sábado, 25 de febrero de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 56

LECCIÓN 56

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (26) Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.


2¿Cómo puedo saber quién soy cuando creo estar sometido a con­tinuos ataques? 3El dolor, la enfermedad, la pérdida, la vejez y la muerte parecen acecharme. 4Todas mis esperanzas, aspiraciones y planes parecen estar a merced de un mundo que no puedo controlar. 5Sin embargo, la seguridad perfecta y la plena realiza­ción constituyen mi verdadera herencia. 6He tratado de despojarme de mi herencia a cambio del mundo que veo. 7Pero Dios la ha salvaguardado para mí. 8Mis pensamientos reales me enseña­rán lo que es mi herencia.

2. (27) Por encima de todo quiero ver.

2Al reconocer que lo que veo es un reflejo de lo que creo ser, me doy cuenta de que mi mayor necesidad es la visión. 3El mundo que veo da testimonio de cuán temerosa es la naturaleza de la imagen que he forjado de mí mismo. 4Si he de recordar quién soy, es esencial que abandone esta imagen de mí mismo. 5A medida que dicha imagen sea reemplazada por la verdad, se me conce­derá la visión. 6Y con esta visión contemplaré al mundo y a mí mismo con caridad y con amor.

3. (28) Por encima de todo quiero ver de otra manera.

2El mundo que veo mantiene en vigor la temerosa imagen que he forjado de mí mismo y garantiza su continuidad. 3Mientras siga viendo el mundo tal como lo veo ahora, la verdad no podrá albo­rear en mi conciencia. 4Dejaré que la puerta que se encuentra detrás de este mundo se abra, para así poder mirar más allá de él al mundo que refleja el Amor de Dios.

4. (29) Dios está en todo lo que veo.

2Tras cada imagen que he forjado, la verdad permanece inmuta­ble. 3Tras cada velo que he corrido sobre la faz del amor, su luz sigue brillando sin menoscabo. 4Más allá de todos mis descabe­llados deseos se encuentra mi voluntad, unida a la Voluntad de mi Padre. 5Dios sigue estando en todas partes y en todas las cosas eternamente. 6Y nosotros, que somos parte de Él, habremos de ver más allá de las apariencias, y reconocer la verdad que yace tras todas ellas.

5. (30) Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.

2En mi propia mente, aunque oculto por mis desquiciados pensa­mientos de separación y ataque, yace el conocimiento de que todo es uno eternamente. 3Yo no he perdido el conocimiento de Quién soy por el hecho de haberlo olvidado. 4Ha sido salvaguardado para mí en la Mente de Dios, Quien no ha abandonado Sus Pensa­mientos. 5Y yo, que me cuento entre ellos, soy uno con ellos y uno con Él.

¿Qué me enseñan estas afirmaciones?



Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.
  • ¿Cómo podrás lograr la paz, si le das valor a la guerra? ¿Cómo podrás vivir la felicidad, si le das cobijo a la tristeza? ¿Cómo podrás experimentar la unidad, si albergas la creencia de la separación? Atacas, porque te percibes atacado. Perdona, y serás perdonado.
Por encima de todo quiero ver.
  • Cuando tienes apetito…, comes. Cuando estás sediento…, bebes. Cuando deseas ser libre…, te apegas a tus instintos. Cuando tus ojos creen ver…, vives la ilusión del que sueña. Tus necesidades claman ser satisfechas para así convencerte de que eres real, sin embargo, permaneces ciego a tu verdadera realidad. ¿Qué quieres ver tú?
Por encima de todo quiero ver de otra manera.
  • Es mi decisión. Elijo ver la Unidad. Elijo no dar significado al miedo, a la culpa, al castigo. Elijo dar y ser abundante. Elijo dar, no para tener, sino porque es mi condición natural. Elijo Amar y no poseer. Elijo desear y no querer. Elijo ver. Elijo Ser. ¿Cómo vas a ver las cosas en tu presente actual? 
Dios está en todo lo que veo.
  • Veo a Dios en mi hermano y, a través de él, en toda la Filiación. Veo a Dios, en cada amanecer; en cada inspiración y en cada espiración; lo reconozco en cada acto de amor; en cada expresión de gozo, de alegría, de salud, de comprensión, de perdón; lo veo en las miradas; en las palabras; en los escritos; en los símbolos y en la señales; veo a Dios en mí y lo reconozco como mi Creador. ¿Dónde no ves a Dios?
Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.
  • Dios está en mi mente, pues he sido creado a su “imagen”, como una extensión de su Mente; como una emanación de su Pensamiento. Tengo la certeza de que soy Hijo de Dios y que mi heredad, me invita a ocupar su Trono cuando haya alcanzado mi mayoría de edad, cuando junto a mis hermanos de Filiación, hayamos conquistado la condición creadora. La Mente de Dios es Una y mi mente es Una con Dios y con su creación. ¿Ves a Dios en la mente de tu hermano? ¿Ves a Dios en la mente de aquel al que llamas enemigo?

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