jueves, 5 de diciembre de 2024

Capítulo 16. IV. Las ilusiones y la realidad del amor (3ª parte).

IV. Las ilusiones y la realidad del amor (3ª parte).

7. Reconoce esto, pues es verdad, y la verdad tiene que ser reco­nocida para que se pueda distinguir de la ilusión: la relación de amor especial es un intento de llevar amor a la separación. 2como tal, no es más que un intento de llevar amor al miedo y de hacer que sea real en él. 3La relación de amor especial, que viola totalmente la única condición del amor, quiere realizar lo imposi­ble. 4¿Cómo iba a poder hacer eso salvo en ilusiones? 5Es esencial que examinemos muy de cerca qué es exactamente lo que crees que puedes hacer para resolver un dilema que te parece muy real, pero que en realidad no existe. 6Ya estás muy cerca de la verdad, y esto es lo único que se interpone entre ti y el puente que te conduce hasta ella.

La afirmación que se recoge en este punto: la relación de amor especial es un intento de llevar amor a la separación, puede poner en jaque a nuestras creencias, pues hemos pensado siempre que dicha relación especial es una oportunidad para compartir nuestro amor con la persona amada.

Pero, como hemos tenido ocasión de expresar anteriormente, el verdadero amor se reconoce porque no es limitante, sino que extiende el principio de la libertad. 

Cuando se establece una relación especial, las partes se adueñan de la identidad del otro y, salvo excepciones, establecen condiciones particulares para que la relación pueda desarrollarse en un entorno feliz. Tras agotar la primera fase de la relación en la que no se perciben como limitantes tales condicionamientos, no tardaremos en darnos cuenta de que la relación se convierte en una experiencia de esclavitud para satisfacer las necesidades de la pareja. 

8El Cielo aguarda silenciosamente, y tus creaciones extienden sus manos para ayudarte a cruzar y para que les des la bienve­nida. 2Pues son ellas lo que andas buscando. 3Lo único que buscas es tu compleción, y son ellas las que te completan. 4La relación de amor especial no es más que un pobre substituto de lo que en verdad -y no en ilusiones- te completa. 5La relación que tienes con tus creaciones está libre de culpa, y esto te permite contem­plar a todos tus hermanos con gratitud, pues tus creaciones fue­ron creadas en unión con ellos. 6La aceptación de tus creaciones es la aceptación de la unicidad de la creación, sin la cual nunca podrías ser completo. 7Ninguna clase de especialismo te puede ofrecer lo que Dios ha dado, y lo que tú das junto con Él.

Nuestras creaciones son aquellas que compartimos con Dios y con la Filiación. Dichas creaciones sí llevan el sello del verdadero amor, pues es imposible crear sin la esencia del amor. Nuestras creaciones tienen su origen en la mente que compartimos con la Fuente que nos ha creado y deben ser compartidas, igualmente, con el resto de la creación. Por lo tanto, todas nuestras creaciones son expresiones, pensamientos de amor. Son esas expresiones de amor las que nos completan, las que nos llevan a experimentar la Unidad de la Creación.

9. Al otro lado del puente se encuentra tu compleción, pues esta­rás completamente en Dios, sin querer nada en especial, excepto ser exactamente como Él, y mediante tu compleción le brindarás a Él la Suya. 2No tengas miedo de cruzar el puente y entrar a la morada de la paz y de la perfecta santidad. 3Sólo ahí está estable­cida para siempre la compleción de Dios y la de Su Hijo. 4No busques esto en el desolado mundo de las ilusiones, donde nada es seguro y todo te deja insatisfecho. 5En el Nombre de Dios, estáte completamente dispuesto a abandonar todas las ilusiones. 6En cualquier relación en la que estés totalmente dispuesto a aceptar la compleción y sólo la compleción, ahí Dios se completa, y Su Hijo junto con Él.

A estas alturas del conocimiento que estamos recibiendo, tenemos información suficiente para reconocer cuál es el camino correcto que debemos recorrer. Se trata de des-hacernos de las viejas creencias que han gobernado nuestra vida, para, de este modo, cambiar nuestra visión, nuestra percepción errónea, lo que nos permitirá elegir como nuestro maestro y guía al Espíritu Santo. 

De Su Mano, cruzaremos el puente que nos llevará a la orilla donde nos reencontraremos con nuestro Padre, con la Fuente del Amor y en cuyo seno alcanzaremos nuestra compleción.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Capítulo 16. IV. Las ilusiones y la realidad del amor (2ª parte).

IV. Las ilusiones y la realidad del amor (2ª parte).

4. El amor no es una ilusión. 2Es un hecho. 3Si ha habido desilu­sión es porque realmente nunca hubo amor, sino odio, 4pues el odio es una ilusión y lo que puede cambiar nunca pudo ser amor. 5No cabe duda de que los que eligen a algunas personas como pareja en cualquier aspecto de la vida, y se valen de ellas para cualquier propósito que no desean compartir con nadie, están tratando de vivir con culpabilidad en vez de morir de ella. 6Éstas son las únicas alternativas que ven. 7Para ellos el amor es sólo un escape de la muerte. 8Lo buscan desesperadamente, pero no en la paz en la que él gustosamente vendría hasta ellos quedamente. 9Y cuando descubren que el miedo a la muerte se cierne todavía sobre ellos, la ilusión de que la relación de amor especial es lo que no es se desvanece. 10Cuando se desmantelan las barricadas contra el miedo, éste se abalanza adentro y el odio triunfa.

Todas las estrategias del ego son ilusiones, pues carecen del poder de la verdad. Todas son efímeras y transitorias, por lo que no son reales. Lo que es verdad y real se identifica por su intemporalidad, porque no cambia.

El experto ilusionista, el ego, nos seduce mostrándonos los falsos ropajes del amor. Nos confunde con imágenes que nos tratan de describir lo que es el amor, pero que carecen de lo esencial, para que pueda ser reconocido como tal. Ese amor no aporta libertad a la relación, sino todo lo contrario; aporta condicionamiento y limitaciones. Podemos llamar a ese sentimiento atracción, pasión, pero no debemos confundirlo con el verdadero amor.

5. No hay tal cosa como triunfos de amor. 2Sólo el odio está inte­resado en el "triunfo del amor". 3La ilusión de amor puede triun­far sobre la ilusión de odio, pero siempre costa de convertirlas las dos en ilusiones. 4Mientras perdure la ilusión de odio, el amor será una ilusión para ti. 5Por lo tanto, la única elección que te queda entonces es cuál de las dos ilusiones prefieres. 6En la elección entre la verdad y la ilusión no hay conflicto. 7Si se viesen desde este punto de vista, nadie tendría dudas acerca de cuál elegir. 8Mas el conflicto se manifiesta en el instante en que la elec­ción parece ser entre ilusiones, si bien esta elección es intranscendente. 9Cuando una alternativa es tan peligrosa como la otra, la decisión tiene que ser una de desesperación.

El maestro ilusionista, el ego, no puede ofrecer lo que no tiene. Si el ego es el hijo del miedo, del pecado y de la culpa, lo que ofrecerá serán los frutos de esas creencias, esto es, odio, castigo, limitaciones, conflictos, sufrimientos y rupturas.

El ego no puede concebir nada desde la verdad, pues su existencia es falsa y de lo falso tan sólo pueden surgir ilusiones. 

6. Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado con­tra él. 2No es necesario que busques lo que es verdad, pero sí es necesario que busques todo lo que es falso. 3Toda ilusión es una ilusión de miedo, sea cual fuere la forma en que se manifieste. 4Y el intento de escapar de una ilusión refugiándote en otra no puede sino fracasar. 5Si buscas amor fuera de ti, puedes estar seguro de que estás percibiendo odio dentro de ti y de que ello te da miedo. 6Pero la paz nunca procederá de la ilusión de amor, sino sólo de la realidad de éste.

Maravillosa frase con la que se inicia este punto. Nuestra tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él. No se trata de buscar lo que ya somos, sino de reconocer lo que no somos. No se trata de buscar la verdad, sino de encontrar y desechar lo falso.

Jesús enfatiza que no es fuera de nosotros donde debemos encontrar lo verdadero, sino en nuestro interior, es decir, en nuestra mente y en las creencias que custodiamos celosamente. El mundo que percibimos externamente es el mundo de la ilusión, de lo falso, y esto es así porque lo hemos inventado desde nuestra mente, lo hemos percibido erróneamente.

Si buscamos fuera de nosotros el amor, es porque no nos estamos conociendo en nuestra verdadera realidad, sino que hemos creado una identidad falsa que tan solo fabrica ilusiones.

martes, 3 de diciembre de 2024

Capítulo 16. IV. Las ilusiones y la realidad del amor (1ª parte).

IV. Las ilusiones y la realidad del amor (1ª parte).

1. No temas examinar la relación de odio especial, pues tu libera­ción radica en que la examines. 2Sería imposible no conocer el significado del amor si no fuese por eso. 3Pues la relación de amor especial, en la que el significado del amor se halla oculto, se emprende solamente para contrarrestar el odio, no para abando­narlo. 4Tu salvación se perfilará claramente ante tus ojos abiertos a medida que examines esto. 5No puedes limitar el odio. 6La rela­ción de amor especial no lo contrarrestará, sino que simplemente lo ocultará donde no puedas verlo. 7Mas es esencial que lo veas, y que no trates de ocultarlo. 8Pues el intento de equilibrar el odio con el amor es lo que hace que el amor no tenga ningún signifi­cado para ti. 9No te das cuenta de la magnitud de la ruptura que esto representa. 10Y hasta que no te des cuenta de ello, no podrás reconocer la existencia de dicha ruptura, y, por lo tanto, no podrá ser subsanada.

El odio es un sentimiento corrosivo y despiadado que surge como consecuencia de la falsa creencia en el pecado y de la negación voluntaria del amor, la esencia verdadera con la que hemos sido creados. 

Dirigimos el odio hacia nosotros mismos cuando nos creemos merecedores del autocastigo por haber infringido las Leyes de Dios, las Leyes del Amor. Ese odio despierta en nuestro interior un profundo dolor. Ese dolor es tan insoportable, que decidimos ocultarlo tras una máscara que muestra aceptación, pero no puede evitar que ese odio cumpla su objetivo como castigador de aquello que consideramos indigno. Es cuando decidimos proyectar sobre los demás nuestro odio interno, en primer lugar, percibiéndolos como separados de nosotros y, en segundo lugar, atacándoles, argumentando como justificación de ese ataque que es el modo de protegerse del ataque de los demás.

El odio es ausencia de amor. La atracción que sentimos en la relación de amor especial es una llamada a redimir el odio que ocultamos en nuestro interior y que nos lleva a expandir ese odio sobre los demás. La relación de amor especial trata de compensar el amor no sublimado. Pero para elevar dicha experiencia de relación a la percepción verdadera del Amor, tenemos que liberarnos del odio que se oculta en nuestro interior; es decir, debemos cambiar nuestra creencia en que somos "hijos de la culpa" y establecer relaciones desde el amor liberador que nos hace conocedores de lo que realmente somos.

2. Los símbolos del odio enfrentados a los del amor parecen dar lugar a un  conflicto que no existe. 2Pues los  símbolos siempre representan algo diferente de sí mismos, y si el amor lo es todo, la idea de un símbolo de amor no tiene sentido. 3Saldrás ileso de este último acto del proceso de des-hacimiento, y emergerás finalmente como lo que eres. 4Éste es el último paso en el proceso de estar listo para Dios. 5No te muestres renuente ahora, pues estás demasiado cerca, y cruzarás el puente sin ningún contra­tiempo, al ser transportado serenamente de la guerra a la paz. 6Pues la ilusión de amor jamás te satisfará, pero la realidad del amor, que te espera al otro lado, te lo dará todo.

El des-hacimiento de la creencia en la separación supone la liberación de la culpa y, con ello, la liberación de la necesidad del autocastigo. El odio es hijo del miedo, hijo del pecado e hijo de la culpa. El odio oculta la luz del amor, aunque se propone como objetivo encontrarlo. No es luchando contra el odio como conseguiremos encontrar el amor. Eso sería una ilusión. El amor no es el opuesto del odio, pues el amor no tiene opuestos. El amor es la unidad y es indivisible. El amor es luz, y cuando permitimos que esa luz ilumine nuestro interior, todas las creencias que se ocultaban en la oscuridad quedarán al descubierto y se desintegrarán al comprobar que no son nada.

3. La relación de amor especial es un intento de limitar los efectos destructivos del odio, tratando de encontrar refugio en medio de la tormenta de la culpabilidad. 2Dicha relación no hace ningún esfuerzo por elevarse por encima de la tormenta hasta encontrar la luz del sol. 3Por el contrario, hace hincapié en la culpabilidad que se encuentra fuera del refugio, intentando construir barrica­das contra ella a fin de mantenerte a salvo tras ellas. 4La relación de amor especial no se percibe como algo con valor intrínseco, sino como un enclave de seguridad desde donde es posible sepa­rarse del odio y mantenerlo alejado. 5La otra persona envuelta en esta relación de amor especial es aceptable siempre y cuando se ajuste a ese propósito. 6El odio puede hacer acto de presencia, y de hecho se le da la bienvenida en ciertos aspectos de la relación, pero la relación se mantiene viva gracias a la ilusión de amor. 7Si ésta desaparece, la relación se rompe o se vuelve insatisfactoria debido a la desilusión.         

El sistema de pensamiento del ego favorece el hecho de que se confunda el amor con el odio, y esto es posible cuando decidimos no mirar de frente el sentimiento del odio, sino que lo ocultamos celosamente en nuestro interior, para que nadie sepa que nos sentimos un desgraciado pecador. Ya hemos dicho que el odio que nos dirigimos llega a ser tan insoportable que decidimos adoptar máscaras que, de cara al exterior, oculten nuestro dolor.

El sentimiento del odio clama por sentir amor, pero aceptar la presencia del amor significaría el fin de la oscuridad y, por tanto, de la existencia del ego. El ego no va a permitir que nos liberemos del odio, pues el odio es su aliado, es, ya lo hemos dicho, hijo del miedo y del pecado, y asegura, como ningún otro sentimiento, la creencia de la separación. 

El ego, en un intento de mitigar ese sentimiento de odio (insoportable), establece una estrategia para mantener el equilibrio entre odio y amor y, para ello, se inventa las relaciones especiales, cuya máscara social le convierte en un buscador de la relación especial que le permita creer que está supliendo el odio por el amor. Pero en verdad, las muestras de ese amor hacen que se evidencie su falsedad, pues es incapaz de ofrecer el principio de la libertad en sus relaciones. 

lunes, 2 de diciembre de 2024

Capítulo 16. III. Las recompensas que se derivan de enseñar (3ª parte).

III. Las recompensas que se derivan de enseñar (3ª parte).

7. Este año comenzarás a aprender y a hacer que lo que aprendas sea comparable a lo que enseñas. 2Has elegido esto al estar dis­puesto a enseñar. 3Aunque enseñar parecía ocasionarte dolor, dis­pondrás del gozo que se deriva de ello. 4Pues dicho gozo reside en el alumno, que se lo ofrece al maestro con gratitud y lo comparte con él. 5A medida que sigas aprendiendo, tu gratitud hacia tu Ser, que te enseña lo que Él es, aumentará y te ayudará a honrarlo. 6Y te darás cuenta de Su poder, de Su fuerza y de Su pureza, y lo amarás como Su Padre lo ama. 7Su Reino no tiene límites ni fin, ni hay nada en Él que no sea perfecto y eterno. 8Tú eres todo esto, y no hay nada aparte de esto que pueda ser lo que tú eres.

Cuando lo que se aprende es comparable a lo que se enseña, nos revela que somos conscientes de la unión de las mentes que conforman la Filiación Divina. La Visión de Cristo nos muestra que compartimos con el resto de la humanidad la misma realidad: ser Hijos de Dios. Cuando enseñamos, sabemos que vamos a aprender aquello que estamos enseñando. La interacción del yo con el otro acontece bajo la percepción verdadera, esto es, en el reconocimiento de que formamos parte del Mismo Todo. Dar es recibir y recibimos aquello que damos.

8. Tu santísimo Ser es digno de toda alabanza por lo que eres, y por lo que es Aquel que te creó como eres. 2Tarde o temprano todo el mundo tiene que construir un puente para salvar la brecha que se imagina existe entre sus dos seres. 3Cada cual construye dicho puente, a través del cual salvará la brecha que le separa de su Ser, tan pronto como esté dispuesto a hacer un ligero esfuerzo por construirlo. 4Sus parvos esfuerzos están poderosamente respalda­dos por la fortaleza del Cielo y por la voluntad conjunta de todos los que hacen que el Cielo sea lo que es, al estar unidos dentro de él. 5Y así, todo aquel que está dispuesto a cruzar es literalmente transportado hasta el otro lado.

La dualidad se pone de manifiesto en el mundo que percibimos bajo la creencia en la separación. Nuestra conciencia se encuentra dividida y es prisionera de un sistema de pensamiento donde se debate entre el bien y el mal; entre la ilusión y la verdad; entre el miedo y el amor; entre la oscuridad y la luz; entre el día y la noche. Mientras que nos encontremos en ese estado de percepción, la dualidad parece ganar la partida a la unidad.

Sin embargo, se requieren muchos más esfuerzos para mantener la incoherencia del mundo del ego, la cual está gobernada por la fuerza destructiva de repulsión, que mantener encendida la llama de una vela que nos alumbra una fuerza transformadora, como es el Amor, el cual está gobernado por la fuerza constructiva de atracción.

Un solo esfuerzo dirigido hacia la luz atraerá todas las fuerzas que hacen que el Cielo sea lo que es, el símbolo de la Unidad del Padre y su Filiación.

9. Tu puente está mejor construido de lo que te imaginas, y tus pies están firmemente asentados en él. 2No dudes de que la atrac­ción de los que están al otro lado esperándote no te vaya a ayu­dar a cruzar sin contratiempos. 3Pues llegarás a donde quieres estar, y a donde te aguarda tu Ser.

Es lo que diferencia la fuerza del Amor de la fuerza del miedo. El Amor atrae, mientras que el miedo repele. El Amor es real, mientras que el miedo es ilusión. El Amor es la Verdad, mientras que el miedo es la falsedad.

Únete a tu hermano y que vuestras fuerzas se potencien una a la otra. Ese es el comienzo que dará lugar a la masa crítica, lo que propiciará un crecimiento rápido de la verdad que se ha sembrado.

viernes, 29 de noviembre de 2024

Capítulo 16. III. Las recompensas que se derivan de enseñar (2ª parte).

III. Las recompensas que se derivan de enseñar (2ª parte).

4. El propósito de este curso es que aprendas a conocerte a ti mismo. 2Has enseñado lo que eres, pero no has permitido que lo que eres te enseñe a ti. 3Has tenido sumo cuidado en evitar lo obvio, y en no ver la verdadera relación que existe entre causa y efecto, la cual es perfectamente evidente. 4Dentro de ti, no obs­tante, se encuentra todo lo que has enseñado. 5¿Qué parte de ti puede ser la que no lo ha aprendido? 6TIene que ser esa parte que realmente es externa a ti, no porque tú la hayas proyectado, sino porque así es en verdad. 7Y es esa parte que has aceptado dentro de ti la que no es lo que tú eres. 8Lo que aceptas en tu mente no puede realmente cambiarla. 9Las ilusiones no son sino creencias en algo que no existe. 10Y el aparente conflicto entre la verdad y la ilusión solo puede ser resuelto separándote de la ilusión y no de la verdad.

Sócrates le dice: “Querido amigo, hazme caso a mí y a lo que está escrito en Delfos: «Conócete a ti mismo», porque nuestros rivales son estos y no los que piensas. A ellos no los podremos vencer si no es a través del cuidado de ti mismo y de la técnica”. 

La sentencia "Nosce te ipsum" (Conócete a ti mismo) se dice que estaba inscrita en el templo de Apolo en Delfos y se atribuye a alguno de los Siete Sabios o al propio Apolo, que la habría dado como respuesta cuando Quilón (uno de los Siete Sabios) preguntó al oráculo de Delfos qué era lo mejor que podían aprender los hombres.

Jesús, conocedor de esta verdad, nos recuerda en este punto que el propósito de este curso es que aprendamos a conocernos a nosotros mismos. Considero esta invitación la clave esencial que ha de permitirnos enseñar la verdad de la que somos, indudablemente, portadores, pues nuestra condición, nuestro Ser, ha sido creado a Imagen y Semejanza de nuestro Creador.

5. Lo que has enseñado ya ha logrado esto, pues el Espíritu Santo es parte de ti. 2Al haber sido creado por Dios, Él no ha abando­nado ni a Dios ni Su creación. 3Él es a la vez Dios y tú, del mismo modo en que tú eres la vez Dios y Él. 4Pues la Respuesta de Dios a la separación te aportó más que lo que tú trataste de llevarte contigo. 5Él te protegió tanto a ti como a tus creaciones, al mantener unido ti lo que tú quisiste excluir. 6tus creaciones ocuparán el lugar de lo que tú admitiste para reemplazarlas. 7Tus creaciones son muy reales, pues forman parte del Ser que desco­noces. 8Se comunican contigo través del Espíritu Santo, y, para que aprendas a enseñar lo que eres, te ofrecen gustosamente su poder y gratitud por su creación a ti que eres su hogar. 9Tú que eres anfitrión de Dios lo eres también de ellas. 10Pues nada real ha abandonado jamás la mente de su creador. 11Y lo que no es real nunca estuvo en ella.

Conocernos a nosotros mismos lleva implícito un regalo que el ego y su sistema de pensamiento desconoce. Conocernos a nosotros mismos nos hará conscientes de nuestras creaciones, las cuales han quedado veladas tras elegir la separación en nuestra mente.

Elegir enseñar la verdad es un acto de amor y es un acto creador que, al ser compartido con los demás bajo la Visión de Cristo, propiciará la curación en aquellas mentes que se encuentren identificadas con el miedo, el pecado y la culpa.

6. Tú no eres dos seres en conflicto. 2¿Qué puede haber más allá de Dios? 3Si tú, que lo contienes a Él y a quien Él contiene, eres el universo, todo lo demás tiene que estar afuera, donde no existe nada. 4Has enseñado esto, y, desde muy lejos en el universo aun­que no desde más allá de ti mismo, los testigos de tu enseñanza se han congregado para ayudarte a aprender. 5Su gratitud se ha unido a la tuya y a la de Dios para fortalecer tu fe en lo que enseñaste. 6Pues lo que enseñaste es verdad. 7Si eliges estar solo, te excluyes a ti mismo de tu enseñanza y te mantienes separado de ella. 8Pero unido a ellos no puedes sino aprender que sola­mente te enseñaste a ti mismo, y que aprendiste de la convicción que compartiste con ellos.

El Plan de Salvación que Dios ha dispuesto para Su Hijo se convierte en la enseñanza que Él quiere que compartamos con el resto de la Filiación, pues la Salvación solo será posible si enseñamos Su Verdad y la aprendemos conjuntamente con cada uno de nuestros hermanos.

Cuando decidimos enseñar la verdad que hemos conocido en nuestro interior, cuando sabemos lo que somos, nuestra enseñanza llevará siempre ese mensaje de unidad e integración. Enseñaremos que la parte está en el Todo y que el Todo está en la parte.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Capítulo 16. III. Las recompensas que se derivan de enseñar (1ª parte).

III. Las recompensas que se derivan de enseñar (1ª parte).

1. Ya hemos aprendido que todo el mundo enseña, y que enseña continuamente. 2Es posible que hayas enseñado bien, pero que no hayas aprendido a aceptar el bienestar que te produce enseñar. 3Si examinases lo que has enseñado, y cuán ajeno es a lo que creías saber, no podrías por menos que darte cuenta de que tu Maestro tuvo que proceder de más allá de tu sistema de pensa­miento. 4Por lo tanto, Él pudo verlo objetivamente y percibir que no era cierto. 5Tuvo que haber hecho eso basándose en un sistema de pensamiento muy diferente, que no tiene nada en común con el tuyo. 6Pues ciertamente lo que Él ha enseñado y lo que tú has enseñado a través de Él, no tiene nada en común con lo que tú enseñabas antes de que Él llegase. 7Y como resultado de ello, has llevado paz allí donde antes había dolor, y el sufrimiento ha de­saparecido para ser reemplazado por la alegría.

El papel que desempeña nuestro hermano en el proceso de enseñar es sumamente importante, pues enseñar es aprender. Si no existiese ese "otro" con el que compartir la enseñanza, no aprenderíamos de esa retroalimentación. En esa dinámica de "dar-recibir", no solo se beneficia la persona que recibe, sino también la que da. En este sentido, "maestro-alumno" forma una unidad que no debe ser dividida, pues, si lo fuese, el aprendizaje no tendría lugar.

Cuando somos conscientes de que la dinámica descrita es cierta, es una realidad, pues se basa en la verdad de lo que somos, partes del Todo. El enseñar se convierte en una experiencia de bienestar, pues, cuando enseñamos, estamos realizando nuestra función en este mundo, ya que la enseñanza facilita el proceso de sanación, al compartir lo que es verdad.

2. Puede que hayas enseñado lo que es la libertad, pero no has aprendido a ser libre. 2Anteriormente dije: "Por sus frutos los conoceréis y ellos se conocerán a sí mismos". 3Pues es indudable que te juzgas a ti mismo de acuerdo con lo que enseñas. 4Las ense­ñanzas del ego producen resultados inmediatos porque aceptas sus decisiones inmediatamente como tu elección. 5esa acepta­ción significa que estás dispuesto a juzgarte a ti mismo de igual modo. 6Causa y efecto están claramente definidos en el sistema de pensamiento del ego, pues todo tu aprendizaje ha estado encau­zado a establecer la relación que hay entre ellos. 7¿Y cómo no ibas a tener fe en lo que tan diligentemente te enseñaste a creer? 8Recuerda, no obstante, cuánto cuidado has ejercido al elegir sus testigos, y cuánto al evitar los que hablan en favor de la causa de la verdad y de sus efectos.

La ley de causa y efecto no es entendida, de igual modo, por el sistema de pensamiento del ego que por el sistema de pensamiento del Espíritu Santo. El ego determina por sus observaciones e investigaciones (acto mental de fragmentar el Todo) que la causa se encuentra siempre en el pasado y que el efecto se encuentra siempre en el futuro. En esta formulación, el presente queda totalmente excluido. Bajo esa perspectiva basada en la creencia de la percepción temporal, en el futuro cosecharemos lo que hemos sembrado en el pasado, lo que está propiciando que el presente esté ocupado con recuerdos del pasado y tiñendo del color del miedo cualquier perspectiva de futuro, pues este será la continuidad del pasado y donde el miedo se perpetuará.

El Espíritu Santo nos enseña que causa y efecto forman una unidad que se manifiesta en el estado presente, pues el efecto no puede existir sin la causa, la cual, cuando se expresa en el acto creativo, pasa a adquirir la condición de efecto. Si la causa es el amor, su creación produce su expansión, esto es, su efecto. Este acto es inmediato, no tiene que esperar el transcurrir de las secuencias temporales para tomar consciencia de ello, es decir, no tendremos que esperar a los efectos que se producen en el futuro, cuando en verdad la elección de amar la tomamos en el presente.

3. ¿No te demuestra el hecho de que no hayas aprendido lo que has enseñado que no percibes a la Filiación como una? 2¿Y no te demuestra ello también que no te consideras a ti mismo uno? 3Pues es imposible enseñar eficazmente si se carece de convicción, y es igualmente imposible que la convicción se encuentre fuera de ti. 4Jamás podrías haber enseñado lo que es la libertad a no ser que creyeses, en ella. 5Lo que enseñaste, pues, tuvo que haber proce­dido de ti. 6Sin embargo, es evidente que no conoces el Ser que eres, y que no lo reconoces pesar de que está activo. 7Lo que está activo tiene que estar presente. 8Y sólo si niegas Sus obras podrías negar Su presencia.

Cuando enseñamos "de boca para afuera", esto es, sin convicción, nuestra enseñanza estará vacía y no realizará su función, la de alumbrar el camino que ha de llevarnos a la sanación de nuestra mente. Al carecer de convicción, las propiedades de lo que enseñamos carecerán de la luz suficiente como para difuminar la oscuridad que nos mantiene prisioneros de la ignorancia. Esa falta de convicción oculta las dudas que albergamos sobre nuestra verdadera identidad espiritual. Esta certeza nos exige un acto de confirmación de nuestra fe en las enseñanzas que recibimos a través del Espíritu Santo. El poder de atracción que ejerce en este mundo el sistema de pensamiento del ego debilita nuestra fortaleza, pues tenemos la sensación de caminar en una realidad dividida, donde podemos elegir el camino que nos plazca y cuando nos plazca. Lo que debemos recordar, siempre, es que elegir la dualidad es negar la verdad, es negar la tutela del Maestro que Dios nos ofrece para nuestra enseñanza.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Capítulo 16. II. El poder de la santidad (3ª parte).

II. El poder de la santidad (3ª parte).

7. Éste es un año de júbilo, en el que escucharás cada vez más y en el que la paz aumentará en igual medida. 2Tanto el poder de la santidad como la debilidad del ataque se están llevando a tu con­ciencia. 3Y esto se ha logrado en una mente que está firmemente convencida de que la santidad es debilidad y el ataque poder. 4¿No es este milagro prueba suficiente de que tu Maestro no pro­cede de ti? 5Pero recuerda también que cada vez que escuchaste Su interpretación los resultados te produjeron júbilo. 6¿Preferi­rías acaso los resultados de tu interpretación, teniendo en cuenta honradamente cuáles han sido dichos resultados? 7Dios dispone para ti algo mejor. 8¿No podrías contemplar con más caridad a quien Dios ama con perfecto amor?

La paz aumentará en nuestra consciencia en la medida en que dejamos de seguir al guía incorrecto y depositamos toda nuestra confianza en Aquel que habla por la Voz del Padre.

Me encuentro entre los que podemos dar testimonio de la evolución que se está produciendo en nuestra mente. La voluntad de ver las cosas de otra manera, de percibir correctamente, de conocer nuestra verdadera naturaleza y la de los demás, produce vivencias de júbilo y alegría. Estos estímulos fortalecen mi visión y me aportan fuerza para continuar siguiendo las enseñanzas del Espíritu Santo.

8. No hagas interpretaciones que se opongan al Amor de Dios, pues tienes muchos testigos que hablan de él tan claramente, que sólo los ciegos y los mudos podrían no verlos ni oírlos. 2Decídete este año a no negar lo que Dios te ha dado. 3Despierta y compár­telo, pues ésa es la única razón por la que Él te ha llamado. 4Su Voz ha hablado claramente, pero tienes muy poca fe en lo que oíste debido a que has preferido tener más fe en el desastre que has ocasionado. 5Resolvamos hoy juntos aceptar las buenas nue­vas de que ese desastre no es real, y de que la realidad no es un desastre. 6La realidad es algo seguro, está a salvo y es completamente bondadosa con todo el mundo y con todas las cosas. 7No hay amor más grande que aceptar esto y alegrarse. 8Pues el amor sólo pide que seas feliz, y te dará todo lo que contribuya a tu felicidad.

Una vez que se percibe correctamente el destello de la verdad, se despierta en nuestro interior el motivador deseo de que esa nueva percepción sea la que gobierne nuestras vidas. La búsqueda de la paz, de la felicidad, en el mundo exterior, cesará y dará paso a una nueva percepción, la cual nos inspirará que esa paz y esa felicidad forman parte de nuestra verdadera identidad espiritual.

Compartir con el mundo que nos rodea y, en especial, con nuestros hermanos esa visión transformará completamente nuestras vidas.

9. El Espíritu Santo jamás ha dejado de resolver por ti ningún problema que hayas puesto en Sus manos, ni jamás dejará de hacerlo. 2Cada vez que has tratado de resolver algo por tu cuenta, has fracasado. 3¿No es hora ya de que conectes todos estos hechos y te des cuenta de lo que significan? 4Éste es el año en que debes poner en práctica las ideas que se te han dado. 5Pues las ideas son fuerzas poderosísimas que deben ponerse en práctica y no dejar en desuso. 6Ya te han dado suficientes pruebas de su poder como para que desees depositar tu fe en ellas y no en su negación. 7Dedica este año a la verdad y déjala obrar en paz. 8Ten fe en Aquel que tiene fe en ti. 9Piensa en lo que realmente has visto y oído, y acéptalo. 10¿Cómo puedes estar solo con seme­jantes testigos? 

Reconozco que, en ocasiones, nuestra falta de fe se manifiesta en forma de impaciencia a la hora de encontrar la respuesta del Espíritu Santo, cuando hemos puesto en sus manos las cuestiones que nos privan de paz y sosiego. Esa impaciencia es una muestra de que estamos cayendo en la trampa del ego, esto es, estamos creyendo que la respuesta debe ser aquella que nosotros deseamos y que más nos beneficia. Pero ello denota un desconocimiento de la integridad de la experiencia. Esa integridad, es decir, el conocer todas las partes del todo, tan solo está en manos del Espíritu Santo.

Por lo tanto, reforcemos nuestra fe y nuestra confianza en la respuesta del Espíritu Santo, pues Él lo resolverá.