jueves, 9 de marzo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 68

LECCIÓN 68

El amor no abriga resentimientos.

1. Tú, que fuiste creado por el Amor a semejanza de Sí Mismo, no puedes abrigar resentimientos y conocer tu Ser. 2Abrigar resenti­mientos es olvidarte de quien eres. 3Abrigar resentimientos es verte a ti mismo como un cuerpo. 4Abrigar resentimientos es per­mitir que el ego gobierne tu mente y condenar el cuerpo a morir. 5Quizá aún no hayas comprendido del todo lo que abrigar resen­timientos le ocasiona a tu mente. 6Te hace sentir como si estuvie­ses enajenado de tu Fuente y fueses diferente de Él. 7Te hace creer que Él es como aquello en lo que tú piensas que te has conver­tido, pues nadie puede concebir que su Creador sea diferente de sí mismo.

2. Escindido de tu Ser, el Cual sigue consciente de Su semejanza con Su Creador, tu Ser parece dormir, mientras que la parte de tu mente que teje ilusiones mientras duerme, parece estar despierta. 2¿Podría ser todo esto el resultado de abrigar resentimientos? 3¡Desde luego que sí! 4Pues aquel que abriga resentimientos niega haber sido creado por el Amor, y en su sueño de odio, su Creador se ha vuelto algo temible. 5¿Quién podría tener sueños de odio y no temer a Dios?

3. Es tan cierto que aquellos que abrigan resentimientos forjarán una nueva definición de Dios de acuerdo con su propia imagen, como que Dios los creó a Semejanza de Sí Mismo y los definió como parte de Él. 2Es tan cierto que aquellos que abrigan resenti­mientos sentirán culpabilidad, como que los que perdonan halla­rán la paz. 3Y es igualmente cierto que aquellos que abrigan resentimientos se olvidarán de quienes son, como que los que perdonan lo recordarán.

4. ¿No estarías dispuesto a abandonar tus resentimientos si cre­yeras que todo esto es cierto? 2Tal vez crees que no puedes des­prenderte de tus resentimientos. 3Esto, sin embargo, no es sino una cuestión de motivación. 4Hoy trataremos de ver cómo te sen­tirías sin ellos. 5Si lo logras, aunque sea brevemente, jamás volve­rás a tener problemas de motivación.

5. Comienza la sesión de práctica más larga de hoy escudriñando tu mente en busca de aquellas personas que son objeto de lo que según tú son tus mayores resentimientos. 2Algunas de ellas serán muy fáciles de identificar. 3Piensa luego en los resentimientos apa­rentemente insignificantes que abrigas en contra de aquellas per­sonas a quienes aprecias e incluso crees amar. 4Muy pronto te darás cuenta de que no hay nadie contra quien no abrigues alguna clase de resentimiento. 5Esto te ha dejado solo en medio de todo el universo tal como te percibes a ti mismo.

6. Resuélvete ahora a ver a todas esas personas como amigos. 2Diles a todas ellas, pensando en cada una por separado:

3Te consideraré mi amigo, para poder recordar que eres parte de mí y así poder llegar a conocerme a mí mismo.

4Pasa el resto de la sesión tratando de imaginarte a ti mismo com­pletamente en paz con todo el mundo y con todo, a salvo en un mundo que te protege y te ama, y al que tú, a tu vez, amas. 5Siente como la seguridad te rodea, te envuelve y te sustenta. 6Trata de creer, por muy brevemente que sea, que no hay nada que te pueda causar daño alguno. 7Al final de la sesión de práctica di para tus adentros:

8El amor no abriga resentimientos.
9Cuando me desprenda de mis resentimientos sabré que estoy perfectamente a salvo.

7. Las sesiones de práctica cortas deben incluir una rápida aplica­ción de la idea de hoy tal como se indica a continuación, la cual deberá hacerse siempre que surja un pensamiento de resenti­miento contra alguien, tanto si esa persona está físicamente pre­sente como si no:
2El amor no abriga resentimientos. 3No traicionaré a mi propio Ser.

4Además de eso, repite la idea varias veces por hora de la siguiente manera:

5El amor no abriga resentimientos. 6Quíero despertar a la verdad de mi Ser dejando a un lado todos mis resenti­mientos y despertando en Él.


¿Qué me enseña esta lección?

El Amor, es la única fuerza que no abriga resentimientos, pues es la única fuerza que no cree en el pecado, no juzga, no condena, no ve separación, no ve el miedo.

El ego, se asocia con el miedo, con la separación, con el odio, con el ataque y la venganza, con la culpa y el dolor, con la enfermedad y la destrucción. Todas esas fuerzas responden al resentimiento contra sí mismo.

Cada vez que juzgamos y condenamos, estamos escindiéndonos del amor y en su lugar llamamos al resentimiento, ponemos barreras de separación entre nosotros y el mundo, estamos atacando a nuestros hermanos y con ello, estamos demostrando que hemos olvidado el Sagrado Nombre de Dios que nos inspira la Unidad.

Se hace necesario despertar a la fuerza del amor; ella nos liberará del sufrimiento pues, no entiende de culpa, de miedo, de separación. El amor nos lleva a la conciencia plena, abundante y creadora. El amor es la fuerza que nos libera y nos permite el reencuentro con nuestro verdadero Ser.

El significado etimológico del término resentimiento es el siguiente: procede del latín pues es fruto de la suma de tres vocablos latinos: el prefijo “re-“, que es sinónimo de “repetición”; el verbo “sentiré”, que es equivalente a “sentir”, y el sufijo “–miento”, que puede traducirse como “medio”.


Resentimiento es la acción y efecto de resentirse (tener un enojo o pesar por algo). El resentimiento se refleja en diversos sentimientos y actitudes, como la hostilidad hacia algo o alguien, la ira no resuelta sobre un acontecimiento, el enfurecimiento o la incapacidad para perdonar. Podemos decir pues, que el resentimiento es la evidencia clara de que no estamos eligiendo llevar a cabo nuestra función en este mundo, la de perdonar.


El resentimiento es la continuación de un sentimiento negativo. Una persona puede enojarse con otra y sentir odio o ira durante un tiempo. Si dicho odio no cede, puede hablarse de resentimiento. La única forma de que el resentimiento se vaya es a través del perdón o de la aceptación de las situaciones.

Ejemplo-Guía: "Siento resentimiento por..."


Esta Lección es muy específica y práctica a la hora de orientar nuestra atención sobre uno de los argumentos más utilizados por el ego. 

La religión, en su noble propósito de servirnos de guía hacia la salvación, nos ha legado una información que da lugar a la confusión y lo que considero más importante, al resentimiento. ¿Por qué?

Sencillamente, porque nos ha llevado a juzgar a Dios, porque nos ha presentado un aspecto de la divinidad que no es real, ni amoroso, el rostro del rigor y del castigo.
La lectura del Antiguo Testamento, está repleto de escenas en las que Dios castiga los pecados de los hombres.

La visión de un Dios vengativo, de un Dios castigador, de un Dios que decidió expulsar a su Hijo del Paraíso, en vez de perdonar su acción, ha quedado inscrita en memoria subconsciente de la humanidad, de tal modo, que no podemos menos que sentir temor cuando nuestras acciones nos llevan a creer en el pecado.

¿Como vamos a sentir amor por aquel que nos priva de la abundancia y de la felicidad?
¿Cómo vamos a sentir amor por aquel que nos ha mandado a trabajar para ganar, con el sudor de la frente, el pan de cada día?
¿Cómo vamos a perdonar a aquel, que no nos ha perdonado y al que hemos identificado como el causante de nuestras desdichas?

En verdad, que nuestro re-sentimientos no son en contra de Dios, sino contra nosotros mismos, por creernos desmerecedores del amor de nuestro Padre.
En verdad, que nuestro re-sentimientos no son en contra de Dios, sino contra nosotros mismos, por creernos pecadores, por creernos que hemos ofendido a nuestro Creador.

En verdad, el mundo que hemos inventado, siguiendo nuestra propia iniciativa, es un mundo al que le hemos adjudicado el calificativo de "mundo de perdición". El cuerpo, la manifestación visible de nuestra fabricación, se ha convertido en causa de dolor, de pecado, de resentimiento, cuando en verdad, no es causa de nada, sino efecto de una mente errada, que cree falsamente en el pecado, y que está "infectada" con el virus del miedo, de la culpa, del castigo, del rencor, de la ira, de la enfermedad, de la muerte, etc.

Podemos decir, que el mundo de la percepción nos ofrece un paisaje hostil, pues la moneda de cambio que impera en nuestras relaciones con él, es el re-sentimiento, es decir, el sentimiento de culpa no resuelto, no perdonado.

Bien, ahora toca realizar el ejercicio de autoanálisis que ha de favorecer nuestro autoconocimiento y nuestra liberación del pasado.

La pregunta es fácil de plantear, pero exige honestidad en su respuesta: ¿qué o quién te causa resentimiento?

La curación del resentimiento nos ofrece la oportunidad de realizar conscientemente la función que tenemos encomendada: perdonar.
  • Siento resentimiento hacia Dios: Si soy el Hijo de Dios, estoy, realmente, sintiendo resentimiento y odio hacia mi mismo. En este instante santo, hago consciente en mi la esencia del perdón y lo extiendo hacia toda la Filiación, pues en la Filiación veo el rostro de Dios y el mio propio.
Tal vez prefieras ser más concreto y desees identificar a aquellos que, con nombres y apellidos, son víctimas de tu resentimiento:
  • Siento un profundo resentimiento hacia mi padre, pues me ha causado mucho daño.
  • No podré perdonar jamás a mi mujer, me abandonó y me engañó con otro hombre.
  • No podré perdonar a la vida, se llevó a mi hijo cuando a penas tenía 5 años.
  • Jamás podré perdonar a los causantes de los atentados que causaron la muerte de tantos inocentes.
Podríamos añadir, otros resentires. Ese trabajo es el que debemos realizar cada uno de nosotros. Debemos recordar siempre, que no hay distintos niveles de resentimiento. No hay resentires leves y resentires graves. Todos ellos tienen una misma causa y esta se encuentra en nuestra mente errada: el miedo ha sustituido al amor.

Reflexión: Recordar que el "otro" forma parte de mi, me ayuda a conocerme.

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