jueves, 18 de mayo de 2017

Oración del Padre Nuestro (V)

Gueburah: “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy”


Tendremos que recurrir al Génesis, para conocer qué sentido debemos dar al término “pan nuestro”, ya que es en ese libro sagrado, donde por primera vez se hace alusión al concepto pan, para describir una condición del alma humana, en el proceso de la creación.

17 Al hombre le dijo:
“Como le hiciste caso a tu mujer y comiste del fruto del árbol del que te dije que no comieras, ahora la tierra va a estar bajo maldición por tu culpa; con duro trabajo la harás producir tu alimento durante toda tu vida. 18 La tierra te dará espinos y cardos, y tendrás que comer plantas silvestres. 19 Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste formado, pues tierra eres y en tierra te convertirás”.
Merece la pena hacer esta extensa presentación, pues ello nos permitirá desgranar el significado oculto que encierra este pasaje.
El Génesis nos describe en las peripecias recogidas en este guion, las andaduras del alma humana ubicada en los albores del 4ª Día de la Creación. Estadio, que como hemos visto en el apartado dedicado al punto anterior, se corresponde con la dinámica del Séfira Hesed.
El despertar de la conciencia al poder de los sentimiento –Eva-, nos lleva a emprender el camino que se le ha dado llamar en el argot esotérico, de Involución. El objetivo final de esta ruta nos lleva a la conquista de la individualidad; en ese trayecto, el alma humana, hasta ese momento inconsciente de si misma, formaba parte de un Todo Universal.
La tangibilidad propia del 4º Día de la Creación, la fase de materialización de la energía, lleva al alma humana a descubrir su desnudez. Es lógico este “estado” en el que se alude a la falta de experiencia propia.
El precio pagado inevitable, por adquirir la conciencia individual lleva al alma humana a perder la conexión directa con la divinidad y la vía de aprendizaje de sus poderes creadores, le sitúa en un mundo inhóspito donde conseguir el alimento, hará necesario un arduo trabajo (Gueburah).
Para una mente racional, las figuras de Adán y Eva, de la serpiente, del Árbol del Bien y de Mal, lleva a argumentar a favor de un guion propio de novela. En cambio, para el iniciado en la Escuela de Misterios, cada uno de estos protagonistas está describiendo, con total claridad, los arquetipos de verdades trascendentes. Adán y Eva, representan a la Humanidad en su proceso evolutivo. La Serpiente, a Lucifer, Portador de Luz, esa luz que nos invita a conocer. El Árbol del Bien y de Mal, cuyo fruto aportaba entendimiento, hace referencia, al Cuerpo Mental que se adquiere en estado germen en el 4º Día de la Creación y que facultaba a la humanidad a discernir.
“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”…, podríamos imaginarnos al hombre bregando en el campo y recogiendo las cosechas de sus siembras. El pan, es un producto que requiere ser elaborado. Se trata de un símbolo ancestral del proceso de la creación. Hemos debido sembrar, cuidar la tierra, regarla, velar para que la planta crezca sana. Hay que recoger la cosecha y tratar el grano del fruto cosechado; convertir ese fruto en harina y esa harina mezclarla con agua y cocerla. Al final del proceso, la semilla original, adquiere la condición de pan, preparado para alimentar el cuerpo.
Esa Humanidad infantil, no tendría acceso a tanto conocimiento. Nos cuesta creer que ya se alimentaran de pan. Sin embargo, ese pan, no hace alusión al pan que todos conocemos. Ese pan, es el fruto de nuestras acciones creadoras.
Cada vez que emitimos un deseo, la energía que ponemos en circulación, cuan semilla, llegará el día en que se convierta en pan, en experiencia, y esa experiencia nos alimentará. Ahora bien, la diferencia radica, en que mientras formábamos parte de la conciencia Universal, nos alimentábamos de los “pechos de la divinidad”, sin embargo, la necesidad de aprender por nosotros mismos, nos lleva a un estado de conciencia diferente, donde tendremos que “trabajar” para continuar nuestro crecimiento espiritual.
Por lo tanto, cuando en la oración del Padre Nuestro, evocamos la expresión “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy”, estamos pidiendo a la divinidad, a nuestra divinidad, que se produzca el proceso de alimentación, con el pan de vida, esto es, que el fruto de nuestras acciones, nuestras experiencias, enriquezca nuestra conciencia y no tengamos que repetir vivencias para que esa toma de conciencia se produzca.
Si reflexionamos sobre este punto, deberíamos preguntarnos: ¿aprendemos de nuestras experiencias o necesitamos repetir curso para aprobar la asignatura?

... continuará

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