sábado, 7 de septiembre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 250

LECCIÓN 250

Que no vea ninguna limitación en mí.

1. Permítaseme contemplar al Hijo de Dios hoy y ser un testigo de su gloria. 2Y que no trate de empañar la santa luz que mora en él y ver su fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad; que no perciba en él las deficiencias con las que atacaría su soberanía.

2. Él es Tu Hijo, Padre mío. 2Y hoy quiero contemplar su ternura en lugar de mis ilusiones. 3Él es lo que yo soy, y tal como lo vea a él, me veré a mí mismo. 4Hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con él.

¿Qué me enseña esta lección?


No es fácil, que el ego renuncie a su hegemonía, a su control, sobre nuestra vida. Él se mantiene gracias a que creemos en él, gracias a que decidimos identificarnos con el cuerpo, con lo temporal, con la ilusión.

Hemos podido tomar consciencia de que permanecíamos dormidos, viviendo un sueño que nos parecía real. Podemos decir, que hemos despertado y hemos reconocido que estamos soñando y de que nada cuanto vemos y percibimos en él, es real. Pero, aún así, seguimos soñando y, nos damos cuenta de ello, pues no siempre conseguimos estar a la altura del Camino de Luz que hemos vislumbrado en nuestro recién despertar.

En el plano donde experimentamos la percepción del cuerpo físico, a través de nuestros sentidos, el ego tiene un gran poder. Se mueve como “pez en el agua” y tiene una gran destreza en fabricar fantasías e ilusiones que nos envuelven con sus máximas estrategias: el miedo, la culpa, el castigo, el dolor, el sufrimiento, el sacrificio, la muerte, el tiempo…

Salir de esa maraña de ilusiones, no se consigue intentándolo desde nuestra personalidad egoica. Sería como pedir al fabricante que destruya lo que ha fabricado. Para conseguir salir del laberinto de la ilusión, del error, es preciso dejar nuestros asuntos en manos del Espíritu Santo, pues Él conoce el Plan Integral que debemos realizar y nos ayudará a deshacer todos los errores mentales que nos han mantenido prisioneros de lo ilusorio.

“Espíritu soy. Un Santo Hijo de Dios. Libre de toda limitación. A salvo, sano y pleno. Libre para perdonar. Libre para salvar el mundo”.

Ejemplo-Guía: "Deshaciendo los límites del ego"

Es cuestión de atreverse. A veces, cuando afrontamos un nuevo horizonte, lo vemos tan inaccesible, que esa condición mental de limitación se transforma en nuestro principal obstáculo. Cuántas veces hemos querido superar una situación que nos perjudica y aún sabiendo lo que tenemos que hacer, no lo hacemos por miedo a fracasar, por miedo a no conseguir nuestro objetivo.

Los imposibles, siguen siendo imposibles, hasta que nos proponemos hacer-lo-posible. Todo camino se anda dando un primer paso, o lo que es lo mismo, toda creación comienza con un primer acto de voluntad.

Si aplicamos esta afirmación al ejemplo que he elegido para el desarrollo de esta Lección, podemos decir, que para deshacer los límites que nos impone el ego, es preciso que estemos dispuestos a elegir de nuevo, de una manera firme y certera, en la dirección que ha de permitirnos ver las cosas de otra manera.

Podemos permanecer quejosos de todas las vicisitudes que nos ocurren en la vida y, a pesar de ello, no hacer nada para cambiar el escenario donde se desenvuelve nuestras experiencias. Nos decimos: "deseo que cambie el mundo; deseo que esta situación deje de ser hostil...", pero no hacemos nada para cambiar nosotros. En verdad, no tenemos asumido que nuestra manera de ver las cosas, nuestras creencias, sean la causa que da origen a lo experimentado.

Mientras que continuemos identificándonos con el ego y alimentando su sistema de pensamiento, estaremos dando continuidad a las experiencias de las que nos quejamos como víctimas. Dicho de otro modo más directo, si quieres libertad, libérate mentalmente de todo aquello que te limita. Si quieres amor, libérate del miedo que te oprime y te bloquea. Si quieres paz, deja de castigarte y de condenarte y en lugar de ello, perdona.

El ego ha tenido su protagonismo y ha realizado (está realizando) su cometido a la perfección. Nos ha ofrecido un escenario donde podemos deleitarnos de la belleza de la existencia y sobre todo, un escenario donde hemos podido tomar conciencia de la calidad de nuestras obras y del poder creador de la mente, la cual es capaz de fabricar un mundo ilusorio y dotarle de una falsa realidad.

Los propios límites impuestos por el ego y las leyes que gobiernan su mundo ilusorio, nos ha llevado a recordar nuestra verdadera Esencia, la cual se siente portadora de un ilimitado poder creador. Para el Espíritu no hay límites, pues ha sido creado a Imagen y Semejanza de su Creador, Dios. 

Para actuar en el escenario del ego, en el mundo físico, inspirado por el poder ilimitado del Espíritu, es preciso que, previamente, nos hayamos perdonado y estemos dispuesto a desplegar la fuerza del Amor.  Cuando somos testigos de actos inspirados por el Amor, no siempre lo comprendemos. En ocasiones, incluso llegamos a escandalizarnos y tratamos de acallar esa voz que nos revela que estamos sirviendo a un orden de creencias que debe ser renovado. 

El mismo Jesús, a lo largo de su travesía, protagonizó muchas anécdotas en las que sus actos de amor, fueron motivo de rebeliones y ataques, por entender que estaban violando las leyes mosaicas. Curar un día sábado o perdonar a la adultera, no estaba bien visto, a pesar de ser actos inspirados por el amor.

Es interesante, el poner en práctica la enseñanza de esta Lección.  ¿Qué pasaría en nuestras vidas, si elegimos un día de la semana y decidimos dedicarlo, plenamente, a practicar el amor sin límites?

Reflexión: ¿Cómo entiendes amar sin límites?

viernes, 6 de septiembre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 249

LECCIÓN 249

El perdón pone fin a todo sufrimiento y a toda sensación de pérdida.

1. El perdón nos ofrece un cuadro de un mundo en el que ya no hay sufrimiento, es imposible perder y la ira no tiene sentido. 2El ataque ha desaparecido y a la locura le ha llegado su fin. 3¿Qué sufrimiento podría concebirse ahora? 4¿En qué pérdida se podría incurrir? 5El mundo se convierte en un remanso de dicha, abun­dancia, caridad y generosidad sin fin. 6Se asemeja tanto al Cielo ahora, que se transforma en un instante en la luz que refleja. 7Y así, la jornada que el Hijo de Dios emprendió ha culminado en la misma luz de la que él emanó.

2. Padre, queremos devolverte nuestras mentes. 2Las hemos traicionado, sumido en la amargura y atemorizado con pensamientos de violencia y muerte. 3Ahora queremos descansar nuevamente en Ti, tal como Tú nos creaste.

¿Qué me enseña esta lección?


Cierra los ojos e intenta llevar a tu mente al primer pensamiento que eligió “ver” el mundo físico y abandonar la verdadera Visión que lo mantenía en conexión directa con su Creador.

Ese primer pensamiento sintió la llamada del deseo y dispuso la voluntad al servicio de un impulso que le llevó a querer conocer por sí mismo.

Esa vivencia me recuerda a lo que ocurre con el ser humano cuando alcanza la edad para sentir por sí mismo y para decidir qué rumbo dar a su vida. Es como una recapitulación inscrita en el inconsciente colectivo de la humanidad y que se revive cada vez que alcanzamos la edad en la que degustamos el poder de elegir.

Dejamos atrás un periodo en el que han sido nuestros padres los que han decidido por nosotros, sin embargo, con la pubertad, hemos despertado a la voz de los deseos y sentimientos, los cuales nos invitan a tomar conciencia de nuestra individualidad. Nos descubrimos como seres diferenciados. Observamos que los cuerpos con los que nos identificamos son diferentes unos a otros. 
Mientras que nos encontrábamos en Unión con Dios, todos gozamos de esa unidad. Ahora sin embargo, hemos descubierto la diversidad y experimentamos la separación.

Sí, hemos elegido aprender por nuestra propia vía, pero ocurre que esta decisión nos ha llevado a experimentar el dolor, el miedo, la culpa, la desolación y el sufrimiento.

No es ese el camino que Dios dispuso para nosotros, pero nuestra elección de aprender desconectado de la Guía Divina, nos ha situado en el “camino de la perdición”, el camino de la ilusión, del error.

El perdón, es el antídoto que pone fin a esa vía de sufrimiento, de desesperación, de muerte.

Mantén cerrado tus ojos. Trasládate a ese primer pensamiento que te llevó a la división. Míralo. Tan sólo fue una decisión errónea, pero nunca un pecado. Puedes corregir ese error. Ponlo en manos del Espíritu Santo, pídele Expiación. El corregirá tu mente y podrás ver la rectitud. El perdón disolverá el recuerdo del error y te situará en un contexto nuevo en el que podrás visionar una nueva realidad, pues la Unidad es la puerta que nos conduce a la Plenitud.

Ejemplo-Guía: "Viviendo desde el perdón"

¿Me acompañas? Te preguntarás ¿a dónde? 

Quiero andar el camino que me ha de llevar hasta la Salvación. He de decirte, que dicho camino lo recorreré desnudo, bueno, mi único compañero de viaje se llama perdón. Es muy singular, pues cuando tengo hambre me da de comer; cuando siento sed, me da de beber. Cuando quiero conversación, se convierte en mi contertulio y cuando requiero descanso, se transforma en un confortable colchón que me hace sentir en el mismo Cielo.

Sí, ha sido necesario dejar atrás aquellos viejos ropajes que evocaban viejos recuerdos de sufrimiento., de dolor, de miedos. He dicho adiós, definitivamente, al pasado y le he agradecido su enseñanza, pero ya no la necesito, pues mi alma añora liberarse de las ataduras que me impiden experimentar la eternidad que subyace en cada nuevo presente.

¿Me acompañas? Ya sabes dónde.

¿Cómo lo andaremos? No lo se. Pero pienso que eso no es lo más importante. Lo verdaderamente importante es que hemos elegido andarlo.

Las piedras que encontremos en la senda, serán distintas piedras, pero no te preocupes por su tamaño; no sientas miedo por su aparente realidad, todas ellas, se disuelven cuando las afrontas desde el perdón. ¿No lo crees? Haz la prueba.

Tu "piedra" se llama "la pérdida de un ser muy querido". Sientes un profundo odio por la persona que le ha causado la muerte y crees que no descansarás hasta que el culpable reciba su merecido. Tu mente y tu corazón se alimentan del odio y del deseo de venganza. Has perdido la paz y, ese sentimiento, te impide ser feliz. Piensas que esa "piedra", es tan inmensamente grande, que jamás podrás acompañarme hasta el final del camino.

Recuerda que para andar el camino que nos conduce hasta la Salvación, debemos abandonar nuestros viejos ropajes. Si pretendemos realizar esa travesía con el ropaje del odio y de la venganza, pronto nos agotaremos y abandonaremos la aventura.

Es preciso que en nuestra mente se haya producido una llamada que nos invite a ver las cosas de otra manera. Si seguimos creyendo que somos un cuerpo, todo lo que le ocurra a ese cuerpo, nos producirá dolor, pues pensamos que somos la víctima de lo que le ocurre a ese cuerpo. Pero, cuando alcanzamos a comprender el inmenso poder que tiene nuestra mente para fabricar e imaginar, como por ejemplo, la identidad de un cuerpo, entonces podemos elegir utilizar esa mente para que nos permita ver la verdadera realidad.

Sabemos por las enseñanzas recogidas en el Curso, que no hay grados de dificultad para los milagros. Podemos decir, que no hay grados que diferencien las "piedras" que se convierten en los obstáculos que creemos ver en el camino que nos conduce a la Salvación. 

Reflexión: Perdonar, es vivir en paz.

jueves, 5 de septiembre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 248

LECCIÓN 248

Lo que sufre no forma parte de mí.

1. He abjurado de la verdad. 2Permítaseme ahora ser igualmente firme y abjurar de la falsedad. 3Lo que sufre no forma parte de mí. 4Yo no soy aquello que siente pesar. 5Lo que experimenta dolor no es sino una ilusión de mi mente. 6Lo que muere, en realidad nunca vivió, y sólo se burlaba de la verdad con respecto a mí mismo. 7Ahora abjuro de todos los conceptos de mí mismo, y de los engaños y mentiras acerca del santo Hijo de Dios. 8Ahora estoy listo para aceptarlo nuevamente como Dios lo creó, y como aún es.

2. Padre, mi viejo amor por Ti retorna, y me permite también amar nue­vamente a Tu Hijo. 2Padre, soy tal como Tú me creaste. 3Ahora recuerdo Tu Amor, así como el mío propio. 4Ahora comprendo que son uno.

¿Qué me enseña esta lección?


"Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa..." Estas palabras forman parte del Acto Penitencial, oración que con frecuencia, utiliza la iglesia católica en sus actos religiosos.


Cuanto dolor encierran. Aún recuerdo el gesto que acompaña su expresión, un triple golpe en el pecho a la altura del corazón, se convierte en nuestra sufrida declaración de que somos indignos pecadores, temerosos de ir a un infierno incandescente, si no conseguimos redimir nuestros pecados con el sacrificio y el dolor.

Qué fácil le resulta al ego mantenernos prisioneros del error. Qué fácil es para él, responder al ataque, con ira, con odio, con venganza. Qué fácil resulta juzgar aquello que no aceptamos de nosotros mismos.

Nuestra voluntad nos ha llevado a renunciar a la verdad y en su lugar, hemos fabricado un mundo de certezas basadas en la ilusión, a las cuales le hemos dado la condición de la verdad.

Nuestra mente se encuentra demasiado ocupada en dar respuestas y buscar soluciones a los múltiples problemas y preocupaciones planteados por el mundo en el que cree vivir. Se encuentra tan sometida al miedo a perder, a la escasez, que no encuentra un solo segundo de paz, de sosiego, de quietud.

El sufrimiento se ha convertido en el modo de vida que caracteriza nuestra existencia. Desde que nacemos, nos enseñan que para ser alguien en la vida, hay que sacrificarse y sufrir para hacernos fuertes. El sufrimiento, parece satisfacer el apetito vengativo de Dios.

Pero nada, por lo que actualmente sufrimos, es real. Somos Hijos del Amor, creados por Amor, y el Amor no puede abandonarnos en manos del sufrimiento y del sacrificio.

Ha sido nuestra creencia en que nos encontramos desconectados de la Gracia de nuestro Creador, de que somos pecadores merecedores de castigo, lo que nos  ha llevado a pensar que el sacrificio nos abrirá las puertas del Cielo y nos purificará de nuestros pecados.

Debemos tener la plena certeza de que Dios nos proveerá de todo cuanto necesitemos, pero para ello, debemos abrir nuestra consciencia y permitir que Él habite en ella.


Ejemplo-Guía: "Entre el sufrimiento y la felicidad, ¿qué eliges?

Lo plantearé de otra manera. Entre el cuerpo y el Espíritu, ¿qué eliges?

No es necesario decirlo más alto. Está lo suficientemente claro. Es tan directo y, al mismo tiempo, sencillo, que tanta claridad nos aturde.

¿Te tambaleas? ¿Y si fuera verdad la afirmación de que no somos aquello con lo que nos hemos estado identificando hasta ahora? ¿Y si fuera verdad de que el ser que cree sufrir no es real, de que todo es fruto la mente del pensante?

Es lógico, aunque irreal, de que nos tambaleemos cuando, lo que hemos llamado real, nuestras seguridades, nuestras creencias, nuestras posesiones, desaparezca de nuestra mente. ¿Qué será de nosotros?

Alegrémonos, pues nuestro verdadero soporte, no nos ha abandonado nunca. Su Presencia es una Vía de felicidad, a diferencia, como nuestro antiguo soporte, el mundo material, causante permanente de sufrimiento y dolor.

Con Dios y con Su Filiación, nada nos faltará. No hay necesidad de protegernos por miedo a ser atacado. No recelo al dar por miedo a perder. No hay culpa, pues no existe la creencia en el pecado. No hay enfermedad, no hay muerte, no hay tiempo, no hay límites, pues nuestra presencia es la eternidad y es la verdadera vida.

¿Qué vamos a elegir, entre el sufrimiento y la felicidad¿ ¿Qué vamos a elegir, entre el cuerpo y el Espíritu? ¿Entre la ilusión y la verdad? ¿Entre el miedo y el Amor? ¿Entre el pecado y la inocencia? ¿Entre la escasez y la abundancia?

Reflexión: Cuando creas a un hijo, ¿no lo harías invulnerable al sufrimiento? 

miércoles, 4 de septiembre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 247

LECCIÓN 247

Sin el perdón aún estaría ciego.

1. El pecado es el símbolo del ataque. 2Si lo veo en alguna parte, sufriré. 3Pues el perdón es el único medio por el que puedo alcan­zar la visión de Cristo. 4Permítaseme aceptar que lo que Su visión me muestra es la simple verdad y sanaré completamente. 5Ven hermano, déjame contemplarte. 6Tu hermosura es el reflejo de la mía. 7Tu impecabilidad, la mía propia. 8Has sido perdonado, y yo junto contigo.

2. Así es como quiero ver a todo el mundo hoy. 2Mis hermanos son Tus Hijos. 3Tu Paternidad los creó y me los confió como parte de Ti, así como de mi propio Ser. 4Hoy Te honro a través de ellos, y así espero en este día poder reconocer mi Ser.

¿Qué me enseña esta lección?


Atacar es ir en contra de… Si el pecado es el símbolo del ataque, ello significa que la acción a la que hemos llamado “pecado” representa el acto de no llevar a cabo la Voluntad de nuestro Padre, es decir, es el acto de actuar de una manera aislada a Él. De ahí procede la creencia, que ha dado lugar al ego, de que estamos separados de nuestro Creador.

Pero esa creencia es imposible, salvo que creamos en ella. Si así lo hacemos, estaremos viviendo la ilusión de la muerte, del castigo, de la culpa, del dolor, de la tristeza y el sufrimiento.

Un hijo es fruto de la obra creadora del padre, y esta vinculación sería imposible y falsa, si no compartieran la misma Unidad.

La semilla se perpetúa a través del fruto, de tal modo que semilla y fruto forman una unidad integral.

La semilla de Dios, Somos Todos nosotros, los cuales formamos la Filiación Divina. El Rostro de Dios se encuentra reflejado en cada uno de sus Hijos y, Todos juntos, formamos una Unidad con Él.

Ejemplo-Guía: "La curación de la ceguera"

El título de esta Lección, me ha inspirado a reflexionar sobre el símbolo de la "ceguera".

La capacidad de ver el mundo que contemplamos con los ojos del cuerpo, nos lleva a identificarnos con un mundo irreal e ilusorio y sin embargo, se convierte en uno de los principales sentidos físicos que da origen a la creencia errónea de que somos un cuerpo.

Si aquello que vemos es lo irreal, ¿qué es lo real?

Podríamos decir, que lo real es aquello que no vemos. Pero no lo vemos, por la razón lógica de que no existe, sino porque en el sistema de creencia del ego, aquello que no percibimos con nuestros sentidos físicos, no existe.

Pero debemos completar esta reflexión. No podemos dejarla en ese nivel de análisis. Tenemos que añadir, que lo que no ven nuestros ojos físicos, no es porque no exista, sino porque hemos elegido, con nuestra mente, no verlo. ¿Por qué esa elección?

Tal vez nos cueste creer esa deducción. Tal vez nos estemos diciendo, que estamos deseosos de ver el mundo espiritual, pero nuestros ojos físicos no nos lo muestra. Y es cierto, que eso ocurre. La razón de que ello sea así, está implícita en el contenido del argumento dado, es decir, no lo vemos pues nuestros ojos físicos no nos permite ver aquello que hemos negado con nuestra mente. Si no creemos en la Unidad del Espíritu; si tenemos miedo a Dios y al Amor, los ojos de nuestra mente estarán cerrados para esa realidad.

La "ceguera" es un símil que viene a revelarnos sobre el estado de nuestra conciencia. Si estamos identificados con el mundo de la percepción, nuestros ojos tan sólo creerán en aquello que sean capaces de ver. Ese estado, es similar a la situación del ciego, pues nos hace incapaces de ver la realidad del mundo espiritual.

No debemos confundir, la verdadera Visión espiritual con la videncia espontánea de los planos más sutiles al denso, de donde los videntes extraen visiones que nos presentan como verdades trascendentes.

El Mundo de Dios, es un Campo de Luz que es captada por la mente, la cual, proyecta esa luz dando lugar a diferentes niveles. Este Curso nos enseña, que esos niveles son frutos de la interpretación de la mente, identificando solamente como real al Mundo Unitario de Dios.

Formando parte del sueño que estamos soñando, nuestra mente se irá liberando de las densas capas que le impiden visualizar el Mundo Divino, sin interferencia de niveles intermedios. Pero en ese proceso de liberación, muchos se quedan a medio camino, cuando vislumbran el reflejo del Mundo de Dios en estadios donde aún la Unidad adquiere rostros separados. La pista que ha de servirnos para saber reconocer que ese estado no es el Mundo de Dios, nos la aporta el hecho de que el miedo sigue formando parte de las emociones que se perciben cuando entramos en contacto con dichos niveles de conciencia. Un ejemplo de lo que queremos decir, lo podemos experimentar en la manifestación terrenal del sueño. Cuando dormimos, es el plano astral donde se desarrolla nuestra conciencia. Ese nivel de conciencia está influenciado por nuestros miedos y aunque nos muestra un mundo más sutil, no es el Mundo Verdadero donde tenemos nuestro Hogar.

Cuanto más identificado nos encontremos con el mundo de las formas, con el sistema de pensamiento del ego, nuestro nivel de ceguera será mayor. La liberación de ese estado que nos impide ver la realidad se convierte en una invitación a realizar la función que Dios nos tiene encomendado: Perdonar.

El perdón es el antídoto contra el miedo y se convierte en el camino de la Salvación y de la Paz.

Reflexión: ¿Cuando vemos al otro, vemos pecado o salvación, miedo o amor?

martes, 3 de septiembre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 246

LECCIÓN 246

Amar a mi Padre es amar a Su Hijo.

1. Que no piense que puedo encontrar el camino a Dios si abrigo odio en mi corazón. 2Que no piense que puedo conocer a mi Padre o a mi ser, si trato de hacerle daño al Hijo de Dios. 3Que no deje de reconocerme a mí mismo, y siga creyendo que mi conciencia puede abarcar lo que mi Padre es o que mi mente puede concebir todo el amor que Él me profesa y el que yo le profeso a Él.

2. Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a Ti, Padre mío. 2Y no podré por menos que triunfar porque así lo dispone Tu Volun­tad. 3Y reconoceré que lo que Tu Voluntad dispone, y sólo eso, es lo que la mía dispone también. 4Por lo tanto, elijo amar a Tu Hijo. 5Amén.

¿Qué me enseña esta lección?


No podemos amar a nuestro Padre, si no nos amamos a nosotros mismos. Esto es así, pues, el Hijo es una extensión del Padre; es una parte de Si Mismo; el Hijo ha sido creado a su Imagen y Semejanza.

De igual forma, no podemos amar a nuestros hermanos, si ese amor no se encuentra en nuestro interior. Cuando nos amamos, estamos tomando consciencia de la Unidad que gobierna sobre todo lo creado. No podemos amar una parte de nosotros y odiar otra. Eso no es posible, pues la dualidad no forma parte del Amor Unificador.

Podemos, y de hecho así lo hacemos, amar nuestra naturaleza más elevada y noble, y sin embargo, odiar aquellos aspectos de nuestro yo, de los que no nos sentimos orgullosos. En estos casos, experimentaremos circunstancias en las que nos veremos atraídos por aquellas personas que nos inspiran elevados valores, mientras que sentiremos aversión, por aquellas otras, que representan los bajos instintos.

Amar a Dios, significa Amar a nuestros hermanos y amarnos a nosotros mismos: Amar la Totalidad.

El sentimiento de sentirnos especiales, es una prueba que nos ofrece la oportunidad de valorar el verdadero sentido de la Unidad.

Ejemplo-Guía: "Reflexionando sobre el Amor"

Muchos, decimos amar a Dios, sin embargo, odiamos a aquellos que nos dañan. La Lección de hoy nos enseña, que no podemos amar a Dios, si no amamos, igualmente, a Su Hijo.

Sí, desde la perspectiva de la percepción, desde la visión de la separación y de la dualidad, es posible amar un elevado ideal y al mismo tiempo odiar aquello que aborrecemos. Pero, esta visión es errónea, pues el verdadero Amor está basado en la certeza de que formamos parte de una misma Filiación y que esa vinculación se encuentra plenamente unida a nuestra Fuente, a la Mente de nuestro Creador.

Es imposible amar a Dios y no amar a Su creación, pues ambos forman un unidad.

En nuestro maniobrar humano, observamos que muchos padres tienen preferencias por uno de sus hijos en detrimento de otros. La escala de niveles, frutos de un sistema de pensamiento basado en el juicio, en la división y en la diferenciación, nos lleva a seleccionar nuestro amor, sometiéndolo a un sistema de medida.

Amo lo que considero bueno y beneficioso y rechazo lo que considero malo o perjudicial. La razón de que este sistema de pensamiento se exprese de esta manera, la encontramos en la creencia de que existe un "afuera" que nos produce un profundo miedo y tratamos de identificarlo para protegernos de él. Esa proyección fabricada por nuestra mente nos lleva a identificarnos como cuerpos separados, siendo la imagen del otro la que nos amenaza. De igual modo, las circunstancias que experimentamos, son valoradas como agresoras a nuestros intereses, a nuestros deseos, lo que nos convierte en víctimas de un fatal destino, cuando en verdad, ese "destino" no es más que la proyección de nuestro mundo interno.

"Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a TiPadre mío". Esta expresión, define de manera hermosa la ruta que nos lleva directamente a la Plenitud del Alma, pues nos conduce, de manera inequívoca, hasta las puertas del Cielo. No importa el camino, pues todos los caminos, sin filtros de juicios, nos conducen hacia la Salvación.

Si, desde nuestro corazón, somos capaces de expresar la frase anterior, sin duda, estaremos en condición de gozar de la Paz de Dios, pues el Amor recorrerá cada una de las células de nuestro Ser.

Reflexión: ¿Hay diferencia entre querer y amar?

lunes, 2 de septiembre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 245

LECCIÓN 245

Tu paz está conmigo, Padre. Estoy a salvo.

1. Tu paz me rodea, Padre. 2Dondequiera que voy, Tu paz me acompaña 3y derrama su luz sobre todo aquel con quien me encuentro. 4Se la llevo al que se encuentra desolado, al que se siente solo y al que tiene miedo. 5Se la ofrezco a los que sufren, a los que se lamentan de una pérdida, así como a los que creen ser infelices y haber perdido toda esperanza. 6Envía­melos, Padre. 7Permíteme ser el portador de Tu paz. 8Pues quiero salvar a Tu Hijo, tal como dispone Tu Voluntad, para poder llegar a reconocer mi Ser.

2. Y así caminamos en paz, 2transmitiendo al mundo entero el mensaje que hemos recibido. 3Y de esta manera oímos por fin la Voz que habla por Dios, la cual nos habla según nosotros predi­camos la Palabra de Dios, Cuyo Amor reconocemos, puesto que compartimos con todos la Palabra que Él nos dio.

¿Qué me enseña esta lección?


Para poder oír la Voz de Dios, sentir Su Paz, hemos de acallar el murmullo del ego, hemos de aquietar nuestra mente.

Mientras que nuestra mente sintonice la emisora que lo mantiene conectado al mundo material, estaremos sirviendo a la ilusión. En este mundo nos percibimos separados de la Fuente que nos ha Creado. Nuestra libertad está condicionada por el peso del pecado, de la culpa, y nos fabricamos un mundo en el que el castigo, el sufrimiento, el dolor, el sacrificio, se convierten  en los suplementos imprescindibles para alcanzar nuestra purificación, nuestra salvación.

Para lograr vibrar a tono con la Paz de Dios, debemos despertar a nuestra divinidad, debemos  hacer consciente nuestro verdadero Ser. Para caminar en Paz, debemos Ser Paz y, no hay otro camino que el de la Unidad, el del Amor Incondicional.

Ejemplo-Guía: "¿Cómo puedo ayudar a los demás a encontrar la paz?


Antes de responder a esta cuestión, considero primordial hacernos la siguiente pregunta: ¿Es posible la paz en este mundo?

Parece contradictorio plantear dicha reflexión, cuando estamos deseosos de poder ayudar a los demás a encontrar la paz. Sin embargo, la realidad que percibimos parece convencernos de que dicha paz no es posible lograrla en este mundo.

En el Manual del Maestro, podemos encontrar un punto dedicado, exclusivamente, a dar respuesta a la cuestión que hemos planteado:

11. ¿Es posible la paz en este mundo?

1. Ésta es una pregunta que todo el mundo debe hacerse. 2Es ver­dad que la paz no parece ser posible aquí. 3Sin embargo, la Pala­bra de Dios promete otras cosas que, al igual que ésta, parecen imposibles. 4Su Palabra ha prometido paz. 5Ha prometido tam­bién que la muerte no existe, que la resurrección tendrá lugar y que el renacimiento es la herencia del hombre. 6El mundo que ves no puede ser el mundo que Dios ama, y, sin embargo, Su Palabra nos asegura que Él ama al mundo. 7La Palabra de Dios ha prometido que aquí es posible la paz, y lo que Él promete no puede ser imposible. 8Mas es cierto que hay que contemplar el mundo de otra manera, si es que se han de aceptar Sus promesas. 9Lo que el mundo es, ya ha sido determinado. 10Tú no puedes elegir lo que debe ser. 11Pero sí puedes elegir cómo lo quieres ver. 12De hecho, eso tienes que elegirlo.
2. Volvemos nuevamente al tema de los juicios. 2Esta vez pregún­tate qué es más probable que sea verdad: tus juicios o la Palabra de Dios. 3Pues ambos afirman cosas diferentes acerca del mundo, y tan opuestas que no tiene objeto tratar de reconciliarlas. 4Dios ofrece salvación al mundo, tus juicios quieren condenarlo. 5Dios afirma que la muerte no existe; tu juicio ve a la muerte como el final inevitable de la vida. 6La Palabra de Dios te asegura que Él ama al mundo; tus juicios afirman que el mundo no es digno de ser amado. 7¿Quién tiene razón? 8Pues uno de los dos tiene que estar equivocado. 9No puede ser de otra manera.
3. El texto explica que el Espíritu Santo es la Respuesta a todos los problemas a los que tú has dado lugar. 2Estos problemas no son reales, pero eso no significa nada para los que creen en ellos. 3Y todo el mundo cree en lo que ha hecho, pues lo hizo creyendo en ello. 4A esta extraña y paradójica situación que no tiene sen­tido ni significado, de la cual, no obstante, no parece que haya forma de escaparse, Dios ha enviado Su juicio para reemplazar al tuyo. 5Con gran ternura, Su juicio sustituye al tuyo. 6Y por me­dio de esa sustitución, lo incomprensible se vuelve comprensi­ble. 7¿Es posible la paz en este mundo? 8En tu juicio no lo es ni lo será nunca. 9Pero en el juicio de Dios, lo único que se refleja aquí es paz.

4. La paz es imposible para los que ven conflictos 2e inevitable para los que ofrecen paz. 3¡Cuán fácilmente, pues, te puedes escapar del juicio que tienes acerca del mundo! 4No es el mundo lo que hace que la paz parezca imposible. 5El mundo que ves es lo que es imposible. 6 No obstante, el juicio de Dios acerca de este mundo distorsionado lo ha redimido y preparado para que le dé la bienvenida a la paz. 7Y la paz desciende sobre él en jubilosa respuesta. 8Ahora la paz puede estar aquí, ya que ha entrado un Pensamiento de Dios. 9¿Qué otra cosa sino un Pensamiento de Dios podría trocar el infierno en Cielo sólo por ser lo que es? 10La tierra se postra ante su Presencia, que llena de gracia se inclina en respuesta, para elevarla de nuevo. 11Ahora la pregunta es diferen­te. 12Ya no es: "¿Es posible la paz en este mundo?", sino: "¿Cómo sería posible que no hubiese paz aquí?"

Ya habrás intuido, que nos resultará imposible ayudar a los demá a encontrar la paz, si esa paz no forma parte de nuestra mente. Lo recordamos una vez más, no podemos dar lo que no tenemos. Por otro lado, es dando como recibimos, es dando, como conservamos lo que damos. Nuestra verdadera esencia es paz, pero lo hemos olvidado, a raíz de poner nuestra mente al servicio del ego. Recuperar nuestra consciencia de que somos paz, pasa por recordar lo que somos, seres espirituales, el Hijo de Dios, impecable, inocente y puro.

La paz cuando forma parte de nuestra consciencia, se expande en cada uno de nuestros gestos. Esa paz, es contagiosa. Luego, no debemos de preguntarnos cómo podemos ayudar a los demás a encontrar la paz, sino que la cuestión es ser consciente de nuestra verdadera identidad. Lo demás vendrá por añadidura.


Reflexión: ¿Podemos dar paz, si no la hemos conquistado interiormente?

domingo, 1 de septiembre de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 244

LECCIÓN 244

No estoy en peligro en ningún lugar del mundo.

1. Tu Hijo está a salvo dondequiera que se encuentre porque Tú estás allí con él. 2Sólo con que invoque Tu Nombre recordará su seguridad y Tu Amor, pues éstos son uno. 3¿Cómo puede temer, dudar o no darse cuenta de que es imposible que pueda sufrir, estar en peligro o ser infeliz cuando él te pertenece a ti, es bienamado y amoroso, y está por siempre a salvo en Tu Paternal abrazo?

2. Y ahí es en verdad donde nos encontramos. 2No hay tormenta que pueda venir a azotar el santuario de nuestro hogar. 3En Dios estamos a salvo, 4pues, ¿qué podría suponer una amenaza para Dios, o venir a asustar a lo que por siempre ha de ser parte de Él?

¿Qué me enseña esta lección?


El miedo y el temor son fabricaciones del ego y su origen se encuentra en la falta de amor.


Cuando hago referencia al Amor, estoy invocando el Principio de la Unidad. El Ser que Somos es Uno con su Creador.

El Hijo de Dios se manifiesta en el mundo con conciencia dual. De este modo, es como fabrica el concepto del mal y el concepto del bien. El error al que ha dado lugar esa mente dual es la identificación con uno u otro de estos conceptos. Hasta tal punto ha sido esto así, que hemos identificado el mal con el pecado y el bien con la salvación.

Cuando nuestra mente se identifica con la Luz, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones son portadoras de Amor. En cambio, cuando nuestra mente se identifica con las Tinieblas, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones son portadoras de desorden, de caos y de dolor.

La verdad está por encima de la manifestación dual, pues su origen y su final, su Alfa y su Omega, se encuentra en la Unidad. En ese estadio, la dualidad se integra en el Uno.

Si el Amor es nuestra Fuente de Creación, ningún peligro podrá dañarme. 

Ejemplo-Guía: "Me han atacado, ¿debo poner la otra mejilla, debo defenderme?"

No puedo evitar evocar una sonrisa, cuando a mi mente llega el recuerdo de los consejos recibidos en mi infancia por mis padres. Uno de los consejos más usuales, era el que me incitaba a defenderme cuando alguien me atacase. Ese mensaje protector calaba en mi conciencia como un reto que debía conseguir, y en muchas ocasiones, estaba deseoso de ser atacado para ponerlo en práctica. Aquellos momentos felices de la infancia, se convertía, por momentos, en una selva donde lo importante era sobrevivir y donde imperaba la ley del más fuerte.

Mi experiencia particular, después de haber aplicado los consejos de mi infancia, es que la mejor defensa no es el ataque. Que todo ataque, alimenta la ira y que esa emoción es el efecto, el resultado, del miedo.

Nuestra conciencia actual, ya vislumbra que el mundo que la alimenta, el mundo de la percepción, no es la realidad, no es la verdad. Pero, mientras que permanezcamos en esa dimensión densa y al mismo tiempo ilusoria, le damos valor al las vivencias y a las experiencias, del mismo modo, que damos valor y significado a lo experimentado mientras soñamos.

Un Curso de Milagros nos enseña cómo debemos tratar el mundo de las ilusiones y nos alumbra en el manejo de las situaciones donde se despiertan las emociones del miedo y de la ira:

¿Cómo se superan las ilusiones? 2Ciertamente no mediante el uso de la fuerza o de la ira, ni oponiéndose a ellas en modo alguno. 3Se superan dejando simplemente que la razón te diga que las ilusiones contradicen la realidad. 4Las ilusiones se opo­nen a lo que no puede sino ser verdad. 5La oposición procede de ellas, no de la realidad. 6La realidad no se opone a nada. 7Lo que simplemente "es" no necesita defensa ni ofrece ninguna. 8Sólo las ilusiones necesitan defensa debido a su debilidad. 9Mas ¿cómo podría ser difícil recorrer el camino de la verdad cuando la debi­lidad es el único obstáculo? 10Tú eres el fuerte en este aparente conflicto 11y no necesitas ninguna defensa. 12Tampoco deseas nada que necesite defensa, pues cualquier cosa que necesite defensa te debilitará.

2. Examina para qué desea las defensas el ego, 2y verás que siempre es para justificar lo que va en contra de la verdad, lo que se esfuma en presencia de la razón y lo que no tiene sentido. 3¿Puede esto acaso estar justificado? 4¿Qué otra cosa podría ser, sino una invitación a la demencia para que te salve de la verdad? 5¿Y de qué se te salvaría, sino de lo que temes? 6La creencia en el pecado requiere constante defensa, y a un costo exorbitante. 7Es preciso combatir y sacrificar todo lo que el Espíritu Santo te ofrece. 8Pues el pecado está tallado en un bloque que fue arran­cado de tu paz y colocado entre el retorno de ésta y tú.

3. Sin embargo, ¿cómo iba a poder estar la paz tan fragmentada? 2La paz sigue aún intacta, pues no se le ha quitado nada. 3Date cuenta de que tanto los medios como aquello de lo que se compo­nen los sueños perversos no significa nada. 4En realidad tu her­mano y tú estáis unidos y no hay nada que se interponga entre vosotros. 5Puesto que Dios os lleva de la mano, ¿qué podría sepa­rar lo que Él ha unido Consigo Mismo como un solo Ser? 6Es de tu Padre de Quien te quieres defender. 7Sin embargo, sigue siendo imposible excluir el amor. 8Dios descansa contigo serena­mente, sin defensas y en total mansedumbre, pues sólo en esa quietud se encuentra la fuerza y el poder. 9Ahí la debilidad no tiene cabida porque ahí no hay ataque, y, por lo tanto, no hay ilusiones. 10El amor descansa en la certeza. 11Sólo la incertidum­bre se defiende. 12Y toda incertidumbre no es otra cosa que las dudas que tienes acerca de ti mismo. (C.22.V.1:12)

En verdad, cuando nos defendemos del ataque de los demás, lo que estamos haciendo es defendernos del ataque que nos estamos dirigiendo a nosotros mismos. No veríamos el ataque, si no creyésemos en él, si no nos lo aplicamos a nosotros mismos. Recodemos que damos lo que tenemos. Si damos ataque, es porque ese ataque forma parte de nuestra estructura mental. Atacar, aún cuando está justificado como defensa, está revelando que en nuestra mente anida y crece la creencia en la separación. Estamos viendo a nuestros hermanos como algo separado de nosotros mismos.

Reflexión: ¿Quién nos ataca, cuando nos sentimos atacados?