sábado, 6 de abril de 2024

Capítulo 6. II. La alternativa a la proyección

 II. La alternativa a la proyección

1. Cualquier división en la mente conlleva por fuerza el rechazo de una parte de ella misma, y eso es lo que es la creencia en la separación. 2La plenitud de Dios, que constituye Su paz, no puede ser apreciada salvo por una mente íntegra que reconozca la plenitud de la creación de Dios. 3Mediante ese reconocimiento, dicha mente conoce a su Creador. 4Exclusión y separación son sinónimos, al igual que separación y disociación. 5Dijimos ante­riormente que la separación fue y sigue siendo un acto de diso­ciación, y que una vez que tiene lugar, la proyección se convierte en su defensa principal, o, en otras palabras, el mecanismo que la mantiene vigente. 6La razón de ello, no obstante, puede que no sea tan obvia como piensas.        

Abordamos con la lectura de este punto una de las cuestiones que considero importante de conocer, si queremos entender, comprender, las causas que dan origen al mundo ilusorio que percibimos y al sistema de pensamiento que sustenta la identidad del ego.

Me propongo hacer un ejercicio de imaginación para intentar comprender el estado original de la Mente, que aun estando unida a la de Su Creador, elige disociarse de Ella, dando lugar a un estado de división o separación. El Hijo de Dios, creado a Imagen y Semejanza de su Hacedor, cuenta con sus mismos atributos, es decir, tiene la facultad de crear y para ello utiliza el atributo primigenio de la Voluntad para elegir.

Existe una consideración muy importante, el impulso de la voluntad es una semilla que puede caer en buena o en mala tierra. Utilizo esta alegoría, para intentar expresar, que, si la Voluntad sirve al Creador, es decir, al Amor, a la Unidad, el efecto de tal acción da lugar a la Creación. En cambio, cuando la semilla-voluntad no sirve a la Unidad, sino a la división, el efecto resultante es lo que el Curso denomina, fabricación, es decir, la acción de la voluntad al servicio de la Unidad crea lo eterno y verdadero, mientras que la acción de la voluntad al servicio de la división fabrica lo perecedero e ilusorio.

2. Repudias lo que proyectas, por lo tanto, no crees que forma parte de ti. 2Te excluyes a ti mismo al juzgar que eres diferente de aquel sobre el que proyectas. 3Puesto que también has juzgado contra lo que proyectas, continúas atacándolo porque continúas manteniéndolo separado dé ti. 4Al hacer esto de manera incons­ciente, tratas de mantener fuera de tu conciencia el hecho de que te has atacado a ti mismo, y así te imaginas que te has puesto a salvo.


En el punto anterior, hemos visto que la voluntad puede servir a la Unidad-Amor o la División-Separación-Miedo. Cuando sirve al Amor, el efecto es la Creación, la cual se caracteriza por la capacidad de Expandirse. En cambio, cuando la voluntad sirve al miedo, el efecto es la fabricación, la cual se caracteriza por la capacidad de la Proyección.

Con el acto creador expandimos el amor. Con el acto de la fabricación proyectamos la división, el miedo, la separación, aspectos estos que repudiamos de nosotros mismo.

Con esa dinámica inconsciente, en la que ponemos de manifiesto el ataque que dirigimos hacia nosotros mismos, se produce la proyección de nuestro propio miedo, y atacamos a los demás en un intento de poner fin a nuestros propios sentimientos inconscientes.

3. La proyección, sin embargo, siempre te hará daño. 2La proyec­ción refuerza tu creencia de que tu propia mente está dividida, creencia ésta cuyo único propósito es mantener vigente la separa­ción. 3La proyección no es más que un mecanismo del ego para hacerte sentir diferente de tus hermanos y separado de ellos. 4El ego justifica esto basándose en el hecho de que ello te hace pare­cer "mejor" que tus hermanos, y de esta manera empaña tu igual­dad con ellos todavía más. 5La proyección y el ataque están inevitablemente relacionados, ya que la proyección es siempre un medio para justificar el ataque. 6Sin proyección no puede haber ira. El ego utiliza la proyección con el solo propósito de destruir la percepción que tienes de ti mismo y de tus hermanos. 8El proceso comienza excluyendo algo que existe en ti, pero que repudias, y conduce directamente a que te excluyas a ti mismo de tus hermanos.

Estamos ante un círculo vicioso, donde la mente dividida nos lleva a ver en el otro lo que vemos en nuestro interior y que nos produce miedo y rechazo. Al proyectarnos sobre los demás, se justifica la creencia en la separación. La relación de ataque hacia nosotros mismos, al ser proyectada, nos lleva a atacar a los demás en aquellos aspectos relacionados con nuestra propia visión interior.

4. Hemos aprendido, no obstante, que hay una alternativa a la proyección. 2Todas las capacidades del ego se pueden emplear para un propósito mejor, ya que sus capacidades las dirige la mente, que dispone de una Voz mejor. 3El Espíritu Santo extiende y el ego proyecta. 4Del mismo modo en que los objetivos de ambos son opuestos, así también lo son sus resultados.

Transformar la visión de la dualidad en la visión de la unidad, requiere que nuestra voluntad elija servir al Espíritu Santo, cuya Voz habla de la Unidad del Creador.

5. El Espíritu Santo comienza percibiendo tu perfección. 2Como sabe que esa perfección es algo que todos comparten, la reconoce en otros, y así la refuerza tanto en ti como en ellos. 3En vez de ira, esto suscita amor tanto en ellos como en ti porque establece el estado de inclusión. 4Puesto que percibe igualdad, el Espíritu Santo percibe en todos las mismas necesidades. 5Esto invita auto­máticamente a la Expiación porque la Expiación es la necesidad universal de este mundo. 6Percibirte a ti mismo de esta manera es la única forma de hallar felicidad en el mundo. 7Eso se debe a que es el reconocimiento de que tú no estás en este mundo, pues el mundo es un lugar infeliz.

El mundo que percibimos es un lugar infeliz, nos afirma las Enseñanzas en este punto. Pero dicho de esta manera, sin entrar en otras consideraciones que se desarrollan en otros apartados del Curso, nos podría llevar a un error de interpretación, pues ya hemos visto en otros análisis, que el cuerpo físico tiene como único propósito poder expresar los valores espirituales y compartirlos con nuestros hermanos. En sí mismo, el cuerpo es neutral, pero si nuestra mente lo utiliza para compartir el Amor, adquiere un nivel de espiritualización que nos llevará a tomar consciencia de lo que realmente somos.

El mundo que percibimos, no es bueno, ni malo, es neutral. Si lo percibimos desde la visión unitaria del Espíritu Santo, la percepción será verdadera, es decir, sabremos que no es real, pero podemos utilizarlo para expandir lo real, el Amor.

Este punto nos aporta una información esencial para que la proyección se transforme en Expansión y en inclusión. Lo primero, percibir nuestra perfección. Somos Hijos de Dios, perfectos como el Creador es perfecto. Esa perfección debe ser compartida con toda la Filiación.

6. ¿De qué otra forma puedes encontrar dicha en un lugar desdichado, excepto dándote cuenta de que no estás en él? 2Tú no pue­des estar donde Dios no te ubicó, y Dios te creó como parte de Él. 3Eso es al mismo tiempo donde estás y lo que eres. 4Esto es algo completamente inalterable. 5Es inclusión total. 6No puedes cam­biarlo ahora ni nunca. 7Es verdad para siempre. 8No es una creencia, sino un Hecho. 9Todo lo que Dios creó es tan verdadero como Él. 10La verdad de ello radica solamente en su perfecta inclusión en Aquel que es el único que es perfecto. 11Negar esto es negarte a ti mismo y negarlo a Él, puesto que es imposible aceptar a uno sin el otro.

¿Es posible percibir este mundo y no pertenecer a él? Así es. No tan solo es posible, sino que ese es el estado que se logra con el redespertar, con la transformación del miedo en amor; de la falsa creencia en la separación, en la certeza de ser Uno con el resto de la Creación.

La mente que compartimos con nuestro Creador, no ha creado este mundo, por eso no estamos en él. Pero la mente, puede fabricar la ilusión del mundo y convencernos de que pertenecemos a él. Nuestra verdadera identidad, no es corpórea, sino espiritual. Somos Espíritu, el Santo Hijo de Dios, y, como tal, nuestro verdadero Ser tiene su hogar en la Fuente que lo ha creado, en la Mente de Dios.

7. La perfecta igualdad que el Espíritu Santo percibe es el reflejo de la perfecta igualdad-del conocimiento de Dios. 2La percepción del ego no tiene equivalente en Dios, pero el Espíritu Santo sigue siendo el puente entre la percepción y el conocimiento. 3Al per­mitirte usar la percepción de forma que refleje el conocimiento, éste finalmente podrá ser recordado. 4El ego preferiría creer que es imposible que ese recuerdo alboree en tu mente, sin embargo, es tu percepción lo que el Espíritu Santo guía. 5Tu percepción acabará allí donde comenzó. 6Todo converge en Dios porque todo fue creado por Él y en Él.

Este punto, viene a confirmar lo aportado anteriormente. La mente que compartimos con nuestro Creador es perfecta. La ilusión fabricada ha dado lugar a una dimensión donde rigen las leyes de la percepción. El correcto uso de este mundo perceptivo, así como del vehículo con en que nos manifestamos en él, el cuerpo físico, deben ser empleados en el proceso de transformación de la percepción al conocimiento.

8. Dios creó a Sus Hijos extendiendo Su Pensamiento y conser­vando las extensiones de Su Pensamiento en Su Mente. 2Todos Sus Pensamientos están, por lo tanto, perfectamente unidos den­tro de sí mismos y entre sí. 3El Espíritu Santo te capacita para poder percibir esta plenitud ahora. 4Dios te creó para que creases. 5No puedes extender Su Reino hasta que no conozcas la plenitud de éste.

Re-conectar con el Pensamiento Divino nos abrirá las puertas del Cielo, es decir, nos permitirá recordar lo que verdaderamente Somos.

9. Los pensamientos se originan en la mente del pensador, y desde ahí se extienden hacia afuera. 2Esto es tan cierto del Pensa­miento de Dios como del tuyo. 3Puesto que tu mente está divi­dida, puedes percibir y también pensar. 4No obstante, la percepción no puede eludir las leyes básicas de la mente. 5Percibes desde tu mente y proyectas tus percepciones al exterior. 6Aunque la percepción es irreal, el Espíritu Santo puede usarla provechosamente por el hecho de que tú la concebiste. 7Él puede inspirar­ cualquier percepción y canalizarla hacia Dios. 8Esta convergencia parece encontrarse en un futuro lejano sólo porque tu mente no está en perfecta armonía con esta idea y, consecuentemente, no la desea ahora.

Reconozco que soy un amante de los conceptos metafísicos que nos permiten tener una visión ancestral de la Creación. En este punto, se nos describe la capacidad creadora, propia de la mente unida, y la capacidad perceptora, propia de la mente disociada o dividida. Lo importante, es que la percepción no puede alterar las leyes que rigen a la mente unificada, por lo que, el redespertar está en manos de que elijamos dirigir nuestra voluntad hacia el servicio del amor o hacia el servicio de la visión dual.

10. El Espíritu Santo hace uso del tiempo, pero no cree en, él. 2Puesto que Él procede de Dios, usa todo para el bien, pero no cree en lo que no es verdad. 3Puesto que se encuentra en tu mente, ésta sólo puede creer lo que es verdad. 4El Espíritu Santo puede hablar únicamente en favor de eso porque habla en favor de  Dios. 5Te insta a que le devuelvas toda tu mente a Dios, ya que en realidad tu mente nunca se separó de Él. 6Si nunca se separó de Él, sólo tienes que percibirla tal como es para que retorne a Él. 7Tener plena conciencia de la Expiación es, por lo tanto, recono­cer que la separación nunca tuvo lugar. 8El ego no puede prevalecer contra esto porque ello es una afirmación explícita de que él nunca existió.

Tener plena conciencia de la Expiación es, por lo tanto, recono­cer que la separación nunca tuvo lugar. A partir de esta afirmación, sobran los comentarios.

11. El ego puede aceptar la idea de que es necesario retornar por­que puede, con gran facilidad, hacer que ello parezca difícil. 2Sin embargo, el Espíritu Santo te dice que incluso el retorno es inne­cesario porque lo que nunca ocurrió no puede ser difícil. 3Mas tú puedes hacer que la idea de retornar sea a la vez necesaria y difí­cil. 4Con todo, está muy claro que los que son perfectos no tienen necesidad de nada, y tú no puedes experimentar la perfección como algo difícil de alcanzar, puesto que eso es lo que eres. 5Así es como tienes que percibir las creaciones de Dios, de modo que todas tus percepciones estén en línea con la única manera de ver del Espíritu Santo. 6Esta línea es la línea directa de comunicación con Dios, y le permite a tu mente converger con la Suya. 7Nada está en conflicto en esta percepción, ya que significa que toda percepción está guiada por el Espíritu Santo, cuya Mente está fija en Dios. 8Sólo el Espíritu Santo puede resolver conflictos porque sólo el Espíritu Santo está libre de conflictos. 9Él percibe única­mente lo que es verdad en tu mente, y lo extiende sólo a lo que es verdad en otras mentes.

De este esclarecedor punto, me gustaría resaltar el siguiente párrafo: Sólo el Espíritu Santo puede resolver conflictos porque sólo el Espíritu Santo está libre de conflictos. Estar libre de conflicto significa que la mente no se ha disociado, no se ha dividido, esto es, la Mente Una.

12. La diferencia entre la proyección del ego y la extensión del Espíritu Santo es muy simple. 2El ego proyecta para excluir, y, por lo tanto, para engañar. 3El Espíritu Santo extiende al reconocerse a Sí Mismo en cada mente, y de esta manera las percibe a todas como una sola. 4Nada está en conflicto en esta percepción porque lo que el Espíritu Santo percibe es todo igual. 5Dondequiera que mira se ve a Sí Mismo y, puesto que está unido, siempre ofrece el Reino en su totalidad. 6Éste es el único mensaje que Dios le dio, en favor del cual tiene que hablar porque eso es lo que Él es. 7La paz de Dios reside en ese mensaje, y, por consiguiente, la paz de Dios reside en ti. 8La gran paz del Reino refulge en tu mente para siem­pre, pero tiene que irradiar desde ti hacia afuera para que tomes conciencia de ella.

Dado que creemos estar en el mundo de la percepción donde nos proyectamos en los demás, podemos pedir al Espíritu Santo que utilice la dinámica de proyectar para compartir sobre los demás nuestra percepción verdadera, es decir, compartir con los demás nuestra visión de unidad. Si nos vemos perfectos, proyectemos esa visión, percibiendo la perfección de los demás.

13. El Espíritu Santo te fue dado con perfecta imparcialidad, y a menos que lo reconozcas imparcialmente no podrás reconocerlo en absoluto. 2El ego es legión, pero el Espíritu Santo es uno. 3No hay tinieblas en ninguna parte del Reino, y tu papel sólo consiste en impedir que las tinieblas moren en tu mente. 4Ésta armonía con la luz es ilimitada porque está en armonía con la luz del mundo. 5Cada uno de nosotros es la luz del mundo, y al unir nuestras mentes en esa luz proclamamos el Reino de Dios juntos y cual uno solo.

¡Unamos nuestras mentes en la luz del Amor! ¡Qué así sea!

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