viernes, 4 de octubre de 2024

Capítulo 15. EL INSTANTE SANTO. I. Los dos usos del tiempo (1ª parte).

 Capítulo 15

EL INSTANTE SANTO

 

I. Los dos usos del tiempo (1ª parte).

1. ¿Puedes imaginarte lo que sería no tener inquietudes, preocu­paciones ni ansiedades de ninguna clase, sino simplemente gozar de perfecta calma y sosiego todo el tiempo? 2Ése es, no obstante, el propósito del tiempo: aprender justamente eso y nada más. 3El Maestro de Dios no puede sentirse satisfecho con Sus enseñanzas hasta que éstas no constituyan lo único que sabes. 4Su función docente no se consumará hasta que no seas un alumno tan dedi­cado que sólo aprendas de Él. 5Cuando eso haya ocurrido, ya no tendrás necesidad de un maestro, ni de tiempo en el que aprender.

Cuando utilizamos el poder heredado de nuestro Padre, el poder creador, el tiempo no existe tal y como lo concebimos actualmente con la visión del sistema de pensamiento del ego. Causa y Efecto forman una unidad y se manifiestan en un mismo instante y perduran eternamente.

La creación del Hijo de Dios, da testimonio de ese instante eterno. La causa, la Mente de Dios. El efecto, Su Pensamiento, el cual dio lugar a Su Hijo.

La enseñanza del Espíritu Santo adquiere esa misma cualidad creadora y cuando se produce, experimentamos el Instante Santo.

En el Cielo, el tiempo no existe. Tan sólo existe en el mundo material, donde el tiempo, da un sentido temporal a la ley de causa y efecto. Pongamos un ejemplo que nos ayude a la comprensión de lo que decimos.

La semilla, es la causa que da origen al fruto, esto es, al efecto. Pero su manifestación requiere de todo una cronología de acontecimientos que completan el ciclo. La semilla debe contar con una tierra propicia para su crecimiento y para favorecer que se convierta en una planta con capacidad para dar sus frutos.

El modo de enseñar del tiempo, tal y como se recoge en este punto, es ayudarnos a aprender a gozar de perfecta calma y sosiego. Este aprendizaje se produce en el instante presente, en el instante eterno, cuando ponemos el tiempo, es decir, el aprendizaje en manos del Espíritu Santo.

Si elegimos como maestro al ego, el tiempo de aprendizaje estará sujeto al proceso cronológico que he referido en el ejemplo de la semilla. Requeriremos que pasen las fases, lo que favorecerá que el camino sea más largo y riguroso.

Como bien expresa este apartado, el Maestro de Dios debe seguir las enseñanzas del Espíritu Santo y hacer de cada instante, una acción creadora, un Instante Santo.

2. La razón del aparente desaliento del que tal vez padezcas es tu creencia de que ello toma tiempo y de que los resultados de las enseñanzas del Espíritu Santo se encuentran en un futuro remoto. 2Sin embargo, no es así, 3pues el Espíritu Santo usa el tiempo a Su manera, y no está limitado por él. 4Él tiempo es Su amigo a la hora de enseñar. 5No causa deterioro en Él como lo hace en ti. 6Todo el deterioro que el tiempo parece ocasionar se debe únicamente a tu identificación con el ego, que se vale del tiempo para reforzar su creencia en la destrucción. 7El ego, al igual que el Espíritu Santo, se vale del tiempo para convencerte de la inevitabilidad del obje­tivo y del final del aprendizaje. 8Él objetivo del ego es la muerte, que es su propio fin. 9Mas el objetivo del Espíritu Santo es la vida, la cual no tiene fin.

Si reflexionamos sobre el modo en el que aprendemos en la vida, seguro que encontraremos diferencias en las vías de aprendizaje elegidas. Igualmente, descubriremos, que la más frecuente de esas vías, es la proporcionada por el ego.

Pongo un ejemplo de lo que quiero compartir: aprendiendo a relacionarme con los demás.

En esta experiencia de aprendizaje, podemos elegir ver al otro como alguien ajeno a nosotros y como fruto de esa visión basada en la creencia en la separación, decido ponerme a la defensiva a la hora de relacionarme con esa persona y juzgo su manera de ser desde mi propia visión (miedo a amarlo), lo que propicia la falta de entendimiento entre las partes. La falta de amor es sustituida por el miedo, lo que nos lleva a experimentar dolor y sufrimiento. Nuestras actuaciones desencadenan efectos que despertarán sentimientos de culpa, lo que a su vez, nos impulsará a redimir nuestros errores. Esta secuencia, en el tiempo, se prolonga, hasta que nuestra consciencia elige ver de otra manera la vivencia de relación y dejando de juzgar al otro desde nuestra visión dual. El perdón es la mejor medicina para sanar ese síndrome que nos amenaza con extenderse interminablemente.

Si elegimos la vía de aprendizaje del Espíritu Santo, dejaremos en Sus manos, igualmente, el modo en cómo recibir el mensaje de su enseñanza. Puede ser una lectura espiritual, el contenido de una charla en la que participamos como oyente, incluso, el impacto que se produce en nuestra consciencia cuando leemos un eslogan publicitario anunciado en un tablón. Lo cierto es, que, independientemente del modo en cómo se manifiesta su mensaje, nuestra mente sintonizará con Su Enseñanza y, en un instante, nuestros ojos, que antes permanecían cerrados, se abrirán, viendo con total nitidez, que el único modo de llevar paz a nuestra relación con los demás, es permitiendo que esa paz forme parte de nuestro interior, de nuestro corazón. El tiempo se colapsa, cuando nuestra mente se pone al servicio del Espíritu Santo, pues nos libera de las secuencias temporales que exigen la culpa y el juicio, para ser trascendidas.

3. El ego es un aliado del tiempo, pero no un amigo. 2Pues descon­fía tanto de la muerte como de la vida, y lo que desea para ti, él no lo puede tolerar. 3Él ego te quiere ver muerto, pero él no quiere morir., 4El resultado de esta extraña doctrina no puede ser otro, por lo tanto, que el de convencerte de que él te puede perseguir más allá de la tumba. 5al no estar dispuesto a que ni siquiera en la muerte encuentres paz, te ofrece inmortalidad en el infierno. 6Te habla del Cielo, pero te asegura que el Cielo no es para ti. 7Pues, ¿qué esperanzas pueden tener los culpables de ir al Cielo?

El ego es el hijo del hombre, que ha elegido el miedo, en sustitución del Amor. Su sistema de pensamiento está basado en la percepción, la cual, a su vez, se erige por la creencia en la separación. Sin dicha creencia, el ego, no existiría, y todos sus argumentos están teñidos por el tinte de la dualidad y de la temporalidad. Sabe que su existencia es efímera, lo que le lleva a utilizar la idea de la muerte como uno de sus más firmes pilares para dar credibilidad a su falsa identidad. La muerte le lleva a negar la realidad de la vida y, sin embargo, siente un profundo temor por la muerte, pues el significado que le otorga, es su propio final.

El ego sueña con ser inmortal, pero su sistema de pensamiento, niega dicha posibilidad, pues ante la percepción del deterioro temporal del cuerpo, deduce que dicha inmortalidad ha de encontrarse en el infierno, que no es más que el lugar ilusorio donde purgar sus pecados. 

jueves, 3 de octubre de 2024

Capítulo 14. XI. La prueba de la verdad (5ª parte).

 XI. La prueba de la verdad (5ª parte).

13. Sólo aquellos que reconocen que no pueden saber nada a menos que los efectos del entendimiento estén con ellos, pueden realmente aprender. 2Para lograrlo tienen que desear la paz, y nada más. 3Siempre que crees que sabes, la paz se aleja de ti porque has abandonado al Maestro de la paz. 4Siempre que reconoces que no sabes, la paz retorna a ti, pues has invitado al Espí­ritu Santo a que retorne, al haber abandonado al ego por Él. 5No acudas al ego para nada. aEso es lo único que necesitas hacer. 6El Espíritu Santo, por Su Propia iniciativa, ocupará toda mente que, de esta manera, le haga sitio.

El saber del ego está contaminado por el virus de la creencia en el pecado y en la culpa, por lo que, sus enseñanzas, jamás nos podrán aportar paz.

Por esa razón, este punto nos invita a cambiar nuestra creencia en que sabemos lo que hay que hay que aprender. 

14. Si quieres paz tienes que abandonar al maestro del ataque. 2El maestro de la paz nunca te abandonará. 3Tú puedes apartarte de Él, pero Él jamás se apartará de ti, pues la fe que tiene en ti es Su entendimiento. 4Dicha fe es tan firme como la que tiene, en Su Creador, y Él sabe que tener fe en Su Creador incluye necesaria­mente tener fe en Su creación. 5En esta consistencia reside Su santidad a la que Él no puede renunciar, pues no es Su Voluntad hacerlo. 6Teniendo siempre presente tu perfección, Él le da el don de la paz a todo aquel que percibe la necesidad que tiene de ella y que desea alcanzarla. 7Hazle sitio a la paz, y ésta vendrá 8Pues el entendimiento se encuentra en ti, y la paz procede inevitablemente de él.

¿Cómo podemos hacer sitio a la paz, para que forme parte de nuestra vida? 

Por mi mismo, no puedo saber la respuesta, pues la escuela de pensamiento del ego, no me aporta el saber correcto para conseguirlo. Todo lo contrario, sus lecciones tan sólo consiguen alejarme de la respuesta correcta.

Pediré al Espíritu Santo que me muestre la respuesta correcta, pues el único impulso que me guía a ello es desear la paz. Si mi voluntad no fuese la paz, jamás conseguiría ver las circunstancias dónde poder sembrar esa voluntad-semilla. Esas circunstancias nos la ofreceré el Espíritu Santo, propiciando el escenario adecuado para que podamos compartir esa paz y hacer que se extienda por doquier.

15. El poder de Dios, de donde el entendimiento y la paz emanan, es tan tuyo como Suyo. 2Tú crees que no conoces a Dios única­mente porque sólo es imposible conocerlo. 3Mas si contemplas las obras imponentes que Él hará a través de ti, te convencerás de que las hiciste a través de Él. 4Es imposible negar la Fuente de unos efectos que son tan poderosos que es imposible que proce­dan de ti. 5Hazle sitio Él, y te encontrarás tan lleno de poder que nada podrá prevalecer contra tu paz. 6Y ésta será la prueba por la que reconocerás que has entendido. 

"Por sus obras los conoceréis" 

Las obras del ego, todas llevan el mismo sello, el del miedo. En cambio, las obras de Dios, se reconocen porque se expanden como la fuerza del Amor.

En nuestro actual estado de conciencia, nos resultará fácil reconocer las obras procedentes del sistema de pensamiento del ego, pues, al ser efectos del miedo, todas ellas, nos llevarán a experimentar la ausencia de paz.

Cuando abandonemos la escuela del ego y en su lugar elijamos la escuela del Espíritu Santo, nuestras obras tendrán como fruto la expansión de la paz, y ello será la muestra de nuestro reconocimiento como Hijo de Dios.  

miércoles, 2 de octubre de 2024

Capítulo 14. XI. La prueba de la verdad (4ª parte).

 XI. La prueba de la verdad (4ª parte).

10. Aquel que te ha liberado del pasado quiere enseñarte que estás libre de él. 2Lo único que Él desea es que aceptes Sus logros como tuyos porque los logró para ti. 3Y por tal razón, son tuyos. 4Él te ha liberado de lo que fabricaste. 5Puedes negarle, pero no puedes invocarle en vano. 6Él siempre da Sus regalos en substitución de los tuyos. 7Él quiere que Su resplandeciente enseñanza se arrai­gue con tal firmeza en tu mente, que ninguna lección tenebrosa de culpabilidad pueda morar en lo que Él ha santificado con Su Presencia. 8Dale gracias a Dios de que Él esté ahí y de que obre a través de ti. 9Pues todas Sus obras son tuyas. 10ÉI te ofrece un milagro por cada uno que le dejes obrar a través de ti.

Terminábamos la reflexión anterior, diciendo que el fruto que obtendremos al mirar con ojos nuevos, será la paz. Ese será el regalo de nuestro milagro, el logro que habremos alcanzado eligiendo caminar con el Espíritu Santo

11. El Hijo de Dios será siempre indivisible: 2De la misma manera en que somos uno solo en Dios, así también aprendemos cual uno solo en Él. 3El Maestro de Dios se asemeja tanto a Su Creador como el Hijo al Padre, y, a través de Su Maestro, Dios proclama Su Unicidad y la de Su Hijo. 4Escucha en silencio, y no le levantes la voz. 5Pues Él enseña el milagro de la unicidad, y ante Su lección la división desaparece. 6Enseña como Él aquí, y recordarás que siempre has creado como tu Padre. 7El milagro de la creación nunca ha cesado, pues lleva impreso sobre sí el sello sagrado de la inmortalidad. 8Esto es lo que la Voluntad de Dios dispone para toda la creación, y toda la creación se une para disponer lo mismo.

Sin tan solo creyésemos que el Hijo de Dios es indivisible, las trompetas de los Querubines que custodian las puertas del Cielo, proclamarían nuestra salvación. La Visión Crística nos enseña esta verdad. El Hijo de Dios es uno solo en Dios.

¿Cómo podríamos ver a nuestros hermanos separados de nosotros?

12. Aquellos que nunca se olvidan de que no saben nada, y que finalmente están dispuestos a aprenderlo todo, lo aprenderán. 2Pero mientras confíen en sí mismos, no aprenderán. 3Pues habrán destruido su motivación de aprender pensando que ya saben. 4No creas que sabes nada hasta que pases la prueba de la paz perfecta, pues la paz y el entendimiento van de la mano y nunca se les puede encontrar aparte. 5Cada uno de ellos trae con­sigo al otro, pues la ley de Dios es que no estén separados. 6Cada uno es causa y efecto del otro, de forma tal que donde uno de ellos está ausente, el otro no puede estar.

Desaprender lo aprendido, es una invitación a dejar de seguir el sistema de pensamiento del ego, pues sus enseñanzas están basadas en la falsa creencia de la separación, por lo que, el resultado de dichas enseñanzas, no nos aportará el logro que realmente alcanzar, la paz, pues, este logro tan sólo se alcanza cuando nuestras creencias sirven al amor.

martes, 1 de octubre de 2024

Capítulo 14. XI. La prueba de la verdad (3ª parte).

XI. La prueba de la verdad (3ª parte).

7. Tú no puedes ser tu propio guía hacia los milagros, pues fuiste tú el que hizo que fuesen necesarios. 2debido a ello, se te prove­yeron los medios con los que puedes contar para que se produz­can los milagros. 3El Hijo de Dios no puede inventar necesidades que Su Padre no pueda satisfacer sólo con que se dirija a Él leve­mente. 4Mas Él no puede forzar a Su Hijo a que se dirija a Él y seguir siendo Él Mismo. 5Es imposible que Dios pueda perder Su Identidad, ya que si la perdiese, tú perderías la tuya. 6Y dado que Su Identidad es la tuya, Él no puede cambiar lo que Él es, pues tu Identidad es inmutable. 7El milagro reconoce la inmutabilidad de Dios al ver a Su Hijo, como siempre ha sido, y no como lo que él quiere hacer de sí mismo. 8El milagro produce efectos que sólo la inocencia puede producir, y así, establece el hecho de que la inocencia es real.

En este punto, se nos confirma una de las características esenciales del Amor, la inmutabilidad.

Si Dios pudiese forzar a Su Hijo a que se dirija a Él, estaría alterando la esencia característica del Amor, la cual se basa en el Principio de la Libertad. Esa "interferencia", aún siendo en beneficio del Hijo, modificaría su verdadero Ser, y como consecuencia de ello, dada la Unidad que comparte con Su Padre, dicha modificación ser vería reflejada, igualmente, en Él.

Dios Conoce a Su Hijo, pues se conoce a Sí Mismo. Tan sólo aguarda que Su Hijo despierte y reconozca que todo ha sido un sueño.

8. Tú que tan aferrado estás a la culpabilidad y tan comprometido a seguir así, ¿cómo ibas a poder establecer por tu cuenta tu ino­cencia? 2Eso es imposible. 3Asegúrate, no obstante, de que estás dispuesto a reconocer que es imposible. 4Lo único que limita la dirección del Espíritu Santo es que crees que puedes estar a cargo de una pequeña parte de tu vida o que puedes lidiar con ciertos aspectos de ella por tu cuenta. 5De esta manera, quieres convertir al Espíritu Santo en alguien que no es confiable, y valerte de esta imaginaria inconfiabilidad como una excusa para ocultar de Él ciertas lecciones tenebrosas que has aprendido. 6Y al así limitar la dirección que deseas aceptar, eres incapaz de depender de los milagros para que resuelvan todos tus problemas.

La culpabilidad oscurece nuestra inocencia. Consecuente con la falsa creencia del pecado, se nos antoja imposible, vernos tal y como somos, puros e impecables. Tan sólo el camino del perdón, nos abrirá las puertas que nos permitirá gozar de la paz.

En realidad, se trata de establecer un nuevo diálogo con nuestra mente y pedirle que sintonice el canal que nos permita comunicarnos con el Espíritu Santo, pues sintonizar su frecuencia hará que la Expiación nos ilumine el verdadero camino hasta la salvación.

9. ¿Crees que el Espíritu Santo se negaría a darte lo que quiere que tú des? 2No tienes ningún problema que Él no pueda resol­ver ofreciéndote un milagro. 3Los milagros son para ti. 4todo miedo, dificultad o dolor que tengas ya ha sido des-hecho. 5Él los ha llevado todos ante la luz, al haberlos aceptado por ti y haber reconocido que nunca existieron. 6No hay ninguna lección tene­brosa que Él no haya iluminado ya por ti. 7Las lecciones que quieres enseñarte a ti mismo, Él ya las ha corregido. 8No existen en Su Mente en absoluto. 9Pues el pasado no ejerce ningún con­trol sobre Él ni sobre ti. 10Él no ve el tiempo como lo ves tú. 11Y cada milagro que te ofrece corrige el uso que haces del tiempo, y lo pone a Su servicio.

Si nuestra mente alberga el recuerdo de un pasado tintado de dolor, sufrimiento y culpa, como consecuencia de haber cometido acciones faltas de amor, no podremos evitar que cada nuevo día de nuestra vida, ese dolor y sufrimiento sea revivido, aportándonos un profundo pesar e impidiéndonos que gocemos de un instante de paz.

¿Qué nos impide superar ese pasado? ¿Qué nos impide dejar de sufrir? 

La respuesta, no es otra que nuestra negativa a dejar el pasado donde está, es decir, a dejar de hacerlo real en nuestro presente, pues ese pasado, ya pasó, y cada presente, es una nueva oportunidad para sanarlo.

Tan sólo el perdón puede llevarnos a la liberación de las culpas que nos oprimen por acciones pasadas. El perdón bien aplicado empieza por uno mismo, pues no podemos dar lo que no tenemos. En verdad, cuando nos personamos a nosotros mismos, también perdonamos a los demás, pues la separación tan sólo existe en nuestra mente y no es real.

Miremos, en cada presente, con ojos nuevos, y allí donde antes veíamos culpa, veamos ahora, inocencia. El fruto que obtendremos será la paz. 

lunes, 30 de septiembre de 2024

Capítulo 14. XI. La prueba de la verdad (2ª parte).

XI. La prueba de la verdad (2ª parte).

4. Tú que aún no has llevado ante la luz que mora en ti toda la tenebrosidad que te has enseñado a ti mismo, difícilmente puedes juzgar la verdad o el valor de este curso. 2Pero Dios no te aban­donó. 3Y así, dispones de otra lección que Él te envía, la cual Aquel a Quien Él se la confió aprendió ya por cada criatura de la luz. 4Esta lección refulge con la gloria de Dios, pues en ella reside Su poder, que Él gustosamente comparte con Su Hijo. 5Aprende lo que es Su felicidad, la cual es también la tuya. 6Mas para alcanzar esto tienes primero que estar dispuesto a llevar todas las lecciones tenebrosas que has aprendido ante la verdad, y depositarlas de buen grado con manos que estén abiertas listas para recibir, y no cerradas para agarrar. 7Toda lección tenebrosa que lleves ante Aquel que enseña lo que es la luz, Él la aceptará, puesto que tú ya no la deseas. 8E intercambiará gustosamente cada una de ellas por la luminosa lección que Él ya aprendió por ti. 9Jamás creas que cualquier lección que hayas aprendido separado de Él tiene signi­ficado alguno.

El origen del ego no es la luz, sino la oscuridad. El origen del ego no es el Amor, sino el miedo. No es la Unidad, sino la separación. No es la Vida, sino la muerte. No es la Eternidad, sino la temporalidad. Si esto es así, que lo es, las enseñanzas que nos otorga el ego no nos aportará el Conocimiento que sí compartimos con nuestro Creador. 

Por lo tanto, es nuestra elección, seguir al maestro correcto, que ha de despertar nuestra consciencia a la luz, el Espíritu Santo, o continuar, participando de la escuela de la ignorancia propia del ego.

5. Existe una sola prueba -tan infalible como Dios- con la que puedes reconocer si lo que has aprendido es verdad. 2Si en reali­dad no tienes miedo de nada, y todos aquellos con los que estás, o todos aquellos que simplemente piensen en ti comparten tu perfecta paz, entonces puedes estar seguro de que has aprendido la lección de Dios, y no la tuya. 3A menos que sea así, es que todavía quedan lecciones tenebrosas en tu mente que te hieren y te limitan, y que hieren y limitan a todos los que te rodean. 4La ausencia de una paz perfecta sólo significa una cosa: crees que no quieres para el Hijo de Dios lo que su Padre dispuso para él. 5Toda lección tenebrosa enseña esto en una u otra forma. 6Y cada lección de luz con la que el Espíritu Santo reemplazará las leccio­nes tenebrosas que tú  no aceptes, te enseñará que tu voluntad dispone lo mismo que la del Padre y la del Hijo.

Ya hemos dicho, que el origen del ego es el miedo, y ese miedo es la consecuencia de elegir la separación al Amor. Esa elección se ha inscrito en la mente del Hijo de Dios, como  la pérdida de su santidad, de su pureza, de su inocencia, lo que le ha llevado a la falsa creencia en el pecado. 

El pecado, a su vez, origina culpa y la culpa, exige redención a través del castigo y del dolor.

Como bien recoge este punto, la prueba, tan infalible como Dios, con la que podemos reconocer si lo que hemos aprendido es verdad, es la ausencia de miedo, o lo que es lo mismo, la firme creencia en la Unidad, pues tan sólo el Amor, puede ofrecernos paz y puede llevarnos a compartir paz.

6. No te preocupes por cómo vas a aprender una lección tan dia­metralmente opuesta a todo lo que te has enseñado a ti mismo. 2¿Cómo ibas a poder saberlo? 3Tu papel es muy simple. 4Sólo tie­nes que reconocer que ya no deseas lo que has aprendido. 5Pide nuevas enseñanzas, y no te valgas de tus experiencias para confirmar lo que has aprendido. 6Cuando de alguna manera tu paz se vea amenazada o perturbada, afirma lo siguiente:

7No conozco el significado de nada, incluido esto.
8No sé, por lo tanto, cómo responder a ello.
9No me valdré de lo que he aprendido en el pasado para que me sirva de guía ahora.
10Cuando de este modo te niegues a tratar de enseñarte a ti mismo lo que no sabes, el Guía que Dios te ha dado te hablará. 11Ocupará el lugar que le corresponde en tu conciencia en el momento en que tú lo desocupes y se lo ofrezcas Él.

Desaprender lo aprendido, tan sólo es posible si elegimos vivir desde el presente, con la total certeza de que es ese espacio atemporal donde podremos comunicarnos con el Guía que Dios ha dispuesto para que encontremos el camino de retorno hasta Su Hogar 

viernes, 27 de septiembre de 2024

Capítulo 14. XI. La prueba de la verdad (1ª parte).

 XI. La prueba de la verdad (1ª parte).

1.  Lo esencial, sin embargo, es que reconozcas que no sabes nada. 2El conocimiento es poder y todo poder es de Dios. 3Tú que has tratado de quedarte con el poder para ti sólo lo has "perdido". 4Todavía lo tienes, pero has interpuesto tantos obstáculos entre él y tu conciencia de él que no puedes utilizarlo. 5Todo lo que te has enseñado a ti mismo, ha hecho que seas cada vez menos cons­ciente de tu poder. 6No sabes lo que es ni dónde se encuentra. 7Has hecho un alarde de fuerza y de poder tan lamentable que no ha podido sino fallarte. 8Pues el poder no es una apariencia de fuerza, y la verdad está más allá de toda apariencia. 9Aun así, lo único que se interpone entre ti y el poder de Dios que hay en ti, es tu falso aprendizaje, así como todos tus vanos intentos de que­rer deshacer lo verdadero.

El ego y su sistema de pensamiento, creen poseer el poder que otorga el conocimiento, y basan esa creencia en su capacidad para dar significado a las cosas, a las cuales, tras analizarlas y desmenuzarlas, les otorga nombres, sin importarles que éstos sean diferentes en razón a las coordenadas del espacio y del tiempo, que suele aplicar en todas sus observaciones. La separación es la base de su saber, de sus creencias y ello le lleva a desconocer lo esencial, el hilo conductor que nos mantiene unidos en el nivel mental.

El saber del ego es limitado, temporal y, por tal razón, no cumple con el requisito de  la verdad, que no cambia. El saber no es Conocimiento, pues mientras que el Conocimiento pertenece a Dios y a Su relación directa con Su Hijo, el saber, es efímero y lo custodia celosamente el ego, para sentirse poderoso y marcar diferencias con los demás.

Este punto, es claro al respecto: lo esencial es que reconozcamos que no sabemos nada. Pues esa es la verdad que abrirá nuestra mente y nuestra percepción a un nivel superior.

2. Procura estar dispuesto, pues, a que todo esto sea des-hecho y a sentirte feliz de no ser un prisionero de ello eternamente. 2Pues te has enseñado a ti mismo a aprisionar al Hijo de Dios, lo cual es una lección tan descabellada que sólo un loco, en su delirio más profundo, podía haberla soñado. 3¿Cómo iba a poder Dios apren­der a no ser Dios? 4¿Y sería posible que Su Hijo, a quien Él ha dado todo poder, pudiese aprender a ser impotente? 5¿Hay algo de lo que te has enseñado a ti mismo que aún prefirieses conser­var en lugar de lo que tienes y eres?         

El ego, la falsa creación del Hijo de Dios, nos enseña que somos cuerpos separados llamados a buscar fuera de nosotros mismos, la fuerza que ha de unirnos a otros, a  los que consideramos especiales. Esa fuerza, la llamamos amor, cuando en verdad, no lo es, pues el verdadero amor no limite y nos hace libres, mientras que el ego, cuando cree estar amando, está condicionando ese amor con los límites que le impone al ser amado.

El Hijo de Dios debe recordar su verdadera identidad, y en el reencuentro con ese recuerdo, reconocerá que no necesita pedir amor, pues el Amor forma parte de su Ser

3. La Expiación te enseña cómo escapar para siempre de todo lo que te has enseñado a ti mismo en el pasado, al mostrarte única­mente lo que eres ahora. 2El aprendizaje, tiene lugar antes de que sus efectos supongan de manifiesto. 3El aprendizaje, por lo tanto, es algo propio del pasado, pero su influencia determina el pre­sente al darle a éste el significado que tiene para ti. 4Tu aprendi­zaje no le aporta al presente significado alguno. 5Nada que jamás aprendiste te puede ayudar a entender el presente, o enseñarte a deshacer el pasado. 6Tu pasado es lo que tú te has enseñado a ti mismo. 7Renuncia a él completamente. 8No trates de entender nin­gún acontecimiento, ningún hermano ni ninguna cosa bajo su luz, pues la oscuridad en la que tratarías de ver tan sólo empañaría lo que vieses. 9No confíes en que la oscuridad pueda jamás ilumi­nar tu entendimiento, pues si lo haces estarás contradiciendo la luz, y, por lo tanto, creerás que puedes ver la oscuridad. 10La oscuridad, no obstante, no se puede ver, pues no es más que una condición en la que es imposible ver.

Considero este punto muy importante, pues nos hace conscientes de cómo piensa nuestra mente en base a las experiencias del pasado. Damos credibilidad al hecho de que lo que somos ahora, es el resultado de lo vivido en el pasado, el cual, con sus experiencias nos ha permitido ir adquiriendo un aprendizaje que condiciona nuestro estado actual. Podemos decir, que creemos ser lo que hemos vivido con anterioridad. Tanto es así, que nuestra mente responde ante cada reto presente con la visión de pasado. Por ejemplo, en el mundo de relación, cuando nos encontramos con alguien la primera vez, no podemos evitar el hacernos un juicio de él basado en el recuerdo que nos ofrece nuestra mente sobre personas que hemos conocidos y que tienen puntos en común que nos recuerdan a la persona que acabamos de conocer. Son los típicos prejuicios que condicionan mucho nuestras vidas.

El pasado no existe. Cuando existió no era pasado, sino presente, y ese presente se nos ofrece como una nueva oportunidad para ser lo que realmente somos, esto es, el Ser que nunca cambia, pues es Eterno, como Eterno es Su Fuente, Dios.

Una mente desentrenada no se plantea vivir el presente desde ese estado único y eterno que nos permite manifestar nuestra esencia eterna. Su respuesta estará basada en el pasado, que es donde encuentra la seguridad de que existe, pues lo que cree ser, es la consecuencia directa de lo vivido. De este modo perpetúa su ignorancia y desaprovecha el instante presente para Ser lo que Es.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Capítulo 14. X. La igualdad de los milagros (3ª parte).

X. La igualdad de los milagros (3ª parte).


9. Esto es típico de los juicios del ego. 2Por separado, parecen ser coherentes, pero enlázalos, el sistema de pensamiento que resulta de ese enlace es incoherente y totalmente caótico. 3Pues la forma no es suficiente para impartirle significado, y la falta de contenido subyacente impide la viabilidad de un sistema de pensamiento cohesivo. 4La separación sigue siendo, por lo tanto, la condición, que el ego siempre elegirá. 5Pues por su cuenta nadie puede juzgar al ego correctamente. 6Sin embargo, cuando dos más se unen para ir en busca de la verdad, el ego ya no puede defender por más tiempo su falta de contenido. 7El hecho de que puedan unirse les indica que el sistema de pensamiento del ego es falso.

El sistema de pensamiento característico del ego, fracciona la verdad en tantas partes, que hace imposible reconocerla. El juicio, basado en la interpretación de las formas, impide que la mente descubra el hilo sagrado que mantiene unidas a las mentes, al proceder de la misma Fuente. Dirigir la mirada al exterior en un afán de dar significado a las cosas, nos lleva a interpretar tan sólo el envoltorio, lo que lleva a reafirmar la creencia en la separación.

Tan sólo cuando cambiamos la orientación de nuestra mirada y la dirigimos hacia el interior, podremos descubrir lo esencial, esto es, reconocer la unicidad que nos mantiene unidos a todo lo creado y, fundamentalmente, al resto de la humanidad.

La garantía de que la verdad prevalecerá por encima de la ilusión, es una realidad, por la sencilla razón de que somos el Hijo de Dios, creados de la Esencia del Amor, cuya manifestación en el plano denso da lugar a la fuerza de atracción. La mente reconocerá la verdad, no por su forma, sino por su contenido. La forma cambia permanentemente, por lo que no vibra a la fuerza del Amor, de la verdad, de la realidad. Mientras que el contenido siempre fluye desde el Amor, desde la Unidad.

10. Es imposible recordar a Dios en secreto y a solas. 2Pues recordarle significa que no estás solo y que estás dispuesto a recordar ese hecho. 3No pienses acerca de ti, pues ninguno de los pensamientos que albergas es tuyo únicamente. 4Si quieres recordar a tu Padre, deja que el Espíritu Santo ponga orden en tus pensamientos y te dé la única respuesta con la que Él responde. 5Todo el mundo anda en busca de amor al igual que tú, pero no pueden saberlo a menos que se unan a ti en esa búsqueda. 6Si emprendéis la búsqueda juntos, la luz que os acompañará será tan poderosa que impartirá significado a todo lo que veáis. 7La jornada que se hace en solitario está destinada al fracaso porque ha excluido lo que quiere encontrar.

El ego busca ser especial, pues se siente diferente y separado de los demás. Su existencia adquiere valor, cuando demuestra su superioridad sobre el otro. Confunde la acción de participar con la de competir, y, su vida, se convierte en una alocada carrera por ser el mejor, no importándole lo más mínimo lo que tenga que hacer para conseguir ese objetivo.

El Hijo de Dios es el fruto del Pensamiento Creador emanado de la Mente de Su Hacedor, por tal razón, Padre e Hijo son una misma Mente, donde tan sólo puede imperar la Unidad. 

Sin embargo, el Hijo de Dios, imaginó una realidad diferente dando lugar a la creencia en la separación. 

Como bien se recoge en este punto del Capítulo que estamos analizando, es imposible recordar a Dios en secreto y a solas, o lo que es lo mismo, no podemos reconocer lo que somos, si decidimos mirar hacia el exterior e interpretar que no existe unidad entre lo que somos y lo que percibimos. La salvación solo es posible cuando decidimos ir de la mano con nuestros hermanos de Filiación.

11. De la misma manera en que Dios se comunica con el Espíritu Santo en ti, de igual modo el Espíritu Santo te traduce Su comunicación a través de ti para que puedas entenderla. 2Ninguna comu­nicación de Dios es secreta, pues todo lo que es Suyo está al descubierto y es completamente accesible a todos, puesto que es para todos. 3Nada puede vivir en secreto, y lo que tú quisieras ocultarle al Espíritu Santo no existe. 4Ninguna interpretación que hagas de un hermano tiene sentido. 5Deja que el Espíritu Santo te muestre a tu hermano y te enseñe tanto su amor como sus peticio­nes de amor. 6Ni tu mente ni la de tu hermano albergan otros órdenes de pensamiento que no sean estos dos.

Reconocer en nuestros hermanos su identidad divina, es recordar a Dios. Este reconocimiento no será posible si elegimos como maestro al ego, pues, como ya sabemos, su sistema de pensamiento se basa en la creencia en la separación.

Para recordar a Dios en el reconocimiento de la identidad divina de nuestros hermanos, debemos poner nuestra mente al servicio de la Mente Recta, del Espíritu Santo. Él nos mostrará el lugar santo donde se producirá el reencuentro con la verdad.

12. El milagro es el reconocimiento de que esto es verdad. 2Allí donde hay amor, tu hermano no puede sino ofrecértelo por razón de lo que el amor es. 3Pero donde lo que hay es una petición de amor, tú tienes que dar amor por razón de lo que eres. 4Dije antes que este curso te enseñará a recordar lo que eres y te restituirá tu Identidad. 5Ya hemos aprendido que se trata de una Identidad que compartes. 6El milagro se convierte en el medio a través del cual la compartes. 7Reconocerás tu Identidad al ofrecerla donde­quiera que Ésta no se reconoce. 8Y Dios Mismo, Quien ha dispuesto estar con Su Hijo eternamente, bendecirá cada acto de reconocimiento de Su Hijo con todo el Amor que le profesa. 9El poder de todo Su Amor estará presente en todos los milagros que le ofrezcas a Su Hijo. 10¿Cómo podría ser, entonces, que hubiese grados de dificultad en los milagros?

La vida, debe ser vivida como un milagro, pues, en verdad, el tiempo es trascendido y cada instante, cada presente, nos ofrece la oportunidad de recordar y reconocer lo que somos, el Hijo de Dios, que junto a nuestros hermanos, formamos la Filiación Divina.

Es por ello, que el milagro se convierte en el medio a través del cual, compartimos el reconocimiento de lo que realmente somos.