domingo, 5 de febrero de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 36

LECCIÓN 36

Mi santidad envuelve todo lo que veo.

1. La idea de hoy extiende la idea de ayer del que percibe a lo percibido. 2Eres santo porque tu mente es parte de la de Dios. 3Y puesto que eres santo, tu visión no puede sino ser santa también. 4"Impecabilidad" quiere decir libre de pecado. 5No se puede estar libre de pecado sólo un poco. 6O bien eres impecable o bien no lo eres. 7Si tu mente es parte de la de Dios tienes que ser impecable, pues de otra forma parte de Su Mente sería pecaminosa. 8Tu visión está vinculada a Su santidad, no a tu ego, y, por lo tanto, no tiene nada que ver con tu cuerpo.

2. Hoy se requieren cuatro sesiones de práctica de tres a cinco minutos cada una. 2Trata de distribuirlas equitativamente y de hacer las aplicaciones más cortas a menudo para así asegurar tu protección durante todo el día. 3Las sesiones de práctica más largas deben hacerse de la siguiente forma:

3. Cierra primero los ojos y repite la idea de hoy varias veces lentamente. 2Luego ábrelos y mira a tu alrededor con bastante lentitud, aplicando la idea de manera específica a cualquier cosa que notes en tu ligera inspección. 3Di, por ejemplo:

4Mi santidad envuelve esa alfombra.
5Mi santidad envuelve esa pared.
6Mi santidad envuelve estos dedos.
7Mi santidad envuelve esa silla.
8Mi santidad envuelve ese cuerpo.
9Mi santidad envuelve esta pluma.

10Cierra los ojos varias veces durante estas sesiones de práctica y repite la idea para tus adentros. 11Luego ábrelos y continúa como antes.

4. Para las sesiones de práctica más cortas, cierra los ojos y repite la idea; mira a tu alrededor mientras la repites de nuevo y finaliza con una repetición adicional con los ojos cerrados. 2Todas las aplicaciones, por supuesto, deben llevarse a cabo con bastante lentitud y con el menor esfuerzo y prisa posibles.


¿Qué me enseña esta lección?

Si mi mente forma parte de la mente de Dios, es inevitable que mi santidad envuelva todo lo que veo, es decir, cada uno de mis pensamientos deben estar impregnados de la impecabilidad de mi Ser Espiritual.

Este ejercicio, es muy importante en el sentido de que nos permite expresar nuestra verdadera identidad, no dando opciones al ego a expresarse en nuestros pensamientos y con ello, permitirle que interprete nuestra vida bajo sus creencias de separación, culpa y miedo.

Ser Santo es Ser Uno con todo lo creado. Cada creación debe dar testimonio de esa Unidad y la única energía verdadera que nos permitirá expresarnos en estos términos es el Amor Incondicional.

¿Cómo hago consciente mi santidad?

Un Curso de Milagros, al hablarnos de la Regla de Oro, nos da una importante referencia:


La Regla de Oro te pide que te comportes con los demás como tú quisieras que ellos se comportasen contigo. Esto significa que tanto la percepción que tienes de ti como la que tienes de ellos debe ser fidedigna. La Regla de Oro es la norma del comportamiento apropiado. Tú no puedes comportarte de manera apropiada a menos que percibas correctamente. Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como lo percibas a él así te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás.

Desde la visión del ego, la condición de "santidad" está vinculada en exclusividad hacia las personas que, por su comportamiento de entrega y abnegación, han llevado una vida de servicio y, lo que es más importante, de impecabilidad. La santidad es sinónimo de pureza.
Esos personajes "santos" se han convertido en referentes para todos aquellos que se desvinculan del apego material y que se abren a una nueva consciencia donde se percibe a los hombre formando parte de una misma Filiación.

Asignar la condición de "santo" vinculada por un tipo de comportamiento, no deja de ser un juicio del ego basado en la dualidad. El que no es santo, es un pecador. Penar en estos términos nos sitúa en el terreno de la separación, de la culpa y del miedo. Estamos describiendo el patrón de creencia sobre la que se ha sustentado los representante de todas las religiones del mundo. La razón de ello, responde a la dinámica natural del ego de proyectar el contenido de su mente y fabricar un entorno social a su imagen y semejanza.

"Los Hijos de Dios son santos, y los milagros honran su santidad" , nos enseña el Curso. 

La Expiación no nos hace santo. Fuimos creados santos. La Expia­ción lleva simplemente lo que no es santo ante la santidad, o, en otras palabras, lo que inventamos ante lo que somos.


Ejemplo-Guía: "La relación con mi pareja no me hace sentir en paz"

He elegido este ejemplo con la intención de ahondar en el sentido profundo que nos enseña la experiencia de relación de parejas. Un Curso de Milagros hace referencia a ellas, denominándolas "relaciones especiales".

Es inevitable hablar del amor, cuando abordamos la experiencia de relación. UCDM nos revela que el instante santo es el recurso de aprendizaje más útil de que dispone el Espíritu Santo para enseñarnos el significado del amor. Pues su propósito es la suspensión total de todo juicio. Los juicios se basan siempre en el pasado, pues las experiencias pasadas constituyen su base. Es imposible juzgar sin el pasado, pues sin él no entendemos nada.

Limitar el amor a una parte de la Filiación produce culpabilidad en nuestras relaciones, y, por lo tanto, hace que éstas sean irreales. No podemos amar sólo a algunas partes de la realidad y al mismo tiempo entender el significado del amor. Si amomos de manera distinta de como ama Dios, Quien no sabe lo que es el amor espe­cial, ¿cómo íbamos a poder entender lo que es el amor? Creer que las relaciones especiales, con un amor especial, pueden ofrecernos la salvación, es creer que la separación es la salvación. Pues la salvación radica en la perfecta igualdad de la Expiación. ¿Cómo podemos pensar que ciertos aspectos especiales de la Filiación pueden ofrecernos más que otros? El pasado nos ha enseñado esto. Mas el instante santo nos enseña que eso, no es así.

UCDM sobre esta cuestión recoge en el Capítulo 15, punto V, lo siguiente:

4. Todas las relaciones especiales contienen elementos de miedo en ellas debido a la culpabilidad. 2Por eso es por lo que están sujetas a tantos cambios y variaciones. 3No se basan exclusivamente en el amor inmutable. 4Y allí donde el miedo ha hecho acto de presencia no se puede contar con el amor, pues ha dejado de ser perfecto. 5El Espíritu Santo, en Su función de intérprete de lo que has hecho, se vale de las relaciones especiales, que tú utilizas para apoyar al ego, para convertirlas en experiencias educativas que apunten hacia la verdad. 6Siguiendo Sus enseñanzas, todas las relaciones se convierten en lecciones de amor.
5. El Espíritu Santo sabe que nadie es especial. 2Mas Él percibe también que has entablado relaciones especiales, que Él desea purificar y no dejar que destruyas. 3Por muy profana que sea la razón por la que las entablaste, Él puede transformarlas en santi­dad, al eliminar de ellas tanto miedo como le permitas. 4Puedes poner bajo Su cuidado cualquier relación y estar seguro de que no será una fuente de dolor, si estás dispuesto a ofrecérsela a Él para que no apoye otra necesidad que la Suya. 5Toda la culpabili­dad que hay en tus relaciones especiales procede del uso que haces de ellas. 6Todo el amor, del uso que Él hace de ellas. 7No temas, por lo tanto, abandonar tus imaginadas necesidades, las cuales no harían sino destruir la relación. 8De lo único que tienes necesidad es de Él.
6. Si deseas sustituir una relación por otra, es que no se la has ofrecido al Espíritu Santo para que Él haga uso de ella. 2El amor no tiene substitutos. 3Cualquier intento de sustituir un aspecto del amor por otro, significa que has atribuido menos valor a uno y más a otro. 4De esta forma, no sólo los has separado; sino que los has condenado a ambos. 5Mas tuviste que haberte condenado a ti mismo primero, o, de lo contrario, nunca habrías podido pensar que necesitabas que tus hermanos fuesen diferentes de como son. 6A no ser que hubieses pensado que estabas falto de amor no se te habría ocurrido pensar que ellos estaban tan faltos de amor como tú.

Nos refiere el Curso que todo el mundo aquí en la tierra ha entablado relaciones especiales, y aunque en el Cielo no es así, el Espíritu Santo sabe cómo infundirlas de un toque celestial aquí. En el instante santo nadie es especial, pues no le imponemos a nadie nuestras necesidades personales para hacer que nuestros hermanos parezcan diferentes. Sin los valores del pasado, veríamos que todos ellos son iguales y semejantes a nosotros, y que no hay separación alguna entre ellos y nosotros. En el instante santo vemos  lo que cada relación ha de ser cuando percibamos únicamente el presente.

¡Feliz instante santo!

Reflexión: ¿Cómo te sientes al saber que eres Santo?

1 comentario:

  1. Tu santidad, mi santidad y nuestra santidad envuelve todo lo que vemos Somos santos y somos uno con todo lo creado
    Que lección tan verdadera y llena de sabiduría Que hermosa de verdad
    Gracias y bendiciones

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