lunes, 11 de marzo de 2024

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 71

LECCIÓN 71

Sólo el plan de Dios para la salvación tendrá éxito.

1. Tal vez aún no te hayas percatado de que el ego ha urdido un plan para la salvación que se opone al de Dios. 2Ese es el plan en el que crees. 3Dado que es lo opuesto al de Dios; crees también que aceptar el plan de Dios en lugar del ego es condenarte. 4Esto, desde luego, parece absurdo. 5Sin embargo, una vez que hayamos examinado en qué consiste el plan del ego, quizá te des cuenta de que, por muy absurdo que parezca, es ciertamente lo que crees.

2. El plan del ego para la salvación se basa en abrigar resentimien­tos. 2Mantiene que, si tal persona actuara o hablara de otra manera, o si tal o cual acontecimiento o circunstancia externa cambiase, tú te salvarías. 3De este modo, la fuente de la salvación se percibe constantemente como algo externo a ti. 4Cada resenti­miento que abrigas es una declaración y una aseveración en la que crees, que reza así: "Si esto fuese diferente, yo me salvaría" 5El cambio de mentalidad necesario para la salvación, por lo tanto, se lo exiges a todo el mundo y a todas las cosas excepto a ti mismo.

3. El papel de tu mente en este plan consiste, pues, en determinar qué es lo que tiene que cambiar -a excepción de ella misma­- para que tú te puedas salvar. 2De acuerdo con este plan demente, cualquier cosa que se perciba como una fuente de salvación es aceptable, siempre y cuando no sea eficaz. 3Esto garantiza que la infructuosa búsqueda continúe, pues se mantiene viva la ilusión de que, si bien esta posibilidad siempre ha fallado, aún hay motivo para pensar que podemos hallar lo que buscamos en otra parte y en otras cosas. 4Puede que otra persona nos resulte mejor; otra situación tal vez nos brinde el éxito.

4. Tal es el plan del ego para tu salvación. 2Seguramente habrás notado que está completamente de acuerdo con la doctrina básica del ego que reza: "Busca, pero no halles". 3Pues, ¿qué mejor garantía puede haber de que no hallarás la salvación que canali­zar todos tus esfuerzos buscándola donde no está?

5. El plan de Dios para la salvación es eficaz sencillamente porque bajo Su dirección, buscas la salvación allí donde ésta se encuentra. 2Pero si has de tener éxito, como Dios promete que lo has de tener, tienes que estar dispuesto a buscarla sólo allí. 3De lo contrario, tu propósito estará dividido e intentarás seguir dos planes de salva­ción que son diametralmente opuestos en todo. 4El resultado no podrá ser otro que confusión, infelicidad, así como una profunda sensación de fracaso y desesperación.

6. ¿Cómo puedes librarte de todo esto? 2Muy fácilmente. 3La idea de hoy es la respuesta. 4Sólo el plan de Dios para la salvación tendrá éxito. 5En esto no puede haber realmente ningún conflicto porque no existe ninguna alternativa al plan de Dios que te pueda salvar. 6El Suyo es el único plan cuyo desenlace es indudable. 7El Suyo es el único plan que tendrá éxito.

7. Que nuestra práctica de hoy consista en reconocer esta certeza. 2Y regocijémonos de que haya una respuesta para lo que parece ser un conflicto sin solución. 3Para Dios todo es posible. 4Alcanza­rás la salvación por razón de Su plan, el cual no puede fallar.

8. Comienza hoy tus dos sesiones de práctica más largas pen­sando en la idea de hoy y observando que consta de dos partes, las cuales contribuyen en igual medida al todo. 2El plan de Dios para tu salvación tendrá éxito, pero otros planes no. 3No permitas que la segunda parte te cause depresión o enfado, pues esa parte es inherente a la primera. 4Y la primera te releva totalmente de todos tus intentos descabellados y de todos tus planes dementes para liberarte a ti mismo. 5Todos ellos te han llevado a la depre­sión y a la ira, pero el plan de Dios triunfará. 6Su plan te condu­cirá a la liberación y a la dicha.
9. Teniendo esto presente, dediquemos el resto de las sesiones de práctica más largas a pedirle a Dios que nos revele Su plan. 2Pre­guntémosle muy concretamente:

3¿Qué quieres que haga?
4¿Adónde quieres que vaya?
5¿Qué quieres que diga y a quién?

6Deja que Él se haga cargo del resto de la sesión de práctica y que te indique qué es lo que tienes que hacer en Su plan para tu salvación. 7Él responderá en la misma medida en que tú estés dispuesto a oír Su Voz. 8No te niegues a oírla. 9El solo hecho de que estés llevando a cabo los ejercicios demuestra que en cierto modo estás dispuesto a escuchar. 10Esto es suficiente para que seas acreedor a Su respuesta.

10. Durante las sesiones de práctica cortas repite con frecuencia que el plan de Dios para tu salvación, y solamente el Suyo, tendrá éxito. 2Mantente alerta hoy para no caer en la tentación de abri­gar resentimientos, y responde a esas tentaciones con esta varia­ción de la idea de hoy:

3Abrigar resentimientos es lo opuesto al plan de Dios para la salvación.
4Y únicamente Su plan tendrá éxito.

5Trata de recordar la idea de hoy unas seis o siete veces por hora. 6No puede haber mejor manera de pasar medio minuto, o menos, que recordando la Fuente de tu salvación y viéndola allí donde se encuentra.


¿Qué me enseña esta lección?

El Plan de Dios para nuestra salvación está basado en el Amor.

Se trata de un estado de Ser, no de una emoción, ni de un sentimiento.

Cuando actuamos desde el ego, llegamos a percibir emociones y sentimientos que nos acercan a la vibración del amor, pero en la medida en que amamos lo externo, entendiendo que nos encontramos separados de él, nuestro sentimiento no alcanza el potencial suficiente para permitirnos alcanzar el éxito: Ser Uno.

Ese amor egoico es posesivo y está bajo la influencia del miedo. Verdaderamente, aunque le llamamos amor, no lo es.

En efecto, el miedo original surge de la percepción mental que nos lleva a sentirnos individuales y separados de nuestro creador y de lo creado.

El Amor incondicional es el camino de la salvación, en la medida en que está libre de miedo, de culpa y de resentimiento.

Hacer la Voluntad del Padre, es alcanzar ese estado Pleno del Ser. Amar a nuestros hermanos es practicar la salvación.


Ejemplo-Guía: ¿Quién nos niega la salvación? ¿Quién nos niega la felicidad?

En la lección de ayer, veíamos como nada externo a nosotros puede salvarnos, ni nada externo a nosotros puede brindarnos paz. Veíamos, igualmente, que nada externo a nosotros nos puede hacer daño, perturbar nuestra paz o disgustarnos en modo alguno. Entonces, ¿por qué nos lamentamos de que sean los demás los que nos privan de la felicidad? ¿por qué queremos cambiar al mundo para que éste nos sonría?

Verdaderamente, ¿quién crees tú que te niega la salvación, la libertad, la felicidad?


Si contestamos desde la visión del ego, tal vez pienses que la culpa es de tus padres, de la educación, del entorno social, de tus vecinos, de tus familiares, de tus antepasados, de tu profesor de primaria, de tu pareja, de tu jefe, del amigo que te traicionó, de la mala suerte, del gobierno, de Dios.

Claro, esa visión te llevará a querer cambiar los factores externos que has identificado como los agentes culpables de tu desdicha. En la medida que esa creencia tome fuerza en tu interior, decidirás militar en grupos radicales, o bien, ser un denunciante anónimo que, sintiéndose víctima de las circunstancias, se conforma con expresar su infelicidad, a través de la ira, del rencor, del resentimiento, del ataque, del sufrimiento, de la enfermedad.

Por lo tanto, antes de aspirar a la salvación es muy importante identificar los obstáculos que nuestra mente fabrica y a los que da forma en el mundo de la percepción.

Hoy os invito a realizar un ejercicio mental que os permita llevar a cabo dicha identificación. El procedimiento inicial ha de favorecer un estado mental de quietud, para lo cual debemos buscar un momento propicio en el podamos gozar de unos minutos de meditación, de encuentro con uno mismo.

Cierra tus ojos y deja fluir tus pensamientos sin aferrarte a ellos. Concéntrate en el ritmo respiratorio y relaja todo tu cuerpo. Cuando hayas alcanzado un nivel de relajación, dale la instrucción a tu mente para que busque en tu interior, a aquellas personas y circunstancias que te impiden ser feliz, que te impiden actuar sin libertad, que te impiden sentirte a salvo.

Muchas de esas imágenes te llevarán a situaciones pasadas. En ellos, te encontrarás cara a cara con tus resentimientos. Otras imágenes, parecerán hablarte del futuro, de las inquietudes, de las expectativas no resueltas. Tan solo es una ilusión basada en lo temporal. En verdad, el origen de esa visión se encuentra en el recuerdo de situaciones pasadas que nos llevan a sentir un permanente temor ante la posibilidad de que se repitan en el futuro.

Cuando hayas terminado esa identificación, concéntrate un instante y pregúntate: ¿dónde se encuentran las causas que nos llevan a sentirnos víctimas del mundo exterior? Ahora estás frente a ellas. Están en tu mente, pues la sola imagen de la persona o el hecho circunstancial que percibes, tan solo tiene vida si tú lo revives en tu mente. Te darás cuenta, igualmente, de que siempre vemos a los demás como nosotros creemos que son, pero nunca como son en realidad.

Entonces, si lo que has considerado "enemigo", no se encuentra fuera, sino dentro de ti, en tu mente, ¿dónde se encuentra el correctivo?  Igualmente, en tu mente. Ello nos invita a elegir de nuevo, y digo de nuevo, pues ya habíamos elegido ver desde la opción de la dualidad, desde la opción de la separación, o lo que es lo mismo, ver desde el miedo.

Ahora, tenemos la opción de ver de otra manera. Elegimos servir al Plan de Salvación que nuestro Padre ha dispuesto para nosotros. Tenemos la certeza de que ese Plan es el único que tendrá éxito, pues ese Plan nos lleva a realizar nuestra única y verdadera función en este mundo: perdonar y amar.


Reflexión: ¿Qué plan de salvación sigues? ¿Te ha llevado alguna vez a ser feliz? ¿Por qué?

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