domingo, 25 de febrero de 2024

Capítulo 1. III. La Expiación y los milagros (4ª parte)

 4. Yo soy el único que puede obrar milagros imparcialmente por­que yo soy la Expiación. 2Tú tienes un papel en la Expiación que yo te dictaré. 3Pregúntame qué milagros debes llevar a cabo. 4Ello te ahorrará esfuerzos innecesarios porque estarás actuando bajo comunicación directa. 5La naturaleza impersonal del milagro es una característica esencial del mismo, ya que me permite dirigir su aplicación, y bajo mi dirección los milagros conducen a la expe­riencia altamente personal de la revelación. 6Un guía no controla, pero sí dirige, dejando a tu discreción el que le sigas o no. 7”No nos dejes caer en la tentación” significa: "Reconoce tus errores y elige abandonarlos siguiendo mi dirección."


Los que han estudiado a fondo y minuciosamente el Texto del Curso de Milagros, han observado en sus explicaciones, que la redacción del mismo parece no ofrecer una misma técnica lingüística, lo que se traduce, para los que somos profanos en esta materia, que su redacción, aparentemente, ha podido ser dictada por personajes diferentes o el propósito del mensaje, atiende a diferentes propósitos.

Este apartado, si lo leemos con detenimiento, al menos a mi me ocurre, da la impresión de que el "dictador", es decir, Jesús, tuviese la intención de aportar mensajes de tipo lapidario cuyo propósito o significado fuese darnos claves directa para que tengamos un material claro y conciso que nos facilitase el resultado de nuestras reflexiones. 
En cambio, cuando vamos avanzando en el contenido de otros capítulos del Curso, observamos que los mensajes adoptan otra dimensión en la que se aprecia una mayor información, lo que nos permite un desarrollo más completo de la enseñanza transmitida.

Dicho esto, es una simple observación, pasemos al análisis de estos maravillosos mensajes. Admiro, el modo, en cómo, en tan pocas palabras se expresa tanta enseñanza.

Lejos de aparentar arrogancia, Jesús nos comparte su verdadera identidad, al comunicarnos que es el único que puede obrar milagros imparcialmente, porque es la Expiación. Milagro y Expiación, ya lo hemos visto al estudiar los 50 Principios de los Milagros, van de la mano. 

En el Principio 25, veíamos cómo  "Los milagros son parte de una cadena eslabonada de perdón que, una vez completa, es la Expiación". Y en el Principio 26, se nos enseña: "Los milagros representan tu liberación del miedo. Expiar significa des-hacer. Deshacer el miedo es un aspecto esencial del poder expiatorio de los milagros".

Podemos concluir, que Jesús ha alcanzado el Estado de Comunión con su Ser verdadero. Su mente recta, es decir, El Espíritu Santo, se manifiesta en él de manera consciente, lo que le permite dar testimonio de la Expiación, o lo que es lo mismo, su obras están exentas del error, son portadoras de la Verdad. Si profundizamos un poco en el error original, entenderemos, que la cualidad de la que es portador Jesús, es su visión  o percepción verdadera , es decir, es la encarnación de la Visión Crística, la Visión de la Unidad.

Nos revela, Jesús,  en su mensaje, que tenemos un papel en la Expiación que Él nos dictará. ¿Cuál puede ser el papel que el Maestro nos dictará? Veamos qué nos revela el Texto sobre este particular:

"Cuando aceptas la inocencia de un hermano ves la Expiación en él. Pues al proclamarla en él haces que sea tuya y ves lo que buscabas. Mas no verás el símbolo de la inocencia de tu hermano refulgiendo en él mientras todavía creas que no se encuentra en él. Su inocencia es tu Expiación. Concédesela, y te darás cuenta de la verdad de lo que has reconocido. No obstante, para que la verdad pueda ser recibida, tiene primero que ofrecerse, del mismo modo en que Dios se la dio primero a Su Hijo" (T-14.IV.1:1-6).

"Todo el mundo tiene un papel especial en la Expiación, pero el mensaje que se le da a cada uno de ellos es siempre el mismo: El Hijo de Dios es inocente" (T-14.V.2:1).

Jesús, nos revela en otro punto de Su Enseñanza:

"Mi papel en la Expiación no concluirá hasta que no te unas a ella y se la ofrezcas a otros. Lo que enseñes es lo que aprenderás" (T-5.IV.6:3-4). 

"Pregúntame qué milagro debes llevar a cabo" (T-1.III.4:3), continua enseñándonos Jesús, pues este mensaje, no es tan solo un ofrecimiento del Maestro, sino una guía, la cual se ve reforzada por el resto del contenido recogido en el párrafo.  "Ello te ahorrará esfuerzos innecesarios porque estarás actuando bajo comunicación directa" (T-1.III.4:4). Actuar bajo comunicación directa significa que tras recordar nuestra verdadera realidad, se recupera la conexión con nuestra Fuente Original, con nuestro Creador, con nuestra Esencia Verdadera. La Expiación deshace el error de la separación y nos permite la verdadera Comunicación con el Ser.


"Un guía no controla, pero sí dirige, dejando a tu discreción el que le sigas o no", con esta aportación Jesús nos deja claro el papel del Maestro de Dios. Cada vez que enseñamos, estamos aprendiendo, pues dar es recibir. El acto de dar es un acto creador, un acto de expansión, en sintonía con el Acto Creador de nuestro Hacedor. En la función de dar y de compartir, nos damos a nosotros mismos con el único propósito de "Ser", lo cual se traduce en acciones en las que nos comportamos como luces que iluminan el camino, pero es verdad, que el camino debe ser andado por cada caminante y esta decisión es nuestra elección.

Termina este párrafo con la frase: ”No nos dejes caer en la tentación” significa: "Reconoce tus errores y elige abandonarlos siguiendo mi dirección." Es un mensaje, nuevamente, revelador, como todos los que se recogen en este apartado. El símbolo de la tentación se ha asociado por la religión católica con la figura del diablo, el cual adoptó la forma de la serpiente paradisíaca para seducir a nuestros "progenitores", Adán y Eva. Este mensaje metafórico, exigiría una explicación mucho más detallada, pero me quedaré tan sólo con la idea de que el "diablo", cuya traducción es "dualidad", lo que realmente está expresando, más allá de toda idea tenebrosa vinculada con el infierno, es el uso de nuestra mente de forma errada, dando lugar a la creencia en la separación. No caer en la tentación, por lo tanto, significa, percibir correctamente, esto es, percibir desde la unidad. En definitiva, vencer a la tentación, es lo mismo que la Expiación.

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