martes, 14 de marzo de 2017

Principio 33: Los milagros te honran porque eres digno de ser amado.

 PRINCIPIO 33 

Los milagros te honran porque eres digno de ser amado. Desvanecen las ilusiones que albergas acerca de ti mismo y perciben la luz en ti. De esta forma, al liberarte de tus pesadillas, expían tus errores. Al liberar a tu mente de la prisión de tus ilusiones te restauran la cordura.


Este Principio nos ofrece la oportunidad de abordar un tema esencial como es el de las “ilusiones”.

De las definiciones que nos aporta el diccionario de la Real Academia Española sobre el término “ilusión”, me quedo con la siguiente: “Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”.

Tanto el Texto del Curso de Milagros, como el Libro de Ejercicios prestan una especial atención al tema de la “realidad” y de la “ilusión”, de hecho, ambos, dan comienzo refiriéndose a dichos conceptos:

Texto UCDM – Introducción:

2. Este curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de la siguiente manera:
           
2Nada real puede ser amenazado.
3Nada irreal existe.
4En esto radica la paz de Dios

Libro de Ejercicios:

Lección 1
Nada de lo que veo en esta habitación [en esta calle, desde esta ventana, en este lugar] significa nada.

La definición dada por la RAE, nos aclara que la ilusión es una representación “sin verdadera realidad”, o lo que es lo mismo, irreal. Podemos determinar, que tan solo lo real es verdad y que lo irreal es ilusión. Si consultamos el término “verdad” en el diccionario de la RAE, entre sus significados, nos gustaría resaltar el siguiente: “Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna”.

Diremos pues que una cosa es real, es verdad, cuando no cambia.

Entonces, la pregunta, qué debemos hacernos es: el mundo, ¿es real o una ilusión?

Veamos qué nos aporta el Libro de Ejercicios sobre esta cuestión.

¿Qué es el mundo?


1. El mundo es una percepción falsa. 2Nació de un error, y no ha abandonado su fuente. 3Persistirá mientras se siga abrigando el pensamiento que le dio vida. 4Cuando el pensamiento de separa­ción haya sido sustituido por uno de verdadero perdón, el mundo se verá de una manera completamente distinta; de una manera, que conduce a la verdad en la que el mundo no puede sino desaparecer junto con todos sus errores. 5Ahora su fuente ha desaparecido, al igual que sus efectos.
2. El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios. 2Es el símbolo del miedo. 3Mas ¿qué es el miedo sino la ausencia de amor? 4El mundo, por lo tanto, se fabricó con la intención de que fuese un lugar en el que Dios no pudiese entrar y en el que Su Hijo pudiese estar separado de Él. 5Esa fue la cuna de la percep­ción, pues el conocimiento no podría haber sido la causa de pen­samientos tan descabellados. 6Mas los ojos engañan, y los oídos oyen falsedades. 7Ahora es muy posible cometer errores porque se ha perdido la certeza.
3. Y para sustituirla nacieron los mecanismos de la ilusión, 2que ahora van en pos de lo que se les ha encomendado buscar. 3Su finalidad es servir el propósito para el que se fabricó el mundo, de modo que diese testimonio de él y lo hiciera real. 4Dichos meca­nismos ven en sus ilusiones una sólida base donde existe la ver­dad y donde se mantiene aparte de las mentiras. 5No obstante, no informan más que de ilusiones, las cuales se mantienen separadas de la verdad.
4. Del mismo modo en que el propósito de la vista fue alejarte de la verdad, puede asimismo tener otro propósito. 2Todo sonido se convierte en la llamada de Dios, y Aquel a quien Dios designó como el Salvador del mundo puede conferirle a toda percepción un nuevo propósito. 3Sigue Su Luz, y verás el mundo tal como Él lo ve. 4Oye sólo Su Voz en todo lo que te habla. 5Y deja que Él te conceda la paz y la certeza que tú desechaste, pero que el Cielo salvaguardó para ti en Él.
5. No nos quedemos tranquilos hasta que el mundo se haya unido a nuestra nueva percepción. 2No nos demos por satisfechos hasta que el perdón sea total. 3Y no intentemos cambiar nuestra función. 4Tenemos que salvar al mundo. 5Pues nosotros que lo fabricamos tenemos que contemplarlo a través de los ojos de Cristo, de modo que aquello que se concibió para que muriese pueda ser restituido a la vida eterna.

La mente que ve ilusiones piensa que éstas son reales. Existen en cuanto que son pensamientos. Sin embargo, no son reales porque la mente que piensa estos pensamientos se encuentra separada de Dios.

El perdón es lo único que representa la verdad en medio de las ilusiones del mundo. El perdón ve su insustancialidad, y mira más allá de las miles de formas en que pueden presentarse. Ve las mentiras, pero no se deja engañar por ellas. No hace caso de los alaridos auto-acusadores de los pecadores enloquecidos por la culpabilidad. Los mira con ojos serenos, y simplemente les dice: "Hermano mío, lo que crees no es verdad".

Las ilusiones forjan más ilusiones. Excepto una: Pues el perdón es la ilusión que constituye la res­puesta a todas las demás ilusiones.
El perdón desvanece todos los demás sueños, y aunque en sí es un sueño, no da lugar a más sueños. Todas las ilusiones, salvo ésta, no pueden sino multiplicarse de mil en mil. Pero con ésta, a todas las demás les llega su fin.

La verdad está exenta de ilusiones y, por lo tanto, mora dentro  del Reino. Todo lo que está fuera del Reino es ilusorio.


Las ilusiones son inversiones. Perdurarán mientras les sigamos atribuyendo valor. Todos los valores son relativos, mas todos son poderosos porque son juicios mentales. La única manera de desvanecer las ilusiones es retirando de ellas todo el valor que les hemos otorgado. Al hacer eso dejan de tener vida para nosotros porque las hemos expulsado de nuestra mente. Mientras sigamos incluyéndolas en nuestra mente estaremos infundiéndoles vida.

La única manera de liberarse de las ilusiones es dejando de creer en ellas. Las ilusiones no son sino creencias en algo que no existe. Y el aparente conflicto entre la verdad y la ilusión solo puede ser resuelto separándonos de la ilusión y no de la verdad.

Nadie puede escapar de las ilusiones a menos que las examine, pues no examinarlas es la manera de protegerlas. No hay necesi­dad de sentirse amedrentado por ellas, pues no son peligrosas. Estamos listos para examinar más detenidamente el sistema de pensamiento del ego porque juntos disponemos de la lámpara que lo desvanecerá, y, puesto que te has dado cuenta de que no lo deseas, debes estar listo para ello. Mantengámonos muy calma­dos al hacer esto, pues lo único que estamos haciendo es bus­cando honestamente la verdad. La "dinámica" del ego será nuestra lección por algún tiempo, pues debemos primero exami­narla para poder así ver más allá de ella, ya que le has otorgado realidad. Juntos desvaneceremos calmadamente este error, y después miraremos más allá de él hacia la verdad”. (T.11.V.1:6)

Podemos decir, que el primer paso en el proceso de deshacer lo ilusorio es cuestionarlo. En este sentido, el milagro -la res­puesta correcta- lo corrige.

Mientras que la negación del Ser da lugar a ilusiones, la corrección del error nos libera de ellas. El propósito de la Expiación es desvanecer las ilusiones, no considerarlas reales y luego per­donarlas.

El milagro sitúa a la realidad en el lugar que le corresponde. A la realidad le corresponde estar, únicamente en el espíritu, y el mila­gro reconoce únicamente la verdad. De este modo desvanece las ilusiones que albergamos con respecto a nosotros mismo, y nos pone en comunión con nosotros mismo y con Dios. El milagro se une a la Expiación al poner a la mente al servicio del Espíritu Santo. Así se establece la verdadera función de la mente y se corrigen sus errores, que son simplemente una falta de amor. Nuestra mente puede estar poseí­da por ilusiones, pero nuestro espíritu es eternamente libre.

El amor no es una ilusión. Es un hecho. Si ha habido desilu­sión es porque realmente nunca hubo amor, sino odio, pues el odio es una ilusión y lo que puede cambiar nunca pudo ser amor.

El núcleo de la ilusión de la separación reside simplemente en la fantasía de que es posible destruir el significado del amor. Y a menos que se restaure en nosotros el significado del amor, no podremos conocernos a nosotros mismo. La separa­ción no es más que la decisión de no conocernos. Todo este sistema de pensamiento es una experiencia de aprendizaje cuidadosamente urdida, diseñada para apartarnos de la verdad y conducirnos a las fantasías.

¿Cómo llevar las fantasías ante la verdad?

Para dar respuesta a esta interesante cuestión, nos remitiremos al Capítulo 17 del Curso, dedicado al Perdón y la Relación Santa:

La traición que el Hijo de Dios cree haber cometido sólo tuvo lugar en ilusiones, y todos sus "pecados" no son sino el producto de su propia imaginación. Su realidad es eternamente inmacu­lada. El Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado. En sus sueños se ha traicionado a sí mismo, a sus hermanos y a su Dios. Mas lo que tiene lugar en sueños no tiene lugar real­mente. Es imposible convencer al que sueña de que esto es así, pues los sueños son lo que son debido a la ilusión de que son rea­les. Sólo al despertar se libera uno completamente de ellos, pues sólo entonces resulta perfectamente evidente el hecho de que no afectaron en modo alguno la realidad y de que no la han cam­biado. Las fantasías cambian la realidad. Ese es su propósito. En realidad no lo pueden hacer, pero sí pueden hacerlo en la mente que quiere que la realidad sea diferente.
Tu deseo de cambiar la realidad es, por lo tanto, lo único que es temible, pues al desear que la realidad cambie crees que tu deseo se ha cumplido. En cierto sentido, esta extraña perspectiva da testimonio de tu poder. Mas cuando lo distorsionas y lo utili­zas en favor del "mal", haces también que sea algo irreal para ti. No puedes serle fiel a dos amos que te piden cosas contradicto­rias. Lo que usas en beneficio de las fantasías, se lo niegas a la verdad. Mas lo que le entregas a la verdad para que ésta lo use en tu beneficio, se encuentra a salvo de las fantasías”.

La verdad no tiene significado dentro de lo ilusorio. El marco de referencia para entender su significado tiene que ser ella misma. Cuando tratamos de llevar la verdad ante las ilusiones, estamos tratando de hacer que las ilusiones sean reales y de conser­varlas justificando nuestra creencia en ellas. Llevar las fantasías ante la verdad, no obstante, es permitir que la verdad nos muestre que las ilusiones son irreales, lo cual nos permite entonces liberarnos de ellas.

No hay conexión alguna entre la verdad y las ilusiones. Esto será así eternamente, por mucho que intentemos que haya conexión entre ellas. Pero las ilusiones están siempre conectadas entre sí, tal como lo está la verdad. Tanto las ilusiones como la verdad gozan de cohesión interna y constituyen un sistema de pensa­miento completo en sí mismo, aunque totalmente desconectado del otro. Percibir esto es reconocer dónde se encuentra la separa­ción, y dónde debe subsanarse. El resultado de una idea no está nunca separado de su fuente. La idea de la separación dio lugar al cuerpo y permanece conectada a él, haciendo que éste enferme debido a la identificación de la mente con él. Creemos que estamos protegiendo al cuerpo, al ocultar esta conexión, ya que ocultarla parece mantener nuestra identificación a salvo del "ataque" de la ver­dad.

La ilusión es un pensamiento erróneo, una decisión errónea y en este sentido me gustaría referir lo que el Curso nos enseña sobre este particular al expresar lo siguiente:

El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. He aquí la gran ilusión de lo que tú eres y de lo que tu hermano es. Y he aquí también lo que hace que se ame al cuerpo y se le considere algo que vale la pena conservar. Ser especial es una postura que requiere defensa. Las ilusiones la pueden atacar y es indudable que lo hacen. Pues aquello en lo que tu hermano se tiene que convertir para que tú puedas seguir siendo especial es una ilusión”. (T.24.I.5:6)

Hemos dicho anteriormente, que el Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado. Las ilusiones son sueños precisamente porque no son verdad. El hecho de que la verdad esté ausente de todas ellas por igual es la base del milagro, lo cual quiere decir que hemos entendido que los sueños, sueños son, y que escaparnos de ellos depende, no del sueño en sí, sino de que despertemos.

El milagro establece que estamos teniendo un sueño y que su con­tenido no es real. Éste es un paso crucial a la hora de lidiar con ilusiones. Nadie tiene miedo de ellas cuando nos damos cuenta de que fuimos quien las inventamos.

¿Cómo se superan las ilusiones?

Ciertamente no mediante el uso de la fuerza o de la ira, ni oponiéndose a ellas en modo alguno. Se superan dejando simplemente que la razón te diga que las ilusiones contradicen la realidad. Las ilusiones se opo­nen a lo que no puede sino ser verdad. La oposición procede de ellas, no de la realidad. La realidad no se opone a nada. Lo que simplemente "es" no necesita defensa ni ofrece ninguna. Sólo las ilusiones necesitan defensa debido a su debilidad. Mas ¿cómo podría ser difícil recorrer el camino de la verdad cuando la debi­lidad es el único obstáculo? Tú eres el fuerte en este aparente conflicto y no necesitas ninguna defensa. Tampoco deseas nada que necesite defensa, pues cualquier cosa que necesite defensa te debilitará”.  (T.22.V.1:12)

Nunca te olvides de que cuando sientes surgir la necesidad de defenderte de algo es que te has identificado a ti mismo con una ilusión. Consecuentemente, crees ser débil porque estás solo. Ése es el costo de todas las ilusiones. No hay ninguna que no esté basada en la creencia de que estás separado; ninguna que no pa­rezca interponerse, densa, sólida e inamovible, entre tu hermano y tú; ni ninguna que la verdad no pueda pasar por alto felizmente y con tal facilidad, que tienes que quedar convencido de que no es nada, a pesar de lo que pensabas que era. Si perdonas a tu hermano, esto es lo que inevitablemente sucederá. Pues es tu renuen­cia a pasar por alto aquello que parece interponerse entre vosotros lo que hace que parezca impenetrable y lo que defiende la ilusión de su inamovilidad”. (T.22.V.6:8)

Para poner fin a este artículo quisiera compartir unos párrafos extraídos del Capítulo 16 del Texto del Curso y de la Lección 272 del Libro de Ejercicios, respectivamente. Prometo que os gustarán:

Perdónanos nuestras ilusiones, Padre, y ayúdanos a aceptar nuestra verdadera relación Contigo, en la que no hay ilusiones y en la que jamás puede infiltrarse ninguna. Nuestra santidad es la Tuya. ¿Qué puede haber en nosotros que necesite perdón si Tu perdón es perfecto? El sueño del olvido no es más que nuestra renuencia a recordar Tu perdón y Tu amor. No nos dejes caer en la tentación, pues la tentación del Hijo de Dios no es Tu Voluntad. Y déjanos recibir únicamente lo que Tú has dado, y aceptar sólo eso en las mentes que Tú creaste y que amas. Amén”. (T.16.VII.12:7)

“Padre, la verdad me pertenece. Mi hogar se estableció en el Cielo mediante tu voluntad y la mía. ¿Podrían contentarme los sueños? ¿Podrían brindarme felicidad las ilusiones? ¿Qué otra cosa sino Tu recuerdo podría satisfacer a Tu Hijo? No me contentaré con menos de lo que Tú me has dado. Tu Amor, por siempre dulce y sereno, me rodea y me mantiene a salvo eternamente. El Hijo de Dios no puede sino ser tal como Tú lo creaste.

Hoy dejamos atrás las ilusiones. Y si oímos a la tentación lla­marnos e invitarnos a que nos entretengamos con un sueño, nos haremos a un lado y nos preguntaremos si nosotros, los Hijos de Dios, podríamos contentarnos con sueños cuando podemos ele­gir el Cielo con la misma facilidad que el infierno. Y el amor reemplazará gustosamente todo temor”. (L.pII.272.1:8;2:2)

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