viernes, 1 de julio de 2016

Cuento de Reiyel: "Deshaciendo una maldición"


Muchas personas no creen en los embrujamientos, en los encantamientos, en el mal de ojo, y una de estas personas era Reiyel, el Soberano de las tierras de Hesed, donde la abundancia florecía por doquier.

Pero lo que un día le sucedió, le hizo cambiar de parecer, y es que él mismo fue victima de la magia negra de una malvada bruja..., pero veamos lo que le ocurrió al Soberano.

Era época de recogida de impuestos y los recaudadores ya habían visitado varias aldeas. Reiyel era justo y según muchos, bondadoso, sin embargo, los últimos años habían sido duros, muy duros y se vio obligado a implantar una ley de impuestos.

No era mucha la cantidad exigida, pero no todos vieron con buenos ojos aquellas medidas y algunos de los aldeanos le criticaron.

Sin embargo, aquellas opiniones nunca preocuparon al Rey, ya que las recaudaciones no eran para su lucro personal, sino para administrarlas en todo el reino. Pero si le preocupaba la insubordinación y fue por ello que mando llamar a los causantes de aquella rebeldía.

Sus guardianes acompañaron a una mujer de presencia enigmática que no parecía afectada por las dificultades de los últimos años. Cuando llegó hasta el lugar donde el se encontraba, le dijo:
  • Buena mujer, ¿por qué te niegas a pagar el impuesto si sabes que serán repartidos equitativamente entre todos? -preguntó amablemente el rey -. 
  • No creas que me engañas, eres un rey avaro y tratas de enriquecerte con nuestros esfuerzos -replicó agresivamente la interrogada -.
  • Te equivocas, mis arcas no se llenarán con los esfuerzos del pueblo. Mi única voluntad es administrar con justicia los escasos recursos existentes -le replicó Reiyel -. 
Entonces y de un modo inesperado aquella misteriosa mujer profirió una maldición en alta voz: 
  • iQué la sangre que recorre tus venas se endurezca como las piedras si utilizas en beneficio propio un solo diezmo procedente de nuestros esfuerzos!  
Y diciendo esto, todos quedaron tan asombrados que ni tan siquiera le impidieron marcharse.
Cuenta la leyenda que aquel año fue el peor de todos y que las arcas del rey agotaron sus fondos, por lo que se vio en la necesidad de gastar el dinero de las recaudaciones, y fue entonces cuando todos recordaron la maldición de aquella maliciosa bruja.

Reiyel quedó petrificado, aunque no muerto. Se encontraba sumido en un profundo trance, pero no podía manifestar la vida.

No sabían como ayudar a su rey, y cuando recurrieron a la bruja, nadie supo dar referencia de ella.

Pero esta historia no puede acabar mal, no os preocupéis, puesto que el pueblo viendo la desdicha de su rey y la pobreza que se apoderaba del reino, cedió voluntariamente sus humildes ingresos para salvarle, y no tan solo consiguieron hacerlo, sino que aquel acto de amor puso fin al maleficio de la bruja y el rey Reiyel volvió a la verdadera vida de nuevo.

Fin

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