viernes, 3 de marzo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 62

LECCIÓN 62

Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.


1. Tu perdón es lo que lleva a este mundo de tinieblas a la luz. 2Tu perdón es lo que te permite reconocer la luz en la que ves. 3El perdón es la demostración de que tú eres la luz del mundo. 4Mediante tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti. 5En tu perdón, por lo tanto, reside tu salvación.

2. Las ilusiones que tienes acerca de ti y acerca del mundo son una y la misma. 2Por eso es por lo que todo perdón es un regalo que te haces a ti mismo. 3Tu meta es descubrir quién eres, al haber negado tu Identidad atacando a la creación y a su Creador. 4Ahora estás aprendiendo a recordar la verdad. 5Para ello, el ataque tiene que ser reemplazado por el perdón, de manera que los pensa­mientos de vida puedan reemplazar a los pensamientos de muerte.

3. Recuerda que en todo ataque apelas a tu propia debilidad, mientras que cada vez que perdonas apelas a la fortaleza de Cristo en ti. 2¿Te vas dando cuenta, pues, de lo que el perdón hará por ti? 3Eliminará de tu mente toda sensación de debilidad, de tensión y de fatiga. 4Arrasará con todo vestigio de temor, culpabilidad y dolor. 5Reinstaurará en tu conciencia la invulnerabilidad y el poder que Dios le confirió a Su Hijo.

4. Regocijémonos de poder comenzar y concluir este día practi­cando la idea de hoy, y de usarla tan frecuentemente como nos sea posible en el transcurso del día. 2Ello te ayudará a que pases un día tan feliz como Dios Mismo quiere que tú seas. 3Y ayudará a aquellos que te rodean, así como a aquellos que parecen encon­trarse lejos en el espacio y en el tiempo, a compartir esta felicidad contigo.

5. Tan a menudo como puedas hoy, con los ojos cerrados a ser posible, repite para tus adentros:

2Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.
3Cumpliré mi función para así poder ser feliz.

4Dedica entonces uno o dos minutos a reflexionar sobre tu fun­ción, y la felicidad y liberación que te brindará. 5Deja que pensa­mientos afines acudan a ti libremente, pues tu corazón reconocerá estas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad. 6Si te distraes, repite la idea y añade:

7Deseo recordar esto porque quiero ser feliz.

¿Qué me enseña esta lección?

Si lo has experimentado, sabrás de lo que hablo. Cuando verdaderamente pones en práctica el perdón en tu vida, experimentas una sensación de libertad que jamás antes habías sentido. Esa sensación es lo más cercano al sentimiento de felicidad. 

Nos encontrábamos deprimido, disgustado, apenado y triste. A veces, la ira, el orgullo, la vanidad, el miedo, se unían a esa amalgama de emociones para, en definitiva, llevarnos a sentir la privación de la paz.



La visión del perdón es la consecuencia de oír la Voz que habla en nombre de nuestro Padre, la cual nos sugiere el verdadero camino que debemos recorrer para alcanzar la meta que perseguimos, el reencuentro con la paz y con la felicidad.

El perdón habla en nombre del Amor y nos lleva a despertar a la realidad que somos. El perdón se convierte en nuestra función en el mundo temporal, y cuando servimos al Amor, nos convertimos en obradores de milagros, expandiendo nuestro perdón por doquier.

Si lo has experimentado, ya no volverás a elegir el ataque, siempre apostarás por el perdón.

Si lo has experimentado, dejarás de ver en tu hermano el pecado, tan sólo verás su impecabilidad.

Si lo has experimentado, lo consevarás, pues lo habrás recibido, en la medida en que lo hayas dado. Si no lo has compartido, no lo podrás recibir, y no lo podrás conservar.

Ejemplo-Guía: "¿Qué debo hacer para ser feliz?"

Tal vez nos hayamos dado cuenta ya, de que ni el dinero, ni el poder, pueden aportarnos la felicidad. ¿Por qué? Sencillamente, porque son valores efímeros, ilusorios, no basados en la verdadera realidad.

Podemos tener dinero o poder, pero nos sentimos escasos, y es ese estado mental el que nos lleva a buscar más dinero y más poder. Pero esa búsqueda siempre va acompañada del miedo. Sentimos un profundo temor a perder lo que tenemos y para asegurarnos de que esto nos ocurra, invertimos grandes sumas de dinero en asegurar nuestras posesiones. Hagamos lo que hagamos, ese estado nunca nos ofrece la paz, ni la felicidad.

Ni el dinero, ni el poder, pueden asegurarnos la felicidad. No pueden comprar el verdadero amor. No pueden evitar el que nos sintamos solos, aunque estemos rodeados de aduladores. No puede garantizarnos la salud, ni el afecto de un hijo o unos padres. No puede asegurarnos una verdadera amistad, ni puede asegurarnos la lealtad.

Desde los argumentos del ego, defensores del ataque como el mejor método para garantizar la defensa de lo que poseemos, tan solo podemos recibir, lo que damos, esto es, sufrimiento y dolor.

Un Curso de Milagros nos enseña, que es en el perdón donde reside nuestra paz, pues en él radica el fin de la separación y del sueño de peligro y destrucción, de pecado y muerte, de locura y asesinato, así como de aflicción y pérdida. Añade, que éste es el  único "sacrificio" que pide la salvación, y, a cambio de todo ello, gustosamente ofrece paz.

El perdón es la respuesta a cualquier clase de ataque. De esta manera, se cancelan los efectos del ataque, y se responde al odio en nombre del amor.

¿Qué debemos hacer para ser feliz?: Perdonar.

Pero perdonar desde el Espíritu y no desde el ego. El perdón no es piedad, la cual no hace sino tratar de perdonar lo que cree que es verdad. No se puede devolver bondad por maldad, pues el perdón no establece primero que el pecado sea real para luego perdonarlo. Nadie que esté hablando en serio diría: "Hermano, me has herido. Sin embargo, puesto que de los dos yo soy el mejor, te perdono por el dolor que me has ocasionado". Perdonarle y seguir sintiendo dolor es imposible, pues ambas cosas no pueden coexistir. Una niega a la otra y hace que sea falsa.


El perdón elimina lo que se interpone entre tu hermano y tú. El perdón es el deseo de estar unido a él y no separado. ¿De dónde podría proceder la paz sino del perdón? El Cristo en cada uno de nosotros contempla solamente la verdad y no ve ninguna condenación que pudiese necesitar perdón. Él está en paz porque no ve pecado alguno. Esa es nuestra función. Actuando como Cristo, aprenderemos que perdonando completamente, es decir, reconociendo que no hay nada que necesite ser perdonado, quedamos completamente absueltos.

El perdón es la única función que tiene sentido en el tiempo. Es el medio del que el Espíritu Santo se vale para transformar el especialismo de modo que de pecado pase a ser salvación. El perdón es para todos. Mas sólo es com­pleto cuando descansa sobre todos, y toda función que este mundo tenga se completa con él. Entonces el tiempo cesa. No obstante, mientras se esté en el tiempo, es mucho lo que todavía queda por hacer. Y cada uno tiene que hacer lo que se le asignó, pues todo el plan depende de su papel. Cada uno tiene un papel especial en el tiempo, pues eso fue lo que eligió, y, al elegirlo, hizo que fuese así para él. No se le negó su deseo, sino que se modificó la forma del mismo, de manera que redundase en beneficio de su hermano y de él, y se convirtiese de ese modo en un medio para salvar en vez de para llevar a la perdición. (T.25.VI.5:3)

Reflexión: ¿Crees que perdonar te hará feliz?

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