martes, 27 de enero de 2026

Capítulo 25. VI. Tu función especial (5ª parte).

VI. Tu función especial (5ª parte).

5. Aquí, donde las leyes de Dios no rigen de forma perfecta, él todavía puede hacer una cosa perfectamente y llevar a cabo una elección perfecta. 2Y por este acto de lealtad especial hacia uno que percibe como diferente de sí mismo, se da cuenta de que el regalo se le otorgó a él mismo y, por lo tanto, de que ambos tienen que ser necesariamente uno. 3El perdón es la única función que tiene sentido en el tiempo. 4Es el medio del que el Espíritu Santo se vale para transformar el especialismo de modo que de pecado pase a ser salvación. 5El perdón es para todos. 6Mas sólo es com­pleto cuando descansa sobre todos, y toda función que este mundo tenga se completa con él. 7Entonces el tiempo cesa. 8No obstante, mientras se esté en el tiempo, es mucho lo que todavía queda por hacer. 9Y cada uno tiene que hacer lo que se le asignó, pues todo el plan depende de su papel. 10Cada uno tiene un papel especial en el tiempo, pues eso fue lo que eligió, y, al elegirlo, hizo que fuese así para él. 11No se le negó su deseo, sino que se modi­ficó la forma del mismo, de manera que redundase en beneficio de su hermano y de él, y se convirtiese de ese modo en un medio para salvar en vez de para llevar a la perdición.

Este párrafo profundiza en la idea de que, aunque vivimos en un mundo donde las leyes de Dios no se manifiestan plenamente, cada persona puede realizar un acto perfecto: elegir el perdón. El texto subraya que, a través de un acto de lealtad especial hacia otro (alguien que percibimos como diferente), descubrimos que el regalo que damos es, en realidad, para nosotros mismos, y que esa aparente diferencia se disuelve en la unidad.

El perdón se presenta como la única función verdaderamente significativa en el tiempo, el medio por el cual el Espíritu Santo transforma el especialismo (el deseo de ser diferente o separado) en salvación. El perdón, para ser completo, debe abarcar a todos, y sólo así se cumple la función de cada uno en el plan de la salvación. Mientras estemos en el tiempo, cada uno tiene un papel único y necesario, y el plan depende de que cada uno acepte y desempeñe su función. El deseo de ser especial no se reprime, sino que se transforma en un medio de salvación, tanto para uno mismo como para los demás.

Mensaje central del punto:

  • La perfección posible en el mundo: Aunque el mundo es imperfecto, cada persona puede realizar un acto perfecto: elegir el perdón.
  • El perdón como función esencial: El perdón es la única función que tiene sentido en el tiempo y es el medio de transformación espiritual.
  • Unidad a través del perdón: Al perdonar a otro, descubrimos que el regalo es para nosotros mismos y que, en realidad, no hay separación.
  • El perdón es universal: No es completo hasta que abarca a todos, y sólo así se cumple el propósito del tiempo.
  • El papel especial de cada uno: Cada persona tiene un papel único en el plan de la salvación, y ese papel es necesario para la plenitud del plan.
  • Transformación del deseo de ser especial: El deseo de ser especial no se niega, sino que se transforma en un medio para la salvación, beneficiando tanto al que lo ofrece como al que lo recibe.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Elegir el perdón cada día: Reconoce que, aunque el mundo es imperfecto, siempre puedes elegir perdonar, y ese acto es perfecto en sí mismo.
  • Ver la unidad en la diferencia: Cuando sientas separación o conflicto con alguien, recuerda que al perdonar, el regalo es para ambos y que la diferencia es ilusoria.
  • Extender el perdón a todos: No limites el perdón a unos pocos. Haz el esfuerzo consciente de incluir a todos en tu perdón, incluso a quienes te resultan difíciles.
  • Aceptar tu papel especial: Reflexiona sobre cuál es tu función única en tu entorno y cómo puedes desempeñarla al servicio de la unidad y la sanación.
  • Transformar el especialismo: Si notas en ti el deseo de ser especial o diferente, entrégalo al Espíritu Santo para que lo transforme en un medio de sanación y unión.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Reconozco que, aunque el mundo es imperfecto, puedo elegir el perdón y realizar un acto perfecto?
  • ¿A quién percibo como diferente o separado de mí? ¿Estoy dispuesto a ver que, al perdonar, el regalo es para ambos?
  • ¿Limito mi perdón a ciertas personas o lo extiendo a todos?
  • ¿Cuál siento que es mi papel especial en este momento de mi vida? ¿Lo estoy aceptando y desempeñando?
  • ¿Cómo puedo transformar mi deseo de ser especial en un medio para la sanación y la unidad?

Conclusión:

Este fragmento nos recuerda que, aunque el mundo no es perfecto y las leyes de Dios no se manifiestan plenamente aquí, cada uno de nosotros puede realizar un acto perfecto: elegir el perdón. El perdón es la función esencial en el tiempo, el medio por el cual el Espíritu Santo transforma nuestro deseo de ser especiales en una oportunidad de salvación y unidad. Al perdonar, descubrimos que el regalo es para nosotros mismos y que la separación es sólo una ilusión. Cada uno tiene un papel único y necesario en el plan de la salvación, y la plenitud de ese plan depende de que cada uno acepte y desempeñe su función. Así, el tiempo se convierte en un medio para la sanación y la plenitud, hasta que finalmente cesa y sólo queda la unidad.

Frase inspiradora:

“Hoy elijo perdonar, sabiendo que este acto perfecto me une a los demás y transforma mi deseo de ser especial en un medio de sanación para todos.”

Invitación práctica:

Dedica unos minutos a la introspección y repite interiormente:

“Espíritu Santo, ayúdame a ver a todos como uno conmigo. Que mi perdón sea completo y transforme cualquier deseo de separación en un medio de unión y sanación.”

Después, observa a lo largo del día cómo puedes extender el perdón a todos, especialmente a quienes percibes como diferentes, y cómo eso te aporta paz y plenitud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario