martes, 20 de enero de 2026

Capítulo 25. V. El estado de impecabilidad (6ª Parte).

V. El estado de impecabilidad (6ª Parte).

6. Frente al odio que el Hijo de Dios pueda tener contra sí mismo, se encuentra la creencia de que Dios es impotente para salvar lo que Él creó del dolor del infierno. 2Pero en el amor que él se muestra a sí mismo, Dios es liberado para que se haga Su Volun­tad. 3Ves en tu hermano la imagen de lo que crees es la Voluntad de Dios para ti. 4Al perdonar entenderás cuánto te ama Dios, pero si atacas creerás que te odia, al pensar que el Cielo es el infierno. 5Mira a tu hermano otra vez, pero con el entendimiento de que él es el camino al Cielo o al infierno, según lo percibas. 6Y no te olvides de esto: el papel que le adjudiques se te adjudicará a ti, y por el camino que le señales caminarás tú también porque ése es tu juicio acerca de ti mismo.

Este fragmento profundiza en la relación entre la autoimagen, la percepción del otro y la experiencia espiritual. El “odio que el Hijo de Dios pueda tener contra sí mismo” representa la autonegación, la culpa y la separación interior. Frente a esto, surge la creencia errónea de que Dios es incapaz de salvarnos del sufrimiento, lo que refuerza la sensación de estar atrapados en el dolor. Sin embargo, cuando uno se muestra amor a sí mismo —es decir, cuando se perdona y se reconoce como digno—, se libera la Voluntad de Dios, permitiendo que el amor y la salvación se manifiesten.

La percepción del hermano es clave: lo que ves en el otro es un reflejo de lo que crees que Dios quiere para ti. Si perdonas, comprendes el amor de Dios; si atacas, crees que Dios te odia y que el Cielo es un infierno. El otro se convierte así en el camino hacia el Cielo o el infierno, según cómo lo percibas. El papel que le asignas a tu hermano es el que te asignas a ti mismo, y el camino que le indicas es el que tú mismo recorrerás. Tu juicio sobre el otro es, en última instancia, un juicio sobre ti mismo.

Mensaje central del punto:

  • El amor propio es la llave para permitir que la Voluntad de Dios se realice en ti.
  • La percepción que tienes de tu hermano determina tu experiencia espiritual: el otro es tu camino al Cielo o al infierno.
  • El perdón es el medio para comprender el amor de Dios; el ataque refuerza la creencia en la separación y el sufrimiento.
  • El papel que adjudicas al otro es el que te adjudicas a ti mismo; tu juicio sobre el otro es tu juicio sobre ti.
  • El camino espiritual es compartido: lo que das, recibes; lo que ves en el otro, lo ves en ti.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa cómo te tratas a ti mismo: ¿te muestras amor y comprensión, o te juzgas y atacas?
  • Cuando surja un conflicto con otra persona, pregúntate: “¿Estoy viendo en el otro el camino al Cielo o al infierno? ¿Qué papel le estoy adjudicando?”
  • Practica el perdón, recordando que al perdonar al otro, te perdonas a ti mismo y permites que el amor de Dios se manifieste.
  • Si te descubres atacando o juzgando, repite: “El papel que te adjudico es el que me adjudico a mí. El camino que te señalo es el que yo mismo recorreré.”
  • Reflexiona al final del día: ¿He permitido hoy que mi percepción del otro sea un reflejo de amor y perdón, o de juicio y separación?

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Reconozco que mi percepción del otro es un reflejo de mi propia autoimagen y de lo que creo que Dios quiere para mí?
  • ¿Estoy dispuesto a ver en el otro el camino al Cielo, permitiendo que el perdón y el amor sean mi guía?
  • ¿Cómo puedo practicar hoy el amor propio y el perdón, sabiendo que así permito que la Voluntad de Dios se realice en mí?
  • ¿Qué papel le estoy adjudicando a mi hermano en mi vida? ¿Es un papel de condena o de liberación?
  • ¿Puedo aceptar que el juicio que hago sobre el otro es, en realidad, un juicio sobre mí mismo?

Conclusión:

El fragmento nos recuerda que la impecabilidad y la salvación son experiencias compartidas y que la percepción del otro es el espejo de nuestra relación con nosotros mismos y con Dios. El perdón y el amor propio son las llaves que abren la puerta a la experiencia del Cielo. El camino espiritual no se recorre en soledad: lo que damos, recibimos; lo que vemos en el otro, lo vemos en nosotros. Al elegir ver la impecabilidad y el amor en el otro, elegimos el Cielo para ambos.

Frase inspiradora:

“Veo en ti el camino al Cielo, y el papel que te adjudico es el que acepto para mí. Al perdonarte, me permito experimentar el amor de Dios.”

Invitación práctica:

  1. Haz una pausa antes de juzgar o atacar a alguien y repite: “El papel que te adjudico es el que me adjudico a mí.”
  2. Recuerda que tu experiencia espiritual depende de tu disposición a ver la impecabilidad en los demás.
  3. Si surge el conflicto, busca el perdón y el amor propio, sabiendo que así permites que la Voluntad de Dios se realice en ti.
  4. Reflexiona al final del día: ¿He caminado hoy hacia el Cielo acompañado, o he insistido en la separación?
  5. Haz del perdón y del reconocimiento de la impecabilidad tu propósito diario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario