martes, 16 de mayo de 2017

Oración del Padre Nuestro (III)


Binah: “Venga a nosotros tu Reino”

Se trata de la primera petición que evocamos en la oración del Padre Nuestro. Las dos primeras sentencias: “Padre Nuestro que estás en los cielos” y “Santificado sea tu nombre”, ponen de manifiesto dos aspectos diferenciados. Por un lado, identificamos a nuestro destinatario. Como decíamos al analizar su significado, se trata de un reconocimiento primordial. Sabemos que la Divinidad es nuestro verdadero Mentor, nuestro verdadero Origen y es a Él con quien establecemos nuestra conversación sagrada.

Por otro lado, la segunda de las sentencias, el Alma Humana, activa su potencial emocional y de nuestro Verbo emana el más hermoso de los Deseos…, “qué el nombre del Padre sea Santificado”. Es como declarar todo nuestro amor a la persona amada. Le deseamos todo lo mejor, y es tanto el amor que sentimos por ella, que estaríamos dispuestos a dar nuestra vida por ella. Sentimos como ambas almas son una misma alma y damos vida en nuestro interior al elevado sentimiento de la Unidad.

Cuando proclamamos “venga a nosotros tu reino”, sí existe una primera petición. Analicemos, todos y cada uno de los misterios que encierra esta expresión.

En primer lugar, advertimos el término “venga”. Ello nos sitúa en la dimensión temporal presente y evidencia un estado de carencia, ya que, al enunciar la solicitud “venga”, hace evidente que no somos poseedores de aquello que solicitamos.

Para comprender esta situación, tendremos que recordar el papel cósmico de Binah-Inteligencia Activa, en el proceso creador. Kether-Hochmah-Binah forman el Triángulo Supremo que da expresión al Rostro de Dios. Padre-Hijo-Espíritu Santo, tres aspectos distintos que forman una sola Unidad.

Binah es el Vav Primordial, del nombre sagrado Jehová, la expresión externa de la Divinidad. Cuando su atributo se activa, somos testigos de un modo visible de aquello que ha sido fraguado en el mundo interior. Por lo tanto, Binah es el referente de lo temporal, no en vano, su representante planetario, Saturno, es conocido como el Dios del Tiempo –Cronos-.

El presente es el único estado tangible, lo que hace evidente una cosa, pasado y futuro, son aspectos en el tiempo que no son reales y que no deben ocupar nuestra conciencia, impidiéndole evolucionar. Muchas almas, quedan prisioneras de vivencias acontecidas en el pasado que les impide afrontar libremente el presente. Otras almas, muestran una excesiva preocupación por el futuro y llegan a quedar paralizadas ante el temor de afrontar la propia evolución del presente.

“Venga”…, es una instrucción dirigida a ese presente que estamos experimentando. No tiene sentido pedir “venga”, para atender situaciones que forman parte del pasado o del futuro. Es “ahora”, en la situación consciente que necesitamos que ese “venga” haga realidad aquello que solicitamos.

“a nosotros”…, podríamos haber enunciado esta súplica en singular. “Venga a mí”…, sin embargo, sería una contradicción, una vez que hemos movilizado en Hochmah nuestro corazón, proclamando el deseo de santificar el nombre del Padre, la Unidad de Kether. Ese Amor a la Unidad, nos lleva a sentir una empatía activa por todos nuestros compañeros de ruta, y ello nos lleva a dirigir nuestra oración, para que la Gracia Divina alcance a toda la Humanidad.

El concepto de lo plural surge por primera vez en la fase creativa regida por Binah, en la fase Vav. Cuando la semilla del Yod, penetra en la morada del He, tan sólo podemos esperar que se produzca un acto fecundador y el misterio de la vida se manifestará en la fase Vav con el nacimiento de la criatura. El “nosotros”, la humanidad, es una manifestación de la Obra Creadora de la Divinidad.

“tu Reino”… ¿qué Reino? ¿El de los cielos? ¿Qué estamos pidiendo?

Imaginemos por unos momentos, que nuestro padre físico fuese un rey y que llegado el momento, estamos en condición de ser su heredero, y elevamos hasta él, la siguiente súplica: “Padre, poderoso rey… amo tu condición de rey… venga a mí tu reino”

Parece lógico, que alcanzada la condición necesaria para ser heredero legítimo, llegue un día en el que el padre ponga en sus manos la herencia que le corresponde y lo nombre rey, dotándole del dominio de su reino.

Pero adquirir un reino, no es lo esencial, lo esencial es alcanzar la condición de rey, y para ello, hay que ser portador de una serie de atributos, que son los que dan poder al representante de la corona.

La Humanidad, tiene adquirida la condición principesca de todo un heredero al trono del Padre, pero ese Poder Real, no se alcanza porque te venga en suerte, esa condición se adquiere como fruto de una conquista en el Proceso de la Evolución.

El príncipe heredero, la humanidad, alcanzada la mayoría de edad, es decir, la capacidad para llevar a cabo con responsabilidad, con conocimiento, la tarea de reinar, exclama: “venga a nosotros tu Reino”, es decir, hazme consciente de tus atributos Divinos y con ellos podré reinar, que no es otra cosa que crear haciendo uso de los Principios Divinos heredados.

“Venga a nosotros tu Reino”, significa, que el atributo de la Voluntad Creadora, que el atributo del Amor, vivifique mi Inteligencia y pueda adquirir el Conocimiento de las Leyes Divinas. Ese conocimiento se hace carne en Binah.

La Ley de Causa y Efecto, el Sagrado nombre de Jehová (Yod-He-Vav-He), nos aporta las claves. Las hemos comentado en otra parte de las enseñanzas que estoy compartiendo. La fuerza masculina Yod, al unirse a la fuerza femenina He, permite la magia de la creación. La semilla al penetrar en la tierra fecunda, y alcanzada la fase Vav, brota de la tierra, transformándola y dando lugar a la planta. Esa planta, crecerá y dará frutos, o lo que es lo mismo, alcanza la fase He final. Ese fruto, lleva en su interior la semilla que dará continuidad al proceso evolutivo de la especie. Igualmente, el He final da lugar a un nuevo Yod.

Si aplicamos esta dinámica a nuestras vidas, si somos conscientes que cada pensamiento (semilla-Yod), al unirse a nuestras emociones (tierra-He), creará una realidad, entonces, tenemos el verdadero Poder, pues si queremos un mundo donde impere el amor, la unidad, la paz, la salud, la alegría… ¿a qué esperamos?

¡Qué nuestra mente u nuestro corazón se fundan en un mismo aliento y den vida a ese Ideal!

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