sábado, 13 de agosto de 2016

Cuento para Jabamiah: "El Filón de Oro Espiritual"

La historia que a continuación os voy a contar, es la historia de un verdadero buscador de oro, que tras muchos años de búsqueda, logró un día encontrar lo que deseaba, un maravilloso filón, pero no sabemos si aquel hallazgo vino a traerle la felicidad o por lo contrario sería portador de desgracia. Veámoslo:

Habían sido doce años, doce pesados y largos años de incansable trabajo, de ir de acá para allá sin conocer lo que era un merecido descanso, durmiendo la mayor de las veces teniendo el firmamento por techo y alimentándose tan sólo de lo que era capaz de encontrar a su paso.

Pero al final mereció la pena pasar todas aquellas calamidades, pues el hallazgo de aquel filón, le había convertido en un hombre rico, muy rico.

El loco y harapiento buscador, que un día partiera huyendo de los sinsabores de la pobreza, volvía convertido en un acaudalado y respetado señor.

Nadie le había reconocido y muchos de los que antaño le habían despreciado, ahora revoleteaban a su alrededor intentando ganar su simpatía y confianza, para que se sintiera atraído por aquella falsa amistad y compartiera con ellos su riqueza.

Aquella hipócrita situación le divertía y Jabamiah dejó que lo agasajaran durante un tiempo aprovechándose de su ventaja, hasta que llegó el día en que les dio una buena lección.

Todo parecía sonreírle, desde que tuvo la fortuna de convertirse en un hombre rico. Se sentía amo y señor de aquel pueblo. Tenía tanto poder su dinero que podía comprar cuanto quisiera, hasta la moral de sus habitantes.
Poco a poco se fue apoderando de todo y para asegurar que el dinero nunca le faltase construyó salones de juego, donde todos los días robaba a cuantos jugaban en ellos, sin que estos lo supieran.

Desde que el llegó, Luven se había convertido en una ciudad corrompida, y todos cuantos a ella llegaban quedaban seducidos por sus encantos, y cuando salían, muchos intentaban suicidarse, pues nada les quedaba para seguir viviendo.

Cierto día, Jabamiah sufrió un terrible accidente y tuvo la mala fortuna de quedar inválido. Ni todo el oro del mundo podía devolver la sensibilidad a sus piernas que habían quedado paralizadas.

De la noche a la mañana, el hombre más feliz de la tierra se había convertido en el más desgraciado. No quería hablar con nadie, únicamente quería estar solo. Comprobó que siempre lo había estado, aunque aparentemente estuviese rodeado de mucha gente. Todos le habían buscado por su riqueza, jamás nadie le necesito como persona.

Aquellos pensamientos fueron ocupando su lente y le martilleaban con dureza. Tantos años perdidos con el único propósito de hacer riquezas, ¿para qué? La vida - pensó -, era algo más que poseer y poseer. ¿Cuándo había dado él? No pudo encontrar respuesta.

Jabamiah se sentía cada vez mas desconsolado. Ya no le importaba ser un hombre inválido, le importaba y mucho, ser un hombre corrompido y se dijo que debía hacer algo para evitarlo.

Y así lo hizo. Lo primero fue construir un templo donde las almas de Luven pudieran encontrar la paz que él ahora sentía. Más adelante construiría colegios, jardines y casas para cuantos necesitasen de ellas.

Sintió Jabamiah, como ahora su vida era más plena. No podía andar, pero sus acciones lo hacían por él. Aunque no por mucho tiempo, puesto que su naturaleza cambió tanto, que sus órganos enfermos recobraron la salud, y aquel buscador de oro encontró un nuevo filón, pero se trataba en esta ocasión del oro espiritual, el eterno poder del espíritu.

Fin

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