jueves, 26 de diciembre de 2024

Capítulo 17. EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA. I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad (2ª parte).

   Capítulo 17

EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA 


I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad (2ª parte).

4. Mientras desees que esto siga siendo así, seguirás albergando la ilusión de que hay grados de dificultad en los milagros. 2Pues habrás sembrado la idea de grados de realidad al darle una parte de ésta a un maestro, y la otra al otro. 3De este modo, aprendes a tratar con una parte de la verdad de una manera, y con la otra de otra. 4Fragmentar la verdad es destruirla, pues ello la desprovee de todo significado. 5El concepto de grados de realidad es un enfoque que denota falta de entendimiento, un marco de referen­cia para la realidad con el que realmente no se la puede comparar en absoluto.

El ego es fiel a su sistema de pensamiento, cuya principal característica es el juicio, o lo que es lo mismo, el uso de la mente para dividir en pedazos lo que forma una unidad. El Hijo de Dios es uno con el resto de la Filiación. No hay diferencia en la esencia con la que se ha creado el Hijo de Dios. El Creador es Uno y Su Hijo goza de Su misma Imagen y Semejanza.

El ego no participa de esa verdad y tiene la certeza de que cada ser es diferente a otro y argumenta sus fundamentos en la diferencia evidente que percibe en su identidad física. El ego cree en la forma y no en el contenido. Ello le lleva a pensar que hay diferentes grados en aquello que percibe, lo que impide que su consciencia participe del maravilloso espectáculo de la Unidad.

5. ¿Crees acaso que puedes llevar la verdad ante las fantasías y aprender lo que significa la verdad desde la perspectiva de lo ilusorio? 2La verdad no tiene significado dentro de lo ilusorio. 3El marco de referencia para entender su significado tiene que ser ella misma. 4Cuando tratas de llevar la verdad ante las ilusiones, estás tratando de hacer que las ilusiones sean reales y de conser­varlas justificando tu creencia en ellas. 5Llevar las fantasías ante la verdad, no obstante, es permitir que la verdad te muestre que las ilusiones son irreales, lo cual te permite entonces liberarte de ellas. 6No mantengas ni una sola idea excluida de la verdad, pues si lo haces, estarás estableciendo diferentes grados de realidad que no podrán sino aprisionarte. 7No hay grados de realidad por­que en ella todo es verdad.

El ego es fiel a su sistema de pensamiento, cuya principal característica es el juicio, o lo que es lo mismo, el uso de la mente para dividir en pedazos lo que forma una unidad. El Hijo de Dios es uno con el resto de la Filiación. No hay diferencia en la esencia con la que se ha creado el Hijo de Dios. El Creador es Uno y Su Hijo goza de Su misma Imagen y Semejanza.

El ego no participa de esa verdad y tiene la certeza de que cada ser es diferente a otro y argumenta sus fundamentos en la diferencia evidente que percibe en su identidad física. El ego cree en la forma y no en el contenido. Ello le lleva a pensar que hay diferentes grados en aquello que percibe, lo que impide que su consciencia participe del maravilloso espectáculo de la Unidad.

6. Procura estar dispuesto, pues, a entregarle todo lo que has ocultado de la verdad a Aquel que la conoce, y en Quien todo se lleva ante ella. 2Lograremos salvarnos de la separación completa­mente, o no lo lograremos en absoluto. 3No te preocupes por nada, excepto por estar dispuesto a que se logre. 4Él será Quien lo logre, no tú. 5Pero no te olvides de lo siguiente: cuando te alteras y pierdes la paz porque otro está tratando de resolver sus proble­mas valiéndose de fantasías, estás negándote a perdonarte a ti mismo por haber hecho exactamente lo mismo. 6Y estás mante­niéndoos a ti y al otro alejados de la verdad y de la salvación. 7Al perdonarlo, restituyes a la verdad lo que ambos habíais negado. 8Y verás el perdón allí donde lo hayas otorgado.

El estado de inconsciencia propio del sueño nos lleva a vernos separados de los demás y a albergar falsas creencias como la de juzgarnos como pecadores.

Cuando despertamos del sueño, guiados por la Voz del Espíritu Santo, nuestra consciencia nos llevará a percibir de manera correcta el mundo que nos rodea. Nos llevará a reconocer la unidad que compartimos con cada uno de nuestros hermanos. Esa visión nos llevará a estrechar los lazos de comunicación con la Filiación. 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Capítulo 17. EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA. I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad (1ª parte).

 Capítulo 17

EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA 


I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad (1ª parte).

1. La traición que el Hijo de Dios cree haber cometido sólo tuvo lugar en ilusiones, y todos sus "pecados" no son sino el producto de su propia imaginación. 2Su realidad es eternamente inmacu­lada. 3El Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado. 4En sus sueños se ha traicionado a sí mismo, a sus hermanos y a su Dios. 5Mas lo que tiene lugar en sueños no tiene lugar real­mente. 6Es imposible convencer al que sueña de que esto es así, pues los sueños son lo que son debido a la ilusión de que son rea­les. 7Sólo al despertar se libera uno completamente de ellos, pues sólo entonces resulta perfectamente evidente el hecho de que no afectaron en modo alguno la realidad y de que no la han cam­biado. 8Las fantasías cambian la realidad. 9Ese es su propósito. 10En realidad no lo pueden hacer, pero sí pueden hacerlo en la mente que quiere que la realidad sea diferente.

Este punto nos comparte, de una manera clara y fácil de comprender, afirmaciones que nos permitirán conocer la verdad sin que tengamos que hacer complicadas interpretaciones. Dichas afirmaciones tienen un propósito: el ofrecernos la luz necesaria para que podamos distinguir las fantasías de la verdad y despertar del sueño en el que nuestra mente cree estar sumida.

El Hijo de Dios no ha traicionado a Su Creador y, como consecuencia de ello, no ha cometido pecado alguno. Esa es su realidad y su condición divina lo hace impecable, puro e inocente, esto es, tal y como Dios lo ha creado desde el Amor.

Añade este punto, que en sus sueños, es decir, en su elección de utilizar la mente para crear pensamientos donde el especialismo sustituyó al Amor, piensa que se ha traicionado a sí mismo, a sus hermanos y a su Dios. Es por ello que la Enseñanza nos dice que el Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado.

2. Tu deseo de cambiar la realidad es, por lo tanto, lo único que es temible, pues al desear que la realidad cambie crees que tu deseo se ha cumplido. 2En cierto sentido, esta extraña perspectiva da testimonio de tu poder. 3Mas cuando lo distorsionas y lo utili­zas en favor del "mal", haces también que sea algo irreal para ti. 4No puedes serle fiel a dos amos que te piden cosas contradicto­rias. 5Lo que usas en beneficio de las fantasías, se lo niegas a la verdad. 6Mas lo que le entregas a la verdad para que ésta lo use en tu beneficio, se encuentra a salvo de las fantasías.

Cuando la voluntad no se pone al servicio de la Unidad y del Amor, sirve al deseo, y cuando esto ocurre, nuestra voluntad cambia la realidad, dando lugar a la creencia en la separación. El Amor se sustituye por el miedo. La Paz se sustituye por la culpa y la Felicidad se sustituye por el sufrimiento.

No podemos servir a dos amos a la vez. Si nuestra voluntad sirve al deseo, dejará de servir a la Voluntad de Dios, a la Unidad y al Amor.

3. Cuando sostienes que es imposible que no haya grados de difi­cultad en los milagros, lo único que estás diciendo es que hay algunas cosas que no quieres entregarle a la verdad. 2Crees que la verdad no podría resolverlas debido únicamente a que prefieres mantenerlas ocultas de la verdad. 3Dicho llanamente, tu falta de fe en el poder que sana todo dolor emana de tu deseo de conservar algunos aspectos de la realidad y reservarlos para la fantasía. 4¡Si tan sólo comprendieses cuánto afecta esto tu apreciación de la totalidad! 5Aquello que te reservas sólo para ti, se lo quitas a Aquel que quiere liberarte. 6A menos que se lo devuelvas, tu pers­pectiva de la realidad permanecerá inevitablemente distorsionada y sin corregir.

Si en nuestras creencias pensamos que es imposible que no haya grados de dificultad en los milagros, lo que estamos reconociendo es que hay algunas cosas que queremos ocultar y no queremos que salgan a la luz de la verdad. Cada vez que nos creemos culpables, estamos ocultando nuestra ausencia de amor, pues, si nos amásemos, no nos culparíamos; nos veríamos libres de pecado.

El sistema de pensamiento del ego está basado en el miedo y en la creencia en el pecado, lo que propicia el albergar pensamientos de culpa. El rechazo de nuestra propia oscuridad nos llevará a ocultarla para que los demás no nos juzguen. Sin embargo, ocultando la culpa, estamos reconociendo que nos sentimos "pecadores", lo que nos llevará a dar lo que tenemos, es decir, nos llevará a proyectar sobre los demás nuestra visión interna, juzgándolos y haciéndolos sentir culpables.

martes, 24 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (4ª parte).

VII. El final de las ilusiones (4ª parte).

9. No hay nada por lo que tengas que guardarle rencor a la reali­dad. 2Lo único que debes perdonar son las ilusiones que has albergado contra tus hermanos. 3Su realidad no tiene pasado, y lo único que se puede perdonar son las ilusiones. 4Dios no le guarda rencor a nadie, pues es incapaz de albergar ningún tipo de ilusión. 5Libera a tus hermanos de la esclavitud de sus ilusio­nes, perdonándolos por las ilusiones que percibes en ellos. 6Así aprenderás que has sido perdonado, pues fuiste tú quien les ofre­ció ilusiones. 7En el instante santo esto es lo que se lleva a cabo por ti mientras estés en el tiempo, para de este modo brindarte la verdadera condición del Cielo.

La fabricación de un mundo irreal nos lleva a percibirlo de manera falsa e ilusoria. La fabricación da lugar a un mundo temporal y efímero; da lugar a los ciclos del tiempo, donde el pasado adquiere un especial protagonismo sobre nuestra mente, dado que lo hacemos real en cada presente, donde únicamente podemos hacer consciente la eternidad.

Por tal motivo, el pasado se convierte, para el sistema de pensamiento del ego, en su principal prueba de un mundo ilusorio, pues toda su creencia se basa en un tiempo que ya pasó y que ya no existe. Creemos ser el compendio de las experiencias vividas, a las cuales le otorgamos la autoría de nuestra identidad: "creemos ser lo que hemos aprendido que somos", cuando en verdad lo que hemos percibido está contagiado con el pasado.

Si en nuestras relaciones con el mundo proyectamos la visión basada en el pasado, percibiremos de manera errónea la verdadera identidad del otro. Esto es así, porque cuando nos miramos interiormente, tan sólo percibimos lo que creemos ser en función de lo experimentado en el pasado. Nunca percibimos correctamente en el presente, en el ahora, lo que nos impide ver a los demás en su verdadera identidad presente.

El instante santo nos enseña a percibir el presente en su aspecto verdadero, es decir, como el único instante en el que podemos "nacer de nuevo", olvidando lo pasado; perdonando las ilusiones que hemos permitido albergar en nuestra mente; liberándonos de las ataduras de la ilusión.

10Recuerda que siempre eliges entre la verdad y las ilusiones, entre la verdadera Expiación que cura, y la "expiación" del ego que destruye. 2Todo el poder y Amor de Dios, sin límite alguno, te apoyarán a medida que busques únicamente el papel que te corresponde desempeñar en el plan de Expiación que procede de Su Amor. 3Sé un aliado de Dios y no del ego en tu búsqueda para descubrir cómo alcanzar la Expiación. 4Con Su ayuda basta, pues Su Mensajero sabe cómo restituirte el Reino y hacer que todo tu interés en la salvación se centre en tu relación con Él.

La libertad es un Principio de Dios y no del ego, cuyo sistema de pensamiento está basado en el amor condicionado, en el amor especial, en el amor que limita. 

La libertad nos permite elegir entre extender la libertad, esto es, extender el amor, o proyectar el especialismo, esto es, proyectar el miedo.

"Por sus obras los conoceréis". El ego puede mantener ocultas sus oscuras intenciones y hacernos creer que estamos obrando desde el amor, pero lo que no puede evitar el ego es que los resultados obtenidos de ese amor den lugar a la percepción limitante del miedo. De este modo, las relaciones especiales que entablamos con el ser amado acaban destruyéndose y desmoronándose, dando pie al resurgir de la culpa, el sentimiento motivador que nos ha llevado al encuentro de esa relación.

11. Busca y encuentra Su mensaje en el instante santo, en el que se perdonan todas las ilusiones. 2Desde ahí, el milagro se extiende para bendecir a todo el mundo y resolver todo problema, percí­base como grande o pequeño, como que puede ser resuelto o como que no. 3No hay nada que no ceda ante Él y Su majestad. 4Unirse en estrecha relación con Él es aceptar todas las relaciones como reales, y gracias a su realidad, abandonar las ilusiones a cambio de la realidad de tu relación con Dios. 5Alabada sea la relación que tienes con Él y ninguna otra. 6La verdad reside en ella y no en ninguna otra parte. 7Eliges esto o nada.

Si analizamos de cerca la experiencia de las relaciones especiales, tendremos que hacerlo acompañado de la fortaleza que nos ofrece el Amor Incondicional, pues si no elegimos a ese "anfitrión" en nuestra mente, podemos sufrir una profunda decepción en la naturaleza humana que nos hará dudar si las relaciones de amor tienen algún sentido.

Nos encontraríamos frente a una experiencia de crisis, que tal vez nos ayude a ver las cosas de otra manera, es decir, que nos ayude a no seguir las creencias en las que se basa el sistema de pensamiento del ego. No podemos permitir que el acúmulo de experiencias frustradas en el terreno del amor nos lleve al efecto contrario, es decir, a decidir no amar. Lo que sí debemos preguntarnos es si el modo de amar de un modo especial es el modo adecuado de amar.

Amar de manera especial es una ilusión difícil de reconocer, pues ¿quién pone en duda una acción basada, a priori, en el amor? Pero amar de manera especial forma parte de una percepción incorrecta que permite que el pasado se adueñe del instante real. El recuerdo de la culpa nos lleva al encuentro con la persona por la que, de manera inconsciente, nos sentimos atraídos. Necesitamos el uso del tiempo para demostrar a esa persona que la amamos, pero en verdad lo único que hacemos es dar perpetuidad al sentimiento que originó la culpa, por lo que revivirá una y otra vez la misma experiencia.

Utilicemos el instante santo para perdonar en el presente todas las ilusiones que ocupen nuestra mente. Ello nos permitirá quedar limpios de culpas, y las relaciones que afrontemos desde ese estado de ser no necesitarán amar de un modo especial, pues reconoceremos que todos los seres somos dadores del verdadero amor, y nadie vendrá a privarnos de ello.

12. Perdónanos nuestras ilusiones, Padre, y ayúdanos a aceptar nuestra verdadera relación Contigo, en la que no hay ilusiones y en la que jamás puede infiltrarse ninguna. 2Nuestra santidad es la Tuya. 3¿Qué puede haber en nosotros que necesite perdón si Tu perdón es perfecto? 4El sueño del olvido no es más que nuestra renuencia a recordar Tu perdón y Tu amor. 5No nos dejes caer en la tentación, pues la tentación del Hijo de Dios no es Tu Voluntad. 6Y déjanos recibir únicamente lo que Tú has dado, y aceptar sólo eso en las mentes que Tú creaste y que amas. 7Amén. 

¡Amén! 

lunes, 23 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (3ª parte).

VII. El final de las ilusiones (3ª parte).

6. Frente a la demente noción que el ego tiene de la salvación, el Espíritu Santo te ofrece dulcemente el instante santo. 2Hemos dicho antes que el Espíritu Santo tiene que enseñar mediante com­paraciones, y que se vale de opuestos para apuntar hacia la ver­dad. 3El instante santo es lo opuesto a la creencia fija del ego de que la salvación se logra vengando el pasado. 4En el instante santo se comprende que el pasado ya pasó, y que, con su pasar, el impulso de venganza se arrancó de raíz y desapareció. 5La quie­tud y la paz del ahora te envuelven con perfecta dulzura. 6Todo ha desaparecido, excepto la verdad.

El instante santo se manifiesta en la percepción verdadera del presente. No puede manifestarse en otro tiempo que no sea el ahora. Su expresión exige de nosotros que tomemos consciencia de la inexistencia del pasado, o, lo que es lo mismo, que vivamos desde nuestra inocencia, desde nuestra pureza, desde nuestra perfección.

7. Puede que por algún tiempo todavía trates de llevar ilusiones al instante santo, obstaculizando así el que seas plenamente cons­ciente de la absoluta diferencia que existe con respecto a todo ­entre tu experiencia de la verdad y tu experiencia de la ilusión. 2Mas no seguirás tratando de hacer eso por mucho más tiempo. 3En el instante santo el poder del Espíritu Santo prevalecerá por­que te habrás unido a Él. 4Las ilusiones que cargas contigo debili­tarán la experiencia que tienes de Él por algún tiempo, e impedirán que retengas la experiencia en tu mente. 5Mas el ins­tante santo es eterno, y las ilusiones que tienes acerca del tiempo no impedirán que lo intemporal sea lo que es, ni que lo experi­mentes tal como es.

Este punto nos prepara para que no desfallezcamos cuando movilicemos nuestra voluntad y la pongamos al servicio del Espíritu Santo y no obtengamos los efectos deseados. En esta experiencia, los deseos pueden convertirse en un obstáculo, pues la función del deseo es que las cosas sean tal y como las deseamos y no como son en verdad. 

Es por ello que la Enseñanza nos advierte que las ilusiones que cargamos debilitarán la experiencia del instante santo en nuestra mente, aunque será por poco tiempo, pues una vez que se percibe correctamente, una vez que vemos la verdad, la realidad, no permitiremos que las ilusiones nos sigan guiando. Recordar lo que verdaderamente somos nos hará conscientes de que hemos despertado del sueño que nos ha mantenido atrapados en falsas creencias.

8Lo que Dios te ha dado, te lo dio de verdad, y no podrás sino recibirlo de verdad. 2Pues los dones de Dios están desprovistos de toda realidad a menos que tú los recibas. 3Recibirlos consuma Su dación. 4Tú los recibirás porque Su Voluntad es darlos. 5Él dio el instante santo para que te fuese dado, y es imposible que no lo recibas, puesto que Él lo dio. 6Cuando Él dispuso que Su Hijo fuese libre, Su Hijo fue libre. 7En el instante santo se encuentra Su recor­datorio de que Su Hijo será siempre exactamente como fue crea­do. 8Y el propósito de todo lo que el Espíritu Santo enseña es recordarte que has recibido lo que Dios te dio.

El Hijo de Dios ha sido creado a Imagen y Semejanza de Su Creador, lo que significa que es Espíritu y un Ser Creador que está dotado de los Principios: Voluntad, Amor e Inteligencia. Esa es la herencia que Su Padre le otorga. El Hijo de Dios es libre para ser lo que Es y para utilizar esos Principios con total libertad. 

En el uso libre del Poder Creador, el Hijo elige crear desde el Amor, esto es, según las Leyes de Dios, o elige crear desde la ausencia del Amor, esto es, según sus propias leyes, las cuales le llevan a verse separado de Su Fuente. A este modo de crear, el Curso lo llama "fabricar". La diferencia esencial entre crear y fabricar es que lo creado desde el Amor es eterno y lo fabricado desde el miedo es temporal; dicho de otro modo, lo creado desde el amor es verdadero y real, y lo fabricado desde el miedo es ilusorio e irreal.

viernes, 20 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (2ª parte).

VII. El final de las ilusiones (2ª parte).

3. No subestimes la intensidad del deseo del ego por vengarse del pasado. 2El ego es absolutamente cruel y completamente demente. 3Se acuerda de todo lo que hiciste que lo ofendió, e intenta hacer que pagues por ello. 4Las fantasías que lleva a las relaciones que ha escogido para exteriorizar su odio, son fantasías de tu destruc­ción. 5Pues el ego te guarda rencor por el pasado, y si te escapas del pasado se vería privado de consumar la venganza que, según él, tan justamente mereces. 6Sin embargo, si no te tuviese a ti de aliado de tu propia destrucción, el ego no podría utilizar el pasado contra ti. 7En la relación especial permites tu propia des­trucción. 8Que eso es demente es obvio. 9Lo que no es tan obvio es que el presente no te sirve de nada mientras persigas el objetivo del ego como aliado suyo.

En la Biblia, se recoge un pasaje en el Evangelio de Juan 3:3, que es el siguiente: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios".

Para mí, ese "nacer de nuevo" hace referencia al único estado temporal en el que es posible, el presente. Es imposible nacer de nuevo en el pasado. Si reflexionamos sobre el profundo significado que atesora este mensaje de Jesús, nos permitirá encontrar la clave para poder liberarnos del miedo, de la culpa, de la ira, de la falsa percepción en la separación.

Si vivimos el presente empañado por los recuerdos del pasado, estaremos sufriendo permanentemente. Te imaginas un presente donde podamos recordar con detalle todo lo que hemos experimentado en el pasado. Nos quedaríamos paralizados, muertos de miedo, bien por hacernos conscientes de nuestra demencia, o bien por revivir el dolor que nos han causado.

En el pasado no podemos perdonar, no podemos olvidar las ofensas, no podemos curar nuestras heridas. Eso tan solo es posible cuando vivimos conscientemente el presente y decidimos nacer de nuevo, con la total ausencia de los significados que hemos llevado siempre en nuestra mochila: miedo, culpa, etc.

4. El pasado ya pasó. No intentes conservarlo en la relación espe­cial que te mantiene encadenado a él, y que quiere enseñarte que la salvación se encuentra en el pasado y que por eso necesitas volver a él para encontrarla. 2No hay fantasía que no encierre un sueño de represalias por lo ocurrido en el pasado. 3¿Qué prefieres, exteriorizar ese sueño o abandonarlo?

El pasado ya pasó, y el futuro aún no ha llegado. Entonces, ¿por qué elegimos mantenerlo vivo en el único tiempo que es real?

Tan sólo en el presente podremos ser felices, pues nos ofrece una oportunidad de elegir el amor en vez del miedo. Cuando elegimos el amor, estamos capacitados para perdonar todo el dolor y el daño que hayamos podido recibir, así como el que podamos haber infringido a otros. No podemos volver al pasado para arreglar nuestros asuntos pendientes. Es en el presente donde decidimos que ese pasado siga teniendo significado y condicionando nuestras decisiones. Si te das cuenta de esta verdad, te liberarás.

5. No parece que lo que buscas en la relación especial sea la ven­ganza. 2Y ni siquiera cuando el odio y la crueldad se asoman fugazmente se quebranta seriamente la ilusión de amor. 3Sin embargo, lo único que el ego jamás permite que llegue tu con­ciencia es que la relación especial es la exteriorización de tu ven­ganza contra ti mismo. 4¿Qué otra cosa podría ser? 5Cuando vas en busca de una relación especial, no buscas la gloria dentro de ti. 6Has negado que se encuentre en ti, y la relación se convierte en su substituto. 7La venganza pasa a ser aquello con lo que substituyes la Expiación, y lo que pierdes es poder escaparte de la venganza.

Es cierto. Cuando buscamos algo fuera de nosotros, es porque al mirar en nuestro interior hemos decidido negarlo. En la relación especial, lo que prima es el encuentro con el amor. Si ese amor formase parte de nuestro interior, es decir, si al mirarnos internamente nos hacemos conscientes de que somos amor, no tendríamos la necesidad de buscarlo fuera. Nos limitaríamos a extenderlo y a compartirlo, no a exigirlo. Hay una gran diferencia entre dar y necesitar. Si en una vivencia de relación especial damos amor verdadero, dejará de ser especial, pues lo que estamos dando es libertad. Pero ocurre que el ego no da amor, sino que lo busca en la otra persona. Cuando mira en su interior, con los ojos del ego, lo único que encuentra es su identidad, el miedo. Al ofrecer miedo cuando busca amor, lo que está ofreciendo, lo recibirá.

jueves, 19 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VII. El final de las ilusiones (1ª parte).

VII. El final de las ilusiones (1ª parte).

1. Es imposible abandonar el pasado sin renunciar a la relación especial. 2Pues la relación especial es un intento de revivir el pasado y alterarlo. 3Toda imaginada ofensa, todo dolor que toda­vía se recuerde, así como todas las desilusiones pasadas y las injusticias y privaciones que se percibieron, forman parte de la relación especial, que se convierte en el medio por el que intentas reparar tu herido amor propio. 4Sin el pasado, ¿de qué base dis­pondrías para elegir a un compañero especial? 5Toda elección al respecto se hace por razón de algo "malo" que ocurrió en el pasado a lo que aún te aferras, y por lo que otro tiene que pagar.

Hagámoslo fácil para facilitar la comprensión del motivo que lleva al ego a establecer relaciones especiales. Lo primero que tenemos que conocer es la procedencia del ego, pues de este modo sabremos cuál es la causa que debemos corregir. El ego es un efecto del uso incorrecto de la mente. Es el resultado de haber elegido creer que somos diferentes a nuestro creador.

El Hijo de Dios, creado a imagen y semejanza del Creador, haciendo uso de la voluntad, elige desligarse del conocimiento que le ofrece el Cielo, símbolo de la Unidad, y fabrica una realidad ilusoria con la que se identifica. He aquí que el ego es el hijo de la separación. Ser hijo de la separación conlleva caminar con una mochila donde carga todas las consecuencias inherentes a la creencia de la separación: miedo, culpa, ira, sufrimiento, sacrificio, enfermedad, dolor y muerte. 

La existencia del ego depende de no perder esa mochila, pues, sin ella, su sistema de pensamiento, su realidad, desaparecería. Por lo tanto, pone mucho empeño en ocultar a la conciencia que su único objetivo es mostrarnos un plan de salvación que nos habla de un amor que gratificará la percepción de nuestros sentidos, y para hacer realidad dicho plan, es imprescindible sentirse amado de una manera especial y amar del mismo modo. Ese amor oculta los valores que guarda en su mochila. Ese amor es condicional, pues no ofrece libertad, sino límites que exigirán al otro, al ser amado, que se sacrifique para que él pueda ver satisfechas sus demandas y necesidades.

Entre los "objetos" más valiosos que guarda en su mochila, el ego utiliza uno muy especial, la culpa. Trasladar la culpa al otro, ocultando su propia culpa, lleva al ego a sentirse superior y ganador. Proyectando sus miedos, lleva ese miedo en las relaciones especiales y trata de mantenerlo vivo utilizando el ataque. Su frase preferida es esta: "Tú tienes la culpa de todo lo que nos pasa".

Remontémonos al origen de la creación. Dios crea a Su Hijo desde el Amor. Podemos decir, que somos Hijos del Amor. Dios creó un único Hijo. Lo que nos lleva a pensar que somos el fruto de Su Pensamiento, el cual se extendió de Su Fuente Original. Al ser creados a Su Imagen y Semejanza, somos Espíritu y tenemos sus mismos poderes creadores: Voluntad, Amor e Inteligencia. La Filiación goza de Unidad, es por ello que las Enseñanzas nos describen que Dios creó a un único Hijo. Esa es nuestra verdadera identidad: Ser Espiritual. Ese Ser comparte la misma Fuente que Su Creador, lo cual es la garantía de que no puede ser diferente a Su Creador, es decir, no podemos ser Hijos del Amor e hijos del pecado al mismo tiempo.

El Hijo de Dios, ya lo hemos visto, tiene libertad para utilizar los poderes adquiridos, según su voluntad. Sus falsas creaciones no sustituyen su verdadera realidad. Si eso fuese posible, tendría el poder para poner fin a la existencia de Su Creador; tendría el poder de eliminar su esencia, su espíritu, su amor. Lo que sí es posible es identificarse con una apariencia ilusoria y falsa, como es el ego. El percibir una vibración diferente a la que existe en el plano superior de la Conciencia Una le lleva a un estado de sopor, semejante al sueño, donde todo lo percibido es de la misma calidad que su origen, esto es, ilusoria.

Permanecer en el sueño favorece la creencia en el pecado y en la culpa. Ese recuerdo del pasado oscurece nuestro presente, impidiéndonos nacer de nuevo y recordar nuestra verdadera identidad. Impide que despertemos a la verdadera realidad.

En toda esta trama, el ego continuará su aventura, siempre que le dejemos caminar con su apreciada mochila.

2. La relación especial es una venganza contra el pasado. 2Al tra­tar de eliminar todo sufrimiento pasado, pasa por alto el presente, pues está obsesionada con el pasado y comprometida totalmente a él. 3Ninguna relación especial se experimenta en el presente. 4Sombras del pasado la envuelven y la convierten en lo que es. 5No tiene ningún significado en el presente, y si no significa nada en el ahora, no significa nada en absoluto. 6¿Cómo ibas a poder cambiar el pasado, salvo en fantasías? 7¿Y quién te puede dar aquello de lo que según tú se te privó en el pasado? 8El pasado no es nada. 9No trates de culparlo por tus privaciones, pues el pasado ya pasó. 10En realidad es imposible que no puedas desprenderte de lo que ya pasó. 11Debe ser, por lo tanto, que estás perpetuando la ilusión de que todavía está ahí porque crees que sirve para algún propósito que quieres ver realizado. 12debe ser también que ese propósito no puede realizarse en el presente, sino sólo en el pasado.

La existencia del ego necesita creer en el pasado, pues es desde ese espacio temporal de donde extrae los significados que hacen coherentes sus percepciones. Sin ese pasado, el ego no tendría más remedio que reconocer su ignorancia, pues el simple hecho de no percibir su propia ilusión sería suficiente para reconocer su inexistencia, su falsedad. El presente es todo un reto para el ego, pues le brinda la oportunidad de descubrir que es falso. Para evitarlo, elige traer lo conocido, el pasado, a lo desconocido, el presente, de modo que pueda perpetuar y justificar su existencia.

El ego utiliza la culpa en sus relaciones especiales como una promesa de alcanzar el plan de salvación que llama, ligeramente, una experiencia de amor. El karma está basado en esa falsa percepción. Nos sentimos culpables del daño que causamos como consecuencia de haber elegido el miedo en vez del amor, y decidimos purificar esa culpa, prometiéndonos amor eterno, un amor que, al carecer de los pilares sólidos de la libertad, no se alcanzará, lo que nos llevará a posponerlo en otra vida. Con ello, lo que estamos haciendo es trasladar el pasado al futuro y perpetuar el ciclo, con un nuevo empezar.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Capítulo 16. VI. El puente que conduce al mundo real (3ª parte).

VI. El puente que conduce al mundo real (3ª parte).

8. No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. 2El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. 3Lo único que es urgente es desencajar a tu mente de la posición fija que ha adop­tado aquí. 4Ello no te dejará desamparado ni desprovisto de un marco de referencia. 5El período de desorientación, que precede a la transición en sí, es mucho más corto que el tiempo que tardaste en fijar tu mente tan firmemente en las ilusiones. 6Cualquier demora te hará ahora más daño que antes, debido únicamente a que te das cuenta de que es una demora, y de que realmente es posible escapar del dolor. 7En lugar de desesperación, halla espe­ranza y consuelo en esto: muy pronto ya no podrás encontrar en ninguna relación especial aquí ni siquiera la ilusión de amor. 8Pues ya no estás completamente loco, y no tardarías mucho en reconocer la culpabilidad que te produce traicionarte a ti mismo.

Cruzar el puente, al suponer un proceso de cambio de percepción, llevará un tiempo. En ese espacio temporal, el presente adquiere un significado muy valioso, pues al no ocuparlo con pensamientos sombríos del pasado y del futuro, nos ofrecerá un campo de infinitas posibilidades en las que podemos elegir desde el amor y no desde el miedo. Elegir desde el amor significa que no damos cabida al miedo, ni a la culpa, ni al castigo, y por lo tanto, la presencia del dolor y el sufrimiento no tendrá lugar.

9. Nada que procures fortalecer en la relación especial es real­mente parte de ti. 2no puedes conservar parte del sistema de pensamiento que te enseñó que la relación especial es real, y entender el Pensamiento que sabe lo que eres. 3Le has permitido al Pensamiento de tu realidad entrar en tu mente, y puesto que lo invitaste, morará contigo. 4Tu amor por él no permitirá que te traiciones a ti mismo, y no podrás entablar ninguna relación en la que dicho pensamiento no te acompañe, pues no desearás estar separado de él.

La fortaleza del ego se expresa en su sistema de pensamiento, es decir, la creencia en la separación se ha convertido en el sentido de su existencia, debido a que el pensamiento de su realidad ocupa nuestra mente al haber sido invitada. Expresado de otra manera: al desear ser amado de una manera especial, nos ha llevado a vernos diferentes y a percibirnos de manera exclusiva.

10. Alégrate de haber escapado de la parodia de salvación que el ego te ofrecía, y no mires atrás con nostalgia a la farsa que hacía de tus relaciones. 2Ahora nadie tiene que sufrir, pues has llegado demasiado lejos como para sucumbir a la ilusión de que la culpa­bilidad es algo bello y santo. 3Sólo los que son completamente dementes podrían contemplar la muerte y el sufrimiento, la enfer­medad y la desesperanza, y considerarlos bellos y santos. 4Lo que la culpabilidad ha forjado es feo, temible y muy peligroso. 5No veas ninguna ilusión de verdad y belleza en ello. 6Y siéntete agra­decido de que haya un lugar donde la verdad y la belleza te aguardan. 7Ve gustosamente a su encuentro y descubre lo mucho que te espera por el simple hecho de estar dispuesto a abandonar lo que no es nada precisamente porque no es nada.

Si el modo de amar del ego, de manera especial, nos aportase la percepción de la unidad, de la felicidad, de la libertad, en verdad, debería ser considerado como el plan de salvación adecuado. Pero la realidad es otra. El modo de amar del ego, inspirado desde el miedo, tan solo aporta conflicto, enfrentamiento, odio, ataque, dolor, sufrimiento, etc.

11.  La nueva perspectiva que adquirirás al cruzar el puente será el entendimiento de dónde se encuentra el Cielo. 2Desde este lado parece encontrarse fuera de ti y al otro lado del puente. 3Pero al cruzar el puente para unirte al Cielo, éste se unirá a ti y os volve­réis uno. 4pensarás, con feliz asombro, que a cambio de todo esto renunciaste a lo que no era nada. 5El júbilo del Cielo, el cual es ilimitado, aumenta con cada luz que regresa a ocupar el lugar que le corresponde en él. 6¡Por el Amor de Dios y por el tuyo propio, no te demores más! 7¡Y que el instante santo te acelere en tu camino, como indudablemente lo hará sólo con que dejes que venga a ti!

El mundo que percibimos y que se encuentra en la orilla donde nuestra identidad se identifica con el ego es el mundo donde imperan las leyes del miedo.

En la otra orilla del puente, la luz de un faro nos lleva a vislumbrar el final de un mundo oscuro. Esa luz representa la Voz del Espíritu Santo, que ha oído nuestra voluntad de querer retornar hacia nuestro verdadero Hogar y nos espera para darnos la buena nueva. El Cielo nos abre sus puertas y entramos en Él, de la mano de nuestros hermanos.

12. El Espíritu Santo sólo te pide este pequeño favor: que cada vez que tus pensamientos se desvíen hacia una relación especial que todavía te atraiga, te unas a Él en un instante santo y ahí le per­mitas liberarte. 2Lo único que necesita es que estés dispuesto a compartir Su perspectiva, para que Él te la conceda en su totalidad. 3Y no tienes que estar completamente dispuesto porque Él lo está. 4Su tarea es expiar tu renuencia mediante Su perfecta fe, y es Su fe la que tú compartes con Él en el instante santo. 5Como resultado de reconocer que no estás dispuesto a ser liberado, se te ofrece la perfecta buena voluntad de la que Él goza. 6lnvócale, pues el Cielo responde a Su llamada. 7Y permítele que Él invoque al Cielo por ti.

Somos seres completos y tan solo la creencia en la separación puede oscurecer esa visión, llevándonos a creernos necesitados y escasos. Creernos pecadores nos lleva al exilio; nos lleva a sentirnos expulsados del Cielo. 

Dios no nos castiga por haber utilizado nuestra voluntad para fabricar un mundo ausente de amor. Somos nosotros los que, al excluirnos del amor, nos creemos escindidos del Cielo.

No somos seres incompletos que necesitan amar de manera especial a otra persona, la cual nos completará. Lo que es Uno es indivisible. El amor es indivisible.