domingo, 26 de febrero de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 57

LECCIÓN 57

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (31) No soy víctima del mundo que veo.


2¿Cómo puedo ser la víctima de un mundo que podría quedar completamente des-hecho si así lo eligiese? 3Mis cadenas están sueltas. 4Puedo desprenderme de ellas sólo con desearlo. 5La puerta de la prisión está abierta. 6Puedo marcharme en cualquier momento sólo con echar a andar. 7Nada me retiene en este mundo. 8Sólo mi deseo de permanecer aquí me mantiene prisio­nero. 9Quiero renunciar a mis desquiciados deseos y caminar por fin hacia la luz del sol.

2. (32) He inventado el mundo que veo.

2Yo mismo erigí la prisión en la que creo encontrarme. 3Basta con que reconozca esto y quedo libre. 4Me he engañado a mí mismo al creer que era posible aprisionar al Hijo de Dios. 5He estado terriblemente equivocado al creer esto, y ya no lo quiero seguir creyendo. 6El Hijo de Dios no puede sino ser libre eternamente. 7 Es tal como Dios lo creó y no lo que yo he querido hacer de él. 8El Hijo de Dios se encuentra donde Dios quiere que esté y no donde yo quise mantenerlo prisionero.

3. (33) Hay otra manera de ver el mundo.

2Dado que el propósito del mundo no es el que yo le he asignado, tiene que haber otra manera de verlo. 3Veo todo al revés y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad. 4Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios. 5Debe ser, pues, que el mundo es realmente un lugar donde él puede ser liberado. 6Quiero con­templar el mundo tal como es y verlo como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.

4. (34) Podría ver paz en lugar de esto.

2Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las leyes de Dios en lugar de las reglas que yo inventé para que él obedeciera. 3Comprenderé que es la paz, no la guerra, lo que mora en él. 4Y percibiré asimismo que la paz mora también en los corazones de todos los que comparten este lugar conmigo.

5. (35) Mi mente es parte de la de Dios. 2Soy muy santo.

3A medida que comparto la paz del mundo con mis hermanos empiezo a comprender que esa paz brota de lo más profundo de mí mismo. 4El mundo que contemplo ha quedado iluminado con la luz de mi perdón y refleja dicho perdón de nuevo sobre mí. 5En esta luz empiezo a ver lo que mis ilusiones acerca de mí mismo ocultaban. 6Empiezo a comprender la santidad de toda cosa viviente, incluyéndome a mí mismo, y su unidad conmigo.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

No soy víctima del mundo que veo.
  • Tienes la capacidad de elegir. No lo recuerdas, pero, elegiste ver el mundo a tu manera. Eliges ver el miedo. Eliges ver un mundo de separación. Eliges la culpa y eliges el dolor como vía de expiación. ¿Hasta cuándo seguirás eligiendo la vía del rigor? ¿Hasta cuándo estarás culpando a los demás de tus experiencias de sufrimiento y dolor?
He inventado el mundo que veo.
  • Ya lo recuerdas. Sí, elegiste ver el mundo a tu manera y fabricaste tu propia realidad, la misma que te lleva al sufrimiento y al padecimiento. Puedes hacerlo. Ahora sí conoces por qué te sientes víctima del mundo que has fabricado. Lo elegiste tú. Ahora eres consciente de que puedes ver las cosas de otra manera y liberarte del mundo de perdición con el que te habías identificado. ¿Qué valor darás al mundo que has inventado? ¿Te seguirás dejando seducir por los cánticos de sirena procedente del mundo que has inventado?
Hay otra manera de ver el mundo.
  • Has sembrado y has cosechado. Elegiste ver el mundo a tu manera y ese mundo te ha llevado a contemplar el riguroso rostro del dolor. ¿Seguirás sembrando la misma semilla? o ¿Eligirás ver el mundo con la visión que te legó Dios? Eres tú el sembrador. ¿Qué frutos deseas recolectar?
Podría ver paz en lugar de esto.
  • ¿Paz…?, ¿Es ese el fruto que deseas cosechar? Pues, siembra paz. ¿Unidad…?, ¿Es ese el fruto con el que te deseas alimentar? Pues, que tu pensamiento deje de ver la separación y en su lugar, vea unidad… ¿Amor…?, ¿Es ese el fruto que deseas compartir? Descúbrelo en tu interior, pues el Amor siempre ha formado parte de ti.
Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo.
  • Eres Amor, pues el Amor forma parte del Pensamiento de Dios, y tú fuiste creado como una emanación de Su Mente. Experimentar ese Amor te permitirá reconocer y conciliarte con tu santidad. Cuando tu cuerpo se manifieste en la totalidad de tu santidad, de ti emanará la dulce fragancia de un perfume que atraerá a todo aquel que necesite ser reconfortado. ¿Seguirás sintiendo miedo a pesar de que conoces que tu mente es parte de la de Dios? ¿Negarás tu santidad?

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