lunes, 15 de mayo de 2017

Oración del Padre Nuestro (II)

Hochmah: “Santificado sea tu nombre”


Comenzaremos analizando el término “santificar”. Se hace imprescindible profundizar en el significado de este concepto, para tratar de comprender los trabajos que debemos realizar con relación a esta proclamación.

Si tomamos un diccionario, encontraremos que santificar, significa “dedicar a Dios algo”. Igualmente, podemos aplicarle el significado de “bendición”, “consagración”. Santificar es “hacer a uno Santo por medio de la gracia”. Podríamos concluir, que dicho término nos invita a pensar en un estado de exaltación, de profundo reconocimiento de un valor.
Dar la condición de Santo, nos lleva a profundizar en la idea de aquellas personas que dan muestras de virtudes a través de su sabiduría, de sus experiencias de entrega abnegada y servicial. Se trata de la persona entregada a la divinidad, es decir, de la persona que sigue la Voluntad de Dios.
Nos encontramos en la Morada del Séfira Hochmah, centro de conciencia donde la especialidad es la Sabiduría y el Amor Universal. Hochmah, es el He primordial, y con ello debemos entender, que su papel estelar en el proceso de la creación, es convertirse en la “tierra fértil y fecunda”, donde debe cobijarse la “semilla” del Yod-Kether. Por lo tanto, si Kether es el impulso creador por excelencia, cuya manifestación se traduce como Voluntad, diremos, que en Hochmah, esa Voluntad encuentra el espacio propicio para llevar a cabo su Obra Creadora y ese espacio se llama Amor.
Cuando Hochmah se siente activo, digamos preñado con la semilla de la Voluntad, internamente se produce un acto de magia inconcebible, pues comienza el proceso de dar forma a la criatura que ha de nacer, llegada su hora.
La experiencia vivida es semejante a una explosión de júbilo, una exaltación sublime de las energías emocionales, para que acepte dar cobijo y protección a esa semilla creadora, cuyo designio es crear y multiplicarse.
Por lo tanto, cuando proclamemos: “Santificado sea tu nombre”, lo que verdaderamente estamos expresando, es nuestro profundo deseo de que el Amor vivifique con sus “aguas purificadoras”, la Voluntad del Padre, o lo que es lo mismo: “declaro, y amo de todo corazón, realizar el designio encomendado”.
Por lo general, pasamos gran parte de nuestra vida sin saber qué es lo que debemos hacer, cuál es nuestra misión en la vida. Es una pregunta, que me han trasladado muchos estudiantes, inquietos por conocer su destino. Me gustaría invitaros a experimentar un “acto de magia”. Cuando vuestras inquietudes os lleven a dar respuesta a esta cuestión, cuando no encontréis el Norte de vuestra vida, buscad un espacio, donde se respire tranquilidad, donde podáis comunicaros con vuestro Yo Espiritual y elevar la plegaria del Padre Nuestro. Cuando lleguéis a la sentencia que estamos analizando, imaginad que vuestro corazón se ilumina, se exalta en un profundo sentimiento de amor que da cobijo al Designio que, como una semilla, proviene del Padre.
Visualiza como ese sentimiento de Amor inunda todo tu ser, y proclama tu fidelidad a la Voluntad Superior… Esa Voluntad-Designio, no tardará en revelarse en tu Cuerpo Emocional. Tu afán interno por darle cobijo, despertará a las Fuerzas de la Providencia, y de una manera inesperada, anecdótica, algunas veces, casi milagrosa, tendrás la evidencia interna de lo que se espera de ti. Lo vivirás como una revelación, y en muchas ocasiones, el resultado de esa vivencia, lleva a quien lo experimenta a tomar decisiones insospechadas. Lo que si puedes tener por seguro, es que cuando se produzca esa interacción, nada en tu vida será lo mismo.

...continuará

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