V. El estado de impecabilidad (3ª Parte).
3. No es a Cristo a quien contemplas cuando miras de esa manera. 2A quien ves es al "enemigo", a quien confundes con Cristo. 3Y lo odias porque no puedes ver en él pecado alguno. 4Tampoco oyes su llamada suplicante, cuyo contenido no cambia sea cual sea la forma en que la llamada se haga, rogándote que te unas a él en inocencia y en paz. 5Sin embargo, tras los insensatos alaridos del ego, tal es la llamada que Dios le ha encomendado que te haga, a fin de que puedas oír en él Su Llamada a ti, y la contestes devolviéndole a Dios lo que es Suyo.
Mensaje central del punto:
- El ego distorsiona la percepción y nos lleva a ver enemigos donde sólo hay hermanos y potenciales aliados en el camino espiritual.
- El odio hacia el otro surge, paradójicamente, cuando no encontramos en él pecado, porque el ego teme la inocencia y la unión.
- La llamada a la inocencia y la paz es constante, aunque el ego la oculte con sus “alaridos” y justificaciones.
- Cada encuentro es una oportunidad para escuchar la Voz de Dios a través del otro y para devolverle a Dios lo que es Suyo: la filiación, la inocencia y la paz.
- La verdadera visión consiste en mirar más allá de las apariencias y responder a la llamada de la unidad.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Observa tus reacciones ante los demás, especialmente en situaciones de conflicto o incomodidad. Pregúntate si estás viendo a un enemigo o a Cristo en tu hermano.
- Cuando surja el juicio o el resentimiento, haz una pausa y busca la llamada a la inocencia y la paz que está más allá de las palabras o actitudes.
- Practica el perdón recordando que cada encuentro es una oportunidad para sanar la percepción y devolver a Dios la visión de la inocencia.
- Si te resulta difícil ver la inocencia en alguien, repite mentalmente: “Elijo ver a Cristo en ti y responder a la llamada de Dios.”
- Al final del día, reflexiona sobre los momentos en los que lograste escuchar la llamada a la paz y aquellos en los que el ego te llevó a ver enemigos.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿En qué momentos tiendo a ver enemigos en lugar de hermanos? ¿Qué emociones o creencias subyacen a esa percepción?
- ¿Cómo puedo entrenar mi mente para escuchar la llamada a la inocencia y la paz, incluso cuando el ego grita lo contrario?
- ¿Qué experiencias he tenido en las que, al mirar más allá de las apariencias, he sentido una profunda unión y paz?
- ¿Estoy dispuesto a devolverle a Dios lo que es Suyo, viendo la inocencia en mí y en los demás?
Conclusión:
La impecabilidad es la clave para ver a Cristo en cada hermano y para experimentar la verdadera paz. Cuando soltamos el juicio, el ataque y la necesidad de encontrar pecado, respondemos a la llamada de Dios y devolvemos a Dios lo que es Suyo: la filiación, la inocencia y la unidad. Cada encuentro es una oportunidad para sanar la percepción y para elegir de nuevo la visión de la inocencia, más allá de los gritos del ego y las apariencias de separación.
Frase inspiradora:
“Elijo ver a Cristo en ti y responder a la llamada de Dios, más allá de las apariencias y del ego.”
Invitación práctica:
- Haz una pausa consciente antes de reaccionar ante el conflicto y pregúntate: “¿Estoy viendo a Cristo o a un enemigo?”
- Si surge el juicio, repite: “Elijo ver la inocencia en ti y en mí.” Recuerda que el ego teme la inocencia, pero el Espíritu la reconoce y la celebra.
- Escucha más allá de las palabras y actitudes, buscando la llamada a la paz y la unión que está presente en cada encuentro.
- Al final del día, reflexiona: ¿En qué momentos respondí a la llamada de Dios a través de mi hermano? ¿Dónde me dejé llevar por el ego y vi enemigos?
- Recuerda que cada encuentro es una oportunidad para devolver a Dios lo que es Suyo: la visión de la inocencia y la filiación. Haz de esto tu propósito diario y observa cómo cambia tu experiencia de las relaciones y del mundo.
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