sábado, 11 de junio de 2016

Cuento para Aladiah: "El fracaso de un Ángel malo"

Hubo un tiempo dichoso en el Gran Cielo, en el que los Ángeles eran todos buenos. Por aquellos días una poderosa Luz emanaba del Fuego y aquellos seres habitaban felices sirviendo a su creador. Pero cierto día, su Hacedor y Señor, les mandó hacer un largo viaje en el que debían conquistar nuevas tierras para Él.
  •  Dirigíos hacia la Morada de Hochmah, donde mi faz se refleja en las cristalinas Aguas de la Sabiduría -ordenó el Gran Patrón-.
Pero no todos los Ángeles le obedecieron, y aquella insubordinación hizo que los Ángeles se dividieran y se separaran unos de los otros.

A partir de aquel día, los Ángeles insubordinados dejaron de habitar la región de la Luz Divina y pasaron a habitar en la Región del Fuego Eterno, donde se confundían  entre las sombras del abismo.

Aquella división hizo que, mientras unos eran buenos, otros dejaron de serlo. Una tenaz lucha surgió entre ellos, pero dejad que os cuente una historia que en verdad sucedió, y aun sigue sucediendo...

Un día, narra la Leyenda, que un Ángel bueno llamado Aladiah se encontró con Luzan, un demonio de las tinieblas. Y sucedió que la envidia de Luzan le llevó a retar a su antiguo hermano Aladiah. Pero este no quería oír hablar de esos tratos y quiso eludirlo. Sin embargo no lo consiguió, pues Luzan que era muy astuto le dijo:
  • Si no aceptas la apuesta, por cada día que pase poseeré la vida de un ser humano.
  • No, no podrás hacerlo -le contesto Aladiah-, no puedes intervenir en su destino.
  • No seas ingenuo hermanito, observa y verás.
Y diciendo esto, se introdujo en el cuerpo de un pobre anciano, el cual no pudo resistir aquella fuerza maldita y no tuvo más remedio que abandonar su cuerpo físico, había muerto.
  • Basta, te lo ruego -exclamó el Ángel bueno-. Sí, aceptaré tu apuesta, pero lo haré con una condición. Si venzo abandonarás para siempre esta zona del cielo y te retirarás al abismo, ¿de acuerdo?
Aladiah no tenía escapatoria, pero al menos tendría la oportunidad de poner fin a aquel infierno.
  • Pon atención, pues te explicaré una sola vez las reglas del juego. Escogeremos a un humano al azar. Si evitas que haga mi voluntad, haré cuanto me pides, ¿estás conforme?
Era verdaderamente diabólico el plan, pero que podía hacer...
  •  Y, ¿cuál es tu voluntad? -preguntó Aladiah temiendo lo peor-.
  • Qué atente contra su propia vida -contestó el diablo-.
La desdichada víctima había sido elegida. Se trataba de un campesino, padre de una humilde familia muy unida por fuertes lazos de amor. Aquel buen hombre trabajaba infatigablemente para mantenerles y a pesar de la dureza del trabajo jamás se había quejado, ni desfallecido.

Sin embargo, y a partir de aquel día todo pareció irle mal. Sus campos, que estaban a punto para la cosecha, se inundaron tras una misteriosa tormenta. Pero aquella desgracia fue aceptada con resignación, pues era un hombre de fe en Dios.

Luzan lo intentó de nuevo, y esta vez hizo enfermar de gravedad a su hijo menor. Eso acabaría con su fe -pensó el malvado demonio-. Pero Aladiah estaba a su lado inspirándole fortaleza y armándole de paciencia. Y aquel hombre aceptó una vez mas la voluntad de Dios.

Tan sólo le quedaba un último intento y en él derramo toda su maldad. Luzan incitó a aquel desesperado padre a robar, pues no tenía nada que comer, y lo logro, pero cuando lo hizo, sintió tanto remordimiento que elevo sus ojos al cielo y rogó el perdón y la gracia de Dios.

Aquello significaba la derrota de Luzan y la victoria de Aladiah, pero esta nunca hubiese sido posible sin la voluntad de aquel hombre, que llamó a las puertas del Amor.


Fin

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