de la que goza. La culpabilidad siempre altera. Todo lo que genera miedo pro­duce disensión porque obedece las leyes de la división. Si el ego es el símbolo de la separación, es también el símbolo de la culpabi­lidad. La culpabilidad es más que simplemente algo ajeno a Dios. Es el símbolo del ataque contra Dios. Este concepto no tiene ningún sentido, excepto para el ego, pero no subestimes el poder que el ego le aporta al creer en él. Esta es la creencia de donde procede toda culpabilidad”.

“El ego es la parte de la mente que cree en la división. ¿Cómo iba a poder una parte de Dios separarse de Él sin creer que lo está atacando? Hablamos anteriormente del problema de la autori­dad y dijimos que se basa en el concepto de que es posible usur­par el poder de Dios. El ego cree que eso es lo que tú hiciste porque cree que tú eres él. Si te identificas con el ego, no podrás sino percibirte a ti mismo como culpable. Siempre que le hagas caso al ego experimentarás culpabilidad y temerás ser castigado”.

Manakel “El conocimiento del Bien y del Mal”

El Rostro angélico de Manakel, une las Fuerzas Estelares de los planetas Luna y Saturno, o en el argot cabalístico, de los séfiras Yesod y Binah.

Binah es conocido como Inteligencia Activa y Yesod como Fundamento y de su colaboración surge la idea matriz de “Matrona Cósmica”, pues ambos centros están especializados en la labor de “materializar la creación”. Binah y Yesod son los arquetipos de la función maternal. Ya sabemos que si en el universo no existiese esa funcionalidad, la creación no sería posible.

En Binah, encontramos el aspecto divino llamado Jehová, cuya traducción al lenguaje sagrado hebreo, es sumamente revelador: Yod-He-Vav-He.

La composición de ese nombre Sagrado, da lugar a las Leyes Divinas con las que Elohim organizó el Universo en el que nos movemos y tenemos nuestro ser. Con las Energías Espirituales dispuestas por los Zodiacales (Entidades Divinas de un rango evolutivo superior al de Elohim, el Dios de nuestro Sistema solar), la Divinidad tuvo que adaptarse a las Altas Vibraciones de esas Energías y organizar sus Elementos para que se pudiese expresar la vida en Él. Ese trabajo Mental de Dios, esa Expansión Creadora de Sí Mismo, se encuentra inscrita en la dinámica de Jehová.

Sabemos que hemos sido creados a Imagen y Semejanza del Creador, así nos lo enseñan los libros sagrados, por lo tanto somos Hijos de Dios y legítimos herederos de sus Potencialidades. Esto significa, que nosotros, en nuestras células llevamos integrado ese “programa” que nos condiciona en nuestra labor creadora. Todo cuando existe en el Universo visible e invisible, está sujeto a la dinámica Jehová.

¿Qué significa dicha dinámica?

Estamos ante las cuatros fases que forman parte de todo acto creador. La fase Yod, es la fase de la Voluntad, del Fuego, del inicio, de la semilla. La fase He, es la fase del Amor, del Agua, de la interiorización, de la tierra donde ha de enraizar la semilla. La fase Vav, es la fase de la Ley-Inteligencia, del Aire, de la exteriorización, de crecimiento de la planta y por último, la fase 2º He, es la fase de los Resultados, de la Tierra como Elemento, de los frutos, es la máxima cristalización de la energía emanada en la primer fase.

Cuando ponemos de manifiesto esta dinámica creadora, cuando integramos cada una de las fases en nuestra conciencia, al final de ese “viaje” iniciático, estaremos en condiciones de conocer lo que es bueno y lo que no lo es. Ese conocimiento es ancestral. Ya se manifestó en el origen de la creación con el “hombre Adámico”.

El precio implícito en el Conocimiento del Bien y del Mal, nos lleva a actuar y a conocer el resultado de nuestras acciones. Ese conocimiento, previamente a la fase del “hombre adámico” lo recibíamos de manera directa, pues lo recibíamos directamente de nuestro creador, al igual que el feto se alimenta de la madre durante el tiempo que permanece en su vientre. Pero ese conocimiento de Sí Mismo, debía alcanzar todas las fases del Proceso Creador, no podíamos quedarnos en la fase de inicio, de interiorización o de exteriorización, pues en esas fases (equivalentes a los 9 meses de embarazo) aún no somos conscientes del “rostro de la criatura” que hemos engendrado. Tenemos que alcanzar la última fase del proceso, la 2º He y espiritualizar la materia, de tal modo, que hagamos tangible nuestra personalidad divina.

La identificación con el rostro material del Ser, nos llevó a olvidar nuestra verdadera identidad. Ese “olvido” nos llevó a permanecer en un estado semejante a estar “dormido”, y en nuestros sueños nos vemos “separados” de nuestro Padre, lo que despierta un profundo sentimiento de “culpa”. Esa “culpa” forma parte intrínseca del proceso de aprendizaje, sin embargo, su origen forma parte de la personalidad del ego, el aspecto material con el que nos encontramos identificados. Cuando en nosotros se produzca el “despertar” de la conciencia y recordemos nuestro verdadero origen, comprenderemos que la “culpa” ya no tiene sentido: Habremos conquistado el verdadero Conocimiento del Bien y del Mal.

Fuentes consultadas: tiempodevictoria.com.ar / proyectosalonhogar.com / psicologiapopular.com / Un curso de Milagros

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