miércoles, 29 de junio de 2016

Cuento para Yerathel: "Malón, el malo"

Malón, no era ni mucho menos lo que podríamos llamar un buen muchacho, sino todo lo contrario, era tanta su maldad que la fama le precedía allí donde iba.

Era muy conocido y temido en todos los barrios y nadie lo quería como compañero en la escuela.

Aquel desprecio hacía que el malvado Malón se enfadase aún más de lo que ya lo estaba habitualmente, y se revelaba con actos violentos, destrozando todo cuanto se cruzase en su camino.

En un par de ocasiones tuvieron que intervenir los guardias del orden, y en una de ellas le arrestaron, pero tan sólo se limitaron a meterle miedo y al poco rato le soltaron.
Pero Malón no se acobardaba con las amenazas de la policía y seguía una y otra vez sembrando el terror por donde quiera que pasara.

Cierta mañana se le ocurrió hacerle una visita a la escuela, sorprendiendo a su paso a cuantos se cruzaban con él.

Su apariencia era desastrosa. Daba la impresión de que había dormido con las ropas que llevaba puestas. Sus cabellos estaban despeinados y en su cara se podía apreciar que hacía días, tal vez meses, que no había tenido contacto con el agua.

Todos se apartaban de él cuando se le acercaba, pero aquello parecía no importarle demasiado en aquel día.
Siguiendo su instinto se adentró en una de las clases y una vez dentro se sentó en un pupitre. De repente y como si se tratase de una plaga infecciosa todos se apartaron de su lado, quedándose totalmente sólo y aislado. Pero de un modo inesperado y sorprendiendo incluso al propio Malón, un chico se le acercó y con una sonrisa amable en los labios, le dijo:

  • ¿Puedo sentarme contigo?
Aquella petición hizo tartamudear al despreciado y temido Malón, que estando aún bajo los efectos de su sorpresa, contestó:

  • Sí, sí, puedes sentarte, ¿si te atreves…?
  • Bien, creo que seremos buenos amigos, me llamo Yerathel -comentó atrevidamente su nuevo compañero -.
  • Qué te hace pensar que yo quiero ser tu amigo? -preguntó con serenidad Malón -.
  • Yo no tengo nada contra ti. No te considero mi enemigo, ni creo que lo seas nunca, puesto que aunque me calumnies, me engañes, incluso me castigues, no lo consideraré una ofensa. Pensaré que tal vez me lo haya merecido.
Aquellas palabras consiguieron hacer latir de nuevo el adormecido corazón de aquel desgraciado muchacho que hasta ahora se había sentido rechazado y despreciado por todo el mundo.

Aquel misterioso chico con su sinceridad había ganado su confianza y le había hecho sentirse de nuevo un ser vivo.

Desde aquel día., Malón y su amigo Yerathel vivieron muy unidos y enseñaron a los demás que el amor debe ofrecerse a todos los seres, aunque en ocasiones estos aparezcan con el rostro del enemigo.

Fin

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