lunes, 30 de enero de 2017

Principio 17: Los milagros trascienden el cuerpo.

PRINCIPIO 17

Los milagros trascienden el cuerpo. Son cambios súbitos al dominio de lo invisible, más allá del nivel corporal. Por eso es por lo que curan.


La creencia de que somos un cuerpo necesita ser corregida, ya que es un error.

Me gustaría profundizar en esta idea y dedicar este artículo a la creencia de que somos un cuerpo y sus consecuencias en nuestro proceso espiritual.


Lo primero que tenemos que saber, es que Dios no creó el cuerpo porque el cuerpo es destructible, y, por consiguiente, no forma parte del Reino. Sin embargo, el cuerpo es el símbolo de lo que creemos ser. Al ser un  mecanismo de separación, podemos decir que no existe. A pesar de ello, el  Espíritu Santo, en la función que tiene encomendada dentro del sueño, utiliza nuestra creencia y logra que el cuerpo se  utilice como un recurso de aprendi­zaje.  El cuerpo no es real pero la mente sí lo es. La mente puede curar al cuerpo, pero el cuerpo no puede curar a la mente, lo que nos lleva a determinar que la mente tiene que ser más fuerte que el cuerpo. Nos revela el Curso que todo milagro es una demostración de esto.

La visión del ego le lleva a utilizar al cuerpo como un arma para atacar, para obtener placer y para vanagloriarse. En cambio, el Espíritu Santo ve el cuerpo solamente como un medio de comunicación, y puesto que comunicar es compartir, comunicar se vuelve un acto de comunión.

“El milagro es en gran medida como el cuerpo, en el sentido de que ambos son recursos de aprendizaje para facilitar un estado en el que finalmente se hacen innecesarios. Cuando se alcanza el estado original de comunicación directa con el espíritu, ni el cuerpo ni el milagro tienen objeto alguno. Pero mientras creas que estás en un cuerpo, puedes elegir entre canales de expresión sin amor o canales de expresión milagrosos. (T.1.V.1)

¿Qué uso debemos dar al cuerpo, a pesar de conocer que no es real, mientras que permanezcamos en el sueño?

Es importante tener una respuesta clara sobre este particular, pues como bien se recoge en el Libro de Lecciones, Hay quienes odian al cuerpo y tratan de lastimarlo y humillarlo. Otros lo veneran y tratan de glorificarlo y exaltarlo. Pero mientras tu cuerpo siga siendo el centro del concepto que tienes de ti mismo, estarás atacando el plan de Dios para la salvación y abrigando resentimientos contra Él y contra Su creación, a fin de no oír la Voz de la verdad y acogerla como Amiga. El que has elegido como tu salvador ocupa Su lugar. Él es tu amigo; Dios, tu ene­migo. (L.pI.72.7)

Tanto el que odia al cuerpo como el que lo venera participa del mismo error, pues el cuerpo no puede proporcionarte ni paz ni desasosiego, ni alegría ni dolor. Es un medio, no un fin.

El mejor uso que podemos hacer del cuerpo es utilizarlo para que nos ayude a ampliar nuestra percepción, de forma que podamos alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo.

La Lección 199 del Libro de Ejercicios, nos anuncia que no podremos ser libres mientras nos percibamos como un cuerpo, pues ecuerpo es un límite. Nos refiere, que el que busca su libertad en un cuerpo la busca donde ésta no se puede hallar. La mente puede ser liberada cuando deja de verse a sí misma como que está den­tro de un cuerpo, firmemente atada a él y amparada por su pre­sencia.

Para el Espíritu Santo el cuerpo es únicamente un medio de comunicación.

El ego separa mediante el cuerpo. El Espíritu Santo llega a otros a través de él. No percibes a tus hermanos tal como el Espíritu Santo lo hace porque no crees que los cuerpos sean únicamente medios para unir mentes, y para unirlas con la tuya y con la mía. Esta interpretación del cuerpo te hará cambiar de parecer con respecto al valor de éste. El cuerpo, de por sí, no tiene ningún valor.
Si usas el cuerpo para atacar, éste se convierte en algo perjudicial para ti. Si lo usas con el solo propósito de llegar hasta las mentes de aquellos que creen ser cuerpos para enseñarles a través del mismo cuerpo que eso no es verdad, entenderás el poder de la mente que reside en ti. Si usas el cuerpo con este fin, y sólo con este fin, no lo podrás usar para atacar. Cuando se usa con el propósito de unir se convierte en una hermosa lección de comu­nión, que tiene valor hasta que la comunión se consuma. Ésta es la forma en que Dios hace que lo que tú has limitado sea ilimitado. El Espíritu Santo no ve el cuerpo como lo ves tú porque sabe que la única realidad de cualquier cosa es el servicio que le presta a Dios en favor de la función que Él le asigna.
La comunicación pone fin a la separación. El ataque la fomenta. El cuerpo es feo o hermoso, violento o apacible, perju­dicial  o útil, dependiendo del uso que se haga de él. en el cuerpo de otro verás el uso que has hecho del tuyo. Si tu cuerpo se convierte en un medio que pones a disposición del Espíritu Santo para que Él lo use en nombre de la unión de la Filiación, no verás lo físico excepto como es. Úsalo para la verdad y lo verás correctamente. Úsalo incorrectamente y lo interpretarás mal, lo cual habrás hecho ya al usarlo incorrectamente. Interpreta cual­quier cosa sin el Espíritu Santo y desconfiarás de ello. Eso te conducirá al odio y al ataque, y hará que pierdas la paz”. (T.8.VII.1)

Es preciso que el cuerpo deje de atraernos y dejemos de prestarle ningún valor como medio de obtener algo, si queremos que nuestros pensamientos sean tan libres como los de Dios.

Debemos poner en manos del Espíritu Santo nuestra enseñanza en el uso del cuerpo. Debemos dejar de utilizar el cuerpo para fomentar la separación y el ataque y usarlo sólo como un medio de comunicación.

Alcanzado este punto, me gustaría transcribir lo que nos enseña el Libro de Ejercicios con relación a la idea que estamos tratando. Dedica un capítulo completo para explicar la visión de Un Curso de Milagros con relación al cuerpo.

¿Qué es el cuerpo?

1. El cuerpo es una cerca que el Hijo de Dios se imagina haber erigido para separar partes de su Ser de otras partes. 2Cree vivir dentro de esa cerca, para morir a medida que ésta se deteriora y se desmorona. 3Pues cree estar a salvo del amor dentro de ella. 4Al identificarse con lo que considera es su seguridad, cree ser lo que ésta es. 5¿De qué otro modo, si no, podría estar seguro de que permanece dentro del cuerpo, y de que mantiene al amor afuera?
2. El cuerpo no perdurará. 2Sin embargo, para él eso supone una doble seguridad. 3Pues la temporalidad del Hijo de Dios es la "prueba” de que sus cercas funcionan y de que están llevando a cabo la tarea que su mente les asignó. 4Pues si su unidad aún permaneciese intacta, ¿quién podría atacar y quién podría ser ata­cado? 5¿Quién podría ser el vencedor? 6¿Quién la presa? 7¿Quién podría ser la víctima? 8¿Quién el asesino? 9Y si él no muriese, ¿qué "prueba" habría de que el eterno Hijo de Dios puede ser des­truido?
3. El cuerpo es un sueño. 2Al igual que otros sueños, a veces pa­rece reflejar felicidad, pero puede súbitamente revertir al miedo, la cuna de todos los sueños. 3Pues sólo el amor puede crear de verdad, y la verdad jamás puede temer. 4Hecho para ser temeroso, el cuerpo no puede sino cumplir el propósito que le fue asignado. 5Mas podemos cambiar el propósito que el cuerpo obedece si cambiamos de parecer con respecto a su finalidad.
4. El cuerpo es el medio a través del cual el Hijo de Dios recobra la cordura. 2Aunque el cuerpo fue concebido para condenarlo al infierno para siempre, el objetivo del Cielo ha substituido a la búsqueda del infierno. 3El Hijo de Dios busca la mano de su her­mano para ayudarlo a marchar por la misma senda que él. 4Ahora el cuerpo es santo. 5Ahora su propósito es sanar la misma mente para dar muerte a la cual fue concebido.
5. Te identificarás con lo que pienses que te ha de dar seguridad. 2Sea lo que sea, creerás que ello es lo que tú eres. 3Tu seguridad reside en la verdad, no en las mentiras. 4El amor es tu seguridad. 5El miedo no existe. 6Identifícate con el amor, y estarás a salvo. 7Identifícate con el amor, y estarás en tu morada. 8Identifícate con el amor, y hallarás tu Ser.

A diferencia como piensa el ego, el cuerpo no puede hacer nada por su cuenta. Si lo consideramos como un medio de herir, será herido, si lo consideramos un medio para sanar, sanará.

Ya que hacemos mención a la salud, algunas consideraciones relacionadas con este tema y el papel del cuerpo. Pero antes veamos cómo se originó el cuerpo desde el punto de vista del ego.

Fue la capacidad de percibir la que hizo que el cuerpo fuese posible, ya que para poder percibir algo, tenemos que tener algo con el cual percibirlo. La propia capacidad de percibir, llevó al ego a la creencia de que lo percibido era fruto de su creación. Desde este punto de vista, el ego llegó a la conclusión de que era el cuerpo que percibía.

El cuerpo es el hogar que el ego ha elegido para sí. Ésta es la única identificación con la que se siente seguro, ya que la vulnera­bilidad del cuerpo es su mejor argumento de que nuestro origen no puede proceder de Dios. Ésta es la creencia que el ego apoya ferviente­mente. Sin embargo, odia al cuerpo porque no lo considera lo suficientemente bueno como para ser su hogar.

Cuando este Principio nos dice que el milagro trasciende el cuerpo, está indicándonos que no es en el cuerpo donde se encuentra la causa del error que hay que rectificar, sino en la mente.

La enfermedad es el resultado de una confusión de niveles, pues siempre com­porta la creencia de que lo que está mal en un nivel puede afectar adversamente a otro. Los milagros es un medio de corregir la confusión de niveles, ya que todos los errores tienen que corregirse en el mismo nivel en que se originaron. Sólo la mente puede errar. El cuerpo sólo puede actuar equivo­cadamente cuando está respondiendo a un pensamiento falso. El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede -error básico- ­da lugar a todos los síntomas físicos.


La curación es el resultado de usar el cuerpo exclusivamente para los fines de la comunicación y nunca para la separación. No obstante, “cuando el ego te tiente a enfermar no le pidas al Espíritu Santo que cure al cuerpo; pues eso no sería sino aceptar la creencia del ego de que el cuerpo es el que necesita curación. Pídele, más bien, que te enseñe cómo percibir correctamente el cuerpo, pues lo único que puede estar distorsionado es la percepción. Sólo la percep­ción puede estar enferma porque sólo la percepción puede estar equivocada”. (T.8.IX.1)

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