viernes, 10 de marzo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 69

LECCIÓN 69

Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.

1. Nadie puede ver lo que tus resentimientos ocultan. 2Debido a que tus resentimientos ocultan la luz del mundo en ti, todo el mundo se halla inmerso en la oscuridad, y tú junto con ellos. 3Pero a medida que el velo de tus resentimientos se descorre, tú te liberas junto con ellos. 4Comparte tu salvación con aquel que se encontraba a tu lado cuando estabas en el infierno. 5Él es tu her­mano en la luz del mundo que os salva a ambos.

2. Intentemos hoy nuevamente llegar a la luz en ti. 2Antes de emprender esto en nuestra sesión de práctica más larga, dedique­mos varios minutos a reflexionar sobre lo que estamos tratando de hacer. 3Estamos intentando literalmente ponernos en contacto con la salvación del mundo. 4Estamos tratando de ver más allá del velo de tinieblas que la mantiene oculta. 5Estamos tratando de descorrer el velo y de ver las lágrimas del Hijo de Dios desa­parecer a la luz del sol.

3. Hoy daremos comienzo a nuestra sesión de práctica más larga plenamente consciente de que esto es así y armado de una firme determinación por llegar hasta aquello que nos es más querido que ninguna otra cosa. 2La salvación es nuestra única necesidad. 3No tenemos ningún otro propósito aquí ni ninguna otra función que desempeñar. 4Aprender lo que es la salvación es nuestra única meta. 5Pongamos fin a la ancestral búsqueda descubriendo la luz en nosotros y poniéndola en alto para que todos aquellos que han estado buscando con nosotros la vean y se regocijen.

4. Y ahora, muy serenamente y con los ojos cerrados, trata de deshacerte de todo el contenido que generalmente ocupa tu con­ciencia. 2Piensa en tu mente como si fuera un círculo inmenso, rodeado por una densa capa de nubes obscuras. 3Lo único que puedes ver son las nubes, pues parece como si te hallaras fuera del círculo y a gran distancia de él.

5. Desde donde te encuentras no ves nada que te indique que detrás de las nubes hay una luz brillante. 2Las nubes parecen ser la única realidad. 3Parece como si fueran lo único que se puede ver. 4Por lo tanto, no tratas de atravesarlas e ir más allá de ellas, lo cual sería la única manera de convencerte realmente de su insus­tancialidad. 5Eso es lo que vamos a intentar hoy.

6. Después de que hayas pensado en cuán importante es para ti y para el mundo lo que estás intentando hacer, trata de alcanzar un estado de perfecta quietud, recordando únicamente la intensidad con la que deseas alcanzar hoy mismo, en este mismo instante, la luz que resplandece en ti. 2Resuélvete a atravesar las nubes. 3Extiende tu mano y, en tu mente, tócalas. 4Apártalas con la mano, y siente como rozan tus mejillas, tu frente y tus ojos a medida que las atraviesas. 5Sigue adelante; las nubes no te pueden detener.

7. Si estás haciendo los ejercicios correctamente, empezarás a sentir como si estuvieses siendo elevado y transportado hacia adelante. 2Tus escasos esfuerzos y tu limitada determinación invocan el poder del universo para que venga en tu ayuda, y el Propio Dios te sacará de las tinieblas y te llevará a la luz. 3Estás actuando de acuerdo con Su Voluntad. 4No puedes fracasar por­que tu voluntad es la Suya.

8. Ten confianza en tu Padre hoy y certeza de que Él te ha oído y te ha contestado. 2Es posible que aún no reconozcas Su respuesta, pero puedes estar seguro de que se te ha dado y de que la recibi­rás. 3Trata de tener presente esta certeza, según intentas atravesar las nubes en dirección a la luz. 4Trata de recordar que por fin estás uniendo tu voluntad a la de Dios. 5Trata de mantener claro en tu mente el pensamiento de que lo que emprendes con Dios no puede sino tener éxito. 6Deja entonces que el poder de Dios obre en ti y a través de ti, para que se haga Su Voluntad y la tuya.

9. En las sesiones de práctica más cortas, que te conviene llevar a cabo tan a menudo como sea posible en vista de la importancia que la idea de hoy tiene para ti así como para tu felicidad, recuér­date a ti mismo que tus resentimientos ocultan la luz del mundo de tu conciencia. 2Recuérdate también que no la estás buscando solo y que sabes dónde encontrarla. 3Di entonces:

4Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.
5No puedo ver lo que he ocultado.
6Mas por mi salvación y por la salvación del mundo, deseo que me sea revelado.

7Asegúrate asimismo de decir para tus adentros:

8Si abrigo este resentimiento la luz del mundo quedará velada para mí, si sientes hoy la tentación de abrigar algún resentimiento contra alguien.

¿Qué me enseña esta lección?

El resentimiento es fruto de una falta de amor y de perdón. Tan sólo podemos sentir resentimiento cuando estamos en ego, es decir, cuando estamos identificados con la separación, el dolor, la culpa y el miedo.

Cuando actuamos y somos causas del error, es el precio que debemos pagar por elegir experimentar y aprender.

Debemos tener plena conciencia de que tenemos a nuestra disposición un eterno bálsamo que nos libera del sentimiento de culpa y por ende del resentimiento. Estoy refiriéndome al perdón, como la vía de nuestra salvación.

Actuar libre de resentimiento nos permite expresarnos como agentes de luz y nos convertimos en la luz del mundo; damos testimonio de nuestra divinidad en la tierra.

En la Lección anterior apuntábamos el origen de nuestros resentimiento y establecíamos, lo que podríamos llamar, el "resentimiento original", es decir, el resentimiento hacia nuestro Creador, o lo que es lo mismo, el resentimiento hacia nosotros mismos.

Ese resentimiento se encuentra oculto en nuestro inconsciente, al igual que todos aquellos sentimientos y pensamientos que interpretamos como "indecorosos" a los ojos de Dios.
¿Cómo íbamos a ganarnos la salvación, el perdón de Dios, si reconocemos abiertamente que lo odiamos por no habernos perdonado antes?
De igual modo como Adán ocultó su desnudez -su inocencia- y se ocultó de Dios, tras comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, nosotros mantenemos oculto nuestros "pecados" a los ojos de la conciencia, pues reconocerlos nos produciría un profundo dolor.

Debido a ese mecanismo inconsciente, el hombre, para no hacer consciente sus miedos, sus temores y culpas, decide proyectar su mundo interno al exterior y comienza a percibirse a través de lo externo, a través de los demás. Cada uno de sus hermanos se convierte en un aliado, pues actúa como el espejo donde vemos proyectado nuestro mundo interno. Pero ese efecto, al ser inconsciente, nos lleva a percibir nuestros miedos, nuestros ataque en el otro, y así da comienzo la febril odisea del ser humano.

Pero este cuento no puede tener un final triste, ningún cuento debería tenerlo. Es precisamente, esa mecánica de proyección la que nos permitirá ir más allá de las nubes y descubrir que detrás de ella, se encuentra la Luz. ¿Qué queremos decir con esto? Sencillamente, las nubes, son nuestros aliados, nuestros hermanos. En ellos observamos, vemos proyectado nuestro mundo oculto. Si somos capaces de ir más allá de esa pobre y limitada visión que nos lleva a percibirlos como seres separados de nosotros y en su lugar lo vemos tal y como son, es decir, una parte del Todo, de la Filiación, entonces, veremos con felicidad, que se convierte en la fuente de Luz donde encontraremos la verdad y la salvación. Ellos se convierten en los objetivos donde tendremos la oportunidad de lanzar la fuerza de nuestro perdón.

Ejemplo-Guía: "Descubriendo a nuestros enemigos, es decir, a nuestros salvadores"

Lo hemos elegido. Todavía estamos a tiempo de no complicarnos la vida, de continuar andando el camino que hemos andado hasta ahora. De continuar eligiendo ver la vida a nuestra manera. De tomar las decisiones, sin libertad, sino inspirado por nuestros miedos. De buscar el bien-estar, en vez del Bien-Ser. 

Sí, hemos elegido, ver las cosas de otra manera y estamos aprendiendo cómo hacerlo. ES por lo que nos encontramos en este punto del camino. Si continuamos avanzando, es la señal que Dios espera de nosotros, que el Espíritu Santo, aguarda con paciencia. Significa que ponemos una pequeñas dosis de voluntad, la justa y necesaria, para permitir que nuestro Padre y la Voz que habla por Él, haga el resto por nosotros.

Sí, es eso lo único que se nos ha pedido desde el principio. Que nuestra voluntad se ponga al servicio de la Voluntad de Dios. Él quiere que sea nuestra voluntad la que se haga y está dispuesto a estar, como siempre ha estado, presente en nuestras vidas.

Con este ejercicio, paralelamente al anunciado en la Lección, en la que nuestra mente lleva a cabo el firme propósito de ir más allá de las nubes que nos ocultan la Luz del Mundo, vamos a alcanzar esa Luz, a través de nuestros hermanos. Para ello, tenemos que identificar a aquellos que despiertan en nosotros el resentimiento. Vamos a observarlos y a descubrir qué es lo que más odiamos de él. Diremos, odio su vanidad, su excesivo orgullo. No soporto su arrogancia.
Ahora, busca dentro de ti, con honestidad, con valentía, dónde se encuentra esa "nube" en forma de orgullo, de vanidad, de arrogancia. Si lo haces desde la visión del amor y no desde la visión del juicio, con la plena certeza de que el rostro que rechazas en tu hermano es tu propio rostro oculto, podrás traspasar esos nubarrones oscuros y alcanzarás la luz. Cuando te encuentres en ese estado, darás las gracias a tu hermano y te perdonarás.

La clave de este ejercicio está en no juzgar, ni condenar, ni a tu hermano, ni por supuesto, a ti mismo. El resentimiento ha sido sustituido por el perdón.

Reflexión: Identifica un resentir, ¿cómo te hace sentir? ¿Hay paz en esa emoción?

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