miércoles, 17 de mayo de 2017

Oración del Padre Nuestro (IV)


Hesed: “Qué se haga tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo”

La vinculación de esta sentencia con el Séfira Hesed, adquiere sentido y significado, cuando analizamos los atributos de este Centro de Conciencia en el Proceso Creativo.

Hesed es esa “tierra paradisiaca”, dispuesta en los Albores de los Tiempos por la divinidad, para que su Obra Creadora, la humanidad, llevase a cabo su crecimiento evolutivo. Esa “tierra paradisiaca” hace referencia a los trabajos del Cuarto Día de la Creación, cuando la humanidad tomó conciencia tangible de si mismo, lo que dio lugar al proceso de individualización.

El Cuerpo Físico es el vehículo más maduro y evolucionado de los que cuenta el hombre. Fue adquirido, en estado germen, en estado potencial, en el Primer Día de la Creación. En el Segundo Día, adquirió en estado germen, el Cuerpo Etérico (Vital). En el Tercer Día, el Cuerpo de Deseos y en el Cuarto Día, el Cuerpo Mental, el de menor evolución.

Con todo ello, queremos explicar, que la manifestación de esa “tierra”, está expresando la necesidad de expresar en acciones, en el comportamiento, aquellas energías, aquellas iniciativas, que previamente han sido sembradas en otro estado de conciencia. Esta situación es semejante a la que se produce, cuando la semilla, tras ser sembrada y brota como planta, da sus frutos.

En la “tierra”, encontramos ese magnífico laboratorio donde se evidencia el resultado de los ensayos. Podríamos decir, que la fase “tierra”, es la mejor de las Escuelas.

“Qué se haga tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo” Es importante profundizar en una idea que se desprende de esta proclamación.

Las “cosas” tienen su procedencia primigenia en el llamado cielo. Ya veíamos en el capítulo dedicado a Kether, que a lo que llamamos cielo, está aludiendo a los Planos Espirituales. Al Plano Mental, al Plano Emocional, al Plano Etérico. Esos Planos (Mundos) son más sutiles que el Físico, cuyo estado energético es el más denso.

Podemos decir, que el origen de todo encuentra su punto de partida en el Plano Mental (Kether). Posteriormente esa energía emanada, pasa al nivel emocional (Hochmah). Posteriormente adquiere un primer rostro, algo más definido (Binah), podríamos decir que es el negativo de la realidad que se manifestará en la cuarta fase. Esta secuencia, podemos compararla con los planos diseñados por el arquitecto, donde se definen las medidas que tendrá la edificación, pero no es aún la edificación en si misma. Por último en la dinámica de Hesed, lo que se definió en el plano o formó parte de una maqueta, adquiere forma, y se toma conciencia de lo correcto o incorrecto de la obra.

Por todo lo dicho, podemos concretar, que al pronunciar la sentencia que estamos analizando, estamos pidiendo que se lleve a cabo la toma de conciencia de lo que se debe hacer, es decir, que nuestra individualidad, que nos ha llevado a adquirir una conciencia separada de Dios, recupere el sentido de Unidad. No es necesario que pongamos fin a nuestra individualidad, pues la verdadera riqueza se adquiere tras andar por nosotros mismo el camino, pero, esa riqueza no será completa, hasta que no alcancemos nuestra meta, conjuntamente con nuestros hermanos de ruta.

En Hesed, la humanidad despertó su Cuerpo Emocional (protagonismo de Eva-Femenino). Es en esa misma “tierra”, donde debe penetrar la Voluntad, ese atributo propio de Kether-Unidad.

Con esta proclamación, el hombre reconoce que no es un ser separado de su creador, ni del fruto de la creación, el resto de almas. Es necesario, que ese impulso unificador, se apodere del Cuerpo Emocional del hombre, pues ello, favorecerá la condición de “andrógino”, al que está llamado el ser humano.

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